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Creator Composer or Performer?

Chapter 2 Collaboration and the Performer

2.1 Creator Composer or Performer?

Con la aparición de El Papel Periódico de Santafé (1791-1796), primera publicación periódica regular, la prensa estuvo bajo la supervisión, control y censura de los virreyes españoles, y su función estaba orientada a la exaltación del Régimen Monárquico. La historiografía comúnmente ha dicho que la llegada de la Ilustración al Nuevo Reino de Granada traía consigo el ideal republicano. Sin embargo, algunos estudiosos del último periodo colonial (Guerra, 1992; Silva, 2003, 2005) afirman que estas ideas fueron puestas en circulación por quienes encontraban en la monarquía la forma por excelencia de gobierno, puesto que les aseguraba el estatuto social ganado tanto por su tradición familiar como por sus logros al servicio del gobierno español. Es así, como los primeros periódicos se publicaron y circularon con el apoyo económico e ideológico del Antiguo Régimen, y tenían por finalidad mantener y preservar su

statu quo.

Un rasgo distintivo entonces de la Ilustración en el virreinato de la Nueva Granada es el hecho de que sus impulsos sociales mayores dependen de la administración colonial y en particular de la figura del virrey y de su círculo inmediato (…) Se trata de que esos impulsos minoritarios fueron despertados o directamente creados por las políticas virreinales, por algunos colonos españoles de inmigración reciente que habían adoptado conductas y prácticas que podrían ser consideradas como

pertenecientes al campo de la Ilustración y por los pocos funcionarios criollos que, habiendo vivido en España o pasado una temporada en alguna de sus ciudades importantes, se habían compenetrado con las “novedades del siglo” y entendían la importancia del libro, de los periódicos, de las sociedades de amigos del país, de la reforma de la agricultura, etc., aunque todo ello dentro de una perspectiva ortodoxa que no incluía ningún elemento de crítica profunda de la Monarquía (Silva, 2005: 114).

En la última década del siglo XVIII se separan una minoría de criollos “semi-ilustrados” (un reducido grupo social que apenas empezaba a comprender los ideales modernos que traían consigo propuestas de reforma gubernamental y políticas libertarias) y la administración colonial con la supervisión y control de todos los sujetos y actividades producidas bajo su dominio. Hombres notables de la sociedad que en tiempos anteriores se habían unido por una causa común ―la preservación del establecimiento colonial― ahora tomaban caminos contrarios.

La razón de tal disolución fue el llamado proceso de los pasquines: “Grave y sonado escándalo ocasionado por unos pasquines anónimos que aparecieron fijados en diversos sitios de la Santafé colonial y que inquietaron a las autoridades por ser eslabón de la cadena iniciada en 1781”.8 Dichos papeles que atacaban a la administración española, y la traducción que efectuó Antonio Nariño de los “Derechos del Hombre” terminaron rotundamente con las buenas relaciones entre criollos y españoles. A partir de allí, las publicaciones periódicas estarían marcadas por características comunes como el temor y la aguda vigilancia, dominantes hasta las batallas de independencia. No obstante, periódicos como el Correo Curioso, El Redactor Americano, el Alternativo del Redactor Americano y el Semanario, que fueron las publicaciones con mayor relevancia en el Nuevo Reino hasta 1810, encontraron en la prohibición y el miedo formas alternativas y creativas para nombrar las situaciones y las instancias de poder que los coartaban.

Renán Silva (2005) destaca tres mecanismos de subversión y ocultamiento empleados por la prensa periódica en el último periodo colonial, que se mantienen aún en la república, pero con ciertas transformaciones y elaboraciones. Estos mecanismos les permitían a los editores y

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redactores no ser condenados por las opiniones publicadas y las críticas severas al régimen español.

La primera era el uso de pseudónimos. Con nombres distintos, algunas letras del abecedario, signos o sencillamente sin firma se publicaban la mayoría de artículos de estos periódicos. No obstante, con esta forma de enmascaramiento de la identidad de los escritores no se obtenía el resultado esperado ya que el número de editores y redactores era tan reducido que los pocos que había eran bien conocidos por la administración colonial y por la comunidad.

La segunda era el recurso a la ficción, especialmente las fábulas moralizantes en las cuales las instituciones españolas y los hombres que las representaban en el Nuevo Reino eran personificados por animales o entidades naturales. Y la tercera, la escenificación de opiniones,

según Silva, éste era uno de los mecanismos más importantes empleados por la prensa porque daba cuenta del grado de modernidad alcanzado por los ilustrados. Ello se demostraba con la opinión personal del lector-escritor de prensa como sujeto partícipe de la sociedad; es decir, el valor dado a la opinión personal rompe con la tradición del llamado cuerpo social, producto de la sociedad tradicional, para dar paso al individuo, una de las más importantes características de la modernidad.

De esta manera, la prensa y los ilustrados, quienes eran los productores de aquella, intentaron en el virreinato de la Nueva Granada, y más concretamente en Santafé de Bogotá, la transformación de la opinión pública que hasta entonces permanecía aferrada a la forma tradicional de gobierno instaurada por la Corona Española hacía más de tres siglos. Asimismo, era trabajo de los hombres de letras divulgar las ideas del progreso, de los avances científicos, de las transformaciones sociales y de la Ilustración como única forma para llegar a la realización de los anteriores.

Al iniciar las batallas de independencia en 1808 la prensa y los formadores de la opinión pública adquirieron mayor participación. Hasta entonces, sus juicios y opiniones se encontraban estrictamente vigilados, pero a partir de ese momento encontrarían una forma jurídica para comunicar abiertamente sus reflexiones. La Libertad de Imprenta instauró nuevas formas para la comunicación entre los ciudadanos. En efecto, toda persona que supiera leer y escribir estaba en condiciones para opinar y debatir sus ideas; esto hizo que se aumentara el número de publicaciones que generalmente rivalizaban entre el ideal republicano, con las conocidas divisiones al interior entre centralistas y federalistas, y la tradición colonial; además

de propiciar otros espacios para tales discusiones en el ámbito de lo privado como las tertulias, las sociedades de amigos, las reuniones familiares y sociales en las que se ponía sobre la mesa la coyuntura política e ideológica.