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CONTEXTO DE LA CALIDAD, A PARTIR DE LA REVOLUCIÓN INDUSTRIAL.

Cuando se piensa en la Estandarización, es necesario relacionarla con actividades industriales. En efecto, la industria inicia su desarrollo, con firmeza, a partir de la revolución del siglo XVII. Buena parte de su impulso se logró en Inglaterra, donde convergían elementos que facilitaron su surgimiento y proyección futura. Estos elementos fueron: la participación de agricultores y comerciantes en el gobierno, la acumulación de importantes flujos de capital (provenientes del comercio y la trata de esclavos), la existencia

81 de enormes fuentes de combustible barato en su territorio (carbón) y las corrientes religiosas provenientes del protestantismo48.

Con esta nueva visión religiosa -especialmente la del Calvinismo, una doctrina que anima al hombre a lograr la máxima perfección en su comportamiento y en sus obras- se difundió una concepción moral y ética entre sus seguidores: el trabajo y el beneficio que se obtiene de él hacen parte del reconocimiento que Dios le da al esfuerzo del hombre en la tierra. Según esta doctrina, las ganancias obtenidas no debían ser malgastadas, sino reinvertidas para entregar más trabajo y más progreso material a los hombres en la tierra. Una visión muy alejada de la del cristianismo católico, que señalaba el trabajo como un castigo divino; por lo tanto, las posesiones materiales eran vistas como cargas para alcanzar la verdadera espiritualidad, y el obtener ganancias -sin trabajo alguno- era censurable; en otras palabras, se consideraba la usura como una acción indigna.

Bajo estas condiciones, tanto en Inglaterra como en Alemania y los Países Bajos (ambos de gran influencia protestante), la figura del empresario toma mayor importancia. Se le entrega una misión para hacer de la tierra un mejor lugar: trabajar para conseguir beneficios y reinvertirlos, con el objetivo de ofrecer más trabajo a la sociedad.

A partir de la revolución industrial, se inicia todo un proceso que paulatinamente permitirá ir sustituyendo parte del trabajo físico del hombre, por máquinas. Las innovaciones se hacen visibles con la creación de la máquina de vapor, de las máquinas hiladoras de algodón y de los avances destinados a la agricultura, como: las máquinas cavadoras, la siembra en línea y la introducción de nuevas plantas. El uso de la nueva tecnología -aplicada a las comunicaciones y el transporte- logra, en el ferrocarril, su mayor expresión. Además, las mejoras en el transporte marítimo permitieron importantes cambios económicos, gracias a la posibilidad de la ampliación de los mercados, la apropiación de nuevos territorios y la demanda de nuevos productos.

48 División en el siglo XVI del Catolicismo romano debido a diferencias doctrinales conocidas como las

reformas protestantes, las sectas más conocidas se originaron en Alemania, Francia e Inglaterra con el Luteranismo, Calvinismo y el Anglicanismo

82 Ante los innegables logros obtenidos en avances tecnológicos y científicos, los cuales permitieron reconocer, en ese presente, la existencia de mejoras -impensables para generaciones anteriores- surge, con mayor fuerza, una teoría ya conocida, en medio de una sociedad que concentró sus aspiraciones de una vida mejor, en las posibilidades ilimitadas del uso del conocimiento para alcanzar el progreso futuro: La Idea del Progreso. Esta idea se enfoca en un camino de aumento gradual hacia el bienestar, o la felicidad del hombre (en particular, de la civilización), hacia un mejoramiento constante, que seguirá avanzando hacia un objetivo deseable. El Progreso afecta dos aspectos: a) el lento y gradual perfeccionamiento del saber, y el conocimiento en general (presentes en las áreas artísticas, técnicas o científicas), y b) la búsqueda del perfeccionamiento de la naturaleza humana, a través de la moral y la espiritualidad; esto es, la búsqueda de la felicidad, la tranquilidad y la libertad (Nisbet, 1981).

La idea del progreso fue un elemento importante en la construcción de la mentalidad de la sociedad occidental. De hecho, impulsó la realización de cambios y hazañas que transformaron por completo la vida de la población del momento; la permeó en diversos niveles: en el control científico y técnico, en las condiciones materiales de vida, en las condiciones sociales y en la perspectiva moral. En efecto, entregó aplicaciones de tipo teórico y también práctico. Las teóricas se encuentran en la reconstrucción lineal del pasado histórico, junto con el uso de la planificación a futuro; mientras que las prácticas se reflejan en las múltiples modalidades de actividades racionales llevadas a cabo con la certeza de que, precisamente, la razón es la base para el desarrollo y el uso del conocimiento científico.

