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vi Semi structured, face-to-face interviews

4.8 Data Analysis

Alexandra Navarro

Hace algunos años ha comenzado en distintas partes del mundo a darse im- pulso a los Estudios Críticos Animales (ECA), campo de estudio dedicado a la abo- lición de la explotación animal y ecológica, la opresión y la dominación. Los ECA reconocen la violencia sistemática del especismo, y se oponen a toda forma de dis- criminación, jerarquía y opresión, construyendo iniciativas radicales de transfor- mación social, política y económica. Su objeto de estudio no se clausura únicamente en los animales no humanos, sino más bien se abre a las relaciones entre éstos y la sociedad humana; a partir de las cuales explora cómo las vidas de los seres huma- nos, identidades e historias, están íntimamente relacionadas con las de otros seres sintientes, que a su vez poseen inteligencias, formas de comunicación y culturas que el ser humano, al menos de momento, y sobre todo en las culturas occidentales, no reconoce. Con interés en este campo emergente, aunque por el momento en Argen- tina la Filosofía participe de manera más activa en estas discusiones, se propone trabajar a continuación algunas claves para reflexionar sobre la relación entre seres humanos y animales desde la perspectiva de identidad/es.

En Argentina existe gran desconocimiento sobre el especismo y el antiespecismo por constituir categorías emergentes, actualmente de dominio únicamente de activis- tas y algunos autores especializados. El especismo, en palabras de Horta (2008: 108), es

la discriminación de aquellos que no son miembros de cierta/s especie/s así como el favorecimiento injustificado de aquellos que pertenecen a cierta/s especie/s. A veces, se lo define como un trato

desventajoso (o una consideración desigual) basado únicamente en la pertenencia a la especie, o un trato o consideración que favorece a los miembros de una cierta (o de va- rias) especie/s en función de factores que no tienen que ver con sus capacidades indi- viduales. Según este autor, antropocentrismo y especismo no son la misma categoría: la primera, en sentido moral, “es la asignación de centralidad moral a la satisfacción de los intereses humanos; porque es una diferenciación cuyo criterio es la pertenen- cia a la especie humana” (2008: 108). Aunque es habitual que se utilice el término “especismo” como si fuese un sinónimo de “antropocentrismo”, al definirlo como la

discriminación de quienes no pertenecen a la especie humana, no hay motivo para (ni es correcto) restringir así su significado. El especismo puede darse tomando como referencia a cualquier especie, y aunque en general gran parte de los casos prácticos de especismo son de carácter antropocéntrico, hay discriminaciones que favorecen a los miembros de unas especies sobre otras (como por ejemplo personas que protegen ciertos animales pero se alimentan de carne; o defienden a las especies salvajes sobre las domésticas, etc.). Sin embargo, ya sea preferir una especie sobre otra, o la humana sobre las demás, el especismo termina siempre siendo especismo antropocéntrico al ser el humano el referente que elige o decide cuál será la especie beneficiada. En esta línea, prefiero la propuesta de Iván Ávila (2013), quien propone reflexionar sobre el

especismo antropocéntrico desde un plano móvil de inmanencia. Esto, a grandes rasgos, lo que

permite es reflexionar y entender las relaciones/procesos de dominación, sujeción, ex- plotación, resistencia, negociación y emancipación en/entre seres históricamente cate- gorizados como humanos y animales en contextos cambiantes (Ávila, 2013: 20), y con ello, diferenciar entre prácticas y modos de vida especistas. La clave consiste en com- prender que el especismo antropocéntrico da cuenta de un “estado de cosas que im- plica la sistemática superioridad humana y la inferioridad animal-no-humana” (Ávila, 2013: 48), constituyendo una situación histórica de hecho que sostiene un sistema de explotación, dominación y sujeción a partir de determinados dispositivos y discursos que lo legitiman; que están insertos en un contexto y deben poder leerse de manera situada. De esta manera, el especismo antropocéntrico involucra “un extenso conjunto de relaciones naturo-culturales interespecíficas, dispositivos simbólicos y tecnológicos, distribuciones espaciales y afectaciones de los cuerpos, entre otros elementos” (Ávila, 2013: 35).

Abordándolo desde la praxis, el especismo antropocéntrico da lugar a todas aquellas prácticas por medio de las cuales el ser humano puede utilizar o favore- cer a determinados animales de acuerdo a lo que considere pertinente (compañía, entretenimiento, alimento, vestido, experimentación, fuerza de trabajo, muerte). El

antiespecismo, surge entonces como rechazo al especismo antropocéntrico, término que

aunque acuñado hace cuarenta años por Richard Ryder (sólo como “especismo”), en Argentina comienza a escucharse hace apenas diez.

Desde el momento de su surgimiento, estas categorías han sido extensamente discutidas en el campo de la Filosofía Moral, aunque el eje de las discusiones en tor- no al tópico se ha desplazado con el correr de las décadas y los avances científicos: plantea Horta (2008) que mientras que en un principio el debate giraba en torno a los deberes por compasión o benevolencia hacia los animales, y el trato que debía dárseles, actualmente las discusiones giran en torno al especismo y la legitimidad no ya del trato, sino del propio uso de animales para fines humanos.

¿Por qué tiene lugar el surgimiento contemporáneo del antiespecismo como discurso y práctica de relevancia? Pueden pensarse diversas cuestiones. Podría ser debido a la crisis del capitalismo como advenimiento actual, al agotamiento de re- cursos, o la reciente certeza de que fenómenos ambientales como el calentamiento global tienen gran parte de su causa en los gases emanados por las deposiciones del ganado criado intensivamente para alimento, entre otras. Sin embargo, el antiespe- cismo surge al intentar mover a los animales del lugar de “referentes vacios”, “tex- tos” o “discursos”; al percibirlos y exponerlos como seres sintientes, primera cuestión que los arrancaría de la percepción instrumental generalizada de ser meros objetos para la satisfacción de fines.

Retomando la inquietud acerca de la emergencia de estas categorías en la ac- tualidad, Agamben (2008) define lo contemporáneo como aquello que pertenece a su tiempo sin adaptarse a sus pretensiones, por lo que logra distanciarse de él y por ello percibirlo. En este “no coincidir” con las pretensiones de la época, es que logra “advertirla”, mantener la mirada fija en ella, y analizarla más allá de lo naturali- zado y socialmente aceptado. Pensar en los discursos especistas antropocéntricos y antiespecistas como una nueva arena de disputa por el sentido permite centrarnos en las prácticas y representaciones sociales cristalizadas, que han sido sostenidas a lo largo del tiempo sin ser objeto de cuestionamiento, prácticas sociales y culturales que en el presente se convierten en tópicos a analizar.

Pensar el especismo antropocéntrico y el