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den. (De lo último se trata.) “Así no puedo concentrarme”, se queja. “Ves, lo mismo ocurre con tu dolor”, le expli- ca la directora. “Si tú te distraes en vez de estar siempre pensando en tu tripa mejorarán tus dolores.”

La psicóloga pone aquí en juego un re- curso científi camente comprobado desde hace tiempo: la sensación de dolor pue- de modifi carse mediante procedimientos desviatorios. El equipo de investigación que dirige Thomas Tölle, de la Universi-

dad de Múnich, ha demostrado, mediante técnicas de formación de imágenes, que disminuye la actividad del centro cerebral del dolor en el momento en que el pacien- te dirige su atención a otro objeto. Cefaleas

Es frecuente que los niños, desde la pri- mera entrevista con el médico, dejen de quejarse de sus molestias aunque la tera- pia propiamente dicha no haya empeza- do. Michael Dobe, de la clínica, conviene en que con la mera atención se ha dado ya un paso en la resolución del proble-

1.

ANJA SE BALANCEA sobre un colchón de agua y escucha el chapoteo del líquido.

Un proyector contribuye a dar un tono mágico al ambiente, iluminando con juegos de colores la pared. Es una terapia de origen holandés llamada ‘snoezel’, palabra compuesta de “snuffeln” (olfatear) y “doezeln” (dormitar). Con el ‘snoezel’ se estimulan todos los sentidos y la percepción del propio cuerpo. Anja aleja de sí sus dolores: por fi n puede sentir su cuerpo como algo agradable.

ma del niño. A menudo los pequeños pueden salir de la consulta convencidos de “que no están del todo bien de la cabeza”. Esa sensación les aumenta el temor y la inseguridad y, con ello, las molestias cor- porales. Para evitarlo, se les explica que no todos los dolores proceden del cuerpo; algunos se originan en la cabeza y van ca- lando profundamente en la memoria si no se hace nada para evitarlo.

Importa, en el desarrollo de la terapia, que los niños se enfrenten a sus propias molestias. Con esa fi nalidad dibujan fi gu- ras de su dolor representándolo en forma de peligrosos dragones o llamas que infl a- man la cabeza. Con frecuencia, el niño se dibuja a sí mismo como valiente caballero que abate la bestia o salta sobre el fuego a lomos de caballo.

El “diario del dolor” acompaña al peque- ño y le sirve de consuelo. El mero hecho de expresar por escrito sus sensaciones e indi- car cuándo aparece el dolor, cuánto dura y dónde se localiza, constituye una primera victoria. La intensidad del dolor está tam- bién protocolizada: dibuja series de rostros que conforman una escala del dolor, que va desde la ausencia completa del mismo hasta su aguijón insoportable.

Andrea pone ahínco en la tarea. A sus nueve años, sabe lo que son las migrañas desde que tenía cuatro. Anota cuándo le viene el dolor y traza una cruz en el corres- pondiente símbolo. Cuando el dolor aprie- ta con particular intensidad, pega en su cuaderno la imagen del dragón. Merced a la terapia, Andrea ha aprendido a decidir cuándo debe tomar las tabletas y a prescin- dir de ellas si sufre sólo un ataque leve. En los pacientes con dolor de cabeza importa que sepan discriminar entre una migraña y una cefalea por tensión, pues las estra- tegias terapéuticas varían de uno a otro caso. Las migrañas requieren medicación; en las cefaleas de tensión, un niño puede superar el dolor mediante los métodos de conducta aprendidos en la clínica. Autonomía

El grupo de niños que sufren dolores ab- dominales deben ejercitarse, diariamen- te, en maniobras derivativas. Cada sujeto ha de proponerse una tarea para la sema- na con el fi n de que su cuerpo deje de ocupar el centro permanente de atención. Se trata de que la iniciativa parta del niño para que actúe a tiempo, antes de quedar atrapado en la red del dolor. Aprenden a reconocer las señales de estrés de su cuerpo y las situaciones en que se des- encadenan sus molestias.

