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Desde estas líneas el lector(a) se dará cuenta que adentrarse al mundo del arte ancestral y de sus técnicas escultóricas como la de la fundición artística a la cera perdida, implica partir de otra concepción de mundo, en la que éste se ve como una totalidad y donde la mirada tiene que agudizarse para llegar a la profundidad de las cosas, tal y como lo expresan las palabras de un Mamo14 de la Sierra Nevada de Santa Marta quien dice: “Hermanito menor cuando mira árbol o piedra, sólo mira árbol o piedra; nosotros vemos profundo, vemos además como persona espiritual” (Arbeláez, 2005), en este sentido consideramos que para dar los pasos al mundo de la fundición artística Muisca, necesitamos iniciar nuestro camino desde el momento en el que los metales crecen en el vientre de la tierra, pues la mirada ancestral y viva de las comunidades indígenas, comprenden el cosmos como un gran tejido, que este autor precisa como “una totalidad viva”, en donde los seres humanos, las plantas, los animales, los ríos,

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25 lagunas y montañas y demás seres, cada uno desde un nivel que lo hace diferente, forma parte de esta totalidad, que como tejido soporta vida.

…Así, las piedras son antepasados que tienen cada una historia particular; los árboles son seres sensibles y poderosos; las montañas, inmensas viviendas con puertas secretas para entrar o salir; el canto de un pájaro augura ciertos sucesos. Los ríos, como venas, llevan la sangre de la Madre, la Sierra Nevada, desde los páramos y las cumbres de hielos perpetuos hasta el ardiente mar Caribe. Allí, en los páramos, se encuentran múltiples sitios sagrados donde los indígenas se comunican con los «padres espirituales» para obtener de ellos conocimiento y poder (Arbelaez, 2005).

La anterior expresión que abarca una manera profunda y compleja de ver al ser humano en relación con el mundo natural que le rodea, aparece como una orientación para entender estos procesos que en los siguientes capítulos iremos analizando. Al iniciar este camino de herradura, camino antiguo de los ancestros, tenemos en cuenta la precisión de dos conceptos: uno, el de la Metalurgia15, considerada por el MO (2005) como “el arte de extraer metales de sus menas16

, refinarlos y prepararlos para su uso….”; este es un concepto que se ha ido delimitando, de tal modo, que desde el enfoque de nuestro estudio sobre el mundo ancestral, se señala el término de arqueometalurgia17, al que también nos referimos como metalurgia ancestral, y se precisa como “metalurgia de transformación” en cuanto a la creación de obras a partir de metales o aleaciones (Pernot 1998, citado por Fraresso, 2010, p. 154).

El paso siguiente a esta etapa corresponde a la Orfebrería, que se define como el “arte de trabajar los metales preciosos para realizar adornos y objetos artísticos” (ALC, 1998); de la cual deriva la palabra “orfebre”, que viene del latín auri fabru (aurum: oro y faber: hacedor) que significa “metalúrgico del oro”, o “el que fabrica oro” (Carmona,

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Considerada como el conjunto de actividades que se realizan con el objetivo de beneficiar los metales de los minerales metálicos y de producir artefactos a partir de esta materia prima (Costa, 2011, p. 45). Definida por el DRAE (2003) como la “ciencia y técnica que trata de los metales y de sus aleaciones”; y por el ALC (Diccionario de Arqueología, de J. Alcina Franch, Alianza, Madrid, 1998) como el “conjunto de procedimientos que permiten la obtención de metales a partir de sus minerales, así como la preparación de aleaciones y la producción de objetivos metálicos”.

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Minerales a partir de los cuales se obtiene el metal.

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Entendida como el campo de investigación de la arqueología que tiene como objetivo el estudio de la actividad productiva metalúrgica y de las producciones metálicas del pasado. (Costa, 2011, p.74); “Especialidad dedicada al estudio de los aspectos del pasado relativos al surgimiento y el desarrollo de la elaboración de los metales, incluyendo los procesos de extracción, la preparación de aleaciones, la elaboración de artefactos y su degradación durante la permanencia en los depósitos arqueológicos.” (Cabanillas E., González L., Palacios T., Pifferetti A. , 2006- 2009)

26 2003; Museo del Oro, 2005). Desde estas precisiones veremos en este apartado el recorrido que se hace desde la arqueometalurgia, para pasar por distintas miradas, según investigadores, respecto al origen que sobre este conocimiento adquirieron los ancestros indígenas, como sobre las distintas técnicas artísticas por ellos creadas, y nos detendremos en algunas posturas frente al análisis de las implicaciones tecnológicas en estas sociedades, todo ello para contextualizar un proceso que se corresponde con un concepto de unidad, que nos llevará al detalle del proceso de la técnica de fundición artística ancestral y su amplio universo, en los capítulos siguientes.

