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Cuando se habla de transiciones políticas nuestra memoria ge- neral nos remite a los escritos sobre el paso de las dictaduras a la democracia en la década de 1980. Especialmente para nuestra región no se puede eludir la serie de trabajos que emergieron en ese contexto y a los que se hará mención más adelante. Esto de- bería conducirnos hacia un primer acuerdo tácito: el cambio de régimen político no ocurre de un momento a otro, sino que existe un complejo proceso al que llamaremos transición.

Asimismo, se debe considerar que los contextos son impor- tantes porque denotan las particularidades correspondientes de lo que se tiene. En el caso de las transiciones políticas el contexto internacional brinda algunas alertas respecto hacia dónde se di- rigen las principales tendencias políticas en principio planteadas en clave de dudas: vamos hacia una mayor democratización, hacia una crisis de las democracias, hacia el establecimiento de algo nuevo, o quizá una regresión al autoritarismo. Como decía Rustow (2016:124) no debemos asumir que la transición a la democracia es un proceso uniforme a nivel mundial.

Quizá el momento de alta incertidumbre que vivimos sea tal porque nos encontramos, como decía Manuel Antonio Garretón (1991), en un tiempo bisagra, un momento en el que se

consolida la transición hacia otro régimen político o se produce una regresión.

En el peculiar momento de transición política que nos encon- tramos, la alteración del sistema político se encuentra inserta en la crisis de régimen político. Es importante entender que cuando ha- blamos de régimen político lo hacemos en los siguientes términos:

“como el conjunto de pautas, explícitas o no, que determinan las formas y canales de acceso a los principales cargos de gobierno, las características de los actores admitidos y excluidos con respecto a ese acceso, y los recursos o estrategias que pueden emplear para ganar tal acceso” (O´Donnell, y Schmitter. 1994: 19-20)

En las décadas 1950 y 1960 los estudios sobre transiciones políticas dan cuenta de que la transición de un autoritarismo a una democracia depende de factores estructurales económicos y sociopolíticos. Respecto a estos últimos, Almond y Verba (1963) mencionan la confianza pública en el sistema político. En este trabajo mostraremos una revisión teórica de esta perspectiva, de- jando muy en claro que no planteamos que hoy pasamos por una transición de ese tipo, sino que pretendemos poner en el balance del debate sobre la democracia contemporánea detalles de dichos trabajos, considerando las características en las que se centraron y algunos planteamientos que se pueden tomar en cuenta para ana- lizar si nos encontramos en un momento de transición regresiva. En términos generales, según Cansino, la transición latinoa- mericana habría sido “una transición hacia instituciones políticas democráticas y una transición de una forma de Estado a otra” (1999:22). Sin embargo, algo importante para tener en cuenta es que la realidad de los países no siguió a cabalidad este esquema (Mira Delli-Zotti, 2010: 1459), no se trató de un proceso lineal y secuencial que pasara, por ejemplo, del fin de las dictaduras a las elecciones limpias y la consolidación democrática.

Por otro lado, Douglas Share y Mainwaring (1986), conoci- dos por sus trabajos sobre Latinoamérica, en uno de los primeros estudios sobre transición aluden a aspectos que no tienen un grado de relación próximo con la realidad de este lado del mundo: hablan

de tipos ideales de transición, de regímenes que colapsan porque los gobernantes autoritarios no tienen forma de gobernar o porque las élites autoritarias son excluidas cuando estas no pasan de las primeras elecciones, o, finalmente, por transacción cuando quien gobierna inicia el proceso de liberalización política (D. Share y S. Mainwaring. 1986).

Desde una perspectiva más acorde a la realidad de la región, Schmitter y Karl (1994:17-18) establecen los siguientes tipos de transición:

1. Por revolución (coercitiva y dominada por las masas). El ejemplo sería Nicaragua.

2. Por imposición (coercitiva y dominada por las élites). Brasil, Ecuador, Paraguay, El Salvador y Guatemala.

3. Por pacto (negociada y dominada por las élites). Venezuela, Uruguay, Chile y Colombia.

4. Por reforma (negociada y dominada por las masas). No hay ningún caso, aunque como modelo ambivalente entre el 2 y el 3 (donde se combinan simultáneamente la continuidad entre las élites y la movilización de las masas, la amenaza de la violencia y la aceptación forzada del compromiso) ambos autores sitúan los casos de Argentina y Perú.

Existe una coincidencia en los dos modelos presentados hasta ahora, esa coincidencia se llama “transacción”, traducida como un momento en que los pactos entre élites, sean autoritarias o demo- cráticas, es la vía más eficaz de allanar el camino de la transición política. Nos referimos entonces a un proceso de negociación polí- tica compleja porque para producir cualquier resultado el momento fundamental no es la rebelión sino el proceso más largo y complicado de encarar el tipo de transición política al que se quiera llegar.

Aludiendo a la dinámica política propia latinoamericana, Manuel Antonio Garretón (1997:3) identifica tres tipos de lo que le denomina democratizaciones, dado que se alude al salto de una dictadura a una democracia. El primero, referido a situaciones en las que la revolución o la guerra civil son las que dan origen a

la fundación democrática. El segundo, en el que la insurrección está ausente pero se presenta una ruptura entre el autoritarismo de seguridad nacional y los actores políticos que no manifiestan llevar adelante la revolución, sino simplemente la reconducción del poder. El tercero, como un proceso de transformación institucional en el que, en palabras del autor, se incorpora a sectores excluidos del juego democrático para tener una suerte de democracia res- tringida o semiautoritarismo.

En la misma línea interpretativa que el anterior autor, Jorge Rovira plantea tres tipos de procesos de transición: el primero, cuando las élites asumen el poder desplazando a los líderes del régimen autoritario, es decir por transformación; el segundo, llamado por reemplazo, en el que prima la negociación entre los grupos gubernamentales y la oposición; finalmente, el tercero, en el que ocurren reemplazos donde la oposición alcanza el poder porque los grupos reformistas internos en el gobierno son débiles (2002: 35-36). A estas tipologías se podría sumar otra que habla de una “transición votada”, referida a pactos entre élites políticas restringidos a procesos electorales y a un cambio pacífico hacia la democracia, basado exclusivamente en los resultados de las elecciones locales (Tahar Chaouch et.al., 2008: 188).

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