Pierre Lévy trabaja las tecnologías e, indirectamente, la Sociedad de la Información a partir de dos conceptos claves, el del ciberespacio como universo no totalizador y el de inteligencia colectiva. Por un lado, el ciberespacio visto como un universal no totalizador refleja la idea de la diversidad de la red. Un espacio abierto a todas las personas, a los diferentes puntos de vista que pueden plantear personas con un bagaje cultural y social muy diferente. Como consecuencia de este espacio abierto y plural, el conocimiento continuamente está en elaboración. Una creación de conocimientos que no es producto únicamente de una persona o colectivo, sino que es el resultado de la interacción entre las diversas personas que forman parte de él. Esta idea es la que se recoge en el concepto de inteligencia colectiva. A continuación se analizan con más detenimiento estas dos ideas y cuáles son las repercusiones en el desarrollo de la tesis.
El ciberespacio como universo no totalizador
La red es universal porque cada vez son más las personas que acceden a ella. Al aumentar el número de personas que acceden, los contenidos aumentan así como los temas que tratan. La red se diversifica por lo que la presencia de un colectivo que la dirija es imposible. La red se convierte así en un espacio plural donde todas las personas y colectivos tienen cabida y todos participan desde un plano horizontal, sin grupos o personas que controlen los contenidos que en ella se encuentran o que limiten su acceso. Es por estos motivos que Lévy califica el ciberespacio de “universal no totalizador”:
En aquesta proposta, “l’Universal” vol dir la presencia virtual de la humanitat per ella mateixa. L’universal conté l’aquí i l’ara de l’espècie, el seu punt de trobada, un aquí i un ara paradoxals, sense lloc ni temps clarament assignables.[...] Què és ara, la totalitat? Es tracta, en el meu llenguatge, de la unitat estabilitzada del sentit d’una diversitat [...], és a dir, d’un tancament semàntic englobador (Lévy 1997: 203).
[En esta propuesta, “el Universal” quiere decir la presencia virtual de la humanidad por ella misma. El universal contiene el aquí y el ahora de la especie, su punto de encuentro, un aquí y un ahora paradójicos, sin lugar ni tiempo claramente asignables. [...] ¿Qué es ahora, la totalidad? Se trata, en mi lenguaje, de la unidad estable del sentido de una diversidad [...], es decir, de un cierre semántico englobador (Lévy 1997:203)]
Pero la no-existencia de límites o la pluralidad de contenidos no significa que los efectos de la red en la sociedad sean positivos o negativos. Para Lévy, los efectos de la red en la sociedad son neutros: la red tiene repercusiones en la vida política, económica y social de los individuos pero estos efectos serán los que los mismos individuos decidan:
L’ecologia de les tècniques de comunicació proposa, els actors humans disposen. Són ells els que decideixen, en última instància, de manera deliberada o en la semiconsciència dels efectes col·lectius, sobre l’univers cultural que construeixen junts. (Lévy 1997: 91)
[La ecología de las técnicas de comunicación propone, los actores humanos disponen. Son ellos los que deciden, en última instancia, de manera deliberada o en la semiconsciencia de los efectos colectivos, sobre el universo cultural que construyen juntos. (Lévy 1997: 91)]
El ciberespacio se irgue en sistema de sistemas, pero, precisamente por este hecho, también es el sistema del caos. Aunque el caos de Lévy es muy diferente del que definen los autores postmodernos. El caos que atribuye al ciberespacio se debe al hecho de que precisamente por su carácter abierto y plural permite que convivan tendencias opuestas:
[...] no podem, com fa sovint la “crítica”, reduir l’adveniment d’un nou espai de comunicació a l’acceleració de la mundialització econòmica, a l’accentuació de les dominacions tradicionals, ni tan sols a l’aparició de formes inèdites de poder i explotació. Cal tenir en compte que el ciberespai també es pot posar al servei del
desenvolupament individual o regional, es pot fer servir per a participar en processos emancipadors i oberts d’intel·ligència col·lectiva. A més, totes dues perspectives no s’exclouen necessàriament. Fins i tot poden, en un univers cada cop més interconnectat i independent, ajudar-se l’una a l’altra. [...] tot el dinamisme de la cibercultura es basa en l’arrencada i el manteniment d’una veritable dialèctica de la utopia i del negoci. (Lévy 1997: 179)
[[...] no podemos, como a menudo hace la “crítica”, reducir el advenimiento de un nuevo espacio de comunicación a la aceleración de la mundialización económica, a la acentuación de las dominaciones tradicionales, ni tan siquiera a la aparición de formas inéditas de poder y explotación. Hay que tener en cuenta que el ciberespacio también se puede hacer servir para participar en procesos emancipadores y abiertos de inteligencia colectiva. Además, las dos perspectivas no se excluyen necesariamente. Incluso pueden, en in universo cada vez más interconectado e independiente, ayudarse la una a la otra. [...] todo el dinamismo de la cibercultura se basa en el arranque y mantenimiento de una verdadera dialéctica de la utopía y del negocio. (Lévy 1997:179)]
Para Lévy, la tendencia de la red es cada vez más a convertirse en espacios más universales que eviten la totalización por parte de unos individuos. Y esto es así por un doble motivo: en primer lugar, por la naturaleza inherente de la red. El diseño abierto de la red al igual que la coherencia funcional, organizativa y operativa de los otros sistemas garantiza la posibilidad de una progresión hacia la universalización. El segundo motivo vuelve a estar en la decisión de las personas que diseñan la red para que prime el valor de la universalidad en la red, universalidad que permita la interconexión general de las informaciones, de las máquinas y de los hombres.
