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a.1. La ciudad sincrónica

La novela de Carlos fuentes La Región más transparente, 1958, desarrolla su narración a través de la yuxtaposición de fragmentos heterogéneos que entremezclan acontecimientos históricos con recuerdos individuales de los protagonistas. Estos acontecimientos se desarrollan a partir del encuentro de los personajes dentro de los múltiples espacios que presenta la gran ciudad de México. La ciudad será entonces el punto de partida para una indagación literaria que atraviesa las distintas capas        

89 Por ejemplo, en Rayuela, a Julio Cortázar (y a sus personajes) no parece importarle demasiado

la estratificación social de base económica, sino más bien una estratificación cultural, que en sus personajes adquiere, al menos en esta novela, un carácter de erudición que los congrega más allá de la pobreza en una ciudad ideal, un París capaz de albergar y reunir a individuos de diferente procedencia pero con similares inquietudes intelectuales. Dentro de las novelas que aquí analizamos, una situación parecida se da solo en Tres tristes tigres, de Cabrera Infante, aunque con matices que veremos luego.

90 En efecto, cuando un personaje entra en la multitud, se equipara a todos los otros transeúntes,

que por este simple hecho se convierten en potenciales historias dentro de la vastísimas posibilidades que ofrece la ciudad. Como señala el filósofo Humberto Giannini “puede ocurrir que la apertura

niveladora de la calle nos devuelva a la exacta dimensión de nuestra humanidad desnuda, sin trámites razonadores, sin jerarquías ni distinciones; que repentinamente nos revele nuestra condición de humanidad imprevisible en nuestra relación con los otros”. Giannini, Humberto. La reflexión cotidiana. Ediciones Universitarias, Santiago, 1999. Pág. 32.

históricas de un pasado que confluye en el presente de la obra, alternativamente 1951 y 1954, según las referencias que brinda el autor. En efecto, Luis Harss, en la entrevista que realiza a Fuentes señala que el autor se refiere a esta novela como una “biografía de la ciudad” y una “síntesis del presente mexicano”(Harss, 1973. Pág. 350). A partir del cruce entre la historia y el acontecimiento individual se desarrollará también una reflexión sobre la identidad, mexicana en este caso, pero presente en gran parte de las novelas que aquí se analizan, dentro de la reflexión de la época sobre la identidad latinoamericana según hemos ejemplificado a través del pensamiento de Octavio Paz91.

a.2. La poética del fragmento

La novela de Carlos Fuentes se construye a partir de variados fragmentos de la vida de los diversos personajes que propone. Según la interpretación de Jean Franco la obra corresponde a una “verdadera estética de la fragmentación y la dispersión” (Franco, Jean, 2002, Pág. 63). En su totalidad, estos fragmentos buscan configurar una imagen caleidoscópica92 de la ciudad de México. Esta relación formal entre la novela y la ciudad ha sido observada, entre otros por el escritor, mexicano también, José Emilio Pacheco, quien en un homenaje publicado con ocasión de la edición conmemorativa de la novela, señala: “Así como la metrópolis se precipitaba sobre sus alrededores para engullirlos y anularlos, la novela del joven Fuentes desbordaba los géneros y los incluía a todos en un fluir narrativo sin descanso. El cuento, el ensayo, la crónica, el reportaje, el poema en prosa, los diálogos de los vivos y los muertos, la biografía, el drama, el guión de cine, el elogio de lo mixto y lo impuro: todo era        

91   Debemos  señalar  que  el  pensamiento  en  torno  a  lo  mexicano  no  pertenece 

exclusivamente  a  Octavio  Paz  sino  que  es  una  preocupación  del  momento  histórico  particular  que, como señala el mismo Harss, y también Jean Franco, involucra a distintos autores en torno al  grupo Hyperión promovido por el filósofo español exiliado en México José Gaos,  por “Leopoldo  Zea,  Emilio  Uranga,  Miguel  León  Portilla,  Luis  Villoro,  Fausto  Vega,  entre  otro,  en  torno  a  lo  mexicano.   

