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DATA INTERPRETATION AND REPORTING

In document FIELD ANALYSIS MANUAL (Page 37-51)

B. INTERFERENCES AND LIMITATIONS 1 Restrictions of Method

VI. DATA INTERPRETATION AND REPORTING

La toma de palabra es siempre una toma de la palabra de los otros o, más bien, de su silencio.

Homo academicus, 1984

En enero de 1971, Pierre Bourdieu dicta en Arrás una conferencia titulada « L’opinion publique n’existe pas», que dos años más tarde Les Temps Modernes publicará en versión revisada[52]. Ese texto es fundacional en varios aspectos: la crítica que efectúa a los sondeos de opinión y a su uso apunta simultáneamente a los investigadores que los realizan y a los políticos que hacen de ellos un argumento de autoridad[53]. La consideración de las no-respuestas en los sondeos plantea el problema de las competencias necesarias para hablar de política y de la desposesión sufrida por aquellos que se remiten a delegados mandatados para representar su palabra política (véanse «La opinión pública» y «Dar la palabra a la gente sin palabra», en este volumen). Esta crítica sorprende en un primer momento a los politólogos, que inicialmente aceptan su principio sobre una base metodológica antes de reaccionar sobre bases políticas, como lo expresó uno de ellos, diez años más tarde:

En el proceso abierto contra los sondeos en nombre de la democracia, me sitúo resueltamente del lado de la defensa. Sin duda alguna, eso obedece a mi concepción de la democracia, que es incurablemente liberal. […] Es una concepción que descansa en mi fe en el sufragio universal. […] Las principales críticas formuladas a los sondeos de opinión podrían igualmente ser utilizadas contra el sufragio universal. […] En los dos casos, se desconfía de las «mayorías silenciosas» en nombre de las minorías que son las únicas que saben «lo que quiere decir hablar[54]».

Además, la crítica de los usos politológicos de «la opinión pública» constituye, según Bourdieu, una defensa de la autonomía de la sociología en el momento mismo en que los investigadores se ven subordinados a las demandas políticas y administrativas, cada vez más dominados por un polo de investigación aplicada cuyo principal representante, en los años de 1970, es Jean Stroetzel, entonces en posición dominante: profesor en París (donde enseña psicología social), dirige el Centro de Estudios Sociológicos y el Instituto Francés de Opinión Pública (IFOP) que ha desarrollado la técnica de los sondeos, importada de los Estados Unidos; controla el ingreso al Centro Nacional de Investigación Científica (CNRS) así como la Revue

Française de Sociologie, una de las cuatro grandes revistas que a la sazón marcan el rumbo de las ciencias sociales[55].

En cuanto a los fundamentos políticos de la crítica, Pierre Bourdieu formula sus términos en una conferencia pronunciada en la Asociación Francesa de Ciencias Políticas en noviembre de 1973, en que retoma la distinción realizada por Durkheim entre un sufragio que resulta de una simple adición de votos individuales y aquel que expresa «algo colectivo». Es cuestión de hacer comprender que «el principio esencial y más oculto de la desposesión reside en la sumatoria de las opiniones». De hecho, es la relación entre la opinión y el modo de existencia del grupo social lo que debe llamar la atención, lo que explica la importancia de las nuevas formas de manifestaciones políticas (sentadas, boicots, etc.) en las cuales los grupos movilizados resisten a la desposesión de su palabra. Por estos motivos, a partir de este período Bourdieu considera necesaria una alianza entre investigadores y militantes: develando los resortes ocultos de la dominación, el análisis científico es pasible de convertirse en un instrumento de emancipación al servicio del movimiento social.

La filosofía liberal identifica la acción política con una acción solitaria, e incluso silenciosa y secreta, cuyo paradigma es el voto, la «compra» de un partido en el secreto del cuarto oscuro. Al hacer esto, reduce el grupo a la serie, la opinión movilizada de un colectivo organizado o solidario con una sumatoria estadística de opiniones individuales expresadas. Pensamos en la utopía de Milton Friedman quien, para captar el punto de vista de las familias respecto de la escuela, propone distribuir bonos que permitan comprar servicios educativos proporcionados por empresas competidoras. […] La acción política se ve reducida a una forma de acción económica. La lógica del mercado o del voto, es decir, la sumatoria de estrategias individuales, se impone siempre que los grupos son reducidos al estado de agregados o, si se prefiere, desmovilizados. En efecto, cuando un grupo es reducido a la impotencia (o a estrategias individuales de subversión, sabotaje, derroche, morosidad, protesta aislada, ausentismo, etc.) porque no tiene poder sobre sí mismo, el problema, común a todos sus miembros, es un malestar que no puede constituirse como problema político. […] El problema político radica entonces en saber cómo dominar los instrumentos que tuvieron que ser puestos en acción para dominar la anarquía de las estrategias individuales y producir una acción concertada. ¿Cómo puede el grupo dominar la opinión expresada por el portavoz, que habla en nombre del grupo y a su favor, pero también, en su lugar? […] El modo de producción atomístico y sumatorio, caro a la visión liberal, favorece a los dominantes que tienen interés en el laissez-faire y pueden contentarse con estrategias individuales (de reproducción) porque el orden social, la estructura, juega a su favor. Por el

contrario, para los dominados las estrategias individuales, de protesta, derroche, morosidad, etc., y todas las formas de la lucha de clases cotidiana son poco eficaces. Sólo pueden existir estrategias eficaces si son colectivas, y si, por consiguiente, suponen estrategias de construcción de la opinión colectiva y de su expresión[56].

La legitimidad intelectual que los sondeos, «esta ciencia sin sabios», dan a los mecanismos de dominación constituye, para el autor, el fundamento de su crítica a los «doxósofos», esos profesionales de la fabricación de la opinión que producen una ideología conforme a los intereses de los dominantes (véase «Los doxósofos», en este volumen). Por ende, según él la crítica política debe ir acompañada por una sociología de los intelectuales que se utilice como un arma simbólica contra las justificaciones seudocientíficas del orden social (véase «Los intelectuales en las luchas sociales», en este volumen). Esa iniciativa no está exenta de generar resistencias, como lo testimonia la constancia de los argumentos expresados (especialmente sobre el tema del determinismo) en la polémica que opone al sociólogo con ciertos intelectuales marxistas (La Nouvelle Critique) y cristianos de izquierda (Esprit) (véase «Felices los pobres de Esprit», en este volumen).

Los doxósofos

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