5. Phase One
5.1.4 Data collection and analysis
permitiera reconocer el sitio), Provincia, Término municipal, Calle y n.º, Localiza-ción (Zona; indicando el nombre del barrio o zona que sirva de identificador): Coorde-nada UTM o geográfica, Datum (preferi-blemente ETRS89), Tipo de zona (urbana, periurbana o rural), Fecha, N.º máximo de ejemplares vistos (n.º de ejemplares vis-tos en los nidos y alrededores en el tiempo que se permanecieron en la zona) y Hora. Además: Sustrato (árbol, estructura artifi-cial, etc.), Tipo Sustrato (detalle de especie de árbol, arbusto o palmera, tipo estruc-tura) y Observaciones.
Una vez hecho esto se conocerá el área de distribución que ocupa o ha ocupado la es-pecie. En segundo lugar se debe intentar cuantificar la población. Para ello se reco-mienda seguir una metodología específica que determine el grado de ocupación de las cámaras. Con este valor se extrapolará, multiplicando por el número de cámaras detectado, la población existente. En este caso se seguirán los siguientes pasos: 1. Sobre todas las colonias y plataformas
detectadas se seleccionará una muestra de ellas más o menos grande en función Cotorras argentinas en cañaverales de zonas agrícolas en Málaga.
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de los medios (personal y tiempo dispo-nible). Es recomendable intentar alcan-zar el 10% de un área grande o término municipal para asegurarse la represen-tatividad de la muestra. Esta muestra debe contener pequeñas, medianas y grandes colonias o núcleos de población y debe de repartirse por áreas distribui-das homogéneamente por la geografía, intentando recopilar información de aquellos lugares que absorban la mayor variabilidad ambiental y geográfica po-sible y lugares de nueva y vieja ocupa-ción. Si no, también bastaría escoger una muestra a partir de una selección al azar realizada con metodología estadística-mente analizable.
2. El siguiente paso será evaluar el grado de ocupación en una muestra de nidos y cámaras en cada una de las colonias se-leccionadas. Este muestreo se debe rea-lizar en las primeras horas de la ma-ñana o en las previas al anochecer y solo en una muestra muy concreta de nidos con observación directa en horario ade-cuado. En ese periodo se anotarán to-dos los individuos que permanecen al anochecer entrando y saliendo de cada cámara. En cada caso se registrará: • Nombre de la colonia, coordenada y
fe-cha. Si es posible el número de nidos dentro de la colonia.
• Sustrato (árbol, estructura artificial, etcétera).
• Tipo sustrato (detalle de especie de ár-bol, arbusto o palmera, tipo estructura). • Número de cámaras de las que se
hace seguimiento en cada nido.
• Número de cámaras en las que se de-tectaban individuos.
• Número de cámaras en las que no en-traban individuos.
• Cuántos individuos se registraron per-maneciendo dentro de cada cámara en las que se ha hecho seguimiento. • Horario y tiempo de muestreo. El número de aves permaneciendo dentro de las cámaras se debe dividir entre el to-tal de cámaras seguidas (incluidas las que no estaban ocupadas) y el número obte-nido será el grado medio de ocupación de las cámaras, que se podrá multiplicar por el total de cámaras halladas para estimar la población de cotorras.
Antonio-Román Muñoz
Grupo de Biogeografía, Diversidad y Conservación, Departamento de Biología Animal, Facultad de Ciencias, Universidad de Málaga, E-29071, Málaga
Los modelos de distribución de especies se han convertido en una herramienta impor-tante en estudios de biogeografía, ecología, evolución, biología de la conservación y cambio climático debido, principalmente, a la enorme cantidad de información am-biental disponible. Los modelos, en última instancia, estiman los requerimientos eco-lógicos de las especies mediante la asocia-ción de sus distribuciones geográficas con los conjuntos de variables predictoras utili-zadas en su construcción, de modo que per-miten simular procesos ecológicos con el objetivo de predecir respuestas. Por tanto, constituyen un instrumento de gran utilidad en biogeografía, ya que nos acercan al co-nocimiento de las relaciones entre las es-pecies y su entorno abiótico y biótico. En la actualidad hay disponible una gran variedad de métodos de modelación (p. ej. Busby, 1991; Guisan y Zimmermann, 2000; Austin, 2002; Gahegan, 2003; Guisan y Thuiller, 2005; Real et al., 2006; Rotenberry
et al.; 2006, Elith et al., 2008), que
confor-man una lista muy amplia que segura-mente seguirá creciendo. Una recopilación relativamente reciente puede verse en Franklin (2009, pp.105-112). Algunas de las aplicaciones se han dado en el campo de la biología de la conservación y el diseño de zonas protegidas (p. ej. Li et al., 1999; Real
et al., 2009), en el campo de la restauración
ecológica, para determinar zonas favora-bles para la reintroducción de especies (p. ej. Pearcey Lindenmayer, 1998), en el ma-nejo de los recursos y la predicción de im-pactos (p. ej. Bradbury et al., 2000; Mas-solo et al., 2007), en estudios encaminados a conocer el efecto del cambio del clima en las especies y los ecosistemas (p. ej. Walther et al., 2002; Rosenzweig et al., 2008; Real et al., 2013; Muñoz et al., 2015), y también para determinar las zonas de establecimiento potencial de especies na-tivas e invasoras (p. ej. Andersen et al., 2004; Muñoz y Real, 2006; Castro et al., 2008; Strubbe et al., 2015).