El conocimiento es resultado de la interacción
El segundo concepto que P. Lévy desarrolla es el de inteligencia colectiva. Para Lévy (1997) la inteligencia colectiva es el conocimiento creado a partir de las interacciones entre las diferentes personas que establecen una relación a través de su conectabilidad al ciberespacio. La inteligencia colectiva es el principio más importante por el que se movilizan las personas que acceden al ciberespacio:
Precisament, l’ideal que mobilitza la informàtica ja no és la intel·ligència artificial (fer una màquina tan intel·ligent com l’home, fins i tot més intel·ligent que no pas
ell) sinó la intel·ligència col·lectiva, és a dir, la valoració òptima i la posada en sinergia de les competències, les imaginacions i les energies intel·lectuals, siguin quines siguin la diversitat qualitativa i en qualsevol indret on se situïn. (Lévy 1997:132)
[Precisamente, el ideal que moviliza la informática ya no es la inteligencia artificial (hacer una máquina tan inteligente como el hombre, incluso más inteligente que no él) sino la inteligencia colectiva, es decir, la valoración óptima y la puesta en sinergia de las competencias, las imaginaciones y las energías intelectuales, sean cuales sean la diversidad cualitativa y en cualquier lugar donde se sitúe. (Lévy, 1997:132)]
En este concepto convergen tres cuestiones entrelazadas de suma importancia: por un lado, implica la superación de paradigmas que sitúan la inteligencia en función de la adquisición de unas habilidades académicas determinadas; por otro lado, da lugar al desarrollo de un nuevo paradigma que contenga nuevas habilidades vinculadas a este tipo de inteligencia y que permitan la inclusión de un mayor número de personas y, por último, cuestiona la monopolización del saber en unos “expertos”. Las tecnologías de la información y la comunicación adquieren muchas de las funciones cognitivas humanas como la de memoria, imaginación y percepción que hace cuestionar las formas clásicas de aprendizaje. Este hecho implica modificar las competencias de las personas basadas en la memorización y reproducción de los conocimientos adquiridos en un momento determinado por unas competencias más basadas en la creación y renovación continua de nuevos conocimientos y en las habilidades para la transmisión y comunicación constante entre personas. El conocimiento ya no consiste en aprender una serie de habilidades y competencias en varias instituciones académicas (escuela, instituto, universidad, etc.) y por un momento determinado de nuestra vida que luego nos servirá para aplicarlo en nuestro lugar de trabajo sino que se renueva constantemente gracias a la incorporación de nuevos saberes que introducen y comunican personas desde las diversas partes del globo. Lo que aprendemos ya no puede ser planificado ni definido con precisión por adelantado, por lo tanto, hace falta hace falta elaborar nuevos modelos que tengan en cuenta lo que la sociedad está demandando:
El que cal aprendre ja no pot ser planificat ni definit amb precisió per endavant. Els recorreguts i els perfils de competències són singulars I cada cop es poden canalitzar menys en programes o cursos vàlids per tothom. Cal que construïm
nous models de l’espai de coneixements.[...] cal que preferim d’ara endavant la imatge d’espais de coneixements emergents, oberts, continus, en flux, no lineals, que es reorganitzen segons els objectius o els contextos i en què cadascú ocupa una posició singular i evolutiva. (Lévy 1997:124)
[Lo que hace falta aprender ya no puede ser planificado ni definido con precisión por adelantado. Los itinerarios y los perfiles de competencias son singulares y cada vez se pueden canalizar menos en programas o cursos válidos para todos. Hace falta que construyamos nuevos modelos del espacio de conocimientos.[...], hace falta que prefiramos de ahora en adelante la imagen de espacios de conocimiento emergentes, abiertos, continuos, en flujo, no lineales que se reorganicen según los objetivos o los contextos y en los que cada uno ocupa una posición singular y evolutiva. (Lévy 1997:124)]
En la Sociedad de la Información, el conocimiento es construido por todo tipo de personas. Personas que poseen unas habilidades y capacidades muy diferentes, procedentes de diversos contextos culturales y sociales y que, a través de su participación en el ciberespacio, crean, transmiten, transforman y difunden continuamente nuevo conocimiento. El conocimiento es, en definitiva el producto de diferentes interacciones. Y por este motivo, el conocimiento ya no es posible que lo domine una sola persona o un colectivo de personas:
