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El objetivo de este capítulo es el de realizar un análisis del consumo de alcohol por parte de adolescentes y jóvenes en la España de los últimos 20 años, a partir de las diferentes investigaciones cualitativas llevadas a efecto en estas dos décadas.(1)

Tenemos que advertir de entrada que aunque el objeto de este texto está referido a los adolescentes, muchos de los elementos de análisis estarán extraídos de investi- gaciones que se han ocupado de trabajar la cultura y las dinámicas juveniles. Hay varias razones que creemos que pueden justificar esta licencia. En primer lugar, la ambigüedad de los límites temporales entre adolescencia y juventud, concep- tos que tienen claros sus extremos (y aún eso, con ciertas dificultades) pero que tienden a una falta de solución de continuidad en la propia frontera. En segundo lugar, el hecho de que prácticamente todas las investigaciones dirigidas a jóvenes han incluido edades decididamente insertadas en la adolescencia (es muy habitual el enfocar los análisis a la franja 15-24 años), lo que nos permite trabajar con ellas, atendiendo especialmente a lo dicho para los más jóvenes. Además, también podemos argumentar que, precisamente por sus estrategias metodológicas, los abordajes cualitativos son difícilmente aplicables a las edades preadolescentes y de la primera adolescencia; son escasísimos los trabajos que lo pretenden.

Finalmente, como razón principal, defendemos que son las dinámicas que cuajan entre los jóvenes, las que sirven para dar cuenta de lo que comienza a gestarse en la adolescencia. Podría decirse que es entre chicos y chicas de

(1) Si bien hay bastantes investigaciones, sobre todo cuantitativas, sobre el consumo de drogas, hay pocas investi- gaciones monográficas sobre el consumo de alcohol. En el capítulo nos hemos centrado en el análisis de aquéllas que más amplia e intensamente han abordado esta problemática con algún tipo de abordaje cualitativo. Por abordaje cualitativo entendemos el intento de analizar el discurso de un colectivo, con sus contenidos dominantes y sus matices, a través de grupos de discusión (y, más infrecuentemente, otras técnicas). Los hallazgos que este abordaje permite, nunca son extrapolables a todo el colectivo (en un sentido estadístico) pero ofrecen la ventaja de profundizar en matices e interpretaciones que con otras técnicas son inviables.

alrededor de los veinte años donde más claramente puede «leerse» el impacto de lo social, las organizaciones de respuesta a ese impacto, los mecanismos reactivos y las propuestas de cambio; es ahí donde mejor se «leen» pero no es la única etapa en la que se dan. Todos esos elementos, derivados del contex- to social y propios de las peculiaridades juveniles, también inciden sobre la adolescencia. Y los adolescentes, en su afán por crecer e incorporarse cuanto antes al ámbito de la autonomía de los mayores, beben de esas fuentes y reme- dan y se adaptan a las mismas dinámicas. Es por eso por lo que la mirada de los iguales de mayor edad (los recién estrenados jóvenes) caracteriza bien, exagerando algunos rasgos, cómo son los adolescentes.

Por tanto, utilizando las investigaciones que hemos seleccionado, por una parte hemos podido escuchar la voz de algunos adolescentes; por otro lado, hemos aprendido de esos adolescentes analizando cómo son aquéllos a los que quieren parecerse, y, finalmente, hemos tenido la oportunidad privilegia- da de que, quienes acaban de salir de la adolescencia, nos cuenten cómo fue- ron entonces y cómo son quienes les han sucedido, cómo ven a estos últimos, desde una mirada que reconoce con la facilidad de quien relee lo sabido. De entrada, diremos que el conjunto de las investigaciones señala que, a lo lar- go de la década de los noventa del siglo pasado, se asentó y estabilizó en España un modelo de consumo de alcohol por parte de adolescentes y jóvenes, relativa- mente diferencial del practicado tradicionalmente por las generaciones adultas. A este consumo adolescente y juvenil, en su descripción más cualitativa, dedi- caremos nuestra atención, tratando de recoger aquellos aspectos y dimensiones que los estudios han señalado como más relevantes para su comprensión. En una obra publicada hace unos pocos años, Elzo, Laespada y Pallarés (2003) se preguntaban en relación con el consumo de drogas, no sólo de alcohol, por parte de adolescentes y jóvenes, hasta qué punto estábamos «ante un ciclo nuevo, que puede tener un duración más o menos larga», o si, como plantean Parker et al., «el uso recreativo de las drogas» está asociado a nuevos y emergentes estilos de vida. Creemos, de entrada, en una hipótesis extraída del conjunto de investigaciones cualitativas, que la respuesta tentativa a dicha pregunta es que, más que ante un cambio de ciclo coyuntural en el consumo de alcohol y de otras drogas, estamos en una nueva fase de desarrollo de las formas y estilos de vida juveniles en nuestro país, de la que determinadas for- mas de ingesta y consumo de alcohol forman parte inextricable.

