Determinants of Rural Household Food Security
4.2. Descriptive Analysis
4.2.3. Cross-Classification between Food Security Indicators
Desde The Island of Doctor Moreau, la ingeniería biológica ha sido un tema recurrente en las historias de ciencia ficción, desde los primeros tratamientos de la ingeniería biológica presentados de forma vaga y simplificada por la falta de conocimientos en biología antes del descubrimiento del código genético (en la historia de Wells se nos indica vagamente que Moreau realiza algún tipo de cirugía a sus híbridos), hasta la importación en la ficción de ideas procedentes de los desarrollos en biología y genética en la ciencia ficción hard de los años cuarenta y cincuenta, como en algunas historias de Asimov y Heinlein. Clute y Nicholls indican que la serie de relatos cortos de James Blish publicados en el volumen The Seedling Stars (1957) fueron las historias de ciencia ficción que “first treated the idea of man-remade-by-man seriously and sympathetically” (1979, 2012: página web).
La ciencia ficción interesada en ideas biológicas e ingeniería genética ha ganado preeminencia en las últimas décadas, como Slonczewski y Levi indican cuando escriben que podemos ver un cambio en la ciencia ficción en el hecho de que, en las últimas décadas, “writers more often have turned to biology as the ‘hard science’ frontier of the future. The quest for outer space has given way to the quest for the genome” (2003: 174). Así, las visiones del posthumano dejan de ser la representación del cyborg, del humano transformado mediante las extensiones tecnológicas: en lugar de las máquinas suplantando o complementando al humano, la ciencia ficción sobre el posthumano tiende más a la visión del diseño inteligente del ser humano, mediante técnicas de ingeniería genética, un paso más allá de las crudas operaciones quirúrgicas del doctor Moreau. Pero como en la pervertida utopía posthumana de la isla del doctor Moreau, estas ficciones sobre un futuro donde el humano toma control de su propia evolución
suelen provocar ansiedad sobre las técnicas que controlan la evolución. En particular, los dos grandes temas biotecnológicos en la ciencia ficción son la clonación y la ingeniería genética.
El concepto de la clonación hace referencia a la técnica para aislar y replicar una secuencia específica de ADN, pero en el contexto de la ciencia ficción la clonación “usually involves the replication of entire organisms, so that the resultant clones are exact replicas of the original organism” (Booker y Thomas 2009: 323). En concreto, la clonación ha sido imaginada como la creación artificial de seres humanos idénticos a un original. La idea de la clonación humana proviene originalmente del biólogo y genetista británico J. B. S. Haldane. En un texto de 1962 titulado “Biological Possibilities for the Human Species of the Next Ten-Thousand Years”, Haldane acuñó el término de ‘clon’ para describir la idea de duplicar genéticamente organismos vivos. Hoy en día la clonación es quizás una de las aplicaciones de la biotecnología más polémicas, y los discursos sobre la clonación ocupan un lugar prominente en los debates sobre bioética. Algunos científicos consideran que la irrupción de la clonación humana es inevitable, como Daniel J. Kevles defiende en el artículo “Cloning Can’t Be Stopped” (2002).
En la ciencia ficción el clon también ha emergido como una figura que encarna nuestros miedos hacia la sustitución de lo natural por lo artificial; como escribe Dinello, “the science fiction clone—like the robot, android, and cyborg—embodies our fears of technological replication and reflects anxiety about the ephemeral nature of human identity and the evil twin or mysterious doppelganger” (2005: 212). Una de las primeras historias de ciencia ficción en plantear la clonación de seres humanos es The World of
Null-A (1948) de A. E. van Vogt. El protagonista de la novela descubre que sus
recuerdos son falsos y que en realidad es un clon que, cuando muere, es reactivado en otros cuerpos clonados (de forma similar a cómo Richard Morgan imaginaba la
supervivencia a la muerte del cuerpo en Altered Carbon). Una de las más populares historias sobre clones posthumanos en la literatura reciente es la novela de Kazuo Ishiguro Never Let Me Go (2005)49
, en la que se describe un grupo de clones creados con el objetivo de convertirse en donantes de órganos. En estas historias de ciencia ficción, la figura del clon sugiere interrogantes sobre la producción artificial de personas, y sobre el estatus de estas como humanos, inhumanos o posthumanos50
. La idea de que los rasgos genéticos pueden ser seleccionados a voluntad —que fundamentaba las prácticas eugenésica— ha sido refinada con la representación ficticia de las posibilidades abiertas por la ingeniería genética. Durante la mayor parte del siglo XX la ingeniería genética ha sido una fantasía, y una técnica más o menos ambigua, como en el texto de Haldane o las novelas de Heinlein y Herbert que he comentado, pero sobre todo a partir de los años noventa, cuando se habla de biotecnología en el contexto del posthumanismo o de la ciencia ficción nos referimos a la ingeniería genética. Como escriben Booker y Thomas, “now a rapidly-evolving real-world technology, genetic engineering is also a key motif in posthuman science fiction” (2009: 325). Esto implica la aparición de un nuevo colectivo o especie diseñados mediante ingeniería genética. Uno de los primeros textos que exploró este tema es el relato de Samuel R. Delany “Aye, and Gomorrah...” (1967). En esta historia Delany imagina que la necesidad de adaptar el ser humano para los viajes espaciales llevará al uso de la ingeniería genética para crear una nueva raza. Recordemos que las primeras representaciones del cyborg también respondían a esta necesidad de adaptar al humano a un entorno extraterrestre.
