De su proficua labor docente voy a rescatar uno de esos procesos que pocos advierten o no aprecian en toda su dimensión y trascendencia. Lo res cato porque refirma la condición de 'educador preocupado, de maestro in quieto, del Dr. GALLO.
Era por el 59; la Comisión Admi nistradora de los Fondos de Promo ción de Tecnología Agropecuaria aprueba un plan de mejoramiento de la enseñanza veterinaria y de Servicio Asistencial de Clínica y Extensión Rural. Duración del plan: 10 años. Director del Plan: Profesor GUILLER MO G. GALLO.
Este plan, enérgicamente sosteni do, a la vez que enriqueció el apren dizaje de los alumnos, contribuyó a la civilización científica del medio ru ral en la zona de influencia, favoreció la explotación ganadera, creó una conciencia sanitaria sin la cual no hay progreso ganadero ni completa salud humana. Otra fue la imagen de la Facultad: sin muros que la aisla- van, y con el saber, la ciencia y la 'técnica al servicio de la comunidad dando respuestas ciertas a los reque rimientos del medio.
Asimismo le regala al profesional un caudal incalculable de satisfaccio nes, de ansiedades, de aventuras y de
anécdotas que ponen una sonrisa en los labios y alegran la vida cuando llega la edad de los recuerdos.
El Dr. GALLO no olvidará las suyas en su proyectado retiro -en City Bell. No olvidará las siete o más ho ras lluviosas y frías— pasadas en un camino vecinal a la espera de un hí brido de acero -sin alma y sin san gre— que sacara su auto empantana do echando de menos ese trago de ginebra que atemperara el frío. El trofeo que conquistara (un lanzabo- los extraído del rumen de un valioso toro) se las recordará.
Con anécdotas como ésta se ha tejido en el telar de La Pampa -que la ciencia debía conquistar— la sus tanciosa historia de la veterinaria ru ral argentina.
Tentado estoy de tocar el tema sobre la educación en la promoción del sector rural tan descuidad, olvida da, “tan chata” para emplear un expresivo calificativo de S. E. el Ministro de Cultura y Educación Ing. Carlos Alberto BURUNDARENA.
Ya lo haré algún día. Todavír veo la gente y siento sus dolores, espe rando la postergada disertación que debí pronunciar en el “Instituto Po pular de Conferencias” sobre “Edu cación agropecuaria en la promoción comunitaria del Sector Rural” res pondiendo al benevolente y generoso ofrecimiento del Decano de los Aca démicos, Presidente del Instituto Po pular de Conferencias y por sobre todas las cosas elegido por Dios co mo ejemplo adulto para todos noso tros, Dn. OSVALDO LOUDET.
Que quede flotando aquí esta in cógnita: ¿Qué medida y característi cas tendría hoy la educación agrope cuaria en el país si la iniciativa de 1920 y los intentos del año 1939 de la Facultad de Agronomía y Veterina
ria de Buenos Aires sobre Extensión Rural, como fuera definida entonces, hubieran prosperado?
Y mirando más lejos aún: ¿Dónde y cómo estaríamos si se hubiera apro bado el proyecto que el entrerriano e ¡lustre ciudadano, OSVALDO MAG- NASCO defendiera en memorable de bate, en la Cámara de Diputados, en el que sostenía que “Las escuelas técnicas son indispensables para ar mar al joven en la lucha por la vi da” . . . Sentencia de Magnasco. . . preocupación de Burundarena. Entre ambos nada más ni nada menos que el tiempo con sus respuestas felices, que las hubo y con las secuelas que hoy nos apremian. Y esta imagen: Cuando Magnasco concluyó su erudi to y brillante discurso en la Cámara —cuenta la historia— fue calurosamen te aclamado; sonoro y sostenido fue el aplauso; más de un centenar de personas acompañaron al joven mi nistro de 35 años de edad, hasta su despacho. Su proyecto revolucionario, de patriota visionario, había sido re chazado. Hoy, ochenta y tres años después, aflora con vigoroso impul so. Es de desear que este renovado intento no concluya en un desfile pa recido. Con chispazos de luz no ilu minaremos el país. Vuelos de luciér nagas no iluminan la noche oscura.
