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Autor: Haruki Murakami Editorial: Tusquets Editores Lugar de publicación: Barcelona Año de publicación: 2004

Andrea A. Ariza

Estudiante de Derecho de la Universidad del Norte. [email protected]

El siglo XX supuso una época de desarrollo que in- fluenció todas las áreas del pensamiento; avance al que las ciencias jurídicas, por supuesto, no fue- ron ajenas. El fracaso del Estado liberal, los límites a la arbitrariedad, la caída de las dictaduras y el reconocimiento de los derechos del individuo son algunos de los numerosos ejemplos de las incorpo-

raciones a los que muchos de los ordenamientos jurídicos alrededor del globo se vieron sometidos. Dentro de este vasto desarrollo es claro que el con- cepto de Estado, y en particular los límites a sus poderes coercitivos y punitivos, han visto sesgadas sus fuerzas mediante la incorporación de los distin- tos instrumentos internacionales, a los que se les reconoce una fuerza superior, utilizando como es- pada y escudo el principio de la dignidad humana.

After Dark es una obra del escritor nipón Haruki

Murakami en la que lo sobrenatural y lo que se considera real se ven entrelazados. Esta historia lleva al lector de la mano de una joven protagonis- ta a conocer los azares de la noche y las criaturas que habitan en ella, quienes asechan mientras se duerme.

En este relato su protagonista, Mari, se encuentra en repetidas ocasiones, alrededor del Tokio noc- turno, con un pintoresco personaje llamado Taka- hashi, músico y antiguo estudiante de derecho, a través del cual el autor lanza una crítica certera al sistema jurídico y al papel de los abogados.

La escena en particular se presenta en el noveno capítulo, a eso de las tres de la madrugada, que el mismo Takahashi describe como “la hora más oscu- ra de la noche” (p. 113), cuando Mari se encuentra

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en el interior del Skylark comiendo un sándwich, y el músico aparece haciendo uso de su descanso del ensayo, donde ha estado la mayor parte de la noche. La joven le cuestiona sobre sus planes de dedicarse a la música, a lo cual el aludido simple- mente le explica que pese a ser bueno, considera que la música no es suficiente para ser algo por lo cual vivir, y que tampoco su música podría inspirar a otros a hacerlo, por lo cual concluye que proba- blemente no vuelva tocar y se dedicará a estudiar derecho para sacarse, lo que él denomina, las opo-

siciones al cuerpo de justicia.

Takahashi le comenta a la protagonista que por pri- mera vez tiene ganas de estudiar algo en serio, a lo que, por supuesto, sigue la pregunta obligada de la mujer respecto a por qué quiere hacerlo ahora si él mismo le había comentado que no se tomaba en serio la carrera. El músico entonces le da una versión talla mediana de la historia, en la que le ex- plica que por una asignatura ha tenido que pasarse varias veces por el juzgado; mismo que él describe como un multicine, porque “en la entrada hay unos carteles con una lista de los juicios del día y los ho- rarios, una especie de programación, y tú escoges el que te interesa y vas”(p. 118), donde asistía a juicios criminales, que simplifica de la siguiente for- ma: “Un mal tipo que había cometido un crimen, lo habían pillado y lo estaban juzgando”(p. 118). Hasta este punto se puede ver la actitud de Mu- rakami hacia la impartición de justicia. ¿Es posible comparar un juzgado a un cine? ¿Es posible que hayamos hecho de nuestros juzgados un espec- táculo? ¿Que los hayamos convertido en un mero espacio para el performance, donde vemos cómo se castiga y se fustiga? La actitud de Takahashinos desvela que sí, donde el personaje inicialmente se desinteresa por los derechos del juzgado y simple- mente le ve como cualquier persona que merece una sanción por alguna tontería.

