Un caso ejemplar de interpretación de los hechos históricos contemporáneos a la luz de los escritos proféticos
Tanto para los cristianos como para los judíos de aquel tiempo, las profecías (en particular las de Daniel) anuncian los aconteci- mientos históricos venideros y permiten situarse en el desarrollo de la historia ordenada y dirigida por Dios. Hacia 640, justo al comienzo de las conquista árabes, un escrito atribuido a un tal Jacobo, judío nuevamente convertido, demostró a sus antiguos correligionarios que Jesús, hijo de María, era ciertamente el Cristo, el Mesías anun- ciado por el profeta Daniel, que se manifestó por vez primera al término de las anunciadas 70 semanas proféticas (490 años después del decreto de reconstrucción del Templo). Pero el Cristo-Mesías debe regresar por segunda vez en gloria y majestad al Final de los Tiempos, para el juicio. Esos tiempos estaban próximos, según el autor, pues la cuarta bestia de la profecía de Daniel representa el Imperio romano. Ahora bien, según nos dice, el Imperio romano se encontraba debilitado en aquel mismo momento y de él saldrían pronto diez reinos (simbolizados por los 10 dedos de la estatua y por los 10 cuernos de la visión del profeta Daniel). Pronto aparecería, pues, el pequeño cuerno, figura del poder diabólico que debe apare- cer al Final de los Tiempos y será vencido por el Cristo regresado.
En la época en que se redactó este escrito, las conquistas árabes no eran todavía lo suficientemente importantes como para encontrar un sitio en ese panorama histórico-profético y dar lugar a una interpretación apocalíptica. Sin embargo, dicho escrito subraya cómo los judíos estuvieron tentados en un primer momento a ver en Mahoma el profeta anunciador del Mesías que esperaban. Algunos judíos, por tanto, se unieron a él. Pero, según nuestro escrito, aquel presunto profeta no podía ser más que un falso profeta, pues «los profetas no vienen armados de pies a cabeza»; predicó además la violencia y pretendió tener las llaves del paraíso, lo cual le parece una pretensión inaceptable y contraria a la fe.
Su testimonio, por tanto, es de lo más interesante, pues ilustra la manera con que los judíos y cristianos de la época trataban de interpretar los acontecimientos históricos de su tiempo a la luz de los escritos proféticos, en una perspectiva escatológica. Muestra
también cómo, desde los primeros tiempos de su aparición, se repro- chaba al islam su actitud guerrera y las promesas del paraíso prodigadas por Mahoma.
Concerniente a la primera venida de Cristo
«Daniel, en efecto, dijo: "Y tu sabrás y comprenderás, a partir del surgimiento de una palabra para separarse y construir Jerusalén hasta Cristo jefe, siete semanas y sesenta y dos semanas"1, es decir,
cuatrocientos ochenta y tres años, y Cristo regresó así el año cuatrocientos ochenta y cuatro después de la fundación del Templo y de la ciudad. Pues Cristo apareció a comienzos de la septuagésima semana, y nos salvó al aniquilar la trapacería del diablo [...]. Pues, ciertamente, el Espíritu Santo se apartó ae nosotros los judíos, pues de otra manera no estaríamos pisoteados por las naciones desde hace seiscientos cuarenta años». (1, 22, pág. 100)
Concerniente a la segunda venida de Cristo al Final de los Tiempos
«Tras la muerte del emperador Mauricio [...] nuestro Pro tos nos explicó a nosotros los judíos: "¿Por qué se alegran los judíos de la muerte del emperador Mauricio y del advenimiento de Focas en el linaje? En verdad, vamos a asistir a una disminución del Imperio romano.
1. N. del T.: «Has de saberlo y comprenderlo: desde que se decretó la vuelta y
la reconstrucción de Jerusalén hasta un príncipe ungido pasarán siete semanas; durante sesenta y dos semanas estará reconstruida con calles y fosos, en tiempos difíciles» (Dn 9, 25).
Ahora bien, si el cuarto reino, la Romania, se disminuye, desgarra y tritura como dijo Daniel, en verdad no llegará otra cosa que los diez dedos, los diez cuernos de la cuarta bestia, y a continuación el pequeño cuerno que destruye todo conocimiento de Dios, e inmediatamente después el fin del mundo y la resurrección de los muertos. Y si esto sucede, hemos estado en el error al no recibir a Cristo que ha vuelto; pues es antes de que la cuarta bestia sea triturada y desgarrada y antes de los diez cuernos cuando viene el Ungido en nombre del Señor, que procede de la estirpe de Jessé, el señor Dios [...]». (III, 12, págs. 170-172)
Venida inminente del diablo «Hermolaos» (Anticristo) ligada al fin del Imperio romano, a los diez cuernos y al pequeño cuerno: inclinación de las naciones
« [...] Y nosotros vemos cómo la cuarta bestia, la Romania, fue disminuida y desgarrada por las naciones, y en lo sucesivo es menester esperar a los diez cuernos». (V, 1, pág. 182) «[ ... ] y Justo dijo: "Señor Jacobo, al estar la Romania lacerada y des agarrada por las naciones, transformada en diez toparquías, ¿es menester que llegue el diablo embustero?"