92  La imagen del caleidoscopio referida a este período literario en Hispanoamérica ha sido 

utilizado  en  distintas  instancias  por  distintos  autores,  por  ejemplo  Carmen  Iglesias  (2008,  Pág.  554), Jean Franco (2002, Pág. 62, 64),  

necesario para abarcar y para inventar una realidad a la que nadie se había enfrentado en su magnitud” (Pacheco, 2008, Pág. XXX). Esta imagen caleidoscópica de la ciudad de México tienen directa relación con los fragmentos en el sentido de que la modificación de los fragmentos o de su posición dentro de la novela, modificaría necesariamente nuestra comprensión de la misma. Estos fragmentos se componen con las distintas voces de la ciudad, los disímiles personajes que pueblan una metrópolis como Ciudad de México y que según Franco hace que “la ciudad se convierte en centro exclusivo de la visión y la reflexión, y la novela viene a ser la sede de experimentos formales de todo tipo” (Franco, 2002, Pág. 62). Cada uno de ellos presenta sus características propias, sus temas e intereses, sus formas de expresarlos. En la misma entrevista con Harss señala Fuentes que “La diversidad de estilos estaba dictada por la temática, la temática de una ciudad carente de unidad actualmente, una ciudad de contrastes y contraposiciones terribles. Yo iba encontrando naturalmente, pero al mismo tiempo reflexivamente, el estilo adecuado para toda esa temática, para integrar el mural93 que es esa novela” (Harss, Op. Cit. Pág. 362).

Diversos son los mecanismos que Fuentes utiliza para realizar el enlace de estos fragmentos con los que intenta componer la trama de la ciudad. De entre ellos la figura de Ixca Cienfuegos, personaje enigmático que visita uno a uno a los personajes y les pide que le cuenten su historia, su pasado, para posibilitar así la comprensión de su presente dentro de la novela. El otro elemento es la referencia directa a un lugar específico de la ciudad, lo que sitúa o actualiza estos fragmentos en un tiempo y un espacio específico: la ciudad de México, donde los personajes se encuentran entre ellos, se cruzan, interactuando sin saberlo en la novela, en las casas o en las calles, siendo el lector, e Ixca en algunos casos, el único capaz de tender los puentes entre ellos como un modo de suspender momentáneamente la imagen anónima de “un rostro que se arroja ala calle a vagar entre la multitud”(Harss, Op. Cit. Pág.378).         93  El escritor José Emilio Pacheco dará una referencia directa a esta comparación entre el  mural, como vehículo de difusión revolucionaria, y la obra de Fuentes, fuertemente influida por la  narrativa norteamericana “Diego Rivera pinta uno de sus más célebres murales. John Dos Passos  lo observa trabajar y se le ocurre transferir a la novela el procedimiento de Rivera. El resultado:  Manhattan Transfer y la trilogía USA. El círculo se cierra: el joven Fuentes lee a Dos Passos y se 

empeña  en  unirlo  a  Rivera  y  escribir  como  quien  pinta  un  mural  algunas  páginas  de  su  novela  omnívora sobre la ciudad de México” (Pacheco, 2008, Pág. XXXV).  

El primero de estos mecanismos lo analizaremos a continuación, mientras que el segundo lo abordaremos más adelante.

Desde la segunda edición de la novela, en 1972, se incluye un Cuadro

cronológico y una guía de los Personajes. El primero de estos insertos, el cuadro

cronológico, responde a la necesidad de actualizar al lector sobre algunos nombres y acontecimientos propios de la historia mexicana. Sin esta actualización la comprensión adecuada de la obra se vería muy afectada, dadas las alusiones y relaciones que constantemente se establecen en la obra entre los hechos literarios y los hechos históricos.