Me hago eco de las expresiones de S. E. el Ministro de Cultura y Educación, Ingeniero Carlos Burunda rena y del Consejo de Rectores de Universidades Nacionales reclamando “los recursos necesarios para ofrecer un número de servicios imprescindi bles al normal desarrollo de la vida académica”.
Somos testigos de los plausibles y emocionantes esfuerzos de los seño res Ministros, Rectores y Decanos, sabemos de “sus cuotas de imagina-
cicn para descubrir fórmulas y encon trar caminos” que les permitieran co locar sus buenas ¡deas y propósitos en términos operacionales satisfacto rios para que las instituciones que gobiernan cumplan su acción rectora y ‘‘evitar -como dijera uno de ellos- una nueva fractura que lleve al retro ceso”. Es de admirar y admiro estos esfuerzos y este abrir caminos, este no quedarse quieto a la espera de lo meior. Conmueve tanta esperanza, tanta abnegación y tanto patriotismo cuando ya se está por perder la fe a fuerza de ir tanto a las cosas. Esa enorme brecha que hoy existe entre el “querer hacer” y el “poder hacer”. Por muy buenos y prometedores que sean -y lo son- los intentos para co rregir la distorsionada relación entre aspiraciones y logros es un hecho fundamental que el Gobierno debe ponderar el monto de recursos asig nados a la educación superior. “La calidad y cantidad de la enseñanza fija un límite a las posibilidades de crecimiento económico. La no pon deración concluiría agravando la si tuación de crisis que desde hace tiempo afecta al desarrollo de las fuerzas productivas del país y puede hacer más intensa, general y durade ra la crisis de crecimiento.” Este jui cio fue emitido por un ex Rector de la Universidad de Buenos Aires hace, aproximadamente, quince años. . . y así estamos por no haber sido atendi do en la medida necesaria.
“Se repite con frecuencia que el capital que la Nación invierta en for- jar seres humanos, en esfuerzos pa ra que la población sea inteligente, imaginativa, creadora, fuerte y enér gica constituye la mejor inversión en la aspiración a alcanzar el nivel más alto de prosperidad nacional. . . Sin
embargo, la Universidad sigue espe rando con la mano tendida."
El propósito es elevado. Me consi dero un soldado que siente como su ya esta batalla emprendida por “una oferta cultural diferenciada, en armo nía con los fines del desarrollo na cional, abundante en alternativa«, con enfoques académicos y ocupacionales, sin limitaciones socioeconómicas, ni raciales, ni ideológicas, ni financie ras, que responda al principio de la igualdad de oportunidades, condicio ne salidas laterales a lo largo de los estudios secundarios y terciarios, y sea una forma de selección por de cantación que ejercite el propio estu diante de acuerdo a sus posibilidades y deseos” . . . como lo sugerimos ya en 1966. La peor lucha es la que no se hace. . . y la batalla más difícil la que no se libra en su momento.
“Si a los que cantan no les dan el sol. . . ¿con qué hacen la aurora? ¿Y el pan, con qué canción?”
De la labor del Dr. Guillermo G. Gallo, de sus aportes a la investiga ción, dan cuenta los ochenta títulos sobre temas científicos y de educa ción publicados desde 1950 hasta la fecha en ejemplar continuidad, coro nados con el primer premio (Medalla de Oro) que le otorgara la Municipa lidad de la Ciudad de Buenos Aires a su trabajo sobre “Enfermedad de las Mucosas", cuya existencia señala en el país; recientemente con la exitosa publicación de su libro sobre “Plan tas tóxicas” que el Profesor Milán Jorge Dimitri califica como “obra perfectamente estructurada, clara, concisa y profundamente documenta da”. El método utilizado por el autor es el expositivo, de estilo claro y ob jetivo, sin concesiones y recursos lingüísticos. “En esto -dice la Edi torial EUDEBA— ha seguido los pasos
de su maestro el Profesor Doctor OSVALDO A. ECKELL.” Porque GA LLO dio los otros 2.000 pasos que aconseja la Biblia, llega al sitial aca démico de su mentor.
También son importantes sus tra bajos sobre parasitología, hechos —como los mencionados— en colabo
ración con especialistas en la mate ria. En algunos casos con colegas que jhoy son miembros de esta Academia.
CONFERENCISTA ESCUCHADO