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3 THE BUSINESS MODEL

3.2.2 Customer Interface

La evaluación como una función del currículum, no puede concebirse como un producto estático, pues ha sufrido a lo largo de la historia, profundas transformaciones funcionales, como consecuencia de los avances educativos que han ocurrido a lo largo de la historia. Constituye una etapa fundamental del desarrollo curricular y una herramienta de gran utilidad para el quehacer educativo, en tanto permite obtener información que ayuda a regular, reconducir y mejorar los procesos de enseñanza y aprendizaje.

En la educación inicial, la evaluación debe ser concebida como un “...proceso permanente y sistemático, mediante el cual se obtiene y analiza información relevante sobre todo en el proceso de enseñanza y aprendizaje, para formular juicios valorativos que permitan tomar decisiones adecuadas que retroalimenten y mejoren el proceso educativo en sus diferentes dimensiones. Esto último implica evaluar tanto los aprendizajes referidos a las niñas y niños, como los distintos componentes del proceso de enseñanza: planificación, comunidad educativa, espacios educativos, organización del tiempo, metodologías, recursos, etc., incluyendo la propia evaluación” (MINEDUC, 2001:p107).

De esta definición, se deriva que la evaluación no debe utilizarse únicamente para evaluar el rendimiento académico de los niños y niñas, o el cumplimiento de los objetivos propuestos. Esta debe servir, ante todo, para la toma de decisiones inclinadas a mejorar la calidad de la práctica educativa.

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Para ello, es necesario que sea asumida como un proceso permanente y sistemático, lo cual implica que “debe estar presente durante todo el desarrollo curricular, a través de la evaluación diagnóstica, formativa y acumulativa”, y “debe responder a una planificación y análisis frecuente” (op.cit.), el cual es compartido con los párvulos a fin de desarrollar en ellos, procesos metacognitivos que les permita tomar conciencia sobre su propio aprendizaje. Es este concepto de evaluación del que se tiene que impregnar el imaginario social de nuestros días, sobre todo en los docentes que participan de un centro educativo. Sin embargo, las diversas concepciones no permiten hablar siempre de un proceso, porque han emergido nuevas formas de enseñanzas y currículos que traen consigo interpretaciones y evaluativos particulares de cada país.

En Chile, las Bases Curriculares de la Educación Parvularia, entregan antecedentes de cómo debe efectuarse la evaluación en los niveles iniciales: Lo primero es detectar los pasos a seguir para efectuar este proceso, ya que esto permite de algún modo el análisis de la información más relevante de lo logrado, lo que lleva a la emisión de un juicio valorativo de quién o qué se está evaluando, para que luego se acceda a la toma de decisiones coherente con dicho juicio, entorno a lo que es más conveniente para un aprendizaje de calidad y efectivo.

Cuando se ha logrado la mediación de esta manera, se puede disponer de una evaluación auténtica, tratándose “…de una evaluación centrada mayoritariamente en procesos más que en resultados e interesada en que sea el alumno quien asuma la responsabilidad de su propio aprendizaje y por ende utilice la evaluación como un medio que le permita alcanzar los conocimientos propuestos en las diferentes disciplinas de una educación formal” (CONDEMARÍN Y MEDINA, 2000:p22). Una característica primordial desde el concepto de evaluación auténtica es otorgar rigurosidad al proceso educativo, permitiendo la orientación de la toma de decisiones en la planificación, constatando la calidad del proceso educativo, permitiéndole a los docentes, intervenir a través de tres periodos diferentes antes – durante – después, en relación a la enseñanza y el aprendizaje, cuyos procesos se definen como: diagnóstica, formativa y sumativa o final.

La evaluación diagnóstica o inicial que debe realizarse al comienzo del proceso, teniendo como objetivo analizar la situación de cada uno de los niños y niñas antes de iniciar el proceso de enseñanza y aprendizaje, tomando conciencia, tanto los docentes como la familia, del punto de partida que se debe tener presente, ante las necesidades detectadas en los párvulos. También, accede a recoger antecedentes de las familias y el centro educativo para planificar actividades o propuestas ajustadas a las necesidades y características del grupo. Permite, además relacionar los conocimientos previos con los nuevos conocimientos que se pretenden abordar, garantizando así la promoción de aprendizajes significativos. Está

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orientada con preguntas que permiten recoger los conocimientos previos mencionados, la situación de los distintos ámbitos familiares y la descripción de diferentes contextos del centro. A la vez, pueden ser útiles preguntas que se caractericen por dar a conocer los niveles de logro en que se encuentra cada niño y niña o bien, qué es necesario reforzar y así será útil para priorizar los aprendizajes esperados que no han sido logrados.

