5.3 Data pre-processing for class imbalance
5.3.2 Data re-balancing
Conozco a la gran mayoría de los adolescentes y jóvenes como así también en los lugares por donde transitan y permanecen desde el año 2009. Realicé allí mis prácticas pre- profesionales como estudiante universitario de las que devino posteriormente a ello en mi trabajo final de grado de la Licenciatura en Psicología en la Universidad Católica de Santiago del Estero – Departamento Académico San Salvador (UCSE-DASS). Luego me desempeñé como Psicólogo desde el 2009 hasta 2011 en la misma fundación donde conocí también a los niños, adolescentes y jóvenes al sector barrial denominado la “Isla” ubicado en la villa General Belgrano como así también en otras villas y asentamientos aledaños en la capital jujeña. Dicha ONG tenía como principales aportantes tanto en lo económico como en acompañamiento tanto desde el gobierno nacional, provincial y del sector privado.
El acceso tanto a las villas, asentamientos y ciertos espacios del casco céntrico que fueron necesarios para el desarrollo de la presente investigación fue principalmente a través algunos adolescentes y jóvenes que yo conocía previamente, quienes se tornaron mis informantes claves, contribuyendo en sugerirme los “momentos” y los lugares que podía visitar, con quien podía hablar, alertándome cuando ir o no, en ocasiones traduciendo y reformulando mis preguntas, sugiriendo maneras de preguntar o incluso preguntándole ellos, junto conmigo a sus amigos, conocidos y personal de comedores, fundaciones, merenderos e iglesias. Como lo hacía Nano a su hermano Federico:
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“Es que te lo tienen que bajar a lo sencillo, como hablamos nosotros. Él te está preguntando cómo haces vos para ganar unos mangos, vos y los otros pibes, como hacen para conseguir los cuadritos, alfajores, vos a quién le pedís que te venda o cuando pedís si estas en algún lugar, quién te ayuda cuando no logras sacar un sope, o cuando queres tomar
una birrita o fumar un fazzo, y si alguna vez afanaste o apuraste por la termi o en los puentes…”
Mi conocimiento previo de muchos adolescentes y jóvenes me permitió acercarme directamente a ellos y en las “ranchadas” para ser recibido. Así algunos encuentros eran acordados telefónicamente y otros no fueron pautados previamente. Comencé visitando los distintos puntos en donde permanecen o circulan conocidos y fui seleccionando aquellas que creía que tenían potencial para contribuir con el objeto de estudio. En muchos casos en las que arribaba sin avisar había alguien para poder dialogar. Asimismo, fue muy frecuente encontrar varias personas al llegar a una ranchada o en la terminal, además de quienes únicamente realizan alguna actividad similar a la de ellos o simplemente los/as acompañan: vendedores ambulantes, maletero, hermanos y hermanas, hijos, amigos o vecinos que están de visitas, pasan ahí para charlar, consumir, o jugar, o simplemente por algún motivo especifico.
Los enfrentamientos frecuentes en la zona de la terminal de ómnibus durante esos años también determinaron mis posibilidades de acceso (como después retomaremos, los enfrentamientos con armas de fuego y cuerpo a cuerpo suele darse entre integrantes del mismo grupo o antagónico, individuos circunstanciales y con la policía). Durante algunos meses de esos años, la respuesta era: “Profe Pablo, no vaya por ahí porque los pibes están
volados”. En otras ocasiones cuando llamaba por teléfono para pautar un acercamiento, me llamaba la atención la respuesta: “Miré profe, todo está tranqui por aquí venga o quédese
todo el día aquí con nosotros, luego vamos al comedor” (Víctor). Así muchas idas eran definidas prácticamente en el mismo día. Yo mismo había salido, años antes a ciertos lugares por causa de posibles enfrentamientos y poder observar, conocer la rivalidad entre grupos antagónicos, pero igualmente me llamaba la atención estas indicaciones de confirmar esa misma noche la posible visita al día siguiente, al tiempo que me mostraban aspectos de la dinámica cotidiana de la población y también en ocasiones me infundía temor.
Moverme en el casco céntrico, zona de la terminal, barrios aledaños seguía requiriéndome estrategias para atravesar los espacios y siempre tuve en cuenta que la precaución era necesaria en determinados momentos. Generalmente pautaba con algunos de mis “informantes claves”, para que me esperara en “horarios específicos” y desde allí me
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acompañaban a algún lugar que funcionaba como espacio de recreación o de reposo con quién ya había acordado un encuentro o me llevaban a algún otro sitio que yo pensaba que podía encontrar a quien quería entrevistar. Muchas veces algunos/as adolescentes o jóvenes han sido los encargados de transportarme, de llevarme de un lugar a otros, especialmente cuando quería ir para las “zonas picantes”, que como veremos es considerada el área más peligrosa de
la ciudad.
