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Chapter 7 Study of Pyrolysis Gas Flow Effects

7.3 Cylinder sample test-cases

Autores clásicos como Duverger (1955)163 afirmaban, al describir la realidad de los partidos políticos europeos a inicios de la segunda mitad del siglo XX, que incluso reconociendo la escasa evidencia y las dificultades en la obtención de la información respecto de la presencia de las mujeres en estas organizaciones, se podían identificar tres tendencias: una escasa afiliación de mujeres; una presencia aún más escasa en los ejecutivos partidarios y, por tanto, escasa influencia en los asuntos nacionales; y, por último, una tendencia clara a evitar la formación de organizaciones de mujeres con algún nivel de autonomía en su interior que si eran permitidas (más por necesidades de propaganda hacia determinados sectores para mostrar su preocupación por ellos) no tenían una real influencia dentro del partido.

162NORRIS (1993) y CAUL, MIKI: “Women´s representation in Parliament. The role of

political parties” en Party Politics, Vol. 5, No.1, SAGE Publications, 1999.

163 DUVERGER, MAURICE (1955): The political role of women, UNESCO, Paris,

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Este diagnóstico se condice con una realidad socio-política en la que las mujeres tradicionalmente se ubicaban como parte de una ciudadanía “inactiva” que casi nunca participaba políticamente en contraste con una ciudadanía “activa” compuesta mayoritariamente por hombres casados con altos niveles de educación e ingresos.164 Sin embargo, avances logrados en las últimas décadas como la incorporación de la mujer al mercado laboral y sus mayores niveles educativos han ido reduciendo las diferencias en la participación política de hombres y mujeres en diversos contextos.165

En paralelo, investigaciones pioneras realizadas en la década de los noventa respecto la situación de las mujeres en la organización interna de los partidos (en países como Francia, Alemania y Suecia) revelaban que la diferencia de género en la militancia había disminuido con los años pero que las mujeres continuaban sub-representadas en las estructuras de poder partidarias y en los parlamentos.166 Aunque otras, como la realizada por Caul (1999) enfocada en el análisis de partidos de Estados Unidos y Europa Occidental, encontró que mientras el porcentaje promedio de mujeres activistas en lo local era de 12% en las ejecutivas nacionales la presencia de mujeres era de 16% en 1975, de 24% en 1985 y de 27% en 1989. Contrariamente a lo que se podía prever, la representación en los niveles altos de la organización era mayor que su participación en las bases.167

El dato del mayor balance entre los sexos en las militancias de los partidos y sus disparidades en el acceso a las instancias de decisión, no es una cuestión menor. Sobre todo si se toma en cuenta que la sub-representación de las mujeres ha sido explicada por algunos autores en base a lo que se denomina el “modelo de la oferta y la demanda”. Lovedunski y Norris (1995)168, señalan que las explicaciones desde el lado de la oferta

sugieren que los resultados reflejan el grupo de postulantes que desea perseguir una

164Tipología de BARNES y KAASE citada en FERRER, MARIANA, LUCÍA MEDINA y

MARIANO TORCAL (2006): “La participación política: factores explicativos” en, Ciudadanos, Asociaciones y participación en España, MONTERO, JOSÉ RAMÓN, JOAN FONT Y MARIANO TORCAL MARIANO, Centro de Investigaciones Sociológicas, Madrid.

165FERRER ET. AL. (2006). 166 NORRIS (1993), pág.309. 167 CAUL (1999), pág. 89.

168 LOVEDUNSKI, JONI Y PIPPA NORRIS (1995): Political recruitment. Gender,

Race and Class in the British Parliament, Cambridge University Press, Cambridge, págs.14-15.