Avui en dia, és ben evident, tangible per a tothom, que el coneixement ha passat definitivament a la banda d’allò intotalitzador, d’allò que no es pot dominar del tot. (Lévy 1997:127)
[Hoy en día, es muy evidente, tangible para todas las personas, que el conocimiento ha pasado definitivamente a la banda de lo intotalizador, de lo que no se puede dominar del todo. (Lévy 1997:127)]
En efecto, si hacemos un rápido recorrido histórico, se puede observar la imposibilidad de que una sola persona abarque el conocimiento total en todas las disciplinas científicas. Aquel ideal renacentista de hombre sabio que tan bien representaron Leonardo da Vinci, Michelangelo o Rafael, hombres expertos en ciencias que iban desde la ingeniería al arte y maestros en diversas escuelas donde se difundían sus conocimientos. Este espíritu va a intentar ser retomado siglos después por seguidores suyos como Diderot o D’Alambert con la elaboración de la
Enciclopedia y con el nacimiento de las grandes ciencias. Pero el modelo humanista
descubrimiento progresivo de la diversidad, el proyecto de dominio de los conocimientos por parte de un grupo reducido de personas se hace cada vez más ilusorio. Actualmente, con la rapidez de cambios que se están produciendo en las diversas partes del mundo y la transmisión de conocimientos a través del ciberespacio es imposible que una persona o colectivo de personas domine toda la información.
El saber, por tanto, se desmonopoliza, ya no va a depender de sabios o intelectuales que poseían el conocimiento (o parte de él) y que definían qué se consideraba como tal, sino que regresa a las personas que están conectadas al ciberespacio:
La relació intensa amb l’aprenentatge, amb la transmissió i amb la producció de coneixements ja no es reserva a una elit, sinó que ara ja incumbeix la massa de persones en la seva vida quotidiana i en la seva feina.(Lévy 1997:137)
[La relación intensa con el aprendizaje, con la transmisión y con la producción de conocimientos ya no se reserva a una elite, sino que ahora ya incumbe a la masa de personas en su vida cotidiana y en su trabajo. (Lévy 1997:137)]
Y es a través de la generación conjunta de conocimiento que las personas que participan en el ciberespacio se sienten unidas y en interacción las unas con las otras. De esta forma, los individuos superan su desvalidez en el ciberespacio: detrás de las páginas web que se consultan, de los boletines electrónicos, de los correos electrónicos existen personas que los crean y que están transmitiendo conocimiento. Este hecho pensado de esta manera hace que las personas no tengan la sensación de estar delante de un ordenador recibiendo información a transmitiéndola a otros ordenadores sino que está comunicándose. Igual que al realizar una llamada de teléfono sabemos que nos responde una persona que está al otro lado del aparato, al escribir un mensaje por correo electrónico, nos estamos dirigiendo a una persona y no a un ordenador:
La interconnexió afavoreix els processos d’intel·ligència col·lectiva en les comunitats virtuals i, gràcies a això, l’individu se sent menys desvalgut davant el caos de la informació. (Lévy 1997: 131-132)
[La interconexión favorece los procesos de inteligencia colectiva en las comunidades virtuales y, gracias a eso, el individuo se siente menos desvalido delante del caos de la información. (Lévy 1997: 131-132)]
Para concluir este concepto de inteligencia colectiva, Lévy hace referencia a su indeterminación. Aunque la inteligencia cultural es para Lévy el principio espiritual y también fin último de la utilización en el ciberespacio, no es fácil conseguir su plena realización. La inteligencia cultural es resultado de las interacciones que se producen entre las diversas personas que participan en el ciberespacio, por lo tanto, son ellas las que tienen que decidir hacia dónde se encaminan. Y para Lévy hay tres ámbitos en los que hay que plantear y decidir, entre todas las personas que forman parte, hacia dónde se orientan: aportaciones de conocimiento (realizadas desde el colectivo en un plano de igualdad o desde la individualidad y subordinándose a un poder central), repartición de recursos disponibles (acceso y división de recursos desde los diferentes colectivos o apropiación individual en función de sus aportaciones a la red) y coordinación (quién y de qué forma se coordina el ciberespacio). Son preguntas con múltiples respuestas que es necesario concretar y acordar porque, si no se resuelven, pueden causar fracturas en el seno del ciberespacio.
