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CHAPTER 3 METHODOLOGY OVERVIEW

3.2 Data Collection and Procedures

El presente estudio describe las habilidades sociales de los estudiantes de I ciclo de la carrera de Psicología de una universidad privada de Lima - Norte, tuvó como muestra 285 estudiantes universitarios, de ambos sexos, a quienes se evaluó mediante la Lista de Chequeo de Habilidades Sociales de Goldstein (1978), adaptada y validada para el contexto universitario por Ambrosio Tomás (1994- 1995).

Para Goldstein, et al. (1989) las habilidades sociales son el conjunto de hábitos, conductas, pensamientos y emociones que una persona requiere para relacionarse con otras. Estas habilidades sociales se pondrán de manifiesto a través de su conducta social, la cual se modificará a través del tiempo y en función del desarrollo de la persona, puesto que dichas habilidades se regularán y alterarán como producto de su educación y de sus vivencias, en los ámbitos laborales, académicos y personales.

A partir de los hallazgos encontrados en la presente investigación, se puede afirmar que el 48,07% de los participantes se encuentran en un nivel promedio de habilidades sociales, estos resultados guardan relación con los resultados reportados por Díaz & Valderrama (2016), quiénes encontraron que el 53,6% de los estudiantes universitarios participantes de su estudio se encontraban en un nivel promedio de habilidades sociales. Asimismo, se obtuvo que un 9,47% de los participantes de esta investigación presentan un nivel bajo de habilidades sociales, estos resultados guardan relación con los hallados por Carrasco & Cueva (2017), donde el 8,6% de los estudiantes universitarios de Psicología, participantes de su estudio, presentaban un nivel bajo de desarrollo de habilidades sociales. Ante ello, cabe resaltar que Combs & Slaby (1977) consideran las habilidades sociales como la capacidad para interactuar con los demás en un contexto social, lo cual permitirá que la persona sea aceptado o valorado socialmente y a su vez adquiere un valor no solo a nivel personal para el individuo sino también para su entorno (Peñafiel & Serrano, 2010).

De acuerdo con la teoría de Goldstein, et al. (1989), se considera que las habilidades sociales se establecen en 6 dimensiones denominadas: Grupo I: Primeras habilidades sociales, Grupo II: Habilidades sociales avanzadas, Grupo III: Habilidades relacionadas con los sentimientos, Grupo IV: Habilidades alternativas a la agresión, Grupo V: Habilidades para hacer frente al estrés y Grupo VI: Habilidades de planificación.

Respecto de la dimensión de Primeras habilidades sociales, se obtuvo que un 54% de los participantes se encuentran ubicados en la categoría promedio, lo cual indica que los participantes tienen habilidades básicas adecuadas para interactuar con los demás, tales como escuchar, iniciar y mantener una conversación, realizar preguntas a otras personas, dar las gracias, presentarse a sí mismo y a otros, elogiar a otros. Sin embargo, también se observa que un 17,2% de los participantes aún presentan dificultades para el manejo de estas, ya que se ubican en un nivel bajo, lo cual podría ser un inconveniente para su adaptación al entorno universitario y, consecuentemente para su desarrollo académico.

En la dimensión de Habilidades sociales avanzadas, referidas a la capacidad para interactuar con los demás Goldstein, et al. (1989), se observa que el 93% y el 7% de los participantes se encuentran en un nivel bajo y avanzado de desarrollo, respectivamente. Esto implicaría que de acuerdo con lo sostenido por Peñafiel & Serrano (2010) los estudiantes de primer ciclo de la carrera de Psicología, en su mayoría, presentan dificultades para adaptarse a diferentes situaciones sociales, así como para recibir y/o brindar órdenes o disposiciones, tanto como problemas para disculparse, convencer y/o persuadir a otras personas.

