1. El Hombre kabalístico, emanación de loa Sephiroth.
Según la doctrina Kabalística, el hombre terrestre es una imagen del hombre celeste. (Veáse la lámina B).
El alma humana se compone de tres elementos: 1.° un espíritu (nischmah), emanación del trío intelectual del hombre primordial; segundo, un alma (ruakh) emanación del trío moral, y 3.°, un espíritu vitat (nephesch) emanación del trío físico. El cuerpo humano se compone de dos elementos: 1.°, por su forma
modelo, llamada por los Kabalistas modernos el principio individual y por los necrómanos actuales el periespíritu, que desciende con el alma cuando tiene lugar su encarnación y constituye el principio individual89
y, 2.°, por la parte material.
En el cuerpo residen el espíritu vital y las fuerzas interiores. Las venas, la osamenta y la carne, forman la parte material del mismo, y la piel, que es como el firmamento que lo cubre todo a modo de túnica90.
El espíritu ilumina el alma; el alma impone su ley al espíritu vital, y éste, obra sobre el cuerpo. Durante el sueño, el alma sube al cielo para dar cuenta de su jornada.
La forma modelo del cuerpo que desciende con el espíritu a este mundo para incorporarse a un cuerpo preparado por la generación humana vuelve a subir con el espíritu al cielo, donde la Matrona lo presenta al
Rey Santo. Si el espíritu no es digno de volver a la divinidad de la que salió, se ve forzado a transmigrar a otro
cuerpo, ya humano, ya animal, para sufrir una nueva prueba, y así sucesivamente, hasta que quede enteramente purificado. Finalmente, entre los diferentes grados de la existencia de ultratumba, que se llama también los siete tabernáculos, existe uno, conocido con el nombre de «Santo de los Santos» donde todas las almas se reúnen con el alma suprema, para completarse unas con otras. Todo vuelve allí a la unidad y a la perfección; todo se confunde en un sólo pensamiento, que se extiende sobre el universo y lo llena por entero....
En tal estado, la criatura no puede distinguirse del Creador; el mismo pensamiento los ilumina, los anima la
misma voluntad. El alma manda en el universo lo mismo que Dios, y, lo que ella ordena, Dios lo ejecuta91.
2. Deificación del hombre en la Masonería.
La doctrina kabalística sobre la naturaleza humana, no se deja apenas representar por emblemas, pero la encontramos sin velos de ninguna clase, en sus enseñanzas.
«He aquí el conjunto de enseñanzas de los Jefes supremos de la masonería... Reconocer la existencia de una Causa Primera del hombre, de la cual éste, y toda la Creación, son, sencillamente, efectos, y de la que el alma humana es una chispa, como ella, inmortal».
«Los trabajos del 5° grado —Maestro perfecto— tienen por meta demostrar que el hombre, ser finito, no podría arrancar a la naturaleza sus secretos más recónditos, ni crear las ciencias ni las artes, si su inteligencia no fuese una emanación directa de la Causa Primera».
Esta es la enseñanza primaria que el Gran Ministro de Estado u Orador del Consejo Supremo da al que recibe el grado 3392.
3. Apreciación de la deificación del hombre.
Observemos que la enseñanza del «Gran Ministro de Estado» es poco filosófica, pues, en primer lugar, toda emanación directa del Ser infinito y, por consiguiente, indivisible, no puede ser más que una emanación igualmente infinita en el interior de su sustancia, y, por lo tanto, únicamente una relación subsistente de la sustancia infinita. Una emanación al exterior de tal sustancia, implica un límite, una divisibilidad, una composición de la que el Ser infinito no puede ser capaz, como todos sabemos.
89 Franck: La Kabbate; p. 176. 90 Franck: La Kabbale: p. 173-191. 91 Franck: La Kabbale; p. 189. 92 P. Rosen: O. c. p. 253 y 293.
En segundo lugar, la razón aportada para probar que el intelecto humano es una emanación directa de Dios es fútil en todos los aspectos, pues no es cierto que para comprender los secretos de la naturaleza o crear las ciencias y las artes, la inteligencia humana haya de ser necesariamente emanación directa de Dios, Una inteligencia creada por Dios, puesta en existencia por su omnipotencia divina es, por su propia naturaleza portadora de una luz creada, capaz de penetrar los accidentes de las cosas hasta su sustancia, y está dotada de un ojo intelectual capaz de ver lo que la luz racional le pone en evidencia. Este proceso psicológico que se llama entender y comprender, no requiere más que dos facultades creadas: la luz y el ojo intelectuales.
El tercer lugar, si la inteligencia humana fuera una emanación directa de Dios, sería como el mismo Dios, es decir, omnisapiente, e incapaz de equivocarse, lo que no ocurre en la realidad.
¿Debemos llamar a esta doctrina perversa la deificación del hombre o el antropomorfismo de Dios? Los kabalistas han formado a su divinidad según la naturaleza humana, despreciando la doctrina de la Biblia, que nos enseña que el hombre fué formado a imagen y semejanza de Dios.
Es definición común a todos los filósofos que el fin de toda filosofía es satisfacer al espíritu humano en cuanto toca a estas glandes preguntas: ¿Qué es el hombre? ¿Cuáles son su origen y su fin? ¿Cuales la naturaleza del mundo? ¿Qué es Dios?
Una filosofía que dé respuestas satisfactorias a estas preguntas, sin ofender a las primeras verdades racionales, y evidentes por sí mismas, sin contradecirse y sin fundarse en hipótesis gratuitas, es una filosofía sana y cierta, digna de ser adoptada por cualquier hombre inteligente.
