3. WHAT WE HAVE FOUND
3.11. What do SENCOs report about how pupils are supported and what this costs?
3.12.4. Current development and support: Identification of special educational needs (SEN)
Posiblemente la relación bilateral con más altibajos que ha tenido que enfrentar el gobierno colombiano es Venezuela, tanto a nivel político, como económico, militar y social. El vecino país ha tenido un proceso político que dista mucho de la política colombiana, lo que ha traído consigo enfrentamientos y problemas de tipo diplomático que han minado profundamente la confianza entre ambos Estados.
Hasta mediados de los años 90, existía un acuerdo tácito con el manejo dado por el gobierno colombiano al conflicto. Por ello, cuando Venezuela fue atacada, sus autoridades, que consideraban a las guerrillas como enemigo común, en algunas ocasiones actuaron conjuntamente con sus homólogas colombianas, y en otras, persiguieron a los grupos armados en territorio colombiano siguiendo la teoría de la «persecución en caliente». Sin embargo, con la llegada de Ernesto Samper al poder, se dieron ciertas tensiones en la relación binacional y la percepción de que Colombia no tenía la capacidad de controlar sus problemas, cambiaron la forma en que Venezuela venía asumiendo el conflicto. Se inició una militarización de la frontera, y paralelamente algunos gobernadores de los estados venezolanos y el mismo gobierno central aceptaron la solicitud, primero de las FARC y luego del ELN, de diálogo sobre los problemas fronterizos. Como consecuencia directa de estos diálogos, se logró el cese de ataques contra instalaciones militares en el vecino país, aunque continuaron las incursiones, las extorsiones y secuestros por parte de la guerrilla y los paramilitares colombianos y de la delincuencia común binacional en territorio venezolano.
Ya en el período de Andrés Pastrana, Venezuela fue anfitriona de reuniones con el ELN, participando en el grupo facilitador de los diálogos con las FARC y estuvo presente como observador en la mesa de donantes de países europeos, pero con continuos incidentes frente al proceso de paz. El problema principal se presentó por la declaración de neutralidad del gobierno venezolano frente al conflicto, con lo que equiparó la legitimidad internacional del Estado con la de la guerrilla, estableciendo comunicación directa con esta última, sin la anuencia del gobierno colombiano (Ramírez, 2004, p. 153).
A lo anterior se sumó el rechazo venezolano al Plan Colombia y la lucha vehemente contra la incursión estadounidense en la región, principal punto de quiebre en las relaciones bilaterales y bandera de campaña de Venezuela en su
política exterior y en sus acciones por tener un reconocimiento en los demás países de la región.
Chávez y su movimiento político rechazaron el Plan Colombia por considerar que introducía un desequilibrio militar entre los dos países, «vietnamizaba» a Colombia y podría ser usado en su contra. Ese rechazo se mitigó más tarde. Sin embargo, distintos incidentes continuaron enturbiando la relación. Entre éstos el tráfico ilegal de armas y las denuncias sobre la ambigüedad del gobierno venezolano ante las acciones de la guerrilla, asuntos que no han podido ser esclarecidos por la falta de políticas consistentes de vecindad. Se impusieron más bien la «diplomacia del micrófono» y las mutuas reprensiones que terminaron por debilitar las relaciones bilaterales, afectando gravemente la economía de los dos países, que hasta el momento contaban con una larga trayectoria en materia comercial (Ramírez, 2004, p. 153).
Aunque la llegada al poder de Juan Manuel Santos, representó casi que de inmediato una reestructuración de las relaciones y un dialogo aparentemente fluido entre ambos países, subsiste una desconfianza recíproca sostenida por la divergencia sobre áreas marinas y submarinas, la mutua incomprensión sobre las situaciones internas de cada país, y las divergencias políticas entre los gobiernos centrales (Ramírez, 2004, p. 154).
Igualmente, a raíz de la crisis política, económica y social que viene atravesando el gobierno venezolano, su influencia y poder al interior de Latinoamérica ha ido disminuyendo, dejando así el camino libre a otros Estados que entrarían a ocupar la posición que otrora ostentaba, al igual que países como Argentina y México, que como consecuencia de sus crisis internas han tenido que ceder su liderazgo al interior de la región, dejando el camino a posibles potencias secundarias como lo son Colombia y Chile.
En materia económica, Colombia y Venezuela poseen una interdependencia importante teniendo en cuenta que después de Estados Unidos, Venezuela venía siendo el principal socio comercial del país. Con la normalización de las relaciones del gobierno Santos, además de lograr el recaudo de la mayor parte de la deuda a proveedores colombianos, se acordó con Venezuela un instrumento que reemplaza las normas de la Comunidad Andina, de la que este país ya no hace parte. Aunque el comercio ha vuelto a crecer tras su caída vertical, el interés del empresariado colombiano no fronterizo en ese mercado ha disminuido (Ramírez, 2012).
Así, aunque a veces parezca irrelevante, la relación bilateral Colombia-Venezuela continúa siendo fundamental para el desarrollo y afianzamiento del Estado colombiano, pues el protagonismo que pueda tener Colombia frente a la superación definitiva de las diferencias con el gobierno venezolano podría llegar a ser uno de los puntos fundamentales en su objetivo por consolidarse políticamente al interior de la región, basándose en su estabilidad económica y capacidad de cooperación con respeto a los demás países suramericanos.