Lo anterior guarda cierta similitud con la dimensión de Habilidades relacionadas con los sentimientos, debido a que el 58,06% de los participantes se estableció en el nivel bajo de desarrollo de estas habilidades, en contraste con un 1% que se ubicó en el nivel alto. Se puede afirmar entonces que más de la mitad de los participantes del estudio presentan inconvenientes al momento de explorar

y expresar sus propios sentimientos y el de los demás, así como para expresar afecto, confrontar situaciones que involucren emociones como el miedo o enojo y baja capacidad para auto recompensarse (Peñafiel & Serrano, 2010). Estos resultados guardan relación además con Herrera Lestussi, et al. (2012) ya que un 36% de estudiantes de psicología de primer año y un 37% de quinto año presentaron déficits en su repertorio de habilidades sociales en relación con la dimensión “Habilidades empáticas y de expresión de sentimientos positivos”, esta dimensión guarda similitud con la propuesta por Goldstein, et al. (1989).

De acuerdo con lo sostenido por Papalia, et al. (2011) en las edades en las que se encuentra comprendida la muestra, se pone énfasis en que la persona debe ser capaz de expresar sus pensamientos y sentimientos personales, ya que esto favorecerá no solo la competencia social, sino que también influenciará en la inteligencia emocional del sujeto.

En contraste con lo anterior, en la dimensión de Habilidades alternativas a la agresión, los resultados del 71,3% de los participantes los ubicaron en un nivel alto, contrario a un 3,5% en el nivel bajo, lo cual según Peñafiel & Serrano (2010) evidenciaría que los participantes logran auto-controlarse, son capaces de defender sus propios derechos, responden a las bromas en forma adecuada, pueden prevenir problemas con su entorno y evitan entrar en conflictos, piden permiso, comparten, ayudan a su entorno y buscan negociar. Estos resultados sugieren que los estudiantes del primer ciclo pueden ser capaces de establecer relaciones de cooperación con sus pares universitarios en términos académicos y sociales, pero no necesariamente pueden lograrlo con la misma facilidad, en términos emocionales.

Respecto a la dimensión de Habilidades para hacer frente al estrés, se obtuvo un puntaje alto de un 95% contrario a un 5% en el nivel bajo de los participantes, lo cual indica que el sujeto analiza y busca opciones de mejora ante situaciones de fracaso y persuasión (Goldstein, et al., 1989), asimismo hace frente a situaciones de presión de grupo, defiende a un amigo, elabora y se pronuncia ante demandas y/o quejas, enfrenta mensajes o situaciones

contradictorios, se prepara para una conversación complicada y maneja la vergüenza (Peñafiel & Serrano, 2010). Esto es que, el 95% de los participantes del estudio tienen habilidades desarrolladas para hacerle frente al estrés académico y social en el entorno universitario.

En la dimensión de Habilidades de planificación, se encontró que en el nivel bajo los participantes obtuvieron un 13%, sin embargo, para el 42,7% se encuentra ubicado en el nivel medio y el 44,3% en el nivel alto, diferenciándose en un 1.6%. Esto indica que, en líneas generales, la mayoría de los participantes logran mantener habilidades acordes para una correcta toma de decisiones, establecen y enfocan sus objetivos, resuelven problemas según su nivel de importancia y a su vez disciernen sobre las causas de estas mismas, buscan información y exploran sus propias habilidades para poder aplicarlas (Peñafiel & Serrano, 2010). Respecto a esta dimensión es importante considerar que Ladd y Mize (1983) entienden las habilidades sociales como la capacidad para organizar pensamientos y comportamientos llevándolos a cabo en una única acción, la cual se orientará hacia alguna meta interpersonal, dependiendo de cada cultura y/o contexto social (citado en Hidalgo & Abarca, 1990).

Finalmente, como resultado de la comparación de los niveles de las habilidades sociales basadas en los grupos etarios conformados, se observa que éstos se encuentran relativamente próximos, siendo que la diferencia presentada entre ambos grupos (grupo 1: adolescentes, grupo 2: adultos) en el nivel alto es de 5% (grupo1:41%, grupo2: 46%). De igual manera en el nivel promedio, la diferencia entre ambos grupos fue de 1.5% (grupo 1: 48.5%, grupo 2: 47%). Similar situación se presenta para el nivel bajo, donde solo se evidenció una diferencia de 3.5% entre ambos grupo (grupo 1: 10.5%, grupo 2: 7%). Basado en lo anterior, se puede afirmar que, para esta población, la diferencia de edades no es determinante para la diferenciación en el nivel de desarrollo de habilidades sociales, sugiriendo que podrían existir otros factores asociados al desarrollo de estas. En relación con el análisis por edad, el estudio de Carrasco & Cueva (2017), reporta que el nivel promedio de desarrollo de habilidades sociales fue

alcanzado por el 25% de los estudiantes de psicología cuyas edades se encontraban entre los 21 y 25 años, mientras que, en el caso de los estudiantes de sistemas, la categoría promedio fue alcanzada por el 21.3%, cuyas edades oscilaban entre los 16 y 20 años.

