CHAPTER 4: DATA PRESENTATION, INTERPRETATION AND ANALYSIS
4.2.2. Data collected from the two best performing high schools
Antes de narrar la vivencia biográfica de Arrate en el velatorio de su hijo Aitor, quiero hacer referencia al Maestro humanista Michel de MONTAIGNE (1533/1592), en su obra Essais I
chapitre XXVI
La vrai miroir de nos discours est le cours de nos vies.
MONTAIGNE, Michel:244
Esta profunda reflexión nos está mostrando que es nuestra biografía la que realmente nos lleva a razonar de un modo u otro. Aquí se manifiesta cómo viven un velatorio dos mujeres pertenecientes a la misma cultura pero aprehendiendo comportamientos diversos en dos generaciones diferentes. Arrate aprehende estos modos en un momento en que los velatorios tienen un marcado carácter social, Patricia, por su parte, los aprehende en un momento en que
ya existen velatorios que ya no son sociales, el auzoa no asiste e incluso ni siquiera su grupo doméstico vela al difunto.
Comenzaré por la vivencia de Arrate. El velatorio en el hospital lo va a vivir ella sola junto a otra mujer totalmente desconocida. Trasladan a Aitor de la Unidad de Vigilancia Intensiva a otra sala. Lo voy a exponer con su testimonio.
Arrate: Y luego la señora se puso al lado mío, nos pasaron a otra sala el cadáver, se puso al lado mío, y allí estuvo hasta que me levanté, la señora del delegado del gobierno.
Y le dije yo: No tiene que ser muy agradable para ti estar al lado de una persona que no conoces por ayudarme y por estar conmigo.
Ella: Ni mucho menos.
Con todo el cariño en ese momento, yo le estoy muy reconocida, eso es así, una gran señora, con un sentimiento muy grande, porque la obligación no tiene nada, una cosa es que te saluden y te den el pésame, pero ella allí. Aitor también le agradecerá desde arriba.
Ego: Las demás personas también estaban allí.
Arrate: No estaba nadie más. Luego ya cuando salí, pedí tila que ni la tomé. Luego me dieron unas pastillas unos tranquilizantes, y no he tomado nada, gracias a Dios no sé si he tomado cuatro pastillas en todo lo que llevo de año, he pasado noches muy nerviosas, en tensión, soy de no tomar medicamentos, soy de aguantar el dolor de cabeza y no tomar nada, quizás peque de ello, tan tajante en muchas cosas, pero bueno no sé.
Ibid:14
Voy a destacar dos elementos en esta narrativa: la disciplina que Arrate tiene consigo misma, y la necesidad del auzoa en el velatorio.
La disciplina que ella ejerce sobre su cuerpo físico, se manifiesta en la negativa a tomar medicamentos, aguantar el dolor hasta que pase...;esta actitud con su cuerpo, es una forma de demostrar así misma su propia indarra, que existe en su memoria colectiva como un valor de gran importancia.
El significado que tiene para Arrate el gesto de una mujer que, sin conocerla, se coloca a su lado y en silencio le acompaña durante las horas del velatorio, nos demuestra la importancia de aquellos actos que hemos aprehendido como insertos en el auzoa. Así se manifiesta en la generación nacida en la década de los años cuarenta; para ella es muy importante el hecho de que alguien represente al auzoa.
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Sin embargo Patrica Berdeal, nacida en Trintxerpe (Gipuzkoa) en la década de los años mil
novecientos sesenta, no tiene aprehendido el auzoa en el velatorio, por lo que será ella sola la que irá al tanatorio del hospital a despedirse de su tía, que no es velada por nadie. Lo voy a exponer con su propio testimonio. Recogido en el documento etnográfico Casa d´Agra
1999.07.04,7-9:59
Patricia:...Cuando se murió la tía Pepa, que además tenía la cara desencajada, y tenía los ojos como hundidos y una especie como de riscos amarillentos. Yo a la tía Pepa, una semana antes de morir la vi en su casa, y yo cuando me iba, la tía me echo una mirada como diciendo no te voy a volver a ver, y entonces me volví porque sentí que me miraba, y efectivamente me giré, porque la tía para mí era muy grande, y volví, y le dije: tía chiquita bonita, el sábado te prometo que vengo, entonces el viernes se murió y ya no llegué a verla. Además fui yo sola a verla al tanatorio, no fue ni mi madre, ni su familia, fui yo sola y le estuve diciendo lo que le tenía que decir y para mí ya no era la tía. Le sellan la boca con silicona, luego tenía moratones, claro cuando yo la vi en casa no tenía moratones ninguno y no parecía ella claro, tuve que salir del tanatorio a un recibidor que hay cuatro salas donde pone el nombre de la persona a ver si efectivamente era mi tía porque no la reconocía, a ver si me había equivocado.
Ibid:16
A la tía Pepa de Patricia no acude nadie a velarla al tanatorio del hospital; sin embargo, Patricia acude ella sola, puesto que a la tía le prometió que iría a visitarla el sábado siguiente y coincide que ese sábado su tía está muerta. Patricia cumple su palabra.
Le cuesta reconocer el cadáver de su tía; sin embargo, ella está allí y establece su propio diálogo con la difunta, y aunque está sola, tampoco echa en falta la presencia de otros miembros.
Arrate y Patricia nos llevan a la reflexión de la importancia que tiene en toda persona el peso de su propia biografía. En ella se encuentran todos aquellos elementos aprehendidos que forman parte de nuestras manifestaciones culturales.