La filosofía kabalística no cumple estas condiciones en cuanto a su doctrina sobre la divinidad.
Tampoco es más afortunada en cuanto concierne a explicar lo que es el hombre. La triple partición del alma es un error, demasiado frecuentemente refutado para que nos sigamos ocupando de él. La triple fuente de estas tres potencias, buscada en los tres tríos del Hombre Arquetipo, es una hipótesis carente de fundamento. La divinidad de la inteligencia humana, debida a su origen sustancial de la Sabiduría divina, pues, con la divinidad en esta parte de nuestra alma, se nos darían al mismo tiempo su eternidad, su omnisciencia y todos los demás atributos divinos, inseparables de la sustancia divina.
No hay ni qué hablar de chispas procedentes del Infinito. El Infinito no es un fuego limitado del que puedan saltar chispas. Este brote de chispas de un mar ilimitado de fuego, y su absorción final, o recaída en el horno ilimitado de la divinidad, son puras imaginaciones. Nuestras almas no son fuego, ni chispas; ni Dios es fuego o mar. La imagen empleada para hacer adoptar esta falsa doctrina no es una deducción lógica ni un argumento filosófico. Asimismo, la confusión final de las almas con el Ensoph les quita la personalidad y toda idea de recompensa merecida. El número de almas salidas del Ensoph en toda la eternidad pasada y el número de almas vueltas a su seno serían infinitos, lo que de por sí constituye otro absurdo. La divinización de la inteligencia humana es el colmo del orgullo, y a la vez someterla a la mala voluntad y al error es un insulto a la divinidad.
En fin, toda doctrina sobre el origen y destino del hombre debe conducir, inevitablemente, a una desmoralización del género humano y a la pérdida eterna de las almas.
La filosofía de la Kabala judía es falsa en todos los aspectos intelectuales y colosalmente mala y desastrosa en todos los aspectos morales.
Calcada sobre las líneas esenciales de la filosofía persa, le es infinitamente inferior en cuanto concierne a la moral. El amor a la verdad y a la pureza, el odio a Satán, Ahriman, y a todos los malos espíritus, inscrito en cada una de las páginas del Zend-Avesta, faltan absolutamente en la Kabala.
Evidentemente, no ha sido el fin de la Kabala iluminar los espíritus de sus adeptos ni perfeccionar sus costumbres.
4. Fin práctico y político de la Kabala.
El espíritu de la Kabala corresponde por completo a su primer principio, Kether-Malkhuth, y al fin del Talmud babilonio. La. Kabala es la dogmática de los judíos heterodoxos, y él Talmud su derecho canónico. El Talmud y la Kabala son hijos gemelos del espíritu político del pueblo judío, considerado como un pueblo aparte, mezclado a todas las naciones del mundo, sin fundirse con ninguna de ellas; es la dirección suprema de este pueblo extraño, tal como hoy lo conoce el mundo civilizado.
¿Cómo explicar, filosóficamente, el Kether-Malkhuth, la Corona Real, que, desdoblada en Corona y Reino, abraza los otros Sephiroth, como primero y último de ellos? Ni el reino ni la corona son atributos divinos.
¿Es, realmente, la Kabala una Kabala judía? ¿Se enseña y propaga secretamente con el fin de poner la Corona sobre la» cabeza del judío y bajo sus pies el reino del Universo? ¿Se ha escrito con este fin en la Kabala
que «la Corona, el Kether, es el principio de los principios, con el que se adornan todas las diademas, y se forman todas las coronas?
El fin de la Masonería es la dominación universal, y la Masonería es una institución judía.
¿No se habrá establecido la Masonería, imbuida del espíritu judío, para ser instrumento de este pueblo? Si no es así, que se nos explique con mejores razones, filosóficas que las de la Kabala la presencia del
Kether-Malkhuth, de esa diadema real que resplandecía sobre la cabeza de la bella judía Esther y de su tío Mardoqueo.
El ideal glorioso que parece haber inspirado la filosofía de la Kabala es el de ocupar el lugar que ocuparon los judíos en el reino de Darío, hijo de Hystape.
Y, si el judío Mardoqueo, ornado con su Kether-Malkhuth, recibiendo el homenaje de todo el pueblo persa, es un personaje típico en la historia de los judíos de todos los tiempos, ello arroja una luz deslumbradora sobre la Kabala y la Masonería, y sobre su importancia etnopolítica. ¡El Hombre Arquetipo, el hombre por excelencia, el modelo de todos los hombres, es el judío!
5. El judío, Hombre por excelencia.
Carlile, autoridad masónica, da la siguiente definición del nombre de judío. «El sentido original del nombre y de la distinción del judío era el de un hombre sabio y perfecto por devoción a la ciencia. La palabra tiene la misma significación que Jehovah; literalmente, equivale a «Dios del Hombre», Espíritu Santo, o Espíritu inspirado del hombre»93.
El Hombre verdadero o perfecto, ¿es un vocablo idéntico al de judío? El grado undécimo del Rito de Perfección, y del Rito llevado a América por el judío Stephen Morin, no llevaba aún el título de «Sublime ó Ilustre Caballero Elegido», sino el de «Elegido Ilustre, Jefe de las Doce Tribus» o bien «Ilustre Caballero de las Doce Tribus». Ahora bien, la tribu de Judá, estaba a la cabeza de las doce tribus; el Hombre perfecto es, pues,
el judío. La definición de Richard Carlile es masónicamente ortodoxa.
CAPITULO SÉPTIMO