De acuerdo con Polo “la sindéresis es la consideración del primer princi- pio práctico”77, lo que equivale a afirmar que sin ella “nada práctico se con- seguiría”78. Esta descripción de la sindéresis como el primer principio prác- tico significa que activa la voluntad para la acción práctica: la impulsa a ac- tuar. Este impulso manifiesta que la sindéresis es la conexión entre la persona y las potencias espirituales, puesto que “el hombre está hecho para actuar, pues es un hacedor. Por eso la voluntad necesita este impulso, para salir de su pasividad. Ese impulso se puede resumir en una palabra: ¡actúa!”79. La invi-
75 SELLÉS, J. F., Hábitos y virtudes, II, p. 36.
76 Cfr. SELLÉS, J. F., Antropología para inconformes, p. 244. 77 POLO, L., La voluntad y sus actos (I), p. 65.
78 MOLINA, F., “Sindéresis y conciencia moral”, Anuario Filosófico, 1996, (29/2), p. 781. 79 SELLÉS, J. F., La persona humana. Naturaleza y esencias humanas, p. 270.
tación a actuar es la activación de la voluntad hacia su fin que es el bien, esto es lo que permite caracterizar a esta potencia como una relación trascen- dental. Por eso “actúa, será entonces la expresión del primer principio mo- ral”80.
La caracterización de la sindéresis como primer principio práctico implica que sin ella la persona no podría actuar. La consideración de la persona como coexistencia conlleva que la persona ha de actuar porque solo así mejorará como persona. La plasmación de esta necesidad es la descripción de la sindé- resis como primer principio práctico, previo a la conciencia, puesto que la sindéresis sólo impele a actuar, no dirige la actuación hacia un lado u otro, como lo hace la conciencia.
La sindéresis comienza la activación de la voluntad animando a querer81; le insta a querer, por eso le “dice a la voluntad: quiere, obra el bien”82, impe- rativo que se concreta en la obligación de no dejar de querer el bien. La sin- déresis impele a hacer el bien y sólo, secundariamente, a evitar el mal porque esto es una connotación lateral. En la constitución de la naturaleza humana no existía el mal, este surge con el actuar humano, pero de modo natural. Por consiguiente, evitar el mal “no forma parte del verdadear constitutivo del pri- mer acto de la voluntad”83, por eso el intelecto agente no ilumina el mal.
El primer acto de la voluntad, constituido por la sindéresis, es una invita- ción a querer más, y lo que la voluntad quiere es el bien. Por eso “el primer acto voluntario es el conocimiento de la voluntad como relación trascen- dental”84, es decir, darse cuenta de que la voluntad no puede dejar de querer el bien. Ésta se define como la que existe en virtud del término de ella, de su fin85. De modo que la voluntad por ser una relación trascendental con res- pecto a su fin, que es el bien, no puede dejar de quererlo. Por eso la sindéresis anima a la voluntad a querer más porque implícitamente conlleva un mandato de querer el bien.
La sindéresis le impele a la voluntad a querer el bien porque en eso radica su verdad. Una vez constituido el primer acto voluntario y, dado que la vo- luntad debe continuar ejerciendo sus actos, es cuando se presenta el mal. La obligación de evitar el mal es posterior a la constitución del primer acto de la
80 MOLINA, F., “Sindéresis y conciencia moral”, p. 779. 81 Cfr. POLO, L., La voluntad y sus actos (I), p. 65. 82 Ibíd., p. 65.
83 Ibíd., p. 67. 84 Ibíd., p. 51. 85 Cfr. Ibíd., p. 36.
voluntad porque el mal no pertenece a la esencia del hombre, aunque, tras el pecado, evitarlo se convierte en un deber moral, por lo que de este modo se amplía el primer principio moral que propone la sindéresis: haz el bien y evita
el mal86.
Otro punto que es pertinente aclarar es la diferencia de la sindéresis con la razón práctica. La sindéresis es anterior porque constituye la voluntad como facultad, la activa para querer, mientras que la razón práctica entra en juego después de esa activación87. Esto es posible por la dualidad que acontece en la voluntad como voluntas ut natura y voluntas ut ratio. La sindéresis tiene como función el impulso de la voluntad nativa a obrar porque es una luz natural, que no se puede perder. Posteriormente a la voluntas ut natura, la vo- luntad racional es una fase del desarrollo de la voluntad, que aparece de modo posterior a la operación de la inteligencia que ha conocido el bien. Una de las diferencias entre ambas voluntades es que la voluntad nativa tiene que ver con la sindéresis, mientras que la conciencia tiene que ver con la voluntas ut
ratio porque la voluntad, como afirma Polo, no puede querer nada si antes no
ha sido conocido88.
Tras la constitución de ese primer acto voluntario, la inteligencia “irá pro- poniendo diversidad de bienes o medios a la voluntad para que ésta, acep- tándolos o rechazándolos, se acerque o aparte del fin”89. Por tanto, no es tarea de la sindéresis presentar bienes mediales, eso le compete a la razón práctica y en este punto caben deficiencias porque puede presentar bienes que real- mente no contribuyan a la consecución del bien último que es la felicidad. Según esto la razón práctica se puede equivocar debido a que no capta de mo- do infalible la razón formal de medio, es decir, que su tarea es presentar di- ferentes medios, pero no siempre acierta con señalar el más adecuado90.
La caracterización señalada de la sindéresis como primer principio prác- tico posibilita que sea tomada como la primera regla moral, en cuanto activa a la voluntad a lograr el fin al que tiende. En este punto es importante reseñar que el perfeccionamiento de la voluntad por medio de las virtudes refuerza la tendencia de la voluntad nativa hacia el fin último, haciéndolo más alcanza- ble. Mientras que la conciencia es considerada la segunda regla moral: la luz que permite dictaminar los medios precisos para la consecución del fin al que
86 Cfr. POLO, L., La voluntad y sus actos (II), p. 53. 87 Cfr. MOLINA, F., La sindéresis, p. 53.
88 Cfr. POLO, L., La voluntad y sus actos (I), p. 27. 89 SELLÉS, J. F., La persona humana, (II), p. 275. 90 Cfr. POLO, L., La voluntad y sus actos (I), p. 31.
tiende la voluntad y que la persona está llamada a conseguir. El primer pre- cepto de la sindéresis es: haz el bien91. Los demás principios morales son dic- támenes de la conciencia que especifican ese primer principio92.
La misión de la conciencia es emitir un juicio sobre la moralidad de la elección de los fines y de los medios precisos para alcanzar el fin de la perso- na. La moralidad radica en la adecuación de esos fines y medios a la conse- cución del fin último93. Por tanto, se puede concluir que la sindéresis, por medio de la conciencia, es fuente de normatividad moral, porque puede no activar un acto voluntario que daña la corporeidad o la propia potencia voli- tiva. En este sentido, “la sindéresis siempre puede advertir que es posible de- sasistir un acto voluntario concreto. Y que, a veces, es obligado hacerlo si el acto es malo. En ese caso, querer-yo está obligado a rechazarlo, (recuérdese que los actos malos no son constituidos, sino simplemente ejercidos, por lo que no son posibles sin la turbación de la sindéresis)”94. El querer-yo puede rechazar los actos contrarios a lo natural.