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En 1817, el poeta John Keats, entonces de veintidós años de edad, escribió una carta a sus hermanos en la que explicó sus ideas más recientes sobre el proceso creativo. El mundo que nos rodea, apuntó, es mucho más complejo de lo que imaginamos. Dada la limitación de nuestros sentidos y nuestra conciencia, sólo advertimos una reducida porción de la realidad. Además, todo en el universo se halla en un estado de cambio permanente. Palabras e ideas simples no pueden captar ese cambio o complejidad. La única solución para una persona ilustrada es permitir a la mente abstraerse en lo que experimenta, sin tener que formar un juicio sobre el significado de todo. La mente debe poder sentir dudas e incertidumbre mientras sea posible. En tanto permanece en ese estado y sondea profundamente los misterios del universo, llegarán a ella ideas más dimensionales y reales que si obtuviéramos conclusiones apresuradas y nos formáramos juicios prematuros.

Para realizar esto, escribió Keats, debemos ser capaces de negar nuestro ego. Somos por naturaleza criaturas temerosas e inseguras. No nos gusta lo desconocido. Para compensar eso, nos afirmamos con opiniones e ideas que nos hacen parecer fuertes y seguros. Muchas de esas opiniones no provienen de una reflexión profunda, sino que se basan en lo que piensan otras personas. Además, una vez que tenemos esas ideas, admitir que estamos equivocados equivale a herir nuestro ego y vanidad. Personas verdaderamente creativas en todos los campos pueden suspender su ego en forma temporal y experimentar simplemente lo que ven, sin necesidad de emitir un juicio, siempre que sea posible. Están más que dispuestas a que la realidad contradiga sus más caras opiniones. Esta aptitud para soportar e incluso aceptar los misterios e incertidumbres es lo que Keats llamó capacidad

negativa.

Todos los maestros poseen esta capacidad negativa, y ésta es la fuente de su fuerza creativa. Esta cualidad les permite abrigar una amplia gama de ideas y experimentar con ellas, lo que a su vez vuelve su trabajo más rico e inventivo. A lo largo de su carrera, Mozart nunca emitió opiniones particulares sobre música. En cambio, asimiló los estilos que oía a su alrededor y los incorporó a su voz. Más tarde, se encontró por primera vez con la música de Johann Sebastian Bach, un tipo de música muy diferente de la suya, y en ciertos sentidos más compleja. La mayoría de los artistas se pondrían a la defensiva y desdeñarían algo que pusiera en duda sus principios. Por el contrario, Mozart abría su mente a nuevas posibilidades y estudió durante casi un año el uso, por parte de Bach, del contrapunto, que asimiló en su vocabulario. Esto dio a su música una calidad nueva y sorpresiva.

A temprana edad, Albert Einstein se sintió fascinado por la aparente paradoja de que dos personas observaran el mismo haz de luz –una de ellas persiguiéndolo a la velocidad de la luz y la otra en resposo en la Tierra–, pareciéndoles el mismo a ambas. En vez de emplear las teorías al uso para exponer o explicar eso, durante diez largos años contempló esta paradoja en un estado de capacidad negativa. Operando de esta manera, pudo considerar casi cada solución posible, hasta dar con la que condujo a su teoría de la relatividad. (Para obtener más información sobre este tema, véase el capítulo 6, aquí)

Esto podría parecer una presunción poética, pero de hecho cultivar la capacidad negativa será el factor más importante en tu éxito como pensador creativo. En las ciencias, tenderás a albergar ideas que se ajusten a tus nociones preconcebidas y en las que quieres creer. Esto tiñe inconscientemente tus decisiones acerca de cómo verificar esas ideas, lo que se conoce como sesgo de confirmación. De acuerdo con este sesgo, tenderás a hallar los experimentos y datos que confirmen aquello en lo que ya crees. La incertidumbre de no saber las respuestas de antemano es demasiado para la mayoría de los científicos. En las artes y letras, tus pensamientos cuajarán en torno a dogmas políticos o maneras

predigeridas de ver el mundo, y tenderás a expresar una opinión en lugar de una observación veraz de la realidad. Para Keats, William Shakespeare era el ideal, porque no juzgaba a sus personajes, sino que se abría a sus mundos y expresaba la realidad de incluso los que eran considerados malos. La necesidad de certidumbre es la peor enfermedad que la mente puede enfrentar.

Para poner en práctica la capacidad negativa debes desarrollar el hábito de suspender la necesidad de juzgar todo lo que se cruza en tu camino. Considera e incluso acepta momentáneamente puntos de vista contrarios a los tuyos, para ver qué sientes. Observa a una persona o suceso durante mucho tiempo, absteniéndote de manera expresa de formarte una opinión. Busca lo que no conoces; por ejemplo, lee libros de autores desconocidos en campos ajenos o de diferentes escuelas de pensamiento. Haz cualquier cosa que rompa tu procedimiento mental normal y tu sensación de que ya conoces la verdad.

Para negar el ego debes adoptar una especie de humildad ante el conocimiento. El gran científico Michael Faraday expresó esta actitud de la siguiente manera: el conocimiento científico no cesa de avanzar. Las principales teorías de la época son finalmente desautorizadas o alteradas en un momento futuro. La mente humana es sencillamente demasiado débil para tener una visión clara y perfecta de la realidad. La idea o teoría que formulas en el presente y que parece fresca, viva y veraz, casi sin duda será derribada o ridiculizada dentro de varias décadas o siglos. (Solemos burlarnos de las personas anteriores al siglo XX que no creían en la evolución y pensaban que el mundo tenía apenas seis mil años de antigüedad, ¡pero imagina cuánta gente se reirá de nosotros por las ingenuas creencias que sostenemos en el siglo XXI!). Así que es mejor tener esto en cuenta y no aficionarte demasiado a tus ideas ni sentirte demasiado seguro de su verdad.

La capacidad negativa no debe ser un estado mental permanente. Para producir una obra de cualquier tipo debemos poner límites a lo que consideraremos; debemos organizar nuestros pensamientos en patrones relativamente coherentes y llegar por último a conclusiones. Al final tenemos que hacer varios juicios. La capacidad negativa es un instrumento útil en este proceso para abrir la mente en forma temporal a más posibilidades. Una vez que esta manera de pensar lleva a una tendencia creativa de pensamiento podemos dar a nuestras ideas una forma más clara y desprendernos suavemente de aquella capacidad, retornando a esta actitud cada vez que nos sintamos estancados o bloqueados.

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