«Y Jacobo dijo: "Sí, ciertamente, Hermolaos el embustero debe venir tras el desmembramiento de la Romania, y desgraciado quien lo reciba [...]. Hermolaos vendrá en el disturbio y en el desorden, puesto que él es la perdición total. Y, sin embargo, el pérfido adquirirá al principio un aire pacífico y moderado. Como dijo Daniel: 'Perseguirá a los santos del Altísimo e intentará cambiar el calendario y la ley. Dejarán en su poder a los santos durante un año y otro año y otro año y medio' 2"». (V, 1, pág. 182)
«Jacobo dijo: «Verdaderamente, lo que tú dices es cierto, pues la consciencia de nuestros padres no deja de torturarles; y nosotros, nosotros vemos los hechos, los cuatro reinos que han pasado y el tiempo de los diez cuernos que ha llegado. Daniel, en efecto, dijo: 'En los días de estos reyes', es decir, de los diez cuernos y del pequeño cuerno, Dios suscitará una realeza eterna que no será destruida, y su realeza no será abandonada a otro pueblo, limará y aplastará todas la realezas, y ella, ella durará por los siglos; del mismo modo que tú has visto cómo una piedra se ha desprendido de la montaña y ha aplastado el barro, el hierro, el bronce, la plata y el oro. Dios reveló lo que ha de ocurrir al Final de los Tiempos"». (V, 7, pág. 194)
«Justo respondió y dijo: "Por el Espíritu Santo, éste es el significado de la profecía"». (pág. 194).
La continuación del escrito muestra cómo Cristo regresará, y enseñará sus heridas a quienes lo clavaron y traspasaron con una lanza; es menester, pues, que los judíos se conviertan y crean en él para no sufrir el fuego eterno.
El texto aborda después el caso de Mahoma, el «falso profeta de los sarracenos», aparecido recientemente, quien en un principio sedujo a los judíos:
«Justo tomó la palabra y dijo: Tú dices la verdad, y ésta es la gran salvación: creer en Cristo. Pues voy a confesarte toda la verdad, señor Jacobo. Mi hermano Abraham me ha escrito [la versión eslava añade: «desde Cesárea»] que ha aparecido un falso profeta [la versión eslava añade: «entre los sarracenos»]. "Cuando el Candidato [la versión eslava da su nombre: Sergio] fue matado por los sarraceno s [esta acción tuvo lugar en 633, según la Cronografía de Teófanes], yo estaba en Cesárea -me dijo Abraham-, e iba en barco a Sykamina; se decía: ¡Han matado al Candidato! y nosotros, los judíos, sentíamos una gran alegría. Se decía que el profeta había aparecido, viniendo con los sarracenos, Y que proclamaba la llegada del Cristo Ungido que iba a venir. Y yo [Abraham], habiendo llegado a Sykamina, me detuve en la casa de un anciano muy versado en la Escritura, Y le dije:
“¿Qué me dices tú [la versión eslava añade «señor y doctor»], del profeta que ha aparecido con los sarracenos?” Y él me respondió quejándose profundamente: “Es un falso profeta: ¿acaso los profetas vienen armadas de pies a cabeza? Ciertamente, los acontecimientos de estos últimos tiempos son acciones de desorden, y temo que el primer Cristo que vino, aquél a quien adoran los cristianos, no sea el enviado de Dios, mientras que nos disponemos a recibir a Hermolaos en su lugar. Isaías decía, en efecto, que los judíos tendrían un corazón pervertido y endurecido hasta que toda la tierra fuera devastada. Pero ve, señor 3 Abraham, y enseña acerca de este
profeta que ha aparecido”. Y yo, Abraham, tras proseguir la averiguación, aprendí de quienes lo habían conocido que no había nada auténtico en ese presunto profeta: sólo se trata de masacres. Dijo también que posee las llaves del paraíso, lo cual es increíble". He aquí lo que me escribió mi hermano Abraham de Oriente». (V, 16, págs. 208-210)
Doctrina Jacobi super baptizati. ed. y trad. V. Déroche, Travaux et mémoires. 1. XI (College de France, Centre de recherche d'histoire et
civilisation de Byzance), 1991, págs. 70-218, passim.
