El reto para la especie humana, durante buena parte de la historia conocida, consistió en sobrevivir en medio de las fuerzas naturales que a menudo han sido adversas e impredecibles. El poder para configurar, controlar y transformar la naturaleza evolucionó gradualmente durante varios millones de años: el fuego
35 apareció hace apenas 600.000 años, la rueda un poco después. Más tarde, la
revolución industrial, en el contexto de la emergencia del sistema económico capitalista y el punto de vista mundial moderno, inició un proceso de doscientos años de cambios rápidos en tecnología, población y ambiente en el orden social.
Ahora, el cambio continúa con otra revolución, que incide sobre nuestras vidas: la tecnológica, que está transformando todo el panorama humano. La informática, la computadora, los robots y los drones, además de las tecnologías biológicas, están llevando al hombre a otras dimensiones, generando la inteligencia artificial.
“El sistema global interdependiente, creciente, de hoy día es una estación intermedia en este proceso arrasador de crecimiento, transformación y expansión. Una nueva y azarosa característica de la fase actual de la historia es la de que los impactos humanos sobre el medio ambiente han alcanzado escalas exponenciales. La contradicción entre el imperativo de crecimiento del sistema mundial moderno y las restricciones de un planeta finito deberá ser resuelta”. La interrogante es crítica cómo.
En el caso suramericano de deterioro de la selva amazónica y la Orinoquia, la del Lago de Maracaibo y los importantes ríos que lo nutren, la selva de San Camilo y, sin ir muy lejos, del histórico río Guaire. ¿Quién no recuerda a Catia y La Pastora cubiertas por la neblina? ¿Y los deslaves del año 1999? ¿Y el golfo de Paria?
Durante el siglo XX, la humanidad adquirió armamento militar de un poder tal que se convirtió en una seria amenaza para ella misma. Con el fin de la Guerra Fría esa amenaza se había alejado, empero esta revive y ahora surgen otras. Un nuevo y más sutil reto aguarda a la humanidad en este siglo XXI: el de crear una civilización global sostenible. Existen posibilidades sin precedente para generar progreso tecnológico y económico que podrían contribuir a erradicar el hambre y muchas enfermedades, mejorar la condición humana, enriquecer el cúmulo de conocimientos y de realizaciones culturales e incrementar la oportunidad y la selección.
Al mismo tiempo, la escala pura de la empresa humana -la población, los niveles crecientes de consumo de materiales y la producción– pueden exceder la capacidad de aceptación del planeta. Los estilos de vida humanos y los sistemas industriales que los soportan amenazan con cambiar el clima, degradar los ecosistemas y agotar la riqueza biológica de la Tierra, alterando el medio natural en una escala global. Mas grave todavía, el siglo XXI puede condenar a billones de los que están aún por nacer a una existencia de pobreza, hambre y penalidades. El desamparo de multitudes, en todos los continentes, en el medio de niveles de riqueza y confort sin precedente para los privilegiados puede presagiar intranquilidad social y violencia en escalas inusuales, retando a la noción misma de “civilización”. El
36 escenario de miles de seres humanos huyendo del Medio Oriente y África en el 2015
y siguientes, buscando refugio en Europa es un retrato de lo que puede venir. Ahora, son los venezolanos quienes huyen, creando problemas en América.
“Cómo podrá la humanidad enfrentar tales retos no es seguro. Ni se puede determinar el resultado, sólo que estará influenciado por las preferencias individuales y colectivas que tomemos. ¿Seremos capaces de legar a nuestros descendientes una sociedad global, y un planeta, más rico en posibilidades que el presente, o les dejaremos una Tierra más empobrecida como patrimonio para las próximas generaciones? ¿Será la existencia humana y las instituciones humanas, tales como la familia y las comunidades más seguras o más frágiles en la sociedad global de mediados de siglo?”
Tomando los conceptos precedentes, recogidos del Stockholm Environmental Institute, se infiere “que su definición de sostenibilidad se ocupa de conciliar el desarrollo a largo plazo de la sociedad humana con los límites finitos del planeta. Implícitos en la noción de sostenibilidad quedan las interrogantes siguientes: ¿Cómo utilizaremos la Tierra? ¿Qué tipo de sociedad humana construiremos en la misma? ¿Y cómo podremos dejar a las futuras generaciones un mundo con mayores oportunidades en lugar de con menos? La formulación clásica de que el desarrollo sustentable “resuelve las necesidades del presente sin comprometer la capacidad de las futuras generaciones de resolver sus propias necesidades” refleja estas nociones generales. (WCED, 1987).