En conclusión, el concepto de inteligencia colectiva es importante porque recoge la idea de creación de conocimiento a partir de la interacción entre las diferentes personas, establecido a partir de la diversidad de voces y desde los diferentes aprendizajes. Existen en él tres propuestas inherentes que se convierten en sus bases: (1) la inteligencia colectiva y los dispositivos técnicos que la hacen posible no se pueden decretar ni imponer por parte de ningún poder central ni por parte de administradores o expertos separados. Los beneficiarios también son los responsables. Su funcionamiento solo puede ser progresivo, integrador, inclusivo y participativo; (2) la inteligencia colectiva es más bien un problema abierto que no una solución definitiva, se trata de una cultura por inventar y no tanto un programa por aplicar y (3) la existencia de dispositivos técnicos no garantiza de ninguna forma que sólo se actualizaran las virtudes positivas desde el punto de vista del desarrollo humano, ante la existencia de proyectos aparentemente contradictorios no siempre se va a llevar a cabo el más positivo para las personas sino que pueden existir simultáneamente o se pueden complementar.
El desarrollo de este concepto por parte de Lévy es muy importante ya que, inherente en él, se encuentra la consideración de que todas las personas tenemos iguales capacidades para aportar conocimientos a partir de la utilización de las
tecnologías de la información y la comunicación y de su aplicación en el ciberespacio. No existen personas culturalmente más inteligentes y culturalmente menos inteligentes.
Aprendizaje cooperativo
Pierre Lévy aplica la noción de inteligencia colectiva en diferentes ámbitos de la sociedad. Los que aquí se van a desarrollar, por sus repercusiones posteriores en la tesis, son en el ámbito educativo y en el de la participación política en la red. Con relación al primero, Lévy habla de aprendizaje cooperativo, y con relación al segundo, potencia la democracia electrónica.
La demanda de formación crece tanto cuantitativamente (cada vez son más las personas que la piden) como cualitativamente (las personas piden un aprendizaje diversificado y personalizado, basado en la posibilidad de buscar la información recorriendo a la navegación por el ciberespacio). El crecimiento de una demanda de calidad dentro de un contexto de sociedad da la información implica un replanteamiento del tipo de aprendizaje. Pierre Lévy propone la necesidad de llevar a cabo grandes reformas en los sistemas de educación y de formación y encaminarse hacia un nuevo estilo de pedagogía. Para él, esta nueva pedagogía debe incluir tres elementos: debe encaminar el aprendizaje hacia un modelo que sea personalizado y cooperativo a la vez, debe incluir un aprendizaje a través de la red y tiene que implicar un reconocimiento de las adquisiciones previas de las personas. Como ejemplos de los dos primeros elementos existen actualmente aplicaciones educativas de aprendizaje a distancia (OLD, open learning distance), una filosofía y modelo de educación que incluye el aprendizaje de conocimientos a través del uso del ciberespacio como aula y herramientas de trabajo y donde las personas aprenden mediante el intercambio de los conocimientos y experiencias con los otros participantes (tanto educandos como educadores). En este marco, el educador o educadora se convierte más en un dinamizador o dinamizadora para el intercambio de los conocimientos que en un dispensador de conocimiento.
El reconocimiento de la experiencia, tercer elemento a incluir en la reforma de las prácticas pedagógicas actuales, permite reconocer los conocimientos y habilidades previas adquiridos por las personas a lo largo de su trayectoria vital, es decir, tanto
académica o profesional como la obtenida por las prácticas de ocio, culturales, etc.. Cuando el conocimiento continuamente se transforma y ya no se genera únicamente en los ámbitos educativos, es necesario crear mecanismos que ayuden a la acreditación de los saberes que una persona posee y que orienten a las personas en sus trayectorias. Lévy (1997) atribuye esta misión de acreditación de competencias como una tarea a incorporar por los sistemas educativos:
Els sistemes educatius públics com a mínim cal que adoptin la missió d’orientar els trajectes individuals en el saber i contribuir al reconeixement del conjunt de les habilitats adquirides per les persones, incloent-hi els coneixements no
acadèmics. (Lévy 1997:124)
[Los sistemas educativos públicos como mínimo hace falta que adopten la misión de orientar los trayectos individuales en el saber y contribuir al reconocimiento del conjunto de las habilidades adquiridas por las personas, incluyendo los
conocimientos no académicos. (Lévy 1997:124)]
La negrita de esta cita remarca uno de las dos implicaciones directas que hace del elemento de reconocimiento de experiencia de Lévy el elemento más innovador y transformador dentro del paquete de medidas que propone para la elaboración de una nueva pedagogía. Además del reconocimiento de experiencias previas no necesariamente académicas, y como consecuencia de ella, la segunda implicación es la inclusión de más personas que acceden a la educación.
Las personas adquieren una serie de habilidades prácticas que desarrollamos en contextos de nuestra cotidianeidad, que tienen que ver con el saber hacer, con el