más recursos, sino por reducir nuestro consu- mo. Para ello hace falta desechar prácticas insostenibles que nos llevan a generar una gran cantidad de residuos, e incorporar una mayor eficiencia en nuestro uso de los recur- sos naturales.
La generación de basuras en España entre los años 1996 y 2003 aumentó en un cuaren- ta por ciento. La basura es sólo la punta del iceberg en el problema del uso de materiales ya que para obtener, por ejemplo, una bande- ja de madera de tilo de medio kilo de peso se necesitan utilizar dos kilos de ese mismo material. A esta cantidad de material necesa-
productos cuya durabilidad es cada vez menor. Parece que viviéramos en un mundo de usar y tirar.
La eficiencia
Evidentemente, para avanzar hacia un modelo más sostenible debemos comenzar por cambiar las pautas de consumo en los países ricos. El Club de Roma publicó recientemente un interesante estudio que, bajo el título de «Factor 4» concluía que puede mantenerse una buena calidad de
vida reduciendo hasta cuatro veces nuestro nivel de consumo de recursos. Ello puede conseguirse introduciendo medidas de efi- ciencia energética con tecnologías actual- mente en el mercado.
El mejor ejemplo de cómo podemos consu- mir de una manera más eficiente es el de la energía. Dos viviendas similares pueden tener las mismas prestaciones energéticas con diferencias brutales de consumo. Ello dependerá, por ejemplo, de si tienen instala- da iluminación de bajo consumo, electrodo- mésticos eficientes o si aprovechamos la energía solar pasiva. La cantidad de petróleo consumido anualmente en Estados Unidos y en Europa es muy similar, aunque la pobla- ción europea duplique a la norteamericana. Ello nos indica cómo el europeo medio con- sume la mitad de petróleo que el norteameri- cano medio, siendo mayor y mejor la calidad de vida en Europa.
La clave de esa diferencia de consumo de petróleo está en el transporte. En Estados Unidos —y por su influencia en muchos lugares de América— prácticamente no exis- te el transporte público, o es de escasa cali- dad. Esto obliga a los ciudadanos a utilizar el coche. Además, los bajos costes de la gaso- lina hacen que los vehículos sean especial- mente poco eficientes y tengan índices muy altos de consumo. Cómo nos transportamos es un elemento clave desde el punto de vista ambiental. En este momento las emi- siones de gases de efecto invernadero están aumentando esencialmente en el sector del transporte. Las medidas que desincentivan el coche, y promueven el transporte público, la bicicleta o ir a pie, son necesarias y cada vez se extienden más. Pero también pueden
ser impopulares en un principio. Es difícil encontrar alcaldes dispuestos a dificultar el acceso de los coches al centro, y esto pone sobre la mesa otra de las cuestiones clave para avanzar hacia la sostenibilidad: la nece- sidad de que la clase política asuma la defen- sa del interés colectivo de la protección ambiental, en vez de los intereses particula- res de unos pocos.
La tecnología
El debate ambiental no es sólo tecnológico sino que es también fundamentalmente una cuestión de valores. Poner límites a la extrac- ción de recursos o a la contaminación requie- re de la convicción compartida de que hay valores que están por encima del beneficio económico inmediato.
La tecnología debe ayudarnos jugando un papel fundamental en la evolución desde la actual era industrial basada en los combusti- bles fósiles, hacia una economía «libre de car- bono». Romper las inercias económicas y sociales que impiden su puesta en marcha es uno de los grandes retos del este comienzo de siglo.
Nuevamente el ejemplo más evidente es el de las energías renovables. La producción de energía proveniente de fuentes no fósiles ni nucleares está resuelto tecnológicamente. Actualmente, el principal obstáculo para su expansión masiva es el bajo coste del petró- leo. Esta situación está cambiando rápida- mente debido al aumento progresivo del pre- cio del barril de petróleo. Todo indica que esta tendencia de precios al alza continuará.
Aunque no fuera así, la necesidad de dotar- nos de energía de fuentes renovables es acu- ciante, ya que no podemos seguir acumulan- do dióxido de carbono en la atmósfera al ritmo que lo estamos haciendo. Sin lugar a dudas, el éxito de esta evolución hacia una nueva era dependerá de la capacidad de la humanidad de aprovechar de manera eficien- te y adecuada la energía solar.
Pero el sector energético no es el único que está a las puertas de un enorme cambio tec- nológico. La mayor parte de los sectores industriales se están viendo en la necesidad de cambiar radicalmente sus formas de pro- ducción si no quieren quedarse obsoletos. Uno de los sectores que más daño ha causa- do al medio ambiente a lo largo de los últimos cincuenta años, el químico, empieza a estu- diar la llamada química verde como alternati- va de producción diferente.
la agricultura ecológica es un sector en clara expansión. Ciertamente todavía es minorita- rio, aunque está ya dando el salto a los gran- des comercios y superficies.
Nuestro rol como consumidores es clave. Pero la influencia que tenemos en el mercado es, tal vez, la herramienta más importante para impulsar cambios.
Repensar las ciudades
Escribo estas líneas en un momento en que, por primera vez en la historia de la humanidad, la cantidad de personas que viven en las ciuda- des supera a las que viven en el mundo rural. Al mismo tiempo, las ciudades son grandes consumidoras de recursos, y las mayores