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Los ejemplos de cambios en los subsidios, regulación, impuestos y acción legal que acaba- mos de comentar pueden ser herramientas útiles para confrontar el cambo climático si se adoptan cuidadosamente y se respaldan con la acción popular. A la larga, no obstante, el cambio climático sigue siendo una cuestión política: la acción y la organización son esenciales. No se pueden concebir futuros alternativos en salas de directivas o salones académicos y, después, ponerlos en un estricto plan que se puede aplicar en todos los casos. Las voces de aquellos y aquellas que viven junto a los proyectos de infraestructura explotadora –desde plantaciones hasta fábricas– están entre las más potentes cuando se trata de abordar esa famosa pregunta: ‘¿Cuál es tu alternativa?’.

Tanto en el Sur como en el Norte, las estrategias populares y comunitarias han dem- ostrado históricamente su capacidad como medio para lograr un cambio social y am- biental. Las comunidades han emprendido acciones para proteger recursos ambientales como estrategias de supervivencia. El legado de esta resistencia ofrece valiosas lecciones para todas aquellas personas que desean enfrentar el cambio climático, y es importante que los ecologistas y otros activistas que hoy promueven la ‘justicia climática’ reconozcan esta larga y rica historia de luchas populares y comunitarias.

Este contexto general de lucha abarca las actividades de gran variedad de grupos, mov- imientos y redes:

Acciones de grupos, especialmente pueblos indígenas y comunidades dependientes •

de los bosques, para proteger bosques comunitarios y otros espacios del patrimonio natural común son una fuerza poderosa contra el despeje de tierras que desestabiliza el clima, la tala comercial, las piscifactorías industriales, las plantaciones forestales y la agricultura industrial.

Las redes contra la liberalización del comercio, la privatización y la mercantilización •

ayudan a disminuir el crecimiento de un transporte innecesario y a proteger los regímenes locales de subsistencia contra las amenazas de los sectores que basan su actividad en el consumo masivo de combustibles fósiles.

Movimientos populares contra la extracción de combustibles fósiles, como los mov- •

imientos contra las guerras por petróleo, tuberías oleoductos y gasoductos, extrac- ción de combustibles fósiles, contaminación de centrales eléctricas, expansión de gas natural licuado (GNL), minería de carbón y destrucción de montañas, extracción de arenas bituminosas y expansión de aeropuertos y carreteras, ayudan a disminuir la extracción de combustibles fósiles.

Movimientos populares, tanto en el Norte como en el Sur, en contra de la contami- •

121 Caminos por delante dustriales contribuyen a construir solidaridad y detener la peligrosa contaminación que causa el cambio climático.

Iniciativas para establecer fuentes de energía renovables de base comunitaria y a •

pequeña escala, pensadas para el beneficio local, fuera o dentro de las redes nacion- ales de energía, construyen resistencia al proveer más energía sostenible en forma directa. Generalmente, estas iniciativas proporcionan una alternativa barata a los sis- temas de generación centralizados y orientados a combustibles fósiles, especialmente en muchas zonas del Sur.39

En la medida en que estos enfoques defiendan la capacidad de recuperación local, prom- uevan solidaridad y organización comunitaria, dichas estrategias son cruciales no sólo para disminuir el cambio climático, sino también para adaptarse a éste.40

Muchas de estas iniciativas, redes, organizaciones y movimientos populares están muy activas hoy día. Entre otras muchas, Oilwatch está combatiendo la continua expansión de los yacimientos petrolíferos en el Delta del Níger; la red Alerta contra el Desierto Verde está resistiendo contra plantaciones de eucaliptos en Espírito Santo, Brasil; el Grupo de Durban por la Justicia Climática fomenta la investigación y el trabajo de solidari- dad contra el comercio de emisiones; La Vía Campesina y sus organizaciones miembros están promoviendo un movimiento de ‘soberanía alimentaria’ construido en torno a una agricultura sostenible y de pequeña escala; Acción por la Justicia Climática se está movilizando para denunciar las ‘falsas soluciones’, incluido el comercio de emisiones, promovido en las negociaciones sobre el clima de la ONU; Indigenous Environment Network trabaja incansablemente para luchar contra el desarrollo de arenas bituminosas y está oponiéndose activamente a la adopción de proyectos REDD; la organización Ris- ing Tide en los Estados Unidosestá popularizando el debate sobre el clima y realizando acciones directas contra la minería de carbón, que conlleva destrucción de montañas; la Red Género y Cambio Climático está fomentando en el debate climático el papel que desempeñan las mujeres en la lucha contra el cambio climático. Hay muchas otras luchas que quizá carezcan de grandes nombres, pero que continúan resistiendo a los proyectos de infraestructura que están exacerbando el cambio climático: desde los movimientos de los que moran en los bosques en Brasil hasta poblaciones despojadas que luchan contra proyectos de represas hidroeléctricas, desde Panamá hasta el Delta del Mekong; huelga de trabajadores contra la refinería de petróleo de BP en Grangemouth, Escocia, y las comunidades resistiendo la expansión del GNL en Astoria (Oregón, Estados Unidos), Asturias (España) y Aliaga (Turquía). Estos grupos suelen carecer de voz en los foros internacionales, pero sus enfoques ya van mucho más allá del pensamiento por defecto de las élites globales.