Con el ejercicio terminan por alejar los pensamientos que preceden al dolor (tensiones entre los progenitores, temor al escarnio de los compañeros si aquéllos

se separan, etcétera). Podría aquí obje- tarse si todo ello no sobrecarga al niño. Varios estudios han demostrado que en las cefaleas infantiles las estrategias para dominar el dolor y el estrés tienen un éxito extraordinario. Hace años, en 1998, Birgit Kröner-Herwig llegaba a la conclusión, tras un rastreo exhaustivo, de que un sesenta por ciento de los alum- nos con dolor de cabeza se sienten mejor después de un entrenamiento de terapia conductista. Un once por ciento de los niños afi rmaron incluso que se veían to- talmente libres de molestias.

Algo similar se corroboró en los dolores abdominales. Tres cuartas partes de los pa- cientes pediátricos se vieron libres de dolor después de la terapia. En el grupo de con- trol, que no recibió ninguna terapia, sólo una cuarta parte notaron alguna mejoría. Se observó, además, que al comienzo los niños se muestran reservados y temerosos. Mas en cuanto entran en contacto con otros compañeros que sufren el mismo dolor, se adentran confi ados en la terapia.

Según la experiencia de Damschen, aproximadamente tres de cada cuatro niños que participan en el curso, acaban la tanda de sesiones con una manifi esta disminución del dolor, si no su desapa- rición absoluta. Incluso aquellos en los que persiste el dolor se sienten mejor: no se encuentran tan desamparados y están en mejores condiciones de afrontar su situación.

STEFANIE REINBERGER es bióloga.

2.

PETRA Y LISA, del grupo de dolores abdominales, aprenden a darse mutuamente masajes con una bola de pinchos de goma que se deja rodar suavemente sobre la espalda de la compañera. No tardan en comprobar los efectos positivos de semejante actividad mutua.

“DER DOCTOR HATGESAGT, ESISTPSYCHO- SOMATISCH...” KINDERPSYCHOSOMATIK FÜR ELTERN, THERAPEUTENUNDALLE, DIENEU- GIERIG SIND. G. Hauch. Verlag Modernes Lernen; Dortmund, 2004.

SCHMERZTHERAPIEBEI KINDERN. Dirigido por B. Zernikow. Springer-Verlag; Heidelberg, 2003.

Esther Mancheño Maciá y Minerva Giménez y Ribotta

H

ace apenas unos años se com- probaba que el cerebro hu- mano adulto, en condiciones normales, podía generar nue- vas neuronas. Un equipo liderado por Pe- ter S. Eriksson, del Hospital Sahlgrenska de Goteborg, y por Fred. H. Gage, del Instituto Salk de California, demostraba en 1998 la producción de neuronas en el hipocampo, una región relacionada con la memoria y el aprendizaje. Este hallazgo indicaba que las células madre, origen de estas neuronas, podrían constituir un

reservorio potencial para la regeneración neuronal de un sistema nervioso dañado, abriéndose enormes posibilidades en me- dicina.

Comenzó entonces la búsqueda de cé- lulas madre en otras regiones, con el fi n de progresar en medicina regenerativa. En el caso del sistema nervioso, se intenta re- parar los procesos degenerativos propios de muchas enfermedades; entre ellas, el Parkinson y el Alzheimer.

Las células madre se caracterizan por su capacidad de autorrenovación, de for- mar células idénticas a ella por división simétrica; y se distinguen también por su capacidad de originar células diferentes,

por división asimétrica, que se transfor- man, o diferencian, en tipos celulares distintos.

Totipotentes, multipotentes y progenitores

Durante la embriogénesis, a partir del zi- goto se desarrolla un conjunto de células que constituye la masa interna del blasto- cisto. Tales células se caracterizan por su totipotencia; es decir, gozan de capacidad para diferenciarse en cualquier tipo celu- lar y, por lo tanto, son la madre de todas ellas.

Las células madre totipotentes, tras su implantación en el útero, pueden ge- nerar un organismo completo. Conforme avanza el desarrollo, esta capacidad se va

¿Es posible

la reparación