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Chapter 4: Overview of the methodology and method used in this thesis

4.6. Data interpretation

zaron a gritar de la Cruz Roja, de que necesitaban que viniera la Cruz Roja y se les dijo que entonces enviaran a alguien, dijeron que iban a enviar un magistrado y les ordenamos que bajaran uno por uno con las manos en alto, pero el único que bajó fue él, de manera que lo rescatamos, pero él no habló de ningún tipo de eh… por los menos mientras estuvo acá en el área, no habló absolutamente nada en cuanto a condiciones o exigencias. Cambio.

171. Reynaldo Arciniegas dijo a la Comisión de la Verdad que un coro- nel del Ejército lo retuvo y le impidió que el mensaje dirigido al Presidente le fuera entregado.

172. Hernando Tapias Rocha relató que después de la salida de Arci- niegas, el temor en el baño era enorme, ya que él salió y no volvió. Desde el momento en que el Ejército se dio cuenta, por la información propor- cionada por Reynaldo Arciniegas, de que en ese baño había guerrilleros, ainaron la puntería y dispararon hasta el inal. Se incrementó el envío de las granadas de fragmentación, particularmente. Lo que hizo Arciniegas, en su diálogo con los militares, fue darles información táctica para ubicar el lugar exacto donde se encontraban y poder atacarlos.120

173. Las declaraciones de los ministros y del Presidente de la Repú- blica coinciden en airmar que nunca recibieron el mensaje del consejero Arciniegas, ni supieron, en ese momento, que había salido como portador de un mensaje para el gobierno, lo que signiica que los responsables de la

operación militar que recibieron el mensaje no sólo no permitieron al emisa- rio entregarlo al gobierno, sino que jamás lo hicieron llegar a su destinatario. 174. Después de la salida de Reynaldo Arciniegas, el Ejército supo dónde estaban los rehenes.

Cuando el fragor del combate llegaba a su límite, estalló una pode- rosa carga explosiva en una de las paredes del baño, la cual arrancó, literalmente, un toallero que se encontraba empotrado en la pared. […] Pues bien, detrás de la pared donde se encontraba el mencionado toallero había un ducto de ventilación, y terminado el vacío generado por éste se encontraba, como es lógico, el cerramiento del ducto que en este caso era otra pared.

[…] para el efecto de poder penetrar la pared del baño (en donde se encontraba el toallero), la Fuerza Pública debió destruir la pared colindante que delimitaba el ducto; para lograr tal efecto, Medicina Legal conceptuó en su informe técnico pericial, que el tipo explosivo utilizado fue diferente al utilizado en la demolición de las paredes colindantes de los entrepisos tercer y cuarto, cuyos daños fueron de gran magnitud; indicó igualmente que el tipo de explosivos utilizados en éste fue co n gran probabilidad del tipo plástico y dinamita. En lo concerniente a la demolición de las paredes del baño ubicado entre el segundo y tercer piso, Medicina Legal concluyó que posiblemente se utilizó cargas plásticas en un área reducida de la pared colindante exterior al ducto, y una vez hecho este boquete c on la misma pro- babilidad, se efectuaron disparos hacia la pared interior del ducto (es decir, la del baño en donde se encontraba el toallero) con ‘rockets’, o con las granadas de 90 mm disparadas por los tanques Cascabel. Acota el dictamen que este tipo de proyectiles tenían cargas huecas de gran poder explosivo y rompedor, las cuales produjeron la destrucción de la pared colindante, e hicieron el agujero en la pared del baño con proyección del toallero y de fragmentos metálicos (revestimiento del proyectil) hacia el interior del mismo, en donde se encontraban guerri- lleros junto con los rehenes. La descomposición de la carga explosiva utilizada produjo un ahumamiento, el cual se aprecia en uno de los boquetes abiertos.121

