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Data Modeling Capabilities

In document IT Project Management Handbook pdf (Page 198-200)

Para aquellos que perciben a los conflictos de manera tradicional, es decir como algo intrínsecamente negativo, su solución se orienta a su contención, y eliminación, es decir a la derrota de una de las partes o la supresión de sus acciones o el encauzamiento forzado de los grupos a las normas dominantes. Este modelo de solución es el que ha primado en las intervenciones militares y también está presente en la cultura política de los miembros de partidos políticos, que en gobierno o en oposición demandan un enfoque de solución bajo las reglas del accionar político, es decir la negociación transaccional en un marco populista de actuación política que a través de la movilización de operadores políticos,

negocian “beneficios” que los líderes puedan mostrar a la población como logros a

cambio de la desmovilización. Ciertamente este enfoque es efectivo en el corto plazo pero insostenible en el mediano plazo y con el tiempo deriva en un escalamiento mayor.

El enfoque de transformación de conflictos, por el contrario, entienden a los conflictos como un producto de la interacción humana que avanza y a veces retrocede, que tiene ciclos y pasa de acumulaciones cuantitativas a cambios cualitativos que marcan nuevas etapas en pos de su transformación. En la cual surgen nuevos obstáculos pero también oportunidades para que los cambios sean sostenibles en el tiempo.

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Por lo tanto, la transformación de los conflictos supone la identificación de las causas por parte de las partes es decir de los recursos materiales y simbólicos que son el origen de la controversia. En segundo lugar, demanda el cuestionamiento a las dinámicas que mantienen vivos a los conflictos constituidos por las actitudes negativas que alimentan la disputa y que distorsionan la percepción sobre las causas de las mismas. Al mismo tiempo se hace necesario suprimir o reencauzar las respuestas que hacen que los conflictos escalen dejando de la lado la coerción o la violencia, sustituyendo por otras prácticas de cooperación y búsqueda de soluciones sobre los recursos en disputa.

En función a las teorías de las necesidades, podemos señalar que para la transformación de los conflictos es necesario identificar las necesidades humanas que no están siendo satisfechas por el acceso limitado a los recursos. Además, se busca que las partes no

centren su negociación basadas en “posiciones” pues precisamente las posiciones son estrategias que buscan la eliminación del otro, su negación o deslegitimar los intereses y demandas de las otras partes y por ello, su discusión en lugar de ayudar a la distensión y a llegar a puntos en común, lo que consigue es radicalizar la posición de la otra parte.

El enfoque de resolución de conflictos, señala la importancia de trabajar sobre la base del mutuo reconocimiento de las partes, de sus valores, de sus cosmovisiones (perspectiva intercultural), estilos de negociación y comunicación, la legitimidad de asegurar la satisfacción de las necesidades básicas. Basándose en la discusión de los intereses es que es posible negociar la mejor forma de lograr soluciones en las cuales ambas partes ganen y no que haya un perdedor y un ganador.

La literatura sobre transformación de conflictos pone mucho énfasis en los roles que el tercero que interviene debe ejercer, para nuestro estudio es importante discutir qué pueden y qué no pueden hacer los periodistas para la transformación de conflictos, esto pasa por entender cómo funcionan las intervenciones que transforman los conflictos eficientemente. Ficher (2004) plantea 4 funciones de las terceras partes,

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a.- Motivar a las partes. Para encontrar soluciones con una actitud productiva, creando una atmósfera para poder expresarse, y reduciendo la carga emocional contenida y buscando los aspectos y puntos en común que son la base para los acuerdos.

b.- Mejorar la comunicación. Creando confianza entre las partes para abriese y mostrar las emociones negativas y también las positivas y sean recepcionadas adecuadamente por la otra parte. El punto clave es que cada parte comprenda los efectos que las acciones tienen en la otra parte y pueda desarrollar un nivel de empatía básico.

c.- Diagnosticar el conflicto. Se apuesta a que el tercero pueda ayudar a las partes de identificar el origen del conflicto, es decir las necesidades básicas que se ven afectadas, pero también hacer comprender la importancia del proceso de interacción entre las partes y sus comportamientos además de las consecuencias que resultan en términos de costos ambientales, sociales y económicos.

d.- Regular la Interacción. Tiene un rol activo para conducir el proceso estableciendo procedimientos y administrar los tiempos e intervenciones de manera que se reduzcan las interacciones destructivas y sincronizar los cambios de ambas partes.

1.11 Los conflictos: Entre cambios culturales y la globalización

La preocupación por los conflictos es antigua data, sin embargo es a partir del fin de la guerra fría que se ha hecho más intensa la búsqueda de resolverlos de manera pacífica, evitando su escalamiento de manera violenta. Según Rubenstein (2001) los marcos con que se interpretaban los conflictos responde a un contexto histórico determinado, que es el escenario postcolonial, donde la mayoría de conflictos se nucleaban alrededor de las nacionalidades. Hoy en día los paradigmas usados para interpretar conflictos del periodo de la descolonización y la guerra fría no son del todo útiles.

