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Parentesco de don Gabriel Pacheco con don Diego de Cabrera y Bobadilla, III conde de Chinchón

Don Gabriel Pacheco y don Diego de Cabrera y Bobadilla, III conde de Chinchón, persona muy influyente en la corte de Felipe II, estaban emparentados por dos vías. Por una parte, como dijimos con anterioridad, por parte de padre don Gabriel era nieto de don Diego López Pacheco, Marqués de Villena, y de doña Luisa Cabrera y Bobadilla, su mujer, marquesa de Moya, natural de esta localidad de Cuenca. Y don Diego de Cabrera y Bobadilla, III conde de Chinchón, por parte de padre era nieto de don Fernando de Cabrera y Bobadilla, I conde de Chinchón. Pues bien, doña Luisa y don Fernando eran hermanos de padre y madre119. Por tanto, la abuela paterna de don Gabriel Pacheco y el abuelo paterno de don Diego de Cabrera y Bobadilla, III conde de Chinchón, eran hermanos. Por otra parte, don Diego de Cabrera y Bobadilla, III conde de Chinchón, estaba casado con doña Inés Pacheco, hija de don Diego López Pacheco, marqués de Villena y duque de Escalona, y de doña Luisa de Cabrera y Bobadilla, marquesa de Moya120. Es decir, don Diego de Cabrera y Bobadilla, III conde de Chinchón, estaba casado con una tía carnal de don Gabriel, puesto que doña Inés era hermana de don Francisco Pacheco Cabrera y Bobadilla, padre de don Gabriel Pacheco.

118 Íd., Canonjía 12ª, p. 339.

119 ACT, FELS nº 70. op. cit., p. 4 (reverso).

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Un tronco común a don Gabriel Pacheco y a don Diego Cabrera y Bobadilla fue don Andrés Cabrera, marqués de Moya, bisabuelo de ambos ya que era el padre de doña Luisa de Cabrera y Bobadilla y de don Fernando de Cabrera y Bobadilla. La limpieza de sangre de don Andrés Cabrera había sido puesta en duda y finalmente resuelta favorablemente al ser probada dicha limpieza121. En esta declaración de limpieza de sangre fue decisiva la influencia de don Gaspar de Quiroga, Inquisidor General, como veremos más adelante.

Relación de don Gaspar de Quiroga con don Diego de Cabrera y Bobadilla, III conde de Chinchón122

Don Gaspar de Quiroga ocupó significados cargos a lo largo de su vida en la corte de Felipe II, siendo protagonista de episodios esenciales de dicho reinado, al verse encuadrado dentro de los grupos de poder y las facciones cortesanas de la Monarquía hispana del siglo XVI.

Tras entrar al servicio del Cardenal Tavera, quien le nombró vicario general de Alcalá de Henares y le concedió también una prebenda de canónigo en Toledo, intervino activamente en la aprobación de los Estatutos de limpieza de sangre de la catedral de Toledo durante la prelacía de Juan Martínez de Silíceo.

El Rey, por su parte, le nombró oidor de la Chancillería de Valladolid. En 1554, fue promovido a Auditor de la Rota Romana permaneciendo en Roma varios años. Se ganó la confianza de Felipe II quien le envió a Nápoles durante cuatro años con el encargo de girar una visita de inspección a aquellos reinos. Al volver a España, satisfecho el Rey de su gestión, fue nombrado consejero del Consejo de Castilla,

121 Ver declaración de varios testigos en ACT, FELS nº 70, op. cit.

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presidente del Consejo de Italia en 1563, y consejero del Tribunal de la Inquisición. Como asesor, acompañó a Felipe II en el delicado asunto del sometimiento de los moriscos de Granada, en 1570123.

En diciembre de 1571 fue preconizado para la sede episcopal de Cuenca. En 1573, fue nombrado Inquisidor General, cargo que ejercerá hasta su muerte en 1594. El 6 de septiembre de 1577 el papa Gregorio XIII le nombra arzobispo de Toledo124.