En todos los años de trabajo previo a la investigación, he intuido y conocido que mi presencia allí no pasaba desapercibida, que siempre podía haber alguien observando y quizás preguntándose qué era lo que yo estaba haciendo allí – vinculado en parte con la desconfianza hacia los “extraños” del lugar- y estas consideraciones yo las incluía ahora en mis modos de actuar, moverme y hablar. Las veces que me desencontré con quién me esperaba para “acercarme” a determinados lugares y en horarios específicos, acudía a lo que tantas veces he hecho anteriormente que es aproximarme a los “pibes” conocidos por mí, generalmente aquellos ubicados en la zona de la terminal, en su ingreso y en las avenidas del casco céntrico, también se acordaron encuentros en dos locales de videojuegos, mientras se jugaba un par de fichas en las máquinas de los juegos electrónicos, posteriormente para trasladarnos a lugares con un poco menos de circulación de personas y ruidos. Llegar por casualidad o necesidad, en muchas ocasiones era para quedarme.
En los distintos encuentros con los jóvenes y adolescentes del estudio, se pudo contactar en el terreno con operadores de una fundación que brinda asistencia y contención a niños, adolescentes y jóvenes en situación de calle desde el año 1995 hasta en la actualidad, en donde se intercambiaron experiencias, como así también se socializaron las intervenciones en los distintos casos por parte de dicha ONG. Las mismas era para gran parte de la población referentes centrales a las cuales procurar una búsqueda de ayuda y asistencia, encarando no solamente a los que vivían en la calle, sino también a los que desempeñaban algún trabajo como cuentapropista en la vía pública. Por lo que las actividades que se desarrollan en este espacio impactó sobre todo en quienes tenían contactos más próximos con los sectores más vulnerables, que eran muchas personas, y también a otras organizaciones, tanto religiosas como centradas en actividades sociales, quienes empezaron a contar con los servicios de la fundación considerándola como referente desde las cuales acercarse y proponer acciones de abordaje de manera colectiva hacía la población infanto-juvenil.
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Mi ingreso en el 2009 con el fin de profundizar en ciertos aspectos del “trabajo infantil en San Salvador de Jujuy”, en el marco de un proceso de investigación y ciertos marcos institucionales específicos, me planteó desafíos de reflexividad. El tránsito de un rol más centrado en la intervención a otro con el foco en la investigación –si bien no concibo uno y otro como dicotomías- ha sido un proceso de reflexión y construcción. Yo ya no me desempeñaba como psicólogo, pero volvía para compartir, estar, preguntar y explicaba qué estaba estudiando e investigando. Muchas personas que yo ya conocía me recibían con alegría, por lo menos desde mi percepción, me preguntaban por los “demás profes u operadores”, me contaban sus historias, me preguntaban sobre mí, indagaba por qué
estudiaba tanto, me pedían que las pase a visitar o que vaya a acompañarlo en algún comedor o iglesia. Yo pensaba si en algunas ocasiones querían que las entrevistara como psicólogo o como investigador y llegaba a la conclusión de que quizás no era relevante la diferencia para ellos. En algunos lugares como, por ejemplo, en la zona de la terminal, Nano y su hermano Kechup, me presentaban a varias personas que pasaban por ese sector como: “él es un profe que trabajaba en la fundación con la Nona, es psicólogo, es un amigo y ahora vive en Buenos Aires, pero viene a visitarnos, a conocer a los pibes”. O sea que, entre el psicólogo, el amigo y el investigador fue un mix, una unificación en mi persona.
Fui construyendo una relación en la que aclaraba cuál era mi función central allí en ese momento y a la vez estaba atento a considerar cómo jugaba el rol que antes había desempeñado5. La relación de confianza que en algunos casos atravesaba los encuentros entrañaba para mí esfuerzos de reflexión, discernimiento y decisiones al tiempo que permitía ingresar en el mundo de las acciones y sentidos de los sujetos. Específicamente en las entrevistas y conversaciones muchas veces tenía que detenerme en cuestiones que se “daban por sentado” desde ambas partes, los sujetos se referían a sus familiares o a situaciones vividas suponiendo y sabiendo que yo ya conocía eso, el vínculo con determinada persona o
5 Bourdieu (2003) desarrolla la noción de objetivación participante, entendido por la misma la
objetivación del investigador en sí. Sostiene que la objetivación del sujeto y de las operaciones de objetivación, y de las condiciones de posibilidad de las mismas, produce efectos cognitivos reales, así como también permite al analista social asir y apropiarse de las experiencias del mundo social que tiende a proyectar inconscientemente en los agentes sociales ordinarios. De este modo, afirma que las experiencias idiosincrásicas personales sometidas metódicamente al control sociológico se constituyen en recursos analíticos irremplazables, y que movilizar el propio pasado social a través del propio socio-análisis puede producir y produce beneficios epistémicos y existenciales.
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cierta situación familiar. Si bien esto permitía profundizar y avanzar en ciertos otros aspectos, requería también de mi parte re-preguntar y tratar de explicitar de qué se estaba hablando.
Asimismo, en la búsqueda por indagar sobre prácticas, apropiaciones y usos del espacio público por parte de los adolescentes y jóvenes se hizo presente, en varias ocasiones, mi propia dificultad para preguntar y la dificultad de los sujetos para explicar actividades tan cotidianas y habituales, que implicó una búsqueda de cómo ir favoreciendo procesos de reflexión sobre lo que estaba indagando y también cómo respetar la ausencia de explicación verbal.