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manos un

enorme trabajo

ya realizado por

propia iniciativa, y

una gran certeza:

“para todas y

todos, todo”.

24. Textos de la lámina “Soy María, soy Rubén” de nivel Secundario:“Anoi pañandepo irund arasa” (“Tengo 14 años”), “Oime anoi kea au vae” (“Tengo alguien a quien amo”), “Yayan- gareko ñandeye, jaeko, tembiapo opareve pegua” (“Cuidarse es responsabilidad de los dos”).

25. Si partimos de la base de que no existe fidelidad en la traducción -de ahí el entrecomillado del término-, en lo que concierne a los pueblos indígenas resultaba casi inviable traducir los materiales sin una reflexión profunda y colectiva sobre los significa- dos de cada uno de los términos, algunos de ellos inexistentes en las diversas lenguas.

26. Tengamos presente que en algunas comunidades hay pocos hablantes de la len- gua materna; muchas/os en su infancia dejaron de hablarla, ya que tanto en la escuela como en los espacios públicos era un motivo de subestimación y discriminación. El estado tiene que responder a una demanda recurrente: las lenguas indígenas necesitan estar presentes en las aulas y los que formamos parte del campo educativo en contextos de diversidad cultu- ral y lingüística debemos garantizar los espacios para que ello suceda.

Asumimos la tarea y nos enfrentamos a los primeros interrogantes: ¿tendríamos que elaborar láminas para cada uno de los pueblos indíge- nas? ¿Qué haríamos con las variaciones lingüísticas entre las distintas co- munidades? ¿Las ilustraciones de las láminas resultarían adecuadas? ¿Y los textos? ¿Solo bastaba una “traducción”? ¿Quiénes debían “traducir”?25 ¿Académicos/as? ¿Hablantes idóneos de la lengua? ¿Necesitaríamos nue- vos caracteres de impresión para escribir en otras lenguas? ¿Cómo traba- jar con términos y sentidos que no se correspondían de una lengua a otra, respetando los contenidos de ESI?

Por eso, consideramos que era importante convocar a todas las idó- neas y todos los idóneos de ambos pueblos de la provincia de Jujuy. Esto permitiría abordar colectivamente los conceptos y sentidos enunciados en las láminas, de forma tal que, profundizando en sus representaciones, de- batieran y consensuaran la reescritura de las láminas.26

Junto con el equipo de la Modalidad de Educación Intercultural Bilingüe y el equipo de Publicaciones de la Dirección Nacional de Políticas Socioeduca- tivas comenzamos a indagar en procesos semejantes ya existentes. Adverti- mos que en la mayoría de los casos se trataba de traducciones realizadas por una persona hablante de la lengua que interpreta y traduce los textos. Aquí se planteaba una disyuntiva: la consulta a una única persona y el problema de la validez de la traducción, ya que distintas comunidades pueden tener variacio- nes en las formas de habla y escritura de la misma lengua.

Las lenguas originarias, de tradición oral, no se hallan estandarizadas en su escritura y por ese motivo poseen múltiples formas de expresión. De- bido a que el proceso de normativización es un camino complejo que se vie- ne desarrollando en distintos espacios, de diversas formas y que involucra en muchos casos concepciones históricas, filosóficas y políticas, no siempre homogéneas, de cada pueblo, era necesario que la legitimidad de las versio- nes en lengua quechua y guaraní se validara en un espacio colectivo.

En las reuniones con los idóneos y las idóneas de los pueblos avá guaraní y quechua abordamos, al igual que en las Jornadas “ESI: es parte de la vida, es parte de la escuela”, los distintos momentos de los talleres: la reflexión sobre nosotras/os mismas/os, las diferentes dimensiones de la sexualidad, los ejes de la ESI, los Cuadernos de cada nivel, y nos detuvi- mos en dos láminas: “Cambios que se ven y se sienten”, de nivel primario, y “Soy María, soy Rubén”, de nivel secundario, para comenzar a trabajar en el proceso de escritura y recreación en cada lengua. Como producto de estas reuniones, decidimos entonces imprimir en las lenguas quechua y avá guaraní esas dos láminas de ESI trabajadas en forma conjunta y, asi- mismo, modificar las representaciones gráficas incorporando elementos que dieran cuenta de una mayor diversidad social y cultural.

Si bien se realizó un trabajo profundo sobre los contenidos y sus sen- tidos, tanto de los textos como de las ilustraciones, no buscamos hacer lá- minas específicas para los pueblos indígenas, con las que solo “ellos/as” trabajen. Las nuevas láminas tienen ilustraciones que expresan una mayor heterogeneidad de cuerpos, colores y vestimentas, y se utilizarán en todas las escuelas del país. Mismas ilustraciones para todas y todos, distintas len- guas para muchos pueblos, dando cuenta de la pluralidad que nos constitu- ye y de la necesidad de seguir conformando, día a día, un nosotros inclusivo. Veamos cómo se desarrollaron las reuniones con idóneas e idóneos. Así narra una tallerista uno de esos encuentros:

Una ronda de más de cincuenta personas se extiende en el salón. Afuera, el calor jujeño de la siesta en diciembre detiene a las personas en sus hogares, pero el salón es grande y allí la temperatura es agradable. Una beba llora y su papá se levanta, la alza y trata de darle serenidad. Mientras tanto, se escucha a una participante hablar, y luego otra. Cada una habla a su tiempo, muestran imágenes y textos que son parte de las consignas del trabajo en grupo. Allí, comentan lo reflexionado, opinan. Todos y todas se escuchan, no hay apuro. Las personas presentes en el encuentro de trabajo con los materiales de la Educación Sexual Integral son referentes de sus comunidades quechua y avá guaraní de la provincia de Jujuy. Allí surgió este diálogo, entre muchos otros:

“Antes no conocíamos lo que era el médico, no teníamos lo que analizába- mos la sangre. Nos curábamos con nuestros remedios…”, afirma una mujer. Un hombre interpela al auditorio: “¿Ustedes recuerdan que nuestros pa- dres hablaran de sexualidad? Vivíamos la sexualidad naturalmente.” “Es bueno que nosotros los indios hablemos de lo que pasa con occiden-

Mismas