EMERGENCIA, AFIANZAMIENTO Y TRANSFORMACIÓN DE UN MODELO JUVENIL ESPECÍFICO DE CONSUMO DE ALCOHOL 83 3.1. Hacia un modelo juvenil de consumo de alcohol

Como ya señalábamos, se podría hablar de la existencia de tres etapas rela- tivamente diferenciadas en la reciente historia del consumo de alcohol en España. Una primera etapa, desde 1950 a 1975, que estaría marcada por un crecimiento progresivo del consumo global de alcohol; otra, desde 1975 a 1981, caracterizada por una estabilización del consumo; por último, una tercera, desde 1981 a la actualidad, en que se comprueba un paulatino, pero evidente descenso del consumo. Esta descripción, a grandes rasgos, de la evolución del consumo de alcohol en España permitiría un cierto optimismo desde una perspectiva de salud pública y desde los objetivos de prevención de los efectos negativos que la ingesta excesiva de alcohol pueda conllevar, todo ello hablando siempre en términos generales y en referencia al conjunto de la población. Pero dicha evolución no ha sido paralela en todos los grupos etarios, y concretamente entre los adolescentes y jóvenes ha presentado unas características muy diferenciales.

En referencia a ese consumo diferencial de adolescentes y jóvenes, Elzo, Laespada y Pallarés (2003) apuntan dos cuestiones de mucho interés para la comprensión de lo que vamos a llamar «modelo juvenil de consumo de alcohol». En primer lugar, afirman que a lo largo de las dos primeras etapas, es decir hasta los primeros años ochenta, «el alcohol, cuyo consumo estaba causando importantes estragos entre la población adulta, no tenía entre los jóvenes atribuciones simbólicas diferenciales a las del resto de la sociedad». O dicho de otra forma, más allá de posibles diferencias cuantitativas en las pautas y en las cantidades ingeridas por jóvenes y adultos, ambas generacio- nes participaban de la misma cultura alcohólica y compartían similar modelo sociocultural de consumo.(2)

En segundo lugar, apuntan que a lo largo de la década de los ochenta se pro- duce un cambio en el patrón de ingesta alcohólica de los jóvenes, que van construyendo un modelo juvenil específico, caracterizado por dos dimen- siones íntimamente unidas y de influencia mutua: un cambio en la forma de consumir, en relación con los hábitos tradicionales en nuestro país; y una atri-

(2) Apreciación y análisis que coincide plenamente con lo desarrollado por Comas (1994), quien al elaborar una periodificación específica del consumo de alcohol por parte de adolescentes y jóvenes señala que la primer etapa, que sitúa hasta el principio de los ochenta, estaría marcada por una «expansión del consumo siguiendo pautas tradicionales», es decir prolongando «el modelo de los adultos».

bución al consumo de alcohol de los jóvenes de ciertos valores identitarios, diferentes de los valores vigentes hasta entonces: «a principios de los ochenta, los jóvenes incorporados al consumo de alcohol, inician un cambio en la atri- bución simbólica del mismo. Más allá de actuar como un acompañante de las comidas o de las relaciones sociales (como había sido tradicional), el consu- mo de alcohol se convierte en un fin en sí mismo, en el elemento conductor de la identidad juvenil». Subrayando y reforzando dicha línea de análisis, y en plena coincidencia con la práctica totalidad de las investigaciones cuali- tativas consultadas, argumentan la novedad del emergente modelo con una triple constatación:

• La ingesta de alcohol como finalidad autónoma, y no como complemento de otra actividad social o gastronómica.