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carrera política, disposición que puede estar sujeta por constricciones de recursos (tiempo, dinero y experiencia) o de motivación (entendida como impulso, ambición o interés). Dicha motivación puede estar a su vez condicionada por los cálculos sobre los riesgos, apoyos y posibilidades de afrontar con éxito una candidatura169 o por factores estructurales, como el género, que pueden limitar la ambición de competir debido a las dificultades que pueden tener las mujeres para conciliar una carrera política con sus responsabilidades familiares.170

Desde el lado de la demanda, se asume que dada la imposibilidad de un conocimiento a fondo de los postulantes por parte de los seleccionadores, las valoraciones de sus habilidades y experiencia se basan en percepciones que pueden estar influidas por una discriminación “directa” a través de juicios positivos o negativos sobre la base de características grupales o “imputadas”, favoreciendo a ciertos candidatos171. Este tipo de visiones de los líderes aplicadas a las candidaturas de mujeres a cargos de elección popular pueden convertirse en una “profecía auto-cumplida” ya que si son escépticos sobre sus posibilidades de éxito es menos probable que sean reclutadas como candidatas y, por tanto, su número en las legislaturas no cambiará aunque sus tasas de éxito suelan ser similares a las de los candidatos.172

Esta teoría, desde el punto de vista de la demanda, engarza con otros enfoques desde los cuales se ha señalado la existencia de reglas informales, de barreras invisibles para ascender y, en general, de una cultura político partidaria que excluye a las mujeres. Para describir estos fenómenos se ha acuñado el término “techo de cristal” entendido como un “conjunto de prácticas y maniobras que dan como resultado que las mujeres sean desestimadas por los sistemas de cooptación” que funciona porque éstos implican la búsqueda de un perfil o elemento no experto sólo distinguible por los seleccionadores y

169 RULE, WILMA (1981):“Why women don´t run: the critical contextual factors in

women´s legislative recruitment en The Western Political Quarterly”, Vol. 34, No. 1, Special Issue on Women in Politics, Mar. 1981, págs.76-77.

170 FOX, RICHARD L. Y JENNIFER L. LAWLESS: “To run or not to run for office:

explaining nascent political ambition” en American Journal of Political Science, Vol. 49, No.3, Jul. 2005, págs. 647.

171 LOVEDUNSKI Y NORRIS (1995), págs. 14 y 15.

172 SANBONMATZU, KIRA (2006a):“Do parties know that “women win? Party

Leaders belief about women´s electoral chances” en Politics & Gender, 2, págs. 446- 447.

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que nada tiene que ver con la experiencia de los postulantes.173 Siendo que dichos

seleccionadores constituyen grupos de élite, dominados por líderes hombres, que obstaculizan el acceso de las mujeres.174

Sea por razones de oferta o de demanda, la literatura advierte que la escasez de mujeres en el liderazgo tiene implicaciones para la presencia de los intereses de las mujeres en la agenda partidista.175 Contrariamente, altos niveles de mujeres trabajando en los cargos internos y la presencia de reglas formales diseñadas a incrementar el número de mujeres parlamentarias son propicias a su representación.176

La existencia y rol desempeñado por unidades organizativas especificas desde las cuáles trabajar los temas relacionados con las mujeres es otra de las cuestiones que también han sido objeto de análisis. Se ha estudiado las acciones que desde instancias como las Secretarías de la Mujer, se pueden impulsar para promover la mayor participación de mujeres al interior de dichas organizaciones y mejorar su representación. Si bien, históricamente, este tipo de secciones estuvieron más orientadas a que las mujeres sirvieran a los intereses de los partidos algunos sostienen que con el paso del tiempo han empezado a fungir como plataformas para el desarrollo de políticas favorables a este grupo, la coordinación de actividades de las mujeres al interior del partido, la provisión de apoyo y entrenamiento a mujeres electas y la sensibilización a la militancia en temas de igualdad de género.177

Pero el papel real que cumplen no ha estado exento de debate, tal como explica Caul Kittilson (2011) pues mientras algunos señalan como hipótesis que su existencia ayuda

173 VALCÁRCEL, AMELIA (2008): La política de las mujeres, Ediciones Cátedra,

Madrid (cuarta edición), págs. 98-99.