José Emilio Pacheco, otro gran escritor mexicano, en el homenaje ya citado, explica las diversas tentativas de esta gran obra, a la vez “novela realista, novela histórica, novela de ideas, novela poemática, novela biográfica, novela esotérica, novela satírica, elogio de la hibridez y de lo inconcluso, epopeya triunfal de la derrota y la humillación” (Pacheco, 2008. Pág. XXIX). En un intento por abarcar la complejidad de la ciudad de México, Fuentes busca una imagen de la ciudad, entre otras cosas como señala Pacheco, a partir del rastreo y la pesquisa de los antecedentes históricos que conforman la realidad del momento actual, es decir, 1954, última fecha en que sitúa Fuentes su novela.

A través de esa incursión en la historia mexicana logra presentar la estructura de la sociedad mexicana y sus procesos constitutivos: su posicionamiento, sus alianzas, sus aspiraciones, etc. Esta revisión histórica del pasado directo de México será central en su siguiente novela, La muerte de Artemio Cruz (1962), donde la interrogación será más centrada y en menor medida volcada hacia la ciudad.

Un momento fundamental dentro de esta búsqueda en la historia mexicana lo constituye la Revolución Mexicana. A partir de ella será que, en definitiva, se establezcan las figuras de poder que según Fuentes dominan el México actual.

El personaje de Ixca Cienfuegos es enigmático desde su presentación preliminar en el inserto de los Personajes, donde viene catalogado, junto a Teódula Moctezuma bajo la categoría de “ Los guardianes”. El enigma queda planteado de ese modo, con la pregunta que cabría formularse, ¿guardianes de qué?.

Las palabras de presentación de Ixca Cienfuegos dan inicio a la novela:

“Soy Ixca Cienfuegos. Nací y vivo en México, D.F.”94.

Esta presentación inicial que abre el libro nos indica de entrada el lugar, el D.F. y el personaje que será, a la larga, el encargado de desentrañar su realidad oculta, su misterio, a través del encuentro sistemático con distintos personajes de la obra ligados entre ellos por una sutil trama histórica que vincula su actualidad a los sucesos de la revolución desde distintos ángulos posibles.

Después de la presentación de Ixca y de algunas palabras que permiten al lector hacerse una idea de la dirección que toman sus reflexiones, y que consideran a la ciudad no solo desde su actualidad sino que abarca elementos del pasado histórico que incluyen elementos prehispánicos, Fuentes reúne a la gran mayoría de los personajes en una fiesta. La fiesta le permite a Fuentes reunir en un solo espacio y momento a una serie de personajes disímiles, jóvenes, mayores, ricos, pobres, mexicanos, extranjeros, etc. para establecer desde allí las relaciones que entre ellos profundizará la novela. A partir de esta fiesta se van obteniendo las primeras informaciones de cada personaje, que después se profundizarán de manera separada en capítulos especiales dedicados a cada uno.

La importancia del banquero Federico Robles, uno de los personajes principales de la obra, cuyas influencias sobre la ciudad de México95 y en general, sobre todo el        

país, se presentan como ilimitadas, comienza a manifestarse desde el inicio. Robles, que no está presente en la fiesta, hace sentir su poder a través de su esposa, Norma Larragoiti, presente en cada evento relevante en la ciudad. En cuanto a la fragmentariedad de los discursos, sin transiciones Fuentes pasa de un párrafo centrado en la fiesta hacia otro en que describe a Robles en su oficina. Hemos de suponer que este escenario paralelo transcurre de modo simultáneo a la fiesta, y que Robles, por lo tanto aun trabaja. Este repentino salto de un espacio a otro forma parte del discurso fragmentario con el que pretende representarse la ciudad: dentro de sus múltiples espacios, muchas cosas suceden simultáneamente.