Durante su estancia en la Corte su vinculación a Antonio Pérez le convertía en un gran patrón cortesano, y en un destacado componente del grupo de poder que encabezaba el secretario real, al llegar a ocupar el cargo de Inquisidor General, obtener la provisión como consejero de Estado y ser nombrado arzobispo de Toledo. La caída en desgracia del secretario real Antonio Pérez y de la princesa de Éboli, y la fidelidad mostrada por Quiroga, que ofreció ayuda a la familia de ambos a pesar del ambiente hostil reinante, propició su relegamiento cortesano. En marzo de 1580, el Inquisidor General abandonaba la corte y emprendía camino hacia Toledo, donde vivió dedicado a labores propias de su Arzobispado.

Esta falta de influencia en la corte la logró superar Quiroga gracias al apoyo procurado por Diego de Cabrera y Bobadilla, III conde de Chinchón, persona que había alcanzado una alta estimación por parte del rey. El Inquisidor General se hallaba vinculado a un asunto cuya resolución de forma favorable para sus intereses preocupaba seriamente al conde de Chinchón, puesto que suponía un arma muy importante que podían esgrimir sus adversarios: las dudas sobre la limpieza de sangre del primer marqués de Moya, don Andrés Cabrera, tronco del que descendía la casa nobiliaria de los Chinchón. Los rumores se habían acrecentado en la corte en los años en que las

123 Ángel FERNÁNDEZ COLLADO, La Catedral de Toledo en el Siglo XVI, op. cit., p. 249. 124 Íd., p. 250.

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facciones políticas luchaban por el control del Consejo de Italia. Felipe II ordenó a Quiroga que se ocupase de iniciar las pesquisas que llevasen a clarificar este tema poco antes de su marcha a Portugal en 1580. Por la buena relación entre el conde de Chinchón y el Inquisidor General, éste puso gran empeño en favorecer el interés del mismo en acreditar la limpieza de sangre de sus antepasados125. A pesar de todo, la resolución del asunto se siguió persiguiendo a lo largo de 1584, ordenando Felipe II al Presidente del Consejo de Castilla que hiciese pública la declaración de limpieza de sangre de don Andrés Cabrera, marqués de Moya, que fue respaldada por un breve del papa Gregorio XIII126. Si bien todo parecía estar perfectamente encaminado, también comenzaron a aparecer dudas sobre la calidad del linaje de doña Beatriz de Bobadilla, esposa de don Andrés Cabrera, primer marqués de Moya. Quiroga siguió encargándose de la clarificación de esta controversia, procurando favorecer siempre los intereses del conde de Chinchón127.

Así pues, el acercamiento a las personas que contaban con mayor influjo sobre el monarca, y en especial, al conde de Chinchón, procuró a Quiroga la ansiada rehabilitación en el nuevo sistema de gobierno que se había comenzado a evidenciar desde mediados de 1584128. Quiroga trataba de complacer los deseos de su nuevo protector, el conde de Chinchón. El 14 de junio de 1586, Sixto V había otorgado al mismo una bula por la que autorizaba la fundación de una capilla en la Iglesia de Nuestra Señora de la Piedad en Chinchón, que quedaba dotada con seis capellanías perpetuas, dando a una de ellas categoría de capellán mayor. El prelado confirmó y

125

Henar PIZARRO LLORENTE, Un Gran Patrón en la Corte de Felipe II, op. cit., p. 503.

126 Íd., p. 507. 127 Íd., p. 508. 128 Íd., p. 508.

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aprobó las constituciones confeccionadas por el patrono en mayo de 1590, que obtuvieron la pertinente bula de aprobación durante el pontificado de Paulo V129.

Resumiendo todo lo anterior, vemos que don Gabriel Pacheco cumplía 17 años de edad en 1586, año en que se firmó el contrato para la realización del Entierro del

señor de Orgaz. Aproximadamente esa edad es la que aparenta tener el personaje

retratado como san Esteban. Don Gabriel estudió en la Universidad de Alcalá de Henares, como lo habían hecho otros eruditos humanistas toledanos. Era hermano de don Juan Fernández Pacheco, marqués de Villena que alquiló a El Greco unas casas de su propiedad en Toledo. Era hermano de don Francisco Fernández Cabrera y Bobadilla, marqués de Moya, quien suministraba la madera para el retablo de Titulcia a Jorge Manuel Theotocópuli, el hijo de El Greco. Don Gabriel Pacheco fue nombrado canónigo de la catedral de Toledo por colación del arzobispo don Gaspar de Quiroga, que sabemos que fue retratado como san Agustín en el cuadro. Y como también hemos comprobado, la familia de don Gabriel tenía una excelente relación con el arzobispo.

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