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Según los estudios más avanzados del IPCC, está ampliamente demostrada la influencia humana sobre el fenómeno del calentamiento global, causado por las emisiones de gases que provocan y acentúan el efecto invernadero, a raíz de actividades como el transporte globalizado de los bienes de consumo y las personas, la agricultura y la ganadería industrializadas extensivas, las actividades industriales y tecnológicas de los últimos 200 años. La gran mayoría de estas actividades se realizan para permitir el funcionamiento de las grandes urbes del mundo. También ha sido reconocido oficialmente en los últimos meses, por parte de la International Energy Agency

(IEA), que la llegada del pico del petróleo3 implica que los yacimientos

globales existentes han alcanzado su capacidad máxima de producción y a partir de ahora, extraer petróleo será económica y energéticamente cada vez más costoso, proyectándose un gran desfase entre las necesidades de crecimiento de la economía actual (y de las ciudades) y de la capacidad de la industria petrolera de hacer frente a las necesidades energéticas que este crecimiento comporta. También se han detectado picos de otros materiales necesarios para el funcionamiento de nuestras ciudades, como muchos de los minerales más empleados. Nos estamos dando cuenta, desde hace ya algunos años, que la productividad de las tierras agrícolas ha disminuido de manera

alarmante y los stocks de cereales están bajo mínimos4, los bancos de pesca

también han dejado de ser abundantes. Este panorama puede crear en los próximos tiempos situaciones que puedan hacer peligrar la calidad de vida, ya precaria para muchos de sus habitantes, en muchas de las grandes áreas metropolitanas del mundo y se necesitan enfoques participativos a todos los

2 Coderch, 2009; Lovins, 2008. 

3 <http://www.crisisenergetica.org/article.php?story=20090804091018369&query=AIE>.  4 <http://www.earth-policy.org/index.php?/indicators/C54/>. 

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niveles, para prevenir y curar las consecuencias de los altibajos económicos y energéticos actuales.

Figura 3. La flor de la Permacultura. Muestra los 7 ámbitos de la vida que

deben tenerse en cuenta al mismo tiempo, a la hora de diseñar sociedades más eco-sostenibles.

Fuente: <http://www.permacultureprinciples.com/es/pc_flower_poster_es.pdf>.

Para el movimiento de la permacultura5, un sistema de diseño para la

creación de asentamientos humanos sostenibles, en todas sus dimensiones (Figura 3), se aconseja diseñar nuestros entornos para que tengan una producción intensiva y local a pequeña escala, para satisfacer nuestras necesidades y no utilizar cada vez más tierra para hacerlo, reduciendo así nuestra huella ecológica. Esto implica extraer la máxima cantidad de trabajo ecológicamente posible, de la base local de recursos. Esta propuesta puede parecer inicialmente muy modesta pero tiene repercusiones muy profundas.

Cuando empezamos a obtener cada vez más trabajo útil, descubrimos que

hemos empezado a ser cada vez más autosuficientes y autocontenidos6.

Esta reducción de la escala de nuestras acciones al ámbito local, no implica necesariamente regresar a un estilo de vida más propio de la época pre- industrial, sino todo lo contrario (por ejemplo podríamos calentar y refrigerar nuestras casas, a la hora de construirlas y en la gran mayoría de climas, gracias a la aplicación del bioclimatismo en lugar de quemar combustibles fósiles). El diseño ecológico de la permacultura (y de otras disciplinas de diseño ecológico) nos permitiría evitar la dureza de aquellos tiempos y conseguir al mismo tiempo mantener un nivel de confort superior al actual, al tiempo que se reduce el impacto negativo sobre el planeta.

El movimiento Transition Towns (Pueblos en Transición o Iniciativas de Transición), que se originó en el Reino Unido en 2006, es una aplicación del diseño permacultural a las colectividades locales, residentes principalmente en núcleos urbanos grandes y pequeños. Nace de la comprensión de que es crucial entender y considerar los retos del Cambio Climático y del Pico del Petróleo conjuntamente, porque tienen el mismo origen (ambos son “hijos” de los hidrocarburos) y porque las soluciones para ambos son las mismas.