A medida que el relato avanza, el estudiante va desvelando su parecer en lo referente a los que im- parten la justicia y su despertar en lo atinente a su vocación. Sostiene que empezaba “a sentir un

extraño interés por los casos que se juzgaban y por las personas involucradas en ellos” (p. 118), como si “poco a poco, hubiera dejado de verlos como algo ajeno” (p. 119). Para el músico, antes los juzgados eran personas que “vivían en un mundo distinto, pensaban de una forma distinta, actuaban de ma- nera distinta” (p. 119); dado que él no podía ima- ginarse cometiendo un crimen atroz como los que eran tratados en los diversos juicios, explica que para él era como si hubiese un muro que lo separa- se de ese tipo de personas, pero a medida que oía cada uno de esos juicios, el joven concluye que “es posible que no exista un muro que separe ambos mundos”(p. 119), y eso le permitió ver las cosas en otra perspectiva. Y es allí donde salta la conclusión: el sistema judicial es “en sí mismo, como un ser vivo especial, extraño” (p. 120); “un pulpo gigantesco que habita en las profundidades marinas” (p. 120), uno que “aunque le cortes una y otra vez los tentá- culos, vuelven a crecer siempre”(p. 120), aquel con el que nadie podrá acabar jamás y que por mucho que huyamos jamás podremos escapar de él. ¿Es posible que vivamos a la sombra del pulpo y sus tentáculos nos acechen en la oscuridad? ¿Existirá un muro que nos separe del crimen y el delito de lo moralmente correcto o es el miedo a los tentáculos lo que nos separa de la ilicitud?

La conclusión de Takahashi me parece la más acertada. Nuestra sociedad ha sido educada bajo la idea del miedo; donde el refreno del impulso deviene del miedo al castigo. No existen dos tipos de personas, solo una. Lo interesante al respecto es la conclusión final del joven músico, que nos permite reflexionar sobre nuestro papel como estudiantes de derecho y como abogados del mañana: la defensa de la integridad y la vida. Contextualizando a Mari en un caso en particular, Takahashi se refiere a un hombre que él mismo describe como alguien que estaba completamente perdido, excluido y sin posibilidad de reintegrarse a la sociedad por su propio comportamiento. Aquel hombre era drogadicto y había asesinado a una pareja de ancianos para robarle su libreta de

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ahorros, a la que posteriormente incineró con todo y vivienda, con el fin de desaparecer la evidencia. Se le condenó a la pena de muerte, una condena usual para los casos de doble asesinato en el país nipón. Al músico, quien en principio le parece lógica la condena, se le despierta un sentimiento vivo que no le deja en paz, una nostalgia indescriptible que finalmente le lleva a lanzar siguiente afirmación:

–Lo que quiero decir es esto. Que un ser huma- no, fuera el tipo de persona que fuese, había sido atrapado por los tentáculos del gigantes- co pulpo e iba a ser engullido por las tinieblas. Y eso, bajo cualquier circunstancia, es una es- cena insoportable. (p. 122)

Murakami es un escritor con tendencias posmoder-

nistas25, la decepción y escepticismo por la rectitud

de la impartición de justicia no debería sorprender, no obstante, una afirmación de semejante calibre solo nos deja una reflexión punzante: no existe ma- yor límite a los poderes estatales que la dignidad humana y la vida. Luego, entonces, como futuros abogados, ¿no deberíamos buscar siempre la pri- macía de estos intereses antes del performance, el dinero u otros intereses?

La reflexión y la pregunta quedan en el aire, pero sin duda alguna este capítulo de After Dark se con- vierte en un punto de interesante reflexión sobre lo que implica el rol del abogado y una crítica dura al sistema judicial nipón; e incluso a sistemas que pese a aparentemente no atentar contra la vida de los juzgados, les imponen penas que los matan en vida, que en últimas cuentas ante la pena capital… viene siendo lo mismo.

25 La estética y desarrollo de muchas de sus obras así lo demues-

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Sometimes in april

In the end we will remember not the words of our enemies, but the silence of our friends”

Martin Luther King.

(Frase introductoria de la película)

Director: Raoul Peck Productor: HBO Año: 2005

Angie Hinestroza Olascuaga

Estudiante de séptimo semestre de Derecho de la Universidad del Norte. [email protected]

Sometimes In April (Algunas veces en Abril) es una

película que narra los acontecimientos que ocu-

rrieron en Ruanda durante uno de los genocidios26

más grandes de toda la historia; periodo que trans- curre desde el 6 de abril de 1994, en que el presi- dente ruandés es asesinado, y la victoria del Frente Patriótico Ruandés el 17 de julio, presentándose una lucha entre la milicia hutus contra los tutsis. Si bien la película se centra en hacer un análisis del genocidio, sus causas y todas las consecuencias que deja, también presenta el tribunal ad hoc que se creó, Tribunal Penal internacional para Ruanda, cuyo objetivo era la persecución de los líderes y participantes del genocidio.

