Section III Data Elements
Chapter 14 Data Interchange
A diferencia de un coup de foudre, el capricho inspirado por la escena de Chicago no le había abandonado más de década y media tras el incidente. Pues Ñero jura que no hay ninguna otra profesión legal en nuestra época que esté tan alejada del aburrimiento como la de un operador de Bolsa. Además, aunque todavía no ha
practicado la profesión de pirata de alta mar, ahora está convencido de que incluso esa ocupación presentaría más momentos insípidos que la de operador.
La mejor forma de describir a Ñero es como una persona que oscila aleatoria (y abruptamente) entre el porte y el hablar de un historiador eclesiástico y la intensidad verbal abusiva de un operador del parqué de Chicago. Puede arriesgar cientos de millones de dólares en una transacción sin un parpadeo, sin la sombra de un segundo de duda y, sin embargo, agonizar intentando elegir entre dos entrantes en un menú, cambiando de idea continuamente y agotando al más paciente de los camareros.
Ñero tiene una licenciatura en literatura antigua y en matemáticas en la Universidad de Cambridge. Se matriculó en un doctorado de estadística en la Universidad de Chicago pero, tras finalizar los cursos y la mayor parte de su tesis doctoral, se pasó al departamento de filosofía. Define este cambio como «un momento de cordura
transitoria», lo que aumenta la consternación del director de su tesis que le advirtió contra los filósofos y predijo que volvería al redil. Terminó escribiendo su tesis en filosofía. Pero no en el
estilo continental de Derrida de la filosofía incomprensible (es decir, incomprensible para cualquiera que no sea de su grupo, como yo mismo). Era más bien lo contrario; su
tesis versaba sobre la metodología de la inferencia estadística en su aplicación a las ciencias sociales. De hecho, su tesis no se podría diferenciar de una tesis en estadística: sólo era un poco más meditada (y dos veces más larga).
Se suele decir que la filosofía no da de comer, pero ésa no fue la razón por la que Ñero la abandonó. La dejó porque la filosofía no
entretiene. Al principio, empezó a parecer fútil; se acordó de las advertencias del director de su tesis de ■estadística. Después, repentinamente, empezó a parecerse mucho al trabajo. En cuanto empezó a aburrirse escribiendo artículos sobre algún arcano detalle de un artículo anterior, renunció al mundo académico. Los debates académicos le aburrían a muerte, sobre todo cuando se analizaban minucias (invisibles para los no iniciados). Lo que Ñero necesitaba era acción. Sin embargo, el
problema era que había elegido el mundo académico para desterrar lo que consideraba la llaneza y sumisión atemperada de la vida del empleado.
Tras asistir a la escena del broker perseguido por el tigre, Ñero encontró un puesto de aprendiz en la Bolsa de Chicago, ese gran mercado donde los operadores realizan transacciones gritando y gesticulando frenéticamente. Trabajó para un prestigioso (pero excéntrico) local, que le enseñó el estilo de Chicago a cambio de que le resolviera sus ecuaciones matemáticas. La energía en el ambiente resultó motivadora para Ñero.
Rápidamente se promocionó al rango de operador autónomo. Después, cuando se cansó de estar de pie entre la multitud, y de forzar sus cuerdas vocales, decidió buscar empleo «arriba», es decir, en la mesa de un despacho. Se trasladó a la zona de Nueva York y aceptó un puesto en una Agencia de Cambio y Bolsa
cuantitativos con los que tuvo un primer momento de gloria, se hizo famoso y creció su demanda. Muchas Agencias de Londres y Nueva York empezaron a ofrecerle enormes primas garantizadas. Ñero se pasó un par de años viajando entre ambas ciudades, asistiendo a «reuniones» importantes y llevando trajes caros. Pero enseguida se escondió; volvió rápidamente al anonimato: el estrellato de Wall Street no se adecuaba bien a su carácter. Para seguir siendo un «operador en racha» hace falta tener algunas ambiciones organizativas y un hambre de poder que Ñero considera que no tiene la suerte de poseer. Sólo estaba ahí para divertirse, y su idea de algo divertido no incluye el trabajo
administrativo y directivo. Es proclive
al aburrimiento en la sala de conferencias y es incapaz de hablar con hombres de negocios, sobre todo con los de la especie más común. Ñero es alérgico al vocabulario del discurso empresarial, y no sólo por una mera cuestión de estética. Los términos como «el plan estratégico», «la base de la empresa», «cómo vamos allí desde aquí»,
«ofrecemos soluciones a nuestros clientes», «nuestra misión» y otras expresiones desgastadas que predominan en las reuniones carecen tanto de la precisión como del colorido que prefiere escuchar. Realmente no sabe si la gente llena el silencio con frases vacías o si esas reuniones tienen realmente algún mérito; en cualquier caso, no quiere formar parte de ellas. En efecto, la intensa vida social de Ñero carece casi por
completo de gente del mundo empresarial. Pero, al contrario que yo (puedo ser extremadamente duro cuando alguien intenta adularme
injustificadamente con una pomposidad nada elegante), Ñero es capaz de mostrarse cortésmente distante en esas situaciones.
Así pues, Ñero cambió de carrera para adentrarse en lo que se llama intermediación privada. Los operadores crean entidades independientes con fondos internos que provienen de su propia asignación del capital. Pueden hacer lo que quieran siempre que, por supuesto, sus resultados satisfagan a los ejecutivos. El nombre de privado
proviene del hecho de que lo que venden es el propio capital de la empresa. Al acabar el año reciben entre el 7 y el 12% de los beneficios generados. El operador privado tiene todas las ventajas de un autónomo y ninguna de las cargas de tener que ocuparse de los detalles mundanos de gestionar su propio negocio. Puede trabajar con el horario que quiera, viajar a voluntad y aventurarse en cualquier iniciativa personal que quiera. Es el paraíso para un intelectual como Nero a quien le disgusta el trabajo manual y valora la meditación sin horarios. Es lo que ha estado haciendo durante los últimos diez años en el empleo de dos distintas Agencias de Cambio y Bolsa.