Así como el conocimiento de la diferenciación entre sensación, emoción y sentimiento es fundamental en el trabajo con las parejas, hay otro recurso que necesariamente necesitamos conocer y utilizar en la intervención terapéutica, hablamos de la empatía que está profundamente relacionada con el valor de la honestidad desde el punto de vista gestáltico. Llamada también inteligencia interpersonal en la teoría de las inteligencias múltiples de Gardner (1999).
En 1997, A. Casrtanedo, y L. Greenberg, publican un libro, «La empatía reconsiderada» en la que estructuran tres grandes visiones sobre la empatía:
La empatía como rapport, entendiendo rapport como una buena conexión entre paciente y terapeuta. Esta visión tiende a ser más propia de la tradición cognitivo conductual.
Visión analítica de la empatía, comprendiendo el mundo vital del cliente en un sentido completo, total.
Sintonización en la comunicación que es la empatía, momento a momento, del estado, significado y sensación en el momento, del cliente. C. Rogers (1974) definía la empatía como la capacidad de percibir el marco de referencia interno del otro con exactitud y con los componentes y significados
emocionales que le pertenecen, como si uno fuera esa persona pero sin perder la condición de cómo si. En esta definición, Rogers pone mucho cuidado en diferenciar la empatía de la identificación, teniendo que ver este último término con la fusión de perspectivas y sentimientos del otro, de modo que uno comparte totalmente la perspectiva del otro. La empatía implica una perspectiva algo más distante, que está llena de comprensión cognitiva hacia el marco de referencia y el mundo fenomenológico del otro.
Otras definiciones que Rogers proporciona de la empatía son, por ejemplo:
La empatía es la habilidad, la sensibilidad y la disposición del terapeuta por entender los pensamientos, los sentimientos y las luchas del cliente desde su punto de vista.
Es la habilidad de ver completamente a través de los ojos del cliente, de adoptar su marco de referencia.
Implica entrar en el mundo perceptual privado del otro, siendo sensible momento a momento a los significados sentidos cambiantes que fluyen en la otra persona. Significa sensar significados de los cuales el cliente es apenas consciente, o apenas se da cuenta.
La empatía es definida como la capacidad cognitiva de percibir, en un contexto común, lo que otro individuo puede sentir. También es descrita como un sentimiento de participación afectiva de una persona en la realidad que afecta a otra. Esta capacidad puede desembocar en una mejor comprensión de sus acciones o de su manera de decidir determinadas cuestiones. Para propiciar una postura empática, es necesario incorporar una mirada “en perspectiva”, hay que abstenerse de juzgar al otro y, finalmente, hay que reconocer las emociones en la otra persona
y comunicarle cuanto percibido: el contrastar con el otro lo que se ha comprendido favorece un mayor acercamiento, la sensación de sentirse apoyado y validado y mayor intimidad emocional.
La empatía no es un don, sino una habilidad que se puede entrenar; esto es posible cuando ese proceso de reconocimiento y toma de consciencia se desarrolla en primer lugar hacia uno mismo. Cuando se conecta con las sensaciones corporales que se sienten en el momento y les damos nombre a través de una emoción, nos estamos entrenando, y cuanta más experiencia se tenga en reconocer y definir lo que nos pasa, más posibilidades tendremos de descifrar y comprender el mundo emocional de la otra persona.
Ser empático nos permite “leer” emocionalmente a las otras personas; la empatía viene a ser algo así como nuestra conciencia social, pues a través de ella se pueden apreciar los sentimientos y necesidades de los demás, dando pie a la calidez emocional, el compromiso, el afecto y la sensibilidad.
Nuestras relaciones se basan no sólo en contenidos manifiestos verbalmente, sino que existen muchísimos otros mecanismos llenos de significados, que siempre están ahí y de los que no siempre sabemos sacar partido. La postura, el tono o intensidad de voz, la mirada, un gesto e incluso el silencio mismo, todos son portadores de gran información, que siempre está a nuestra disposición, para ser descodificada y darle la interpretación apropiada. De hecho, no podemos leer las mentes, pero sí existen muchas sutiles señales, a veces “invisibles” en apariencia, las cuales debemos aprender a “leer”. Un individuo empático puede ser descrito como una persona habilidosa en leer las situaciones mientras tienen lugar, ajustándose a las mismas conforme éstas lo requieran; al
saber que una situación no es estática, sacan provecho de la retroalimentación, puesto que saben que el ignorar las distintas señales que reciben puede ser perjudicial en su relación. Es también alguien que cuenta con una buena capacidad de escucha, diestra en leer “pistas” no verbales; sabe cuándo hablar y cuando no, todo lo cual le facilita el camino para regular de manera constructiva las emociones de los demás, beneficiando así sus relaciones interpersonales. Por todas estas razones, la autoconsciencia emocional es el primer paso a desarrollar para poder potenciar nuestra habilidad empática: cuanto más sepa de lo que me pasa personalmente a nivel emocional, más destreza tendré en proyectar esa capacidad de conexión hacia los demás.
El proceder con empatía no significa estar de acuerdo con el otro. No implica dejar de lado las propias convicciones y asumir como propias la del otro. Es más, se puede estar en completo desacuerdo con alguien, sin por ello dejar de ser empáticos y respetar su posición, aceptando como legítimas sus propias motivaciones. A través de la lectura de las necesidades de los demás, podemos reajustar nuestro actuar y siempre que procedamos con sincero interés ello repercutirá en beneficio de nuestras relaciones personales. Pero ello es algo a lo que debemos estar atentos en todo momento, pues lo que funciona con una persona no funciona necesariamente con otra, o es más, lo que en un momento funciona con una persona puede no servir en otro con la misma. La empatía, así como el conocimiento del trabajo con emociones, son recursos indispensables en la intervención terapéutica del sistema pareja. Las emociones están muy vinculadas con los valores y estos también condicionan el modo de vivir o transitar dichas emociones. La Empatía en psicoterapia es un recurso sumamente valioso, como lo
señala Mateu y cols (2010)17 que invita a la investigación y descripción de instrumentos para su medición, en dicho trabajo señalan citando a Gladstein (1983), que para minimizar la confusión que se produce en la literatura cuando no se especifica a que tipo de empatía se están refiriendo, se ha propuesto utilizar términos diferentes. Empatía cognitiva para identificar cuando se “adopta un rol o perspectiva intelectual de otra persona”, y empatía afectiva para denotar cuando se “responde con la misma emoción a la emoción de otra persona” (Mateu y cols, 2010, p. 6)
1.5. La jerarquía de las necesidades según Maslow y su relación con el ciclo de