La compleja historia de Federico Robles, que Fuentes despliega principalmente a través de la reconstrucción que hace Ixca Cienfuegos en las distintas conversaciones que sostienen aposta, lo describen como el hijo de un peón en la hacienda de los Ovando. Robles, tras unirse a la revolución y después de algunas batallas favorables, se convierte en el secretario de un importante general. Terminadas las disputas revolucionarias, y a la hora de instalar el nuevo gobierno revolucionario, Robles, como muchos otros, entre ellos el abogado Ibarra, decide entrar a la universidad para habilitarse profesionalmente en el nuevo sistema político que debía, en esos años, implementarse. Las buenas relaciones en las altas esferas del nuevo poder mexicano que su cercanía con el general le reportan, y un par de astutos movimientos económicos, lo dejan a la cabeza de un gran banco, desde el que es capaz de controlar gran parte de la economía del país. De este modo, rápidamente, el hijo de un peón en pocos años pasa, después de la revolución, a ocupar un alto puesto en las instancias administrativas. La redistribución de las riquezas, como resultado de la revolución, invierte relativamente las posiciones sociales, mutando la condición de los personajes: Federico Robles cambia su condición de pobre a rico; la familia de Ovando, en la contraparte, cambia su condición de familia rica a pobre.

       

95 En general, cuando en estas novelas latinoamericanas se menciona la influencia de un

personaje en la capital, debido al rol administrativo que ésta cumple, la influencia puede ampliarse a todo el país.

Este cambio altera completamente las relaciones dentro de la ciudad. La vieja aristocracia representada por la familia de los de Ovando deberá asumir su derrota y aceptar en sus relaciones sociales el encuentro con los representantes de esta nueva casta de poder representada por Robles.

Sin embargo, esta aceptación social no será nunca del todo admitida. El prestigio de Robles quedará siempre en entredicho en los encuentros de la sociedad mexicana. Robles, consciente de sus dificultades para imponerse en una sociedad dominada aun por el clasismo y el racismo de la vieja oligarquía, busca por medio de su matrimonio un reconocimiento y una validación social que sostenga su enorme poder económico. El matrimonio con Norma Larragoiti, también de origen pobre pero con una ambición y una voluntad ciega por el reconocimiento social, le asegura a Robles su ascendiente social, y Larragoiti ve respaldados económicamente sus esfuerzos por sobresalir en la sociedad mexicana que se reúne frecuentemente en la Ciudad de México.

La ciudad de México será el lugar de encuentro por excelencia de este grupo de personajes presentados por Fuentes, en el que Norma Larragoiti representa al nuevo orden político, social y económico instaurado después de la revolución y Pimpinela de Ovando representa a la vieja oligarquía, caída en desgracia por los mismos acontecimientos. En esta relación social entre Pimpinela y Norma, no solo está en juego el paso de rica a pobre, y viceversa, si no que, el de la distinción, formulada en repetidas ocasiones bajo la fórmula “Dame lana y te doy clase, dame clase y te doy

lana”96.

En una novela como La región más transparente, articulada, como decíamos, a través de fragmentos, una parte importante de su significado depende de la autonomía de estos fragmentos, que en su reunión dentro de la obra el lector puede unirlos y relacionarlos de una u otra forma, dentro de las posibilidades que entre ellas se establezcan. Responde también a la imposibilidad de dar una representación única y        

definitiva de un escenario tan complejo y diverso como una gran ciudad moderna, en este caso Ciudad de México, donde las gentes y sus condiciones sociales y su idiosincrasia son tan variadas en todos los aspectos, desde el lenguaje a las aspiraciones. Esta imposibilidad se desarrolla a través del fragmento y la maestría con que Fuentes elabora su novela radica también en el modo en que se las arregla para hacer coincidir esas historias dispersas dentro de la ciudad, haciendo que sus personajes se encuentren dentro del ámbito mayor que representa la ciudad, posibilitando de ese modo una de las múltiples lecturas posibles. Los encuentros entre personajes tan distantes, encuentros sorprendentes muchas veces que se efectúan principalmente en las calles97, evidencian justamente esa fragilidad o precariedad del contacto, resaltándose así, a un tiempo, la voluntad por abordar la complejidad y la dificultad de la ciudad y de saber de antemano su imposibilidad. Fuentes abre su mirada a toda la ciudad negándose a centrar su foco exclusivamente en un solo punto de ella. Sin embargo, el mismo contacto, aunque rudimentario, entre personajes distantes dentro de la misma ciudad, representa una lectura particular de la ciudad, cierra y conecta dentro de la novela los elementos que ha podido identificar.