Las Iniciativas de Transición (IT) se basan en cuatro asunciones básicas: En primer lugar, que la llegada de una manera de vivir con un consumo energético drásticamente inferior es inevitable y que es mejor planificarlo que dejarse coger por sorpresa. En segundo, que en la actualidad nuestras comunidades no tienen la resiliencia para manejar los graves choques que nos llegarán a raíz del Pico Global del Petróleo. El tercer supuesto se basa en que tenemos que actuar por nuestra cuenta y tenemos que hacerlo ahora. Y, por último, que dando rienda suelta a la genialidad de la comunidad local, para diseñar creativamente nuestro declive energético, podremos construir maneras de vivir que son más conectadas, más enriquecedoras y no dañen el planeta.

Por todo esto, proponen iniciar o poner en práctica, de manera participativa, estrategias para reducir la huella de carbono de las ciudades y aumentar la resiliencia de la población frente a choques externos.

Como ya más del 50 por ciento de la población mundial vive en las ciudades, y estas son los entornos más insostenibles en que vive la especie humana hoy en día, es allí donde tenemos que experimentar nuevas formas de vivir, puesto que las ciudades en lugar de vaciarse tienen la tendencia más bien a llenarse aún más de personas, con lo cual hacerlas más habitables es de todas

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formas uno de los retos más serios que tenemos. Evidentemente, todavía no está muy claro hasta qué punto una ciudad de varios millones de habitantes puede ser transformada en un ambiente sostenible, y es posible que sea necesaria una des-urbanización (que podría llegar a ser forzada en caso de violentos choques, previos a cualquier acción dirigida a restaurar la resiliencia local), creando ciudades más pequeñas, manejables y resilientes en una red regional de ciudades interdependientes.

Los núcleos urbanos que aceptan el reto de convertirse en IT crean grupos de trabajo temáticos sobre alimentación, economía, turismo, energía, transporte, salud, etc. para estudiar cómo reducir con medidas concretas la huella de carbono y aumentar la resiliencia de la ciudadanía, tratando, además, de obtener una visión a 20-30 años vista, sobre cómo habrá cambiado la ciudad, y todos sus sectores de actividad, cuando solo un pequeño porcentaje de la cantidad de combustibles fósiles disponibles hoy en día estará disponible entonces, y regresando luego a la actualidad para especificar los pasos a dar para alcanzar esta visión. Este proceso tiene su culminación cuando la IT llega a redactar un Plan de Acción para el Declive Energético (EDAP en sus siglas en inglés), que describe todas las fases de la transición y las medidas a tomar en cada una de ellas. Se trata de nada menos que construir el futuro positivo y sostenible que queremos de manera comunitaria. La relocalización de la producción de la mayoría de las cosas indispensables para vivir localmente, tales como la producción de alimentos, de ropa, de medicamentos, etc. será una de las estrategias clave para reducir la huella de carbono y aumentar la resiliencia de la población.

Deberíamos tal vez aprender de las sociedades del pasado, las estrategias que les permitían ser casi autosuficientes en cuanto a las funciones básicas, sin por ello tener que regresar al tipo de vida duro que se hacía entonces, cuando esta producción era forzadamente local, disminuyendo así ahora nuestra dependencia de los combustibles fósiles, instaurando sistemas económicos y monetarios complementarios y aumentando la importancia de la agricultura urbana. Pero también creando ocasiones de aprendizaje de habilidades prácticas que la mayoría de las personas que viven en las ciudades ya han dejado de practicar, mientras nuestros abuelos las daban por sentadas, como aprender a hacer el pan, cultivar alimentos, arreglar la ropa, saber de construcción, tener conocimientos de medicina natural y autogestión de la salud, etc.

El proceso de transición ofrece un enfoque positivo, centrado en las soluciones, que junta los diferentes elementos de una comunidad con el objetivo de tratar estos retos comunitarios y que entiende que muchas de las

soluciones se originan en el interior de la comunidad, utilizando un proceso que nos permite desbloquear aquello que ya existe, en lugar de que procedan de expertos y consultores externos.

Desde 2006 hasta el día de hoy existen en el mundo unas 360 iniciativas oficiales de transición y otras 370 ciudades y pueblos de todo el planeta están planteándose seriamente unirse al movimiento.

4. POTENCIAR LOS RECURSOS NATURALES Y LA PRODUCTIVIDAD EN LA