175. Sobre este hecho, el Juzgado 30 de Instrucción Criminal señala:

[…] el Sargento Segundo de la Escuela de Artillería, Ariel Grajales Bastidas, en su declaración juramentada rendida ante este Juzgado

manifestó que él disparó uno de los ‘rockets’ desde el costado oriental del segundo piso, contra la pared exterior de los baños, cumpliendo así con la orden impartida por el mayor Carlos Fracica Naranjo, también de la Escuela de Artillería. Sin embargo, el referido mayor Fracica en su declaración indicó que sólo se utilizaron explosivos para demoler algunos de los muros, con el in de ganar la posición interior del baño; agregó que se usaron granadas de fragmentación dirigidas hacia el entrepiso donde se localizaba el referido baño con el in de reducir la resistencia de la guerrilla, sin lograr tales propósitos.122

176. Al referirse al episodio del baño, el coronel Plazas Vega airmó: “En el baño entre el tercer y cuarto piso hubo enfrentamiento de las tropas de Fracica con los del M-19” y expresó que “en uno de los baños, pusieron una carga explosiva controlada por Ingenieros Militares, sin que se causara daño a los rehenes”.

177. Por su parte, el mayor Fracica relató que con una unidad de Ingenieros se hizo una brecha porque no podían ingresar por las escaleras; entonces, para poder penetrar allí, se dio el enfrentamiento, lo que “fue útil, porque si no, no hubieran podido llegar allá”. Airma, sin embargo, que no sabe quién dio la orden, que quienes estaban ahí eran los del Batallón Guardia Presidencial,123 que disparaban desde el cuarto piso hacia el baño, y los

de Artillería, que “presionaban hacia arriba”. Así mismo, airma el Mayor que cuando él llegó al baño, todos estaban muertos. “Eran como unas 8 a 12 personas muertas en el baño”.

178. En el momento de la explosión, dentro de un espacio tan reducido, con un número tan alto de personas en su interior, el pánico y el desconcierto fueron totales. Algunos testigos atribuyen a esa explosión las muertes de Luz Stella Bernal y Aura de Navarrete; otros airman que ellas y otras personas murieron debido a disparos efectuados a través del mencionado hueco por soldados o policías, y unos más airman que las muertes dentro del baño fueron ejecutadas por los guerrilleros.124

122 Ibíd, p. 20.

123 Sin embargo, el coronel Bernardo Ramírez Lozano, comandante del Batallón Guardia Presidencial, señaló reiteradamente que ellos únicamente participaron en la operación inicial en el sótano. Coincide con su airmación lo expresado por el coronel Plazas Vega y el general Arias Cabrales en relación con la distribución de responsabilidades en la operación, según la cual el Batallón Guardia se ocuparía del sótano, y la Escuela de Artillería, con el apoyo de Ingenieros Militares, de los pisos tercero y cuarto.

179. La Comisión de la Verdad, después de haber escuchado los testi- monios de numerosos sobrevivientes de los hechos del baño, considera que, en ese momento, como producto de la violenta e inesperada explosión en la pared oriental del baño, acompañada de ráfagas de disparos desde el exterior, se produjo una inmediata reacción de los guerrilleros que dispararon sus armas contra algunos rehenes que se encontraban en el baño, entre otros, según sus propias versiones, Hernando Tapias Rocha y Nemesio Camacho Rodríguez, quienes quedaron gravemente heridos.

180. Darío Quiñones recuerda que en ese momento, “en la oscuridad total, hubo una explosión dentro del baño que alcanzó a perforar una pared que daba hacia los lavamanos. Fue tan fuerte que lanzó el secador de manos. Simultáneamente con eso sí hubo disparos dentro del baño”. A raíz de esa explosión y esos disparos murió Aura de Navarrete, la auxiliar de Álvaro Orejuela Gómez, quien estaba situada al lado de Darío Quiñones.