• La ingesta del alcohol como una actividad estrechamente asociada a una sociabilidad juvenil más horizontal, separada de la relación con los adultos.

• La búsqueda de la intoxicación etílica, como un fin en sí mismo.

Así, los citados autores resumen: «a finales de los ochenta y mediados de los noventa se consolidó y afincó un modo de consumo de alcohol desconocido hasta entonces. La ingesta de bebidas alcohólicas se convirtió en un fin en sí mismo, para llegar a una meta: la intoxicación etílica. La ebriedad se mitifica como el máximo exponente de la diversión, la modernidad, el atrevimiento. El alcohol se instaura en las relaciones interpersonales de los jóvenes, como un objeto necesario e imprescindible».

Nueva pauta de ingesta alcohólica por parte de los jóvenes de aquellos años, que va a encontrar la expresión y la forma social más adecuada y reconocida en el progresivo desplazamiento del consumo desde la cotidianeidad de la semana laboral a la relativa excepcionalidad del fin de semana, a las tardes/noches del finde, tal como fue subrayado en diferentes investigaciones.(3)

–Lo que más es el sábado, que te sueltas. Después de estar toda la semana trabajando o estudiando, o las dos cosas, cuando tienes tiempo libre hay que aprovecharlo.

(En Peinado, Pereña y Portero, 1992)

EMERGENCIA, AFIANZAMIENTO Y TRANSFORMACIÓN DE UN MODELO JUVENIL ESPECÍFICO DE CONSUMO DE ALCOHOL 85 Podría decirse que a mediados de los noventa ya estaba plenamente instalado un nuevo modelo de consumo de alcohol por parte de adolescentes y jóvenes, con rasgos específicos y diferenciados que subrayan unánimemente los estu- dios cualitativos.

TABLA 3.1

Cambios en el modelo de consumo juvenil de alcohol

MODELO TRADICIONAL NUEVO MODELO

Durante la semana laboral En el fin de semana

Acompañando las comidas Diferenciado de las comidas Como energizante en el trabajo Vinculado al ocio

Como acompañante de las relaciones sociales

Como pretexto de las relaciones sociales

En fiestas y celebraciones En casi todos los fines de semana Los adultos inician a los jóvenes

en el consumo

Los jóvenes se inician por si mismos Lugares mixtos Lugares especializados

En la España de los ochenta estos cambios eran una relativa novedad, de la que dan cuenta de las investigaciones de la época. En la actualidad son un lugar común, que repiten insistente y estereotipadamente los propios jóvenes, los adultos, los medios de comunicación y los expertos e investigadores. Este nuevo modelo de consumo conllevó en su origen una modificación de los significados del propio término «beber», que entre los jóvenes «parece haber cambiado su significado...» «Beber se asocia inmediatamente con tra- gos largos (los que suelen tomarse por la noche: whiskies, combinados...) e, incluso, directamente con la cantidad o frecuencia excesivas».(4)

–... Nosotros le llamamos «beber» a emborracharse, a tomarte cuatro o cinco pelotazos todos los días... Lo normal es que te puedas tomar una cerveza en el aperitivo, pero «beber» es cogerla o tomar más de lo normal.

(En Peinado, Pereña y Portero, 1992)

Esta última declaración, de un grupo de jóvenes madrileños, leída desde 2007, no sólo apunta el citado cambio de significado sino que también sugiere cómo, para los jóvenes de aquellos años, la norma, lo normal, todavía seguía siendo la pauta de consumo adulto, «lo normal es que te puedas tomar una cerveza en el aperitivo», vinculado al modelo tradicional, mientras que la incipiente ingesta juvenil («los cuatro o cinco pelotazos», el «cogerla»), era todavía considerada «anormal». El asentamiento de dicho modelo con el paso del tiempo ha conllevado una transformación radical de esa norma en adolescentes y jóvenes. Como no han dejado de subrayar las distintas inves- tigaciones,(5) en la actualidad, lo normal, lo establecido, es practicar la pauta

de consumo que era incipiente y extraña en el inicio de la última década del siglo pasado.