49 Ishiguro pertenece a un conjunto de autores que, como Margaret Atwood, son considerados escritores de ficción mainstream y rechazan que su obra sea etiquetada como perteneciente al género de la ciencia ficción, aunque temáticamente sean historias ciencia-ficcionales.
En la lógica del transhumanismo, la ingeniería genética también ha sido utilizada en la ciencia ficción como el método a través del cual el ser humano alcanza la inmortalidad: en lugar de abandonar el cuerpo defectuoso, estas historias abrazan la idea de la mejora a nivel molecular del cuerpo. En Daughter of Elysium (1993) de Joan Slonczewski la aparición de esta tecnología ha creado una sociedad dividida entre aquellos humanos que envejecen y mueren de forma natural, y aquellos que han sido creados por ingeniería genética, eliminándose así los procesos orgánicos que llevan a la decadencia y muerte del cuerpo51
.
La biotecnología ha sido especialmente relevante en el biopunk. El interés por la biotecnología ya se encontraba presente en el cyberpunk clásico, pero, como indica Dinello, “genetic engineering stayed in the background of (…) cyberpunk fiction, as the technological focus tended to be on artificial intelligence, cyborgs, cyberspace, and life in the newelectronic playground” (2005: 220). Como derivado del cyberpunk, el biopunk también comparte la visión del ser humano como un organismo defectuoso que debe ser perfeccionado a través de la tecnociencia. Sin embargo, el biopunk deja de lado los temas relacionados con las tecnologías de la información, como la realidad virtual o las inteligencias artificiales, y enfatiza las técnicas de modificación corporal. Desde esta perspectiva, el biopunk puede ver visto como lo opuesto del cyberpunk: utilizando el discurso de la biotecnología, el subgénero “explores our growing confusion about the value and integrity of our bodies in a genetically mutated machine world” (Dinello 2005: 220). Lo que nos interesa aquí es que el biopunk enfatiza la construcción del cuerpo biológico posthumano, rechazando la fantasía de la vida post-biológica.
Podríamos situar los antecedentes del biopunk en Mary Shelley y H. G. Wells,
51 Otras novelas de ciencia ficción reciente que tratan el tema de la inmortalidad conseguida por medio de la ingeniería genética son Holy Fire (1996) de Bruce Sterling, Inherit the Earth (1998) de Brian Stableford, y Cosmonaut Keep (2000) de Ken MacLeod.
por la importancia que otorgan al cuerpo biológico, en lugar de lo tecnológico o lo cibernético. La premisa de Frankenstein —la creación de una nueva forma de vida a partir de la carne muerta de otros cadáveres— es reminiscente del interés del biopunk, ya que el nuevo humano aparece de experimentos con el cuerpo, y no de la incorporación de lo tecnológico en el cuerpo. A la vez, la primitiva bioingeniería de The
Island of Doctor Moreau anticipa la ficción sobre ingeniería genética. Uno de los
primeros ejemplos de biopunk es la colección de relatos cortos Ribofunk (1996) de Paul Di Filippo. Ribofunk lleva el experimento del doctor Moreau a sus últimas consecuencias e imagina un futuro posthumano en el que los humanos puros casi han desaparecido, dejando lugar a un conjunto de especies transgénicas. Esto tiene importantes consecuencias sociales: aquellos que poseen más de un cincuenta por ciento de ADN humano son considerados humanos, mientras que aquellos que tienen menos del cincuenta por ciento del ADN humano son considerados criaturas inferiores. Como en el relato de Wells, los hombres-bestia transgénicos se rebelan, amenazando con sustituir a la especie humana52
.
En un contexto en que la biotecnología cada vez ocupa un lugar más preeminente, el biopunk ha continuado floreciendo y consolidándose tanto como un modo de la ciencia ficción como, siguiendo los pasos del cyberpunk en los ochenta, un movimiento intelectual o una ideología53
.
La preocupación más recurrente en las historias de ciencia ficción que imaginan al posthumano por la vía de la biotecnología es la cuestión sobre la autenticidad de lo
52 Otros textos representativos del subgénero del biopunk son White Devils (2004) de Paul McAuley, la trilogía Lilith Brood (2000) de Octavia Butler, y Spares (1996) de Michael Marshall Smith. Oryx and
Crake (2003) de Margaret Atwood también puede ser considerada una novela en la dinámica del biopunk
por su tratamiento de la ingeniería genética y sus consecuencias sobre la especie humana.
humano. Esta inquietud en la ciencia ficción sobre el posthumano es un legado de la influencia que el cyberpunk ha ejercido sobre la ciencia ficción posterior: en el cyberpunk, “as so-called real humans interact with Artificial Intelligences, androids, cyborgs, computer-simulated bodies, mutants and replicants and are required to establish what exactly distinguishes the natural from the artificial” (Cavallaro 2003: 13).
La clonación de seres humanos, la producción en masa de personas como la distopía de Brave New World, la corrección y manipulación de la naturaleza y de los organismos biológicos abogada por el biopunk, el diseño y la creación de una nueva especie humana hecha a medida... Esta perspectiva sobre el posthumano enfatiza la confusión entre los conceptos de lo natural y lo artificial, y se interroga sobre la dignidad humana y la autenticidad humana en un contexto donde el humano no nace o crece, sino que es diseñado y producido. La distopía biotecnológica de The Windup Girl (2009), del escritor estadounidense Paolo Bacigalupi, ilustra las dos inquietudes clave en las representaciones de la biotecnología en la ciencia ficción: por un lado, la preocupación de que la ingeniería genética atente contra la libertad de los seres humanos, y por otro lado la anticipación de que el diseño inteligente puede sustituir la selección natural.