9. HISTORIA Y DOCTRINA DE MAHOMA SEGÚN TEÓFANES EL
CONFESOR (HACIA 760-818)
La Cronografia (Crónica) de Teófanes, redactada entre 810 Y 813, se considera por lo general sobria y fiable. Su traducción latina realizada por Anastasio el Bibliotecario, a mediados del siglo IX, permitió la difusión de sus informaciones en Occidente. La imagen que transmite del profeta Mahoma y de su doctrina resume bastante bien la opinión extendida en los medios cristianos bizantinos: Mahoma se describe en ella como un falso profeta epiléptico y libidinoso, y el islam como una religión que se expandió gracias a las mujeres, y luego por las armas, y que enseña que quienes mueren o matan en combate ganan el paraíso, un paraíso muy material y abundante de disfrutes múltiples.
«Año del Mundo 6122 [año 622 de la Encarnación].
En ese año murió Mahoma, el jefe y el falso profeta de los sarraceno s, después de haber nombrado [para sucederle como jefe] a su pariente Abu Bakr. En la misma época, su reputación se propagó lejanamente y todo el mundo se asustó [… ] . Creo necesario relatar aquí cuáles fueron los orígenes de aquel hombre. Descendía de una tribu muy esparcida, la de Ismael, hijo de Abraham [ ...] . Huérfano, Mahoma decidió entrar al servicio de una rica mujer de su parentela, llamada Jadiya, en calidad de asalariado encargado de comerciar con camellos en Egipto y en Palestina. Poco a poco se envalentonó con aquella mujer y ganó sus favores; se casó con ella y tomó posesión de sus camellos y de su fortuna.
Durante un viaje a Palestina, entró en contacto con algunos judíos y con algunos cristianos; rebuscó cerca de ellos algunos fragmentos de la Escritura, y luego contrajo la epilepsia. Cuando su mujer lo supo, lamentó vivamente, pues era noble, haberse unido a aquel hombre, que no sólo era pobre sino también epiléptico. Entonces él se esforzó para calmarla diciéndole:
"Recibo la visión de un ángel llamado Gabriel y, como no puedo soportar su vista, me encuentro débil y decaído”. Y comoquiera que él tenía cerca de ella a un cierto monje que había sido exiliado por hereje y vivía allí, ella le contó todo esto y le nombró el ángel. Y él, tratando de convencerla, le dijo: "Él dice la verdad; en efecto, ése es el ángel que se envía a todos los profetas”. Entonces, ella, que había sido la primera en oír las palabras de aquel falso abad, lo creyó y proclamó entre todas las mujeres de su tribu que aquel hombre era un profeta, de suerte que la noticia pasó de las mujeres a los hombres, y en primer lugar a Abu Bakr, el que dejó como sucesor.
1. N. del T.: Dn, 7, 25.
3. Estas dos palabras «ve, señor» han sido desgraciadamente omitidas en la traducción citada, lo que oscurece su significado. Las restituyo aquí gracias a Marianne Tsioli, bibliotecaria de la BPU de Ginebra, a quien doy las gracias.
Entonces, su herejía inundó la región de Aithribos, en última instancia mediante las armas. Allí la dirigió primero permaneciendo escondido durante diez años, luego igualmente durante diez años de guerra y, por último, abiertamente durante nueve años. Enseñaba a sus gentes que quien mata a un enemigo, o quien es matado por un enemigo, va al Paraíso; y decía que ese Paraíso material consistía en comer y en beber, y en tener relaciones sexuales con mujeres; que había en él un río de vino, leche y miel, y que sus mujeres no eran iguales a las de este inundo; eran muy diferentes, pues las relaciones sexuales con ellas duraban muchísimo tiempo, y el placer que proporcionaban era continuo».
Teófanes el Confesor, Cronografia, Patrología Griega, 108, col. 684-685. La parte en cursiva procede de la traducción de A. Ducellier, Chrétiens
d'Orient et Islam au Moyen Áge, VIl<-XV< siécle, París, 1996, pág. 146. El
resto del texto es traducción de lean Flori siguiendo a C. Mango y R. Scott,
The Chronicle 01 Teophanes Conlessor, Byzantine and Near Eastern History, AD 284-813, Oxford, 1997, págs. 464-465.
10.CRÍTICA DE LA DOCTRINA DEL YIHAD POR UN ESCRITO