La película se divide en dos grandes partes: la pri- mera cuenta lo ocurrido en 1994 y la segunda se refiere a un “hoy” que se ubica en 2004; entre am- bas hay un cambio de escenas y flashbacks en los que el espectador debe guardar siempre la dife- rencia de los hechos para que no haya confusiones respecto a la época de cada suceso.

26 Establecido en la Convención para la Prevención y

la Sanción del Delito de Genocidio y en el Estatuto de Roma de la Corte Penal Internacional, el “genocidio” es definido como aquellos actos que tienen la intención de destruir, total o parcialmente, a un grupo nacional, ét- nico, racial o religioso; estos comprenden : matanza de miembros del grupo; lesión grave a la integridad física o mental de los miembros del grupo; sometimiento in- tencional del grupo a condiciones de existencia que aca- rreen su destrucción física, total o parcial; medidas des- tinadas a impedir los nacimientos en el seno del grupo; traslado por fuerza de niños del grupo a otro grupo.

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La historia se centra principalmente en lo vivido por dos hermanos: Agustín Muganza (Idris Elba), quien es un soldado del Ejército de Ruanda (hutu), casado con una mujer tutsi, con la que tiene dos hijos, y Honoré Butera (Oris Erhuero), quien es un periodista que trabaja en la emisora Radio de las Mil Colinas, en la que se descalifica y amenaza a los tutsis. Agustín y su compañero y amigo Xavier van en contra del Ejército y desafían las instrucciones para poder salvar a su mujer e hijos. Sin embar- go, tras los esfuerzos de su hermano Honoré por salvarlos, Agustín debe separarse de su familia, sin poder hacer nada, desconociendo su paradero y si todavía siguen con vida.

Muchos años después Honoré se encuentra preso por apoyar el genocidio, y desde la cárcel le envía una carta a su hermano Agustín, quien pretende olvidar el pasado y comenzar una nueva vida con su novia, Martine (Pamela Nomvete), para que lo vaya a visitar con el propósito de narrarle todos los hechos y lo que ocurrió con su esposa e hijos; después de negarse tantas veces, y ante el resen- timiento que guardaba por no haberlos protegido de los radicales hutus, accede a verlo y asiste a las audiencias realizadas por el Tribunal ad hoc, en las que se presenta uno de los testimonios más impactantes por parte de una mujer tutsi, que da cuenta de todos los horrores y masacres que vivie- ron muchos de ellos a manos de los hutus.

Esta película no solo se centra en narrar y mostrar las diferencias políticas y sociales por las que atra- vesó Ruanda, sino también la poca intervención de la ONU, de Estados Unidos, Francia y demás países que atendiendo a las cifras de muertos y graves violaciones de derechos humanos, decidieron no hacer nada frente a la masacre.

Al final de la película algunos sobrevivientes co- bran valor para poder identificar a los acusados de genocidios y demás delitos; pocos miembros del Ejército ruandés fueron responsabilizados por las diferentes violaciones y actos atroces cometidos contra los hutus, algunos por no frenar la matanza y otros por haber participado activamente.

A través de lo vivido por los protagonistas y los de- más personajes se hace un recuento de las víctimas y del gran número de muertos (aproximadamente 800 000) que dejó este conflicto en tan solo tres meses. Ciertas imágenes impactantes dejan ver el reflejo de las expresiones de temor por parte de las victimas cuando los tutsis y hutus salen a matar. Esta película muestra la realidad de un suceso tris- te y lamentable, que fue ignorado por el mundo entero, sin recibir apoyo de la comunidad interna- cional; ayuda a comprender, a quien la vea, lo sufri- do por el pueblo ruandés, que cada abril recordará aquella fecha de 1994 en la que muchos perdieron su vida, su esperanza y su tranquilidad.

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Barranquilla ciudad

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