174 UNIÓN INTERPARLAMENTARIA (2008): Igualdad en la política: un estudio sobre mujeres y hombres en los parlamento, Unión Interparlamentaria, Francia, pág.24.

175 SANBONMATSU, KIRA (2006b): “Representation by Gender and Parties”. Paper

presentado en la Conferencia Political Women and American Democracy organizada por la Universidad de Notre Dame, pág. 25.

176 CAUL (1999), págs. 83 y 94.

177 KROOK, MONA LENA Y PIPPA NORRIS (2014): “Beyond quotas: strategies to

promote gender equality in elected office en Political Studies”. Vol. 62. 2-20.

y UNITED NATIONS DEVELOPMENT PROGRAM AND NATIONAL DEMOCRATIC INSTITUTE (2011): Empowering women for stronger political parties, United Nations Development Program and National Democratic Institute, New York, pág.17.

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a la representación de mujeres al promover en ellas un sentido de interés colectivo y dotarlas de un espacio desde el cual presionar por reivindicaciones a los líderes, para otros, el aislamiento de las mujeres en una facción separada puede devenir en un “ghetto” e impedir su habilidad de promover nuevos temas al interior del partido.178 En todo caso, algunas investigaciones empíricas han aportado evidencia que indica que la apuesta por una organización formal de mujeres y el poder orgánico son un trampolín desde donde se pueden redefinir los temas de mujer como demandas para la mejora de la calidad de la democracia; presionar por reclamos específicos de representación como la aprobación de cuotas voluntarias y mejorar la atención en temas de justicia social (entre ellos, la igualdad de género) en los programas de gobierno.179

Esto nos lleva al tipo de estrategias que desde los partidos se han adoptado (o se pueden adoptar) para promover o fortalecer la representación de las mujeres al interior de las organizaciones o en la competencia electoral. Según Lovedunski (1993) éstas pueden ser de tres tipos: retóricas, de acción positiva y de discriminación positiva. Las primeras están referidas a declaraciones discursivas a favor de la inclusión de las mujeres incluidas en estatutos, programas electorales, resoluciones congresales o declaraciones de carácter público; las segundas se refieren a iniciativas relacionadas con la formación de mujeres, estímulos financieros y la creación de instancias específicas (como las Secretarías de la Mujer) o cualquier tipo de campaña para promover su participación; y por último, las estrategias de discriminación positiva que consisten en la adopción de cuotas de género a través de las cuales se reservan espacios para las mujeres en los cargos de decisión política o en las listas electorales.180

En general, desde fines de la década de los noventa, se ha sostenido particularmente para el ámbito europeo que la diferencia entre los sexos se ha convertido en una preocupación más o menos explícita para la gran mayoría de partidos actuales.181

178 CAUL KITTILSON, MIKI (2011): Women, parties and plattforms in post-industrial

democracies, Party politics, 2011, pág. 72.

179 VERGÉ (2007), págs. 220-221 y CAUL KITTILSON (2011), pág. 81.

180 LOVEDUNSKI, JONI (1993): “Introduction” en Gender and Party Politics,

LOVEDUNSKI, JONI Y PIPPA NORRIS, SAGE PUBLICATION, LONDON, págs. 8- 11.

181 ELIZONDO, ARANTXA: “Partidos políticos y mujeres” en URIARTE, EDURNE Y

ARANTXA ELIZONDO (coordinadoras), Mujeres en política, Editorial Ariel, Barcelona, 1997, pág. 96.

