Si yo me olvido de ti, Georg Rosenberg, que se seque mi mano derecha.
Mylia
Voy a ser sincero. El libro de Gonçalo Tavares llamado Jerusalém
y publicado en 2004 estremece un poco. El que conoce al autor sabe que no puede esperar consuelo de su parte pero no está obligado a entrar a la dimensión del terror que propone. El hospicio Georg Ro- senberg es un campo de internación que almacena a los locos vip de la ciudad, algo parecido a la Casa Verde de Machado de Assis donde el alienista hacía sus experiencias de sanación (Machado de Assis, 50 con- tos, 2007, pp. 38-81) [«O Alienista»]. Pero tal vez más paroxístico, porque a diferencia del escritor brasileño del siglo XIX, este portugués del siglo XXI sabe lo que significó Auschwitz.
El verdadero problema de este reputado «hospital de cabezas» (Tavares, Jerusalém, 2005, p. 207) es que se disimula como una insti- tución de bien común. La estafa radica en la noción de «salud mental» con la que operan los funcionarios de turno y también los que adscri- ben a su funcionamiento desde fuera sosteniéndolo económicamente. El triángulo tejido entre Theodor, el investigador médico que recurre a sus servicios; Mylia, la delirante de su mujer que debe ser internada; y Ernst, la mayor de las víctimas, es el que voy a pasar revista en este breve ensayo.
Mylia contacta por primera vez con el médico Theodor Busbeck cuando es llevada al consultorio por sus padres que la acusan de esqui- zofrénica. Los raros razonamientos de ella (la frase del título le pertene- ce) se conjugan con los raros momentos de lucidez del especialista que le reconoce condiciones supra-sensoriales. Esta sintonía en común es la que los une en matrimonio después, a pesar de los diagnósticos conti- nuados. Theodor consigue así una esposa que «ensucia su notoriedad»
(p. 159) pero que le permite avanzar en su derrotero intelectual sobre los vínculos entre el horror y la locura.
Este personaje cumple un importante papel en la historia. Inves- tigador concienzudo, es autor de una teoría de lo más extraña. Según su comprobado punto de vista, categorías de orden físico, mental y espiritual concurren para la salud de un paciente. Un individuo puede ser poseedor de voluntad y músculos en buen estado pero necesita de la «normalidad espiritual» para sostener la vida porque la materia puede fallar. Sin ella, no hay condiciones de asegurar la existencia. Aquí entra en juego un esbozo de metafísica que se imbrica al discurso científico. Para Theodor, «um homem que não procure Deus é louco. E um louco deve ser tratado» (p. 61)[«un hombre que no busca a Dios es loco. Y un loco debe ser tratado»] (Tavares, Jerusalén, 2010, p. 57).
Pese al éxito de esta elaboración conceptual que lo enaltece pro- fesionalmente, no puede resolver el problema clínico de su mujer y acaba por internarla en el hospicio antes referido. Tampoco puede evi- tar que ella haga algo de su vida allí dentro y menos aun que se relacio- ne con otros pacientes con los mismos pronósticos. Cuando queda embarazada a raíz de los juegos amorosos con Ernst Spengler, la cosa se complica y lo que hasta entonces era medio desvarío se transforma en manifestación cruel. Aunque se baraja la posibilidad de un aborto in- ducido, la decisión final del marido se inclina por separar al bebé de su madre a la hora del nacimiento. Así, Kaas queda a cargo de Theodor que –al tiempo que lo adopta– gestiona el divorcio que lo separa irre- mediablemente de Mylia.
Avanzadas algunas páginas, entendemos que los locos son obje- tos del puro arbitrio y que el poder macabro se ejerce sobre ellos de la forma que mejor sienta a la voluntad. Si todos los personajes de Tavares son lábiles en relación a su destino, los que están internados claudican todo derecho posible y pueden ser doblegados por quienes tienen la obligación de curarlos.
Los capítulos sucesivos articulan los años posteriores al alta mé- dica. Así, que Mylia sienta un dolor de estómago torturante como con- secuencia de la cirugía que le hicieron para «cerrar los hijos» (p. 200), o que Ernst demore en arrojarse de la terraza para concretar su suicidio
por falta de sentido, son dos hechos que no pasan inadvertidos cuando lo que está en juego es la infelicidad. El vacío dejado por el hijo secues- trado es una herida difícil de sanar, sobre todo cuando no hay otra alternativa a la vista.
La escena más paroxística del libro se produce un 29 de mayo en un oscuro callejón, doce años después de nacido Kaas. Los tres perso- najes aquí considerados llevan la marca del hospicio inscripta en sus almas y dos de ellos, en sus cuerpos también. La madrugada de ese día pone en juego el mecanismo del azar que transforma sus existencias, cuyo elemento más anómico es el asesinato de Kaas algunas cuadras más allá a manos de un profesional del crimen.
Uno puede entender el relato de Tavares desde diferentes pers- pectivas de lectura pero siempre negándose a la linealidad que traza su curso porque éste se ve interrumpido continuamente. Son salpicones de circunstancias que se estructuran a partir del contacto de los perso- najes entre sí. Son ellos, solos o concatenados, los que le dan nombre a los breves capítulos que lo organizan.
No es la primera vez que la locura es factor temático de una novela. Tampoco es la primera vez que se la asocia al terror y que en la estigmatización de la diferencia se sortea la noción de salud mental de los ciudadanos. Pero el logro del escritor portugués no se mide por el grado de originalidad con que aborda el tópico sino por su incisión permanente en la cuestión y por su valoración moral, o inmoral si se quiere, de la sociedad pos-Auswichtz.
Acabados los centros de terror del nazismo organizado sobrevi- ven células dispersas que erosionan el cuerpo social, de las que el Cen- tro Rosenberg es sólo un ejemplo compacto. El poder –que se cree soberano– no dejó nunca de arrancar nuevas víctimas a sus espaldas pero ahora actúa de manera más sigilosa aunque no menos temeraria. Secuestros, desapariciones, asesinatos no son simple fórmulas para los argentinos que hoy lo leemos. La lección que inspira a Tavares es la banalidad del mal que se ha tornado corriente en la vida contemporá- nea.
Publicado en Hoy día Córdoba, Suplemento Magazine Cultura