–Los fines de semana me imagino que todos haremos más o menos lo mismo, ¿no? Yo por ejemplo, estoy aquí con un amigo mío. Pues los viernes salimos, y a lo mejor dos o tres fines de semana al mes pues hacemos botellón. Aquí es que se hace mucho el botellón. Nos juntamos con los amigos y es una manera de quedar...

–... Claro.

(En Rodríguez, Megías y Navarro, 2005)

Dedicaremos las siguientes páginas a tratar de explicar la génesis de dicho modelo según ha sido analizada por los diferentes autores, y la evolución del mismo. Evolución que, aun con toda la prudencia y siempre sometiéndose a contrastación, deja aventurar la hipótesis de que, quizás, tras los tópicos y estereotipos firmemente acuñados, se estén gestando algunas modificaciones que, sin cuestionar las características generales del modelo, apuntan un cam- bio en algunas de sus características más relevantes, sobre todo en términos de impacto en la salud pública y como conflicto social.

3.2. Los cambios en el contexto de consumo

La evolución de las pautas de consumo de alcohol y, en especial, la emer- gencia del citado modelo juvenil, han sido analizadas e interpretadas por algunos de los investigadores que más atención y seguimiento han prestado

EMERGENCIA, AFIANZAMIENTO Y TRANSFORMACIÓN DE UN MODELO JUVENIL ESPECÍFICO DE CONSUMO DE ALCOHOL 87 al fenómeno como el resultado de un desplazamiento del conflicto social y generacional existente en la sociedad española a lo largo de las últimas déca- das; dicho en otros términos, el conflicto generacional se ha dirimido, aunque no sólo, en el espacio del complejo «ocio-diversión-consumo de alcohol (y drogas)», traduciéndose en la construcción de formas diferenciales de diver- tirse y consumir.

El hilo conductor de esta línea de interpretación, con los inevitables matices derivados de una u otra línea teórica de acercamiento, señala que las conduc- tas en relación con el consumo de alcohol pueden entenderse como síntoma de un conflicto, de una quiebra social, de la relación de la juventud con la sociedad, que, en lugar de evidenciarse en términos clásicos de tipo político o reivindicativo, lo hizo en términos más post-modernos, a partir de conductas expresivas ligadas a formas específicas de consumo de alcohol, muy centra- das en los fines de semana.

Uno de los autores que con más asiduidad ha investigado la cuestión de los consumos de drogas en los jóvenes, Domingo Comas, apunta a este respecto cómo «la pauta de consumo del fin de semana, ligada a los jóvenes sin auto- nomía personal, emerge a partir de mitad de los ochenta, al tiempo que este sector social, fruto de la prolongación de los estudios, de las dificultades para insertarse con seguridad en el ámbito laboral y para acceder a una vivienda, va creciendo».(6)

Dicho autor, considerando este contexto como el marco explicativo más general, señala sin embargo que «esta estructura social, tan presente en 1984 como en 1993, no explica el continuo crecimiento de las pautas duales de fin de semana/días laborables en el consumo de alcohol». Otros autores,(7)

sí parecen relacionar más directamente con dicha estructura, además de los nuevos modelos de consumo de alcohol por parte de los jóve- nes, sus formas de ocupación del «cronotopo» del fin de semana.

Más allá de dichos matices entre unas y otras investigaciones, en las obras y en las investigaciones del conjunto de autores incluidos en la bibliografía, se pueden seguir de las reflexiones acerca de los cambios en los consumos juveniles y de los fenómenos sociales que más han incidido en los mismos, como trataremos a continuación.

(6) Comas, 1994.

Una de las líneas de reflexión más subrayada en las investigaciones cualita- tivas es la que apunta la relación entre las características del mercado laboral juvenil y el conjunto de formas de vida y consumo (incluido el alcohol) de los jóvenes. Dichas investigaciones señalan la importancia del paro juvenil a mediados de los ochenta, sugiriendo además que las generaciones jóvenes de aquellos años, las mismas que configuraron los emergentes del nuevo modelo de consumo de alcohol, fueron las primeras que se enfrentaron de lleno con lo que por aquellas fechas se denominó el «paro estructural».

