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así como ese punto medio entre la ignorancia y la sabiduría al que podemos llamar cono­ cimiento, pues ciertamente conocemos algo, más no todo ni nada. Es por eso que el padre Mersenne, que se carteaba con Descartes y con los demás pensadores de la Europa de su tiempo, escribió un texto titulado: UÍmpiétédes déistes, athées et líbertins de ce tempsetLa Vérité

des Sciences contre íes sceptiques ou pyrrhoniens (1625), donde lo único extraño es que incluya

en la crítica a los deístas, de los que estaría tan próximo. Así, entre la doxa y la episteme de Platón, se encuentra la alethes doxa> la opinión verdadera^, que no debemos confundir con el sentido común del democratismo alienante de la sociedad de mercancías.

Puede parecer esto que se defiende la mediocridad, pero no es así, lo que se defiende es que la virtud ha de estar al alcance de todos de modo que lo extraordinario, dentro de lo bueno, esto es, lo mejor de io mejor, será siempre un exceso, un exceso bienvenido y no sólo un movimiento tendente a la conservación de lo existente sino a su conservación y aumento. Ello resultará de la excelencia, de un sobrepasamiento y contra más excelentes mejor (aunque si todos fuesen excelsos nadie lo seria). La serie no implica el fuera de serie pues entre todas las series en su conjunto se supera con creces cualquier fuera de serie individual. Éticamente diremos para ejemplificar nuestra argumentación que entre lo malo y lo santo es que se encuentra lo bueno, y puede exigírsele a un hombre que sea un hombre bueno, pero resulta excesivo si se le pide que sea un hombre santo; así como puede exigírsele a un hombre que sea un hombre sensato, pero resulta excesivo si se le pide que sea un hombre sabio.

Hablamos aquí de un talante general, pues nadie puede ser permanentemente santo, sabio o héroe, sino que en términos generales, se puede a lo sumo llegar a ser bueno, veraz y socialmenre comprometido, más sólo ocasional y momentáneamente nos encontraremos con santos, sabios o héroes, que no lo serán siempre ni todo el tiempo. Lo que ocurre es que cuando alguien realiza un acto extraordinario, siendo ese acto, y a ese respecto, el actor mis­ mo, extraordinarios juntamente, se le concede permanentemente lo que ha sido coyuntural y parcial, confundiéndose un rasgo de su personalidad con toda su personalidad y biografía. Así, a quien realiza un descubrimiento científico en un área de conocimiento determinada, o escribe hermosos libros, o realiza bellos cuadros, se le concede una excelencia en general, cuando sólo la tiene particular.

Ortega, en su escrito sobre la M isión de la Universidad> nos dice que la máxima insti­ tución educativa debe consagrarse a la formación del hombre mediocr^4, pero no podemos 53 54 *

53 Sobre ia “alethés dóxa en Platón, véase; M enón97e-98a; Teeteto187b-201c; Ttm eo51d-52a; P olítico 278a-c; Leye.f632c; 653a.

54 Compárese a este respecto la orceguiana «formación del hombre mediocre» con la denuncia de Nietzsche que con olfato percibió ese movimiento reivindicando una «formación de espíritu libre» a través de un aristo- cratísmo intelectual bien entendido. Para Ortega véase: M isión d e la U niversidad.Obras Completas. Tomo IV. Alianza Editorial Revista de Occidente, Madrid, 1987, p. 326 y 333. Para Nietzsche véase: «Sobre el futuro de nuestras instituciones de enseñanza». Ueber die Z u ku n fi unserer B iidungsanstalten.Nietzsche Werke. K ritische

StudienausgabeHerausgegeben von Giogio Colli und Mazzimo Montinari in 15 Bänden. Walter de Gruyen Berlin- New York, 1967. KSA1, s.666-668. En este sentido y utilizando una denominación referida a Gadamer respecto de Heidegger, puede decirse que O nega «urban izó» a Nietzsche, conviniendo su vitalism oen una rebaja racional del mismo hasta niveles de domesticación.

PASAJES AL POSTHUMANI5M 0; HISTORIA Y ESCRITURA

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aceptar semejante cortedad de miras. Nos decepciona Ortega al ejercer un patemalismo que quiere para los demás lo que no ha querido para sí. Aquí pensamos que cuanto más lejos se apunte más alto se quedará el resultado aunque erremos el blanco a la baja. La misión de la universidad no ha de ser la formación del hombre mediocre sino, siendo realistas, la forma­ ción tanto del hombre cualificado, profesional instruido, como del hombre extraordinario, investigador y descubridor. Dejaremos para la televisión la formación del hombre mediocre. El problema es que en la actualidad la formación del profesional ocupa todo el espacio y muy escasamente se permite y promueve la formación del investigador. La pragmática noción estrecha de productividad impide que la teoría se lleve el 50% de la formación, como habría de corresponderle, y se le concede cada vez menos.

Kant estima que la razón común no es todavía desinteresada u objetiva sino que está ligada a un interés empírico particular, pero Interés no tiene que significar necesariamente egoísmo, como quisieran siempre interpretar los liberales, sino conveniencia racional, que será en cuanto sentencia de la sana razón o una cierta fe racional (relativa confianza en la racionalidad) o ya una opinión\

“Mendelssohn sigue teniendo el mérito de haber insistido en que la última piedra de toque de la admisibilidad de un juicio, en este caso y en cualquier otro, no hay que buscarla en ninguna parte más que en la razón, condúzcase ésta en la elección de sus proposiciones bien por la evidencia, bien por la mera exigencia y las máximas de su propia conveniencia. Llamo a la razón en sil uso último la razón humana común55”. Si a diferencia de tener simplemente fe en la razón, cuando: “toda fe es un asentimiento subjetivamente suficiente, pero con conciencia de ser objetivamente insuficiente; así, pues, se opone al saber56”; lo que se hace entonces es opinar: pues “si se asiente a algo por fundamentos objetivos, aunque con conciencia de ser insuficientes57”, lo que se hace es lo que considera Kant opinar ateniéndose a la historia o experiencia finita adquirida. Se puede estar situado en un lugar en el que progresivamente se llegue hacia el saber mediante complementos sucesivos (itinerario en rigor infinito y que Platón, Kant o Hegel yerran cuando se lo representan como saber absoluto alcanzado) y no llegar nunca a ese saber.

Hablamos del uso práctico de la razón (o razón política, nosotros, recusando la moral kantiana finalística y sus postulados) y también del uso puro o teórico, en el que lo que para el primero son indicios empíricos para el segundo son hipótesis especulativas; pero para el que también son opiniones, como por ejemplo las suposiciones (no demostraciones) de la llamada fe racional pura:

“Una fe racional pura es, por tanto, la guía o la brújula por ía que el pensador espe­ culativo puede orientarse en sus bordeamientos racionales en ei campo de los objetos suprasensibles, pero por la que el hombre de razón común, aunque sana (moralmen-

35 Kant ¿Qué significa orientarse en el pensamiento? op. cit., p. 18.

% Kant Op.cit.

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SIMÓN ROYO HERNANDEZ

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