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Preocupación que podría haberse extendido incluso entre partidos de diverso espectro ideológico con el paso de los años. En la década de los noventa se afirmaba que los partidos de izquierda eran más favorables a la representación política de las mujeres por sus vínculos con los grupos tradicionalmente excluidos del poder182 y su cercanía a los movimientos feministas.183

Ello se traducía en una mayor proporción de mujeres en cargos de responsabilidad al interior de la organización184, un mayor número de parlamentarias185 y en ser más propensos a incluir medidas de discriminación positivamientras que los partidos de la derecha y el centro apoyaban su actuación más en estrategias retóricas y en acciones afirmativasal considerar que el partido sólo debe estimular que sus militantes mujeres compitan por los puestos en una competencia justa y abierta.186 Pero, a lo largo del tiempo -a veces por cuestiones instrumentales de carácter electoral187- los partidos de derecha, aunque reacios a adoptar acciones de discriminación positiva (cuotas), han tomado otras medidas y políticas para promover la presencia femenina y sus intereses. 188 Entre ellas lo que se denomina la “cuota tácita” que implica la incorporación en los hechos de más mujeres (por ejemplo, en los niveles de dirección), sin necesidad de pasar por la aprobación de cuotas.189

182 MATLAND, RICHARD E. Y STUDLAR, DONLEY T (1996), pág. 27 y HTUN, MALA: “Mujeres y poder político en Latinoamérica” en MÉNDEZ MONTALVO, MYRIAM Y JULIE BALLINGTON (editoras), Mujeres en el Parlamento. Más allá de los números, IDEA Internacional, Estocolmo, 2002, pág. 28.

183 ELIZONDO (1997), pág. 103. 184 Op. cit. (1997), pág.103 185 CAUL (1999).

186 NORRIS (1993): pág. 320.

187 Centrada en investigar las causas de la adopción de ciertas demandas de las mujeres

por los partidos de derecha, RUIZ JIMÉNEZ (2006) sostiene que cuando están en el gobierno estos partidos han podido ser impermeables al género pues su posición de poder no les ha hecho necesario apelar al electorado femenino. Pero, si son débiles electoralmente y están en la oposición, tendrán incentivos para realizar cambios ideológicos y de manera (al menos inicialmente instrumental) incorporar estas cuestiones en sus propuestas para poder competir por el electorado femenino con los partidos de izquierda. Véase RUIZ JIMÉNEZ, ANTONIA MARÍA (2006): De la necesidad, virtud. La transformación feminista del Partido Popular en perspectiva comparada 1977-2004, Centro de Estudios Políticos y Constitucionales, Madrid.

188 HTUN (2002), pág. 30.

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O el encuadre de sus demandas en el marco de sus valores ideológicos insistiendo en temas como la familia y la defensa de valores asociados a ésta, la inseguridad ciudadana y la importancia de incrementar las penas de los delitos cometidos contra las mujeres a diferencia de los partidos de centro e izquierda que se implican más en propuestas sobre la igualdad de oportunidades, una idea de la mujer moderna y la no discriminación de las trabajadoras.190

Finalmente, mientras algunos sostienen que estos cambios se han producido por la necesidad de estas organizaciones de enfrentarse a nuevos problemas originados por cambios sociales recientes (como la mayor participación de mujeres en la fuerza de trabajo) que, a su vez, han generado nuevas demandas en las agendas de los partidos políticos y un nuevo electorado en busca de representación política191, otros inciden en que en realidad los partidos responden a estos temas cuando son presionados internamente por sus propias organizaciones de mujeres a través de la creación de nuevas definiciones de la realidad que dan soporte a sus esfuerzos para elaborar nuevas políticas.192

En cualquier caso, y este es uno de los presupuestos adoptados por esta investigación, no debería asumirse que la consecución de cambios es un proceso automático pues como ya se ha explicado en puntos anteriores las innovaciones no se producen de manera unidireccional sino que son el resultado de procesos de interacción entre factores que lo pueden estimular y actores que pueden resistirse a ellos produciendo resultados no deseados o directamente neutralizando las posibilidades de cambio.

2.5.2 Representación de las mujeres en los partidos políticos de América Latina:

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