La evaluación formativa o de proceso que debe realizarse de manera sostenida, a lo largo de todo el proceso de enseñanza y aprendizaje, con el fin de recabar información para ajustar o cambiar la acción educativa, adaptándola así a las necesidades e intereses que van manifestando los niños y niñas. Es de carácter procesal y reguladora, que permite monitorear el alcance de los objetivos de enseñanza e identificar los cambios que hay que introducir. Está orientada con preguntas que dirijan lo que se debe hacer para mejorar la práctica de enseñanza, cuáles pueden ser los posibles obstáculos que están dificultando los aprendizajes realizados hasta ahora y lo principal, cuáles pueden ser las alternativas más efectivas que facilitarán el alcance de los objetivos.

La evaluación acumulativa, sumativa o final debe realizarse al finalizar el proceso de enseñanza y aprendizaje, con la finalidad de obtener información relativa al grado en que los niños y niñas han alcanzado los aprendizajes esperados. Generalmente consiste en la realización de actividades específicas para evaluar lo que se ha aprendido en relación a los contenidos trabajados. Se realiza al finalizar el tiempo dedicado a la enseñanza, además, se orienta a emitir un juicio en relación al momento en que se encuentra el aprendizaje logrado. Se orienta con preguntas que dan cuenta de cuánto han sido los logros alcanzados a nivel individual y de grupo. Se puede establecer a raíz de los resultados, en cuál de los ejes se ha obtenido mayores niveles logrados, además de esta forma, también se puede hacer una entrega pedagógica a otro docente que asumirá el curso o tomar dicha información para la toma de decisiones en el caso que continúen con el mismo equipo de trabajo. Sumado a lo anterior, la información es utilizada para completar los informes al hogar que dan una perspectiva clara con información de calidad en lo que concierne a sus pequeños.

En todos los casos, para poder realizar una evaluación efectiva, que enriquezca verdaderamente los procesos de enseñanza y aprendizaje, es fundamental que se seleccione adecuadamente la situación en la que se va a evaluar, así como los instrumentos o técnicas que se van a utilizar. En Educación Parvularia, la técnica privilegiada de evaluación es la observación, que se registra en instrumentos que pueden ser realizados por especialistas: test o pruebas, escalas estimativas, etc., o instrumentos elaborados por las educadoras: listas de control, registros descriptivos, escalas de apreciación, rúbricas, entre otros. Es importante además, que se definan ciertos criterios de evaluación, en tanto referentes directos y concretos, en los que se

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enuncian los aspectos que se deben tener en cuenta en las diferentes instancias evaluativas, para los cuales se deben instaurar ciertos indicadores de logro, los cuales pueden ser cualitativos o cuantitativos, según los propósitos planteados.

Es fundamental tener en cuenta que la manera en que el docente evalúe, influye directamente en los resultados de aprendizaje de los niños y niñas. En este sentido, “…es necesario evitar etiquetas y definiciones de los pequeños, que puedan condicionar su futuro escolar y personal. Siempre hay que dejar una puerta abierta y mostrar confianza en sus posibilidades, poniendo en funcionamiento unas pautas de actuación adecuadas…” (BASSEDAS, HUQUET Y SOLÉ, 2000:p191). En el caso de la Educadora de Párvulos esta aseveración es muy relevante, ya que la predisposición que la docente tenga antes de evaluar a los niños y niñas, influye de manera decisiva en la interpretación de los resultados, ya que en ocasiones estos niveles dependen de lo que la docente perciba de los logros alcanzados, sobre todo cuando el proceso evaluativo se recoge desde la observación de actividades en que el niño o niña se desarrolla, en un clima social que favorece sus procesos de aprendizaje.

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3 PROBLEMATIZACIÓN

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