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5. Methodology

5.1 Data collection

quien llevará a cabo las actividades que demuestren los logros de los objetivos planteados en el programa y la planeación docente. Para lograrlos deberá conocerlos a fondo y saber reconocer los diferentes momentos en los que se busca que los demuestre, además de tener la capacidad de identificar si efectivamente lo está haciendo, a qué nivel lo hace y si sus compañeros también lo logran. Dicen Díaz-Barriga y Hernández (2002) que

conforme se vayan utilizando la evaluación de las actitudes y valores los alumnos irán acostumbrándose y cada vez se volverán más autocríticos.

En este sentido existen tres tipos de evaluación que pueden llevar a cabo los alumnos en el procesos de enseñanza- aprendizaje: la autoevaluación, la coevaluación y la evaluación mutua (Díaz-Barriga y Hernández, 2002).

2.6.3.1 Autoevaluación del aprendizaje

En la interacción de los estudiantes con los conocimientos para generar sus

productos y la posibilidad de compartirlos con otros compañeros, con el docente e incluso mediante una auto reflexión se genera la autoevaluación, considerada por Díaz –Barriga y Hernández (2002) como “la evaluación del alumno acerca de sus propias producciones” (p. 411) es por tanto la actividad realizada de manera personal, a partir del conocimiento de los criterios a evaluarse de determinada actividad. La mayoría de los alumnos es muy justo en este aspecto, sin embargo no siempre resulta favorecedor pues algunos alumnos aplican criterios más rígidos que otros, resultando muy heterogénea la validación, lo cual

no significa que sea inválida, pero si permite analizar a fondo alguna otra situación individual en el alumno.

En el proceso de mejoramiento constante que se busca conseguir en el alumno la autoevaluación juega un papel importantísimo, que aunque no da la calificación final si le permite darse cuenta de en qué está fallando para mejorar su aprendizaje y construir con ello su conocimiento (Delgado y Oliver, 2009).

La autoevaluación presenta como características ser individual, por tanto genera un aprendizaje autónomo, aunque no necesariamente desligado de la orientación docente, sobretodo al inicio, en lo que el alumno va acostumbrándose al sistema de aceptación de los errores a partir de los criterios previamente establecidos a partir de los objetivos del programa. Delgado y Oliver (2009) proponen que la autoevaluación debe revisarse constantemente y retroalimentarse de manera similar al proceso de heterorregulación, para irse planteando metas personales, de manera que puedan ser asincrónicos con el trabajo docente.

Es precisamente en este aspecto que Nunziati (1988) se dio a la tarea de elaborar un documento para presentar la necesidad de que el alumno sea el que aprenda a regir su aprendizaje a partir de los objetivos propuestos por los programas y con la orientación del docente, pero ser él quien tome la rienda de su proceso, por tanto se vuelve fundamental para la autoevalución, el autocontrol y una mirada crítica de aquello que se hace durante las actividades encaminadas por un sistema directivo propio.

2.6.3.2 Coevaluación del aprendizaje

En la consideración de que la evaluación es una responsabilidad que debe tener en cuenta cada no de los aspectos que forman el proceso educativo, pero “con el fin de reorientar y favorecer el aprendizaje del alumno” (Santibañez, 2008, p. 17), la evaluación no debería recaer solamente en el docente es una actividad en la que si participan

activamente todos los agentes involucrados se obtiene un mejor resultado. De ahí que textualmente Díaz-Barriga y Hernández (2002) dicen que la coevaluación es “la

evaluación de un producto del alumno realizada por él mismo en conjunción con el docente” (p. 411).

Entre las características que se consideran está que se compruebe el manejo que los alumnos hacen de los objetivos del curso, verificar que se vayan dominando las operaciones autorreguladoras de anticipación y planificación de acciones y la efectiva comunicación entre el docente y el alumno para aclarar desde lo que se entiende por cada uno de los objetivos propuestos, hasta los aspectos formales de presentación de cada documento (Díaz-Barriga y Hernández, 2002).

2.6.3.3 Evaluación mutua

Finalmente al hablar de estas evaluaciones alternativas Díaz-Barriga y Hernández (2002) hacen mención de la evaluación mutua de la que dicen “se refiere a las

evaluaciones de un alumno o un grupo de alumnos que pueden hacerse sobre las

producciones de otros alumnos o grupo de alumnos” (p. 411), en el ambiente educativo a éste tipo de evaluación se le confunde con la coevaluación, pero en ésta valoración todos los integrantes del equipo externan su evaluación acerca de todos, con miras a mejorar el desempeño de la labor en equipo.

En este aspecto intervienen los criterios individuales de los integrantes del equipo y de sus distintas circunstancias socioculturales y psicológicas que los van a determinan en el momento de calificar, por tanto se recomienda que se realice de manera muy

objetiva y siempre bajo los criterios establecidos dependiendo de los objetivos específicos que se buscan lograr con la práctica de la actividad a evaluar en concreto.

Sin embargo esto no es suficiente si no se contextualizan en la red de

relaciones sociales e institucionales en las que se desenvuelve el estudiante y el propio docente. Dichos procesos de evaluación sólo podrán tener sentido y contribuir a los propósitos que se esperan en tanto que se articulen en un escenario de prácticas institucionales y docentes democratizadoras e innovadoras, sostenidas en la búsqueda de equidad y necesidades de desarrollo regional (Loubet, s/f).

2.6.4 Vinculación de la evaluación formativa con otros tipos de evaluación

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