Lo anterior se condice con lo planteado por Goldstein, et al. (1989), quien considera que las habilidades sociales se modificarán en el tiempo, pero hace hincapié en que están también en función del desarrollo de la persona. En esta misma línea es importante resaltar que durante la etapa de la adolescencia, la persona desarrolla habilidades para resolver problemas sociales de manera independiente, aprende a conversar, hace amigos, participa en diferentes actividades sociales y se consolida en un grupo de pares en el cual se sienta integrada e identificada (Christoffy cols., 1985; Furnham, 1986; citado en Hidalgo & Abarca, 1990). Para la etapa de la adultez temprana, aquellos que hayan logrado desarrollar las habilidades previas, tendrán mejores posibilidades para adaptarse rápidamente a los entornos en los que se irán desenvolviendo, se espera también que tengan mejores habilidades para la solución de problemas, que participen de manera activa y disfruten el tener cierto sentido de independencia con respecto a sus padres, asimismo es importante considerar que deben ser capaces de formar una red social y académica estable (Montgomery & Coté, 2003; citado en Papalia, et al., 2011).

CONCLUSIONES

El 48,07% de los estudiantes de primer ciclo de la carrera de psicología, se encuentran en un nivel medio de desarrollo de habilidades sociales. En contraste el 9,47% se encuentran en un nivel bajo.

En relación con las primeras habilidades sociales, se halló que más de la mitad de los participantes (54%) se encuentran en un nivel medio, mientras que menos de la tercera parte (28,8%) se ubicaron en el nivel alto y el 17,2% se ubicó en un nivel bajo.

Para las habilidades sociales avanzadas, se encontró que casi la totalidad de los estudiantes de primer ciclo de la carrera de psicología (93%) se ubica en el nivel bajo y el 7% restante, en el nivel medio.

Respecto a las habilidades relacionadas con los sentimientos, se obtuvo que el 58,6% de los estudiantes de primer ciclo de la carrera de psicología se encuentra en un nivel bajo de desarrollo de las mismas, el 40,4% se ubica en el nivel medio y el 1% se halla en el nivel alto.

En cuanto a las habilidades alternativas a la agresión, se encontró que el 71,3% de los estudiantes de primer ciclo de la carrera de psicología evidencia un nivel alto de desarrollo de estas habilidades, seguido del 25,2% respecto al nivel medio y el 3,5% en un nivel bajo.

En relación con las habilidades para hacer frente al estrés, se halló que el 95% de los estudiantes de primer ciclo de la carrera de psicología se encuentran en el nivel alto y el 5% se encuentra en un nivel medio.

Correspondiente a las habilidades de planificación, se obtuvo que un 44,3% se ubicó en un nivel alto, el 42,7% se encuentra en un nivel medio y el 13% pertenece a un nivel bajo.

Finalmente, en cuanto a las diferencias entre niveles de habilidades sociales por grupo etario, se obtuvo que ambos grupos se encontraron en un nivel promedio (Grupo 1= 48,5%, Grupo 2= 47%), para el nivel bajo, el grupo 1 logró o un 10,5%, en el grupo 2 se halló un 7%, en el nivel alto, para ambos grupos hubo una diferencia de un 5% (Grupo 1= 41%, Grupo 2= 46%).

RECOMENDACIONES

Realizar estudios en poblaciones similares de mayor tamaño que posibiliten contrastar resultados por género.

Realizar estudios correlacionales que permitan explicar el comportamiento del constructo habilidades sociales en el ámbito académico.

Realizar estudios que incorporen otras variables sociodemográficas que permitan explicar cómo las habilidades sociales de los estudiantes universitarios puedan verse afectada por otros aspectos (familiares, educativos previos, procedencia).

Diseñar programas de entrenamiento en habilidades sociales, con énfasis a la expresión de los sentimientos, interacción, entre otras.

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