El auge de la globalización, ha desplazado a los Estados de las disputas por los recursos, pues son las trasnacionales las que negocian directamente con el Estado las políticas a implementarse. Ello trae como consecuencia, sobre todo en los países del tercer mundo, una mayor dificultad para el acceso a bienes y servicios y por lo tanto a la satisfacción de

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las necesidades humanas básicas. Al mismo tiempo el auge neoliberal trajo consigo la reducción del Estado y por lo mismo el debilitamiento del poder de decisión de los gobiernos sobre los asuntos nacionales, y ciertamente una interdependencia desequilibrada de los países con menos recursos respecto a las decisiones y fluctuaciones de los mercados de la economía central.

En la medida que los cambios neoliberales, y la caída del muro de Berlín trajo consigo el debilitamiento de los actores sociales con capacidad de interlocución con el Estado, esos grandes conflictos han salido de la mesa de negociaciones desplazándose en diferentes grupos sociales y entre más diversos actores. En la misma medida que los gobiernos tienen menos injerencia en la economía y disponen de menos recursos para satisfacer las necesidades básicas, los conflictos se han atomizado, y se atomizado en una interminable secuela de disputas locales entre grupos antagónicos (en el caso de disputas de tierras), entre grupos y empresas (en el caso de los conflictos socio-ambientales). En la mayoría de veces los Estados y los sistemas judiciales se encuentran materialmente imposibilitados de resolver, Beck señala que “no cuesta mucho trabajo representarse al

mundo glocal como un mundo resquebrajado por los conflictos” (Beck, 1998:82).

Ciertamente este escenario anuncia el fin del Estado benefactor, pues cada día se cargan más tributos que no pueden ser aplicados a las transnacionales debido a los contratos de inversión, y ciertamente se reducen progresivamente las prestaciones sociales que el Estado brinda. Por lo tanto, resulta pertinente hablar de un desborde de los Estados, pues se encuentran sumidos en interminables conflictos ocasionados por el acceso a los recursos y por las demandas de protagonismo de los grupos e individuos, Castells señala

que debe entenderse “la crisis del Estado nación como resultado de los conflictos

inducidos por las contradicciones existentes entre la globalización y la identidad” (Castells 1998:309).

La privatización y la feroz competencia del mercado ha dejado a inmensas franjas poblacionales desprovistas de la atención y seguridad que el anterior Estado de

“bienestar” brindaba “pues la reducción masiva de los recursos, resultado de la crisis

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dinámica política de los Estado nación, construidos sobre la capacidad de las elites estatales para distribuir a diferentes clientelas, usualmente definidas étnica y

territorialmente y seguir guardando lo suficiente para sí” (Castells, 1999:139), ahora se

enfrentan a un Estado depredador y a grupos rivales luchando en interminables conflictos por el acceso al Estado, única fuente de recursos. Por su parte De Hernández (1999:12) señala que la tendencia a la integración forzada al mercado mundial y el deseo de proteger los valores locales y étnicos conllevan a una fragmentación creciente que es la base de múltiples conflictos. Burton (1990:98) señala que “las necesidades humanas están siendo frustradas a gran escala en las sociedades modernas, y cada vez la ley y el orden se

esfuerza por controlar la frustración”

Otros autores señalan que no solo la redefinición del rol del Estado está generando una atomización de los conflictos sino que los cambios culturales están afectando la cosmovisión de muchos grupos sociales, orientándolos hacia un mundo más materialista y secular, además, el cambio constante del conocimiento es percibido como el descontrol pues afecta la estabilidad que generaba una cosmovisión que tenía procesos de cambio muchos más lentos. Es más, también se señala que esto ha generado un declive de la efectividad de las instituciones públicas, y los ciudadanos se sienten más distanciados de las autoridades y pierden poco a poco sus lazos de pertenencia y lealtad ante instituciones cada vez más distantes como los Estados nación. En la medida que “las necesidades no son satisfechas, la institución tiende a perder apoyo y legitimidad y enfrenta un incremento de la oposición. En último caso, las autoridades tienden a reaccionar violentamente con la represión y coerción, pero si la institución se legitima para mucha gente, el conflicto no puede ser resuelto de esta manera (Lerche 1998).

Querámoslo o no, nos encontramos frente a un escenario mundial y local donde los conflictos tienden a multiplicarse y las dinámicas políticas son insuficientes para canalizar las demandas, basta con revisar los diarios e informativos o consultar los informes de la Defensoría del pueblo y comprender cómo los conflictos siguen incrementándose.

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