1.2.1. LA GESTACIÓN DE LOS METALES, DESDE EL CORAZÓN DE LA TIERRA

La Tierra o Guaia18 y la montaña, son espacios sagrados para las comunidades indígenas, a ellas se les refiere también como Pacha Mama, como la madre, por eso cuando según los sabedores se camina la montaña, se adentra al pecho de la madre, a su vientre, donde se fecundan los metales. Eliade (1996), fue uno de los primeros autores en establecer desde otras miradas, las relaciones del ser humano con las culturas iniciales, respecto al metal y su trascendencia espiritual. El metal para estas culturas iniciales o ancestrales de casi todo el mundo, tiene un sentido espiritual, que aparece rodeado de misterio, al que se le reconoce su grandeza y sólo se llega a él, desde el respeto y a través de actos rituales, realizados por los chamanes, pues según este autor, es en la tierra donde se gestan los metales y no cualquiera puede extraerlos de sus entrañas.

Según el anterior autor, la tierra, entendida como un campo de fertilidad, está asociada con la sexualización del mundo mineral, en donde la mina, considerada matriz de la tierra, necesitaba tiempo para volver a engendrar, por lo que después de un periodo de explotación activa de las minas se dejaba reposar a los minerales. Investigadores como Barba ([1877]1995) consideran que los metales crecen en la tierra y viven un proceso de “transmutación”, que los llevan a convertirse en oro, por eso éste, es considerado como un metal maduro; Agrícola (1950 [1556]) y Eliade (1996), consideran este mismo proceso de la génesis de los metales, en la matriz de la tierra, madre y dueña de los metales. Estos autores ya hacen mención de la relación del oro y

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27 el sol, y cómo se cree que el primero crece por la acción del astro solar, así como la plata por la de la luna.

Respecto del origen de los metales, Eliade (1996, p.64), enuncia otra teoría, que plantea que los metales no sólo provienen de las entrañas de la tierra sino del cuerpo de un dios o semidiós. “De su ombligo escapó su halito vital, que se hizo plomo, no hierro, no plata; de su semen fluyó su forma y se convirtió en oro. (...) Cuando murió [el dios o semidios], las ocho especies de minerales de naturaleza metálica provinieron de sus diversos miembros…”. Lleras (2002, p. 113) precisa cómo los metales no se conciben como cosas inertes, sino que “tienen propiedades y capacidades de diverso tipo, pero una vez fuera de su útero, la tierra, requieren de la intervención del hombre para expresarse, para madurar y crecer”.

Los anteriores referentes coinciden no sólo con las posturas de las comunidades ancestrales colombianas y andinas, sino que de entrada nos marcan unas claras pautas respecto de lo que para ellos pudo significar el proceso de creación orfebre, desde el uso de esta “materia” en las fundiciones a la cera perdida. Identificado el carácter sagrado de la montaña y de los metales, es de suponer que la extracción, estaría a cargo de personas calificadas para tal fin, pues adentrarse en las profundidades de la tierra, era ingresar al inframundo, el cual era dominado por “espíritus ambiguos” (González, 2004b, p. 26), por eso, algunas comunidades indígenas de los Andes, enviaban ofrendas y realizaban rituales a las montañas y sus minas, para recibir su ayuda en este proceso delicado de extracción; además señalamos cómo algunas personas tenían la capacidad de identificar si una piedra contenía o no minerales, tan sólo por su olor (Fraresso, 2010a). Los Incas del Perú, donde a las minas, llamadas coyas, -mismo nombre empleado para el oro-, (Pérez, 1966) se les adoraba velándolas en la noche, allí los hombres bebían y bailaban y besaban los metales; “el mineral era concebido como otro elemento animado de la naturaleza, que se reproducía, criaba y cosechaba tal como se hacía con los cultivos” (González, 2004b, p. 27). Este mismo proceso era seguido por los Muiscas, cuando se trataba de extraer las esmeraldas, tal y como lo plantea Tovar (1964, p. 46) “los indios hacían hechizerías para sacallas, que son tomar y comer ciertas yervas con que dizen en qué veta hallarán mejores piedras”.

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1.3. MIRADAS FRENTE AL ORIGEN DEL CONOCIMIENTO METALÚRTICO

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