“Dos imperativos legítimos morales y sociales deben ser conciliados: las necesidades del presente con las del futuro. Los niveles de vida de los billones que hoy en día no disfrutan los beneficios del progreso humano deben ser mejorados. Al mismo tiempo, los patrones de desarrollo en ambas, las naciones ricas y pobres, deben ser alterados de manera de no dejar un legado amargo social y ambiental a las futuras generaciones. Por ejemplo, la industrialización se ha basado en recursos energéticos fósiles baratos y abundantes, particularmente petróleo, gas natural y carbón, extraídos de países menos desarrollados. Empero, continuar confiando en esos combustibles para la expansión de actividades industriales arriesga comprometer al mundo en alteraciones climáticas significativas y eventos meteorológicos extremos durante los próximos siglos. La aceptación y uso de energías renovables contribuye a mitigar esta amenaza”. (IPCC, 1966).
La degradación ambiental puede no ser la única donación triste para nuestros descendientes. Igualmente grave podría ser la vulneración del concepto mismo de civilización. Ya tuvimos ejemplos graves que dejaron una marca emponzoñada en el siglo XX en Europa, a fines del mismo en la antigua Yugoeslavia, en Ruanda y en otros lugares, con la entronización de regiones enteras en caos, violencia e inanición, que podrían empañar también el siglo XXI, (Irak, Nigeria 2014- 2015, Siria). Si la
37 disparidad entre las clases y los países ricos y pobres continúa creciendo, las
implicaciones no son positivas para construir estabilidad internacional y una comunidad global.
¿Qué podría caracterizar a un mundo sostenible? ¿Cuáles deberían ser nuestras metas? Aun cuando la noción de sostenibilidad podría adaptarse a una diversidad de puntos de vista, como un ideal, muchos convendrían en que nos gustaría que nuestros nietos y biznietos heredaran un mundo, dentro de medio siglo, en el cual: (se transcribe del SEI):
la pobreza absoluta, la malnutrición y el hambre estén erradicadas, y el acceso a un sistema de salud básico y a la educación sean universales,
la calidad de vida mejorada, bajo condiciones materiales satisfactorias y oportunidades en expansión para el bienestar de todos,
la inequidad entre el rico y el pobre haya disminuido,
la calidad ambiental esté en incremento, con los recursos críticos biológicos en recuperación, contaminación bajo control y estabilidad climática a la vista,
la violencia y el conflicto armado infrecuentes,
la solidaridad humana esté fortalecida en la familia, en la comunidad y en niveles globales,
el crecimiento incontrolado de la población haya cesado.
Tal visión refleja valores ampliamente sostenidos, liberación de los deseos y del temor, deseo para estilos de vida de mejor calidad y para un mundo más equitativo y una preocupación para la preservación del ambiente. Las metas estén estrechamente acopladas.
La estabilización de la población global, por ejemplo, requiere también regularizar una economía mundial en la cual el acceso a la habitación, alimentos, cuido de la salud, seguridad y educación sean universales. También, reducción de la pobreza y mayor equidad con seguridad son esenciales para preservar recursos biológicos. Más aún, la prevención del incremento del conflicto puede depender, de ingresos en aumento y de la equidad entre los países y entre las regiones ricas y pobres.
Sin embargo, proveer un crecimiento económico y niveles de vida en aumento sin incrementar la contaminación, ni acelerar los cambios de clima, requieren una transformación profunda en los procesos industriales, en la base de los estilos de vida modernos y en la estructura del desarrollo económico. El acoplamiento cruzado de estos temas y sectores está en el núcleo de la idea de sostenibilidad. Esto significa que necesitaremos alcanzar estas metas juntas, o ninguna.
38 Sin embargo, el aumento insostenible de la población global debe ser
estudiado en sus impactos y proponer recomendaciones a los países más involucrados para que ejerzan controles de natalidad en sus poblaciones. China ya ha tomado medidas al respecto, se espera que India continúe tomándolas. Otros países seguirán.