181. En las escaleras la balacera era intensa, y venía acompañada de granadas de fragmentación que lanzó el Ejército hacia el descanso del entrepiso buscando acceso al baño. Andrés Almarales, presagiando el desenlace, reorganizó a los rehenes. Les ordenó sentarse en el piso. En la primera ila frente a los rebeldes, los Magistrados y Consejeros. Detrás, los demás funcionarios descendiendo en orden de jerarquía. Los guerrilleros se colocaron en el muro del costado norte y les apuntaron con las armas. En medio de la tensión general, la explosión sacudió el costado oriental del baño. Casi simultáneamente se “efectuaron dis- paros hacia la pared interior del ducto (es decir la del baño) con rockets (lanzacohetes At-M72 A-2) o con granada de 90 mm disparadas por los tanques Cascabel”, según el dictamen técnico de Medicina Legal, ratiicado testimonialmente por miembros del Ejército. El toallero sobre el mesón del lavamanos muro oriental se desprendió. Bajo éste, la carga explosiva abrió un hueco de 24 × 18 cm, a una altura de 31 cm del piso. Los rehenes se cubrieron la cabeza con los brazos. Tres rehenes murieron instantáneamente y otros diez resultaron heridos con esquirlas o balas.

182. Es posible que una vez activado el explosivo plástico […] se rea- licen disparos posteriores con rockets… o en su defecto con granadas de cañón de 90 mm disparadas por los tanques Cascabel, proyectiles que contienen cargas huecas de alto poder explosivo y rompedor […] las cuales produjeron el agujero en boquete con proyección de fragmentos metálicos hacia el interior del baño […] las cuales pudieron producir lesiones a las personas que allí se encontraban, a

la vez que produce despotramiento y expulsión del toallero hacia la parte interior.125

183. En ese momento, los retenidos rogaron a Almarales que los dejara salir, a lo cual se negó inicialmente. Ante las súplicas de los cautivos y en especial las de sus propias compañeras del M-19, accedió a que primero salieran las mujeres. Fue cuando las guerrilleras Irma Franco Pineda y Clara Helena Enciso despojaron de sus prendas de vestir a empleadas judiciales que habían fallecido, se camularon entre las rehenes y salieron con ellas. Después Almarales dijo: “Los que quedamos nos morimos todos”, pero después replicó: “Salgan los heridos”. Finalmente, después de ellos, salieron los demás cautivos.

184. Siete de los rehenes que se encontraban en el baño perdieron la vida dentro del Palacio de Justicia: los magistrados Manuel Gaona Cruz y Horacio Montoya Gil, al momento de salir del baño; el magistrado auxiliar Lisandro Romero, la abogada auxiliar Luz Estella Bernal, la auxiliar judicial Aura Nieto de Navarrete y los conductores José Eduardo Medina Garavito y Luis Humberto García.

185. Al inal de los hechos apareció el cadáver del magistrado auxiliar Carlos Horacio Urán, pero se identiicó que él había salido con vida del Palacio de Justicia. Por su importancia y especialidad, a este tema se referirá la Comisión de la Verdad en el siguiente capítulo.126

186. En el baño, además de un total aproximado de 60 rehenes,127

había inicialmente entre 10 y 12 guerrilleros, incluidas 3 mujeres; además, 3 de los hombres estaban heridos, entre ellos Almarales, en una pierna.128

187. La mayoría de los entrevistados coinciden en airmar que no hubo agresión verbal ni física de parte de los guerrilleros, quienes instruían

125 Jimeno, óp. cit., pp. 166-168. 126 Véase Capítulo V.

127 Es un número aproximado, de acuerdo con el listado elaborado por el Tribunal Especial, en Serrano y Upegui, óp. cit. y las declaraciones recibidas por la Comisión de la Verdad. La Co- misión de la Verdad considera que ese número de personas no es, necesariamente, exacto, dado que el reducido espacio y las condiciones hacían muy difícil determinar quiénes, efectivamente, permanecieron en el baño durante la noche del 6 de noviembre y buena parte del día siguiente. Sin embargo, no cuenta la Comisión con información adicional que le permita plantear, por ejemplo, que personas a la postre fallecidas o desaparecidas pudieran haberse encontrado en el baño durante la toma, hipótesis que, en todo caso, no se descarta.