Baste recordar, como se recoge en el «Informe 2000. Juventud en España»,(8)

que el paro llegó a afectar a mediados de los ochenta, años en los que emerge el nuevo modelo de consumo de alcohol, a cerca de un 50% de los jóvenes menores de 24 años, tal como puede observarse en el siguiente gráfico, extraí- do de dicha obra.

Dicho «paro estructural» fue vivido por los jóvenes con el agravante añadido de percibir un bloqueo institucional de las generaciones más adultas, que

(8) Martín Serrano, M. y Velarde Hermida, O. (2001): «Informe 2000. Juventud en España».

GRÁFICO 3.1

Evolución de las tasas de paro, por grupos de edad

Base: población joven entre 16 y 29 años

De 25 a 29 De 20 a 24 De 16 a 19 77 99 0 10 20 30 40 50 60 78 79 80 81 82 83 84 85 86 87 88 89 90 91 92 93 94 95 96 97 98

EMERGENCIA, AFIANZAMIENTO Y TRANSFORMACIÓN DE UN MODELO JUVENIL ESPECÍFICO DE CONSUMO DE ALCOHOL 89 impedía el acceso de los más jóvenes al trabajo, tal como se señala en el conjunto de investigaciones cualitativas llevadas a cabo por Conde para la Presidencia del Gobierno a principios de la década de los noventa. Todo ello condicionó un conflicto social larvado entre las generaciones más jóvenes y el poder adulto establecido, que se fue expresando de formas muy diversas, entre ellas las citadas formas de consumo de alcohol y de otras drogas. En paralelo a la situación descrita de paro juvenil creciente y bloqueo en relación con la incorporación de los jóvenes al mercado de trabajo, los años ochenta contemplan el desarrollo de una fuerte industria del entretenimiento que tiene en los jóvenes a uno de sus públicos objetivos, en terminología de marketing, más claros y prioritarios. Esa industria se ha mostrado como un actor muy activo, y como un cofactor decisivo a la hora de comprender los fenómenos que nos interesan.

Los años ochenta contemplan el nacimiento y la progresiva especialización de locales de ocio (pubs, bares musicales, discotecas...), específicos para jóve- nes, diferenciados de los destinados a los adultos;(9) locales de ocio juveniles,

segmentados internamente por corrientes musicales, estéticas o generaciona- les.(10) La creación de este tipo de oferta ha sido muy importante en la historia

de la creación del actual modelo de consumo de alcohol: «con la creación en España de espacios públicos de consumo de alcohol de carácter marcada- mente juvenil y diferenciados de los adultos (pubs, discotecas, salas de fiesta, etc.) se introdujo un elemento nuevo en el disfrute del ocio. Se creaban así, los primeros espacios de ocio especialmente juveniles, con actividades de ocio dirigidas, en las que prevalecen las relaciones horizontales entre grupos de iguales, de pares».(11)

De hecho, por aquellas fechas de finales de los años ochenta y primeros noven- ta, en alguna de las investigaciones cualitativas analizadas,(12)

se subrayaba la importancia que tuvo en las pautas de consumo de alcohol de adolescentes y jóvenes (en este caso, de la Comunidad de Madrid), el despliegue de una oferta de ocio específicamente orientada, como la puesta en marcha de las denomi-

(9) Pallarés y Feixa, 2000; Elzo, Laespada y Pallarés, 2003.

(10) En Megías (2001): «Información disponible sobre la economía del ocio juvenil. Rastreo bibliográfico», puede seguirse la información disponible a dicho respecto.

(11) Elzo, Laespada y Pallarés, 2003. (12) Peinado, Pereña y Portero, 1992.

nadas «discotecas light», o la popularización de unos soportes de consumo pensados para nuevas formas de beber (los minis de cerveza).

La conjunción de los dos procesos apuntados (la crisis social juvenil y la aparición de una potente industria del ocio para jóvenes), se desenvuelve en un contexto económico y cultural más amplio, de progresiva instalación de la