Dentro de estos elementos fragmentarios, por otro lado, ciertos elementos, es decir, algunos personajes centran mayormente la atención del autor. Es el caso de los cuatro personajes citados hasta ahora: Ixca, Robles, Norma y Pimpinela y que podríamos decir corresponden a los personajes principales.

Con excepción de Ixca Cienfuegos, que actúa como conector entre los variados personajes, los otros tres personajes representan el poder económico y social en México.

Ixca Cienfuegos lo que hace es indagar en el pasado de cada uno de ellos para hacer comprensible su presente.

       

En la figura del matrimonio Robles-Larragoiti se condensan una serie de aspiraciones secretas de la revolución. Si bien el relato de Robles sugiere que entra en la revolución para transformar las condiciones de vida imperantes en México, luego verá las posibilidades del ascenso personal, del lucro individual. Este lucro individual que termina por convertirlo en el importante e influyente banquero, es defendido en más de una ocasión por Robles, justificando su posición a través de los argumentos que la instalación de la revolución en el gobierno mantiene. Es decir, justificando sus beneficios tanto por los servicios prestados durante la revolución como durante los largos años de administración de la misma. Este resultado parece confirmar dentro de la novela una máxima formulada por Octavio Paz en El laberinto de la soledad, de que “El banquero  sucede al general revolucionario” (Paz, 2000, Pág.178). 

A petición de Ixca rememora su infancia cerca de Morelia, en la hacienda de los de Ovando. Recuerda a su padre contándole a él y sus hermanos y compañeros de faena como se dieron las cosas para ellos y de qué modo los dominios de los de Ovando fueron, a través de las leyes históricas específicas que Fuentes evoca, incrementándose desproporcionadamente

“Pero después de la guerra nos mandó el gobierno esas nuevas leyes, y

entonces sí nos tragó don Ignacio”98.

Del propietario, Ignacio de Ovando, se cuenta que casi no visitaba las tierras, y pertenecía, por lo tanto más al mundo de la fantasía “Pasaba muy pocas veces por allí.

Su nombre y su figura eran casi legendarios”; mientras, de su hijo Pedro, ya se

contaban las tropelías que hacía por las haciendas, secuestrando muchachas:

       

98 Fuentes, Carlos. Op. Cit. pág. 229. Según la nota al pie de Georgina García Gutiérrez para la

edición antes citada, se trata inicialmente de las Leyes de desamortización de 1856, que extienden sus beneficios en 1894 y que “declaró ilimitada la extensión de tierras adjudicables y suprimió la obligación de colonizarlas”. Véanse las notas 460 y 462.

“Allá en Morelos organiza unos paseos a caballo con sus amigos y salen todos

a lazar a las mujeres de los campesinos”99.

Los recuerdos que evoca Federico Robles, cómodamente instalado ahora en su céntrica oficina, están cargados de grandes injusticias que lo llevan, en definitiva a ser parte de la revolución

“el hijito de mi compadre se había muerto porque a los once años lo habían

metido a trabajar en las entintadoras, y el pobre no duró ni un año, metido ahí tragando tanta pelusa”100.

Entonces, de la suma de injusticias que se verificaban por todos lados, según recuerda Robles, de los levantamientos obreros espontáneas, derivadas del hambre, y