a los rehenes sobre cómo protegerse frente a las explosiones y gases.129 No

obstante, la Comisión recibió el testimonio de Carmen Elisa Mora Nieto, quien sobrevivió a los hechos del baño y narró el siguiente episodio que da cuenta del maltrato verbal que recibió el magistrado de la Sala Constitucional de la Corte Suprema:

El doctor Gaona pedía hablar con Almarales. En algún momento de la noche llegó Almarales y ya él está ahí todo el tiempo con nosotros. El doctor Gaona le pide en varias oportunidades que se rindan, o que se trata de hablar con él, para decirle que eso no tiene ningún sentido, que él quiere ver a su hijo o hija, era un bebé, y le pedía por favor que le permitiera ver crecer a su hijo. Almarales gritaba y le decía: “¡Cállese, magistrado!”. Le gritaba: “¡Cállese, magistrado no sé qué, cállese!”, y amenazaba con el arma… Le pedía que se callara, “¡Cállese, magistra- do”, y él trataba de no ver sus sentimientos, o algo así, y le molestaba.130

188. Como se señaló, Hernando Tapias Rocha, Nemesio Camacho Rodríguez y Humberto Murcia Ballén coinciden en airmar que cuando el Ejército abrió el boquete en el baño, los guerrilleros se pusieron nerviosos y empezaron a disparar, con lo cual les causaron heridas de gravedad a los dos primeros.

189. El 7 de noviembre en la mañana se registró: “[…] hace tres mi- nutos fueron introducidos a un carro militar los 7 conductores que fueron rescatados del interior del Palacio de Justicia; son los conductores de Ma- gistrados y Consejeros de Estado que son llevados a la Brigada de Institutos Militares para rendir la correspondiente declaración ante los investigadores castrenses”.131 Llama la atención de la Comisión el hecho de que en la ma-

ñana del segundo día se estuviesen evacuando rehenes que se encontraban en el sótano, bajo control de las Fuerzas Militares desde muy temprano el día anterior, así como su traslado en vehículos y a instalaciones militares. Una de estas personas, el señor Aristóbulo Rozo, describió a la Comisión su traumática experiencia, que se analizará posteriormente.132

129 Darío Quiñones, Reynaldo Arciniegas, Amanda Leal, Hernando Tapias Rocha. 130 Entrevista con la Comisión de la Verdad.

131 Transcripciones de grabaciones de radio y, en particular, de RCN, citadas en la resolución de acusación de la Fiscal 4ª Delegada ante la Corte Suprema de Justicia del 20 de enero de 2009 en contra de Iván Ramírez y otros, p. 132.

190. Cuando la evacuación de los rehenes culminó, “el Ejército entró y acabó con los que estaban adentro”.133 Los testigos coincidieron en airmar

que al momento de la denominada Operación Rastrillo, los guerrilleros contaban con muy escasas municiones, hasta el punto de que, según re- lataron algunos testigos, algunos quemaron sus documentos y expresaron sentimientos de dolor y arrepentimiento.134

191. El número de insurgentes apertrechados allí no es claro: además de Almarales, había dos guerrilleros heridos, uno de los cuales era el pana- meño Diógenes Benavides Martinelli, quien se encontraba gravemente herido en un brazo;135 estaban tres mujeres, de las cuales dos salieron con

vida del Palacio, y dos hombres más.136 Todos ellos murieron en circunstan-

cias aún no esclarecidas y sus cadáveres fueron remitidos a una fosa común, hecho que se analizará más adelante.137

192. La forma como se produjo la muerte de Manuel Gaona, ha sido objeto de no pocas especulaciones. De él se ha dicho desde que murió a manos del Ejército, recibiendo incluso un “tiro de gracia”, hasta que fue sacado con vida, torturado y ejecutado afuera, para luego devolver su cadáver al interior del Palacio, donde se le practicó la diligencia de levantamiento.138

193. Lo primero, a contrapelo de lo que con precisión exponen varios testigos presenciales, se ha querido fundamentar con un meticuloso examen de las lesiones que describe el protocolo de necropsia, siguiendo la aparente trayectoria de los proyectiles y cotejándola con la supuesta posición que al momento de los disparos tenían tanto Gaona Cruz, los guerrilleros que lo sometían a cautiverio y el Ejército que luchaba por ingresar al baño, donde ofrecía resistencia el último reducto del M-19 con un elevado número de rehenes en su poder.

194. Esta hipótesis, si bien fundada en un interesante análisis de balísti- ca, pierde solidez cuando se advierte que las posiciones de quienes supuestamente hicieron los disparos letales que se toman como referentes son conjeturales, y que el orden en que éstos se sucedieron no tiene comprobación empírica, amén de que las conclusiones a que se llega están en franca contradicción con las

133 Hernando Tapias Rocha. 134 Gabriel Salom y Aydée Anzola.

135 Algunos rehenes confunden a uno de ellos con Alfonso Jacquin. 136 Serrano y Upegui, óp. cit.

137 Véase Capítulo V.

versiones unívocas, convergentes y responsivas de los testigos presenciales del asesinato.

195. En efecto, el abogado Gabriel Salom, ante el Tribunal Especial, reirió así las circunstancias en las que fue mortalmente herido Gaona:

Manuel Gaona me tomó a mí de la mano y empecé a salir con él y con otro Magistrado [al] que no le vi la cara, porque no podía yo caminar, yo me arrastraba y ya en la puerta del baño nos dijo el comandante: “Tranquilos que a ustedes no les va a pasar nada, ya que son mi última salvación”. También le oí en forma confusa que el comandante decía que había perdido su última carta. Segundos después y siguiendo en la misma posición de sentados en el suelo, oí nuevamente que Manuel Gaona le daba las gracias por tomar tan sensata decisión, es decir, porque al parecer se iban a rendir y nosotros íbamos a ser los rehenes que en cierto modo los íbamos a proteger. Sin embargo cuando nos dijo que siguiéramos recostados muy cogidos de la mano, sentados en el corredor, Manuel le dijo que eso no podía ser, que nosotros no íbamos a ser carne de cañón, porque nos iban a sacar donde estaba el fuego cruzado, que eso no podía ser porque de todas maneras nos iban a matar y fue en ese momento y sin habernos movido de nuestro sitio cuando empezaron a disparar contra nosotros y sentí un fuerte golpe en la espalda, que me botó hacia el rincón y en seguida pesadamen- te cayó sobre mi cabeza la de Manuel Gaona, quien manaba por la misma gran cantidad de sangre. También en ese momento sentí los primeros impactos de bala en mis piernas, toda vez que inicialmente sentí unos fuertes corrientazos y un calor extraordinario para perder posteriormente toda sensibilidad en las mismas. En esta posición, es decir, debajo de Manuel Gaona, permanecí yo creo que por espacio de una hora y pude advertir que Gaona estaba exangüe.

196. Como claramente se desprende de este relato, lo que pretendía el guerrillero del M-19 conocido como “comandante”, al ordenarles a Salom y Gaona “que siguiéramos recostados muy cogidos de la mano”, no era otra cosa que servir de escudos humanos ante el Ejército, que estaba apostado en las escaleras. Por eso, según el testigo, Gaona reaccionó y se opuso a que los utilizaran como “carne de cañón, porque nos iban a sacar donde estaba el fuego cruzado, que eso no podía ser porque de todas maneras nos iban a matar y fue en ese momento y sin habernos movido de nuestro sitio cuando empezaron a disparar contra nosotros…”.

197. Así pues, si estos rehenes se negaron a salir como lo ordenaba el guerrillero, obviamente nunca estuvieron en la línea de fuego del Ejército, porque “nosotros no íbamos a ser carne de cañón”, ni iban a salir “donde