Así pues, la Idea de Progreso ha tenido diversos sentidos y aplicaciones de acuerdo con el momento histórico en que se conciben o aplican (el progreso de una idea multidimensional). Las primeras alusiones se remontan al mundo clásico con Lucrecio y Aristóteles, quienes lo (el progreso) explican como el cambio y los fenómenos que lo rodean. El progreso era, entonces, una explicación al perfeccionamiento de la naturaleza y de la vida humana. La Idea de Progreso también se encuentra en el pensamiento de los

83 primeros cristianos, quienes pensaban que la historia del mundo tiene una dirección, que inicia en un pasado primitivo y se desplaza, gradualmente, hasta un futuro glorioso: un destino establecido por poderes ultraterrenales. San Agustín (1922 en Nisbet, 1986), en la Ciudad de Dios, describe el progreso así:

La educación de la raza humana, representada por el pueblo de Dios, ha avanzado como la de un individuo, a través de ciertas épocas, o, por decirlo así, edades, de modo que pudo elevarse gradualmente de las cosas terrenas a las celestiales, de lo visible a lo invisible. (Nisbet, 1986, p. 63).

Sin embargo, es partir del Renacimiento cuando el interés de las ideas se concentra nuevamente en el hombre y en la vida material, con Francis Bacon, quien afirma que la Edad Moderna estaba más adelantada que las pasadas, debido a un aumento del conocimiento. Por su parte, Descartes elimina la idea del destino providencial, al señalar que las leyes invariables de la naturaleza son un fundamento de la actividad científica.

La idea actual de progreso está formada por concepciones forjadas en Europa, en los siglos XVII y XVIII, las cuales, durante el siglo XIX, se convirtieron en una convicción que modeló la conciencia de la civilización occidental moderna. Entre sus principales exponentes, están: a) el Abate Saint Pierre, quien señala la unión del progreso con las ciencias y el fortalecimiento del conocimiento, y la posibilidad de mejorar las características del hombre, a través de instituciones o leyes adecuadas. Esto inspiró la publicación de la Encyclopedie y el pensamiento de la Escuela fisiocrática. b) Condorcet fue otro de los pensadores franceses que expresó su confianza en el progreso sin límites y la posibilidad del perfeccionamiento sin interrupciones del hombre, en su obra Esbozo de un cuadro histórico del progreso del espíritu humano (1793). Señaló la existencia de nueve etapas del Progreso en la historia del hombre, y una décima aún por llegar, basadas en elementos de la economía y en la cultura material. Este autor (en Nisbet, 1983) veía el progreso intelectual como la causa e instrumento de un desarrollo continuado de la riqueza, la moralidad y la felicidad humanas; lo cual constituye el progreso absoluto: “Una ciencia que anticipe el futuro progreso de la especie humana y que dirija y acelere este progreso deberá basarse en la historia del progreso ya, alcanzado” (p. 28).

84 La Idea del Progreso se manifestó también en Alemania, Inglaterra e Italia, con Lessing, Herder, Kant y Vico. Ellos pensaban que la humanidad podrá -con el paso del tiempo- alcanzar un mayor refinamiento en las artes y en las ciencias, junto con un alto grado de felicidad y orden moral (Herder, en Bosquejos de una filosofía de la historia del hombre 1784-1791). Para Kant, el hombre avanza continuamente con el objetivo de aumentar sus potencialidades, siendo el cambio, parte de la historia humana. En su obra Idea de una historia universal desde un punto de vista cosmopolita (1784, en Nisbet, 1983), expuso:

La historia de la raza humana, concebida como un todo, puede ser considerada como la realización de un plan oculto de la naturaleza para llevar a cabo una constitución política interna y también externamente perfecta, como el único estado en el cual todas las aptitudes implantadas por ella en la humanidad pueden desarrollarse plenamente.

A lo largo del siglo XIX, la Idea de Progreso se sistematiza y consolida (dominó el panorama de las ideas, construyó una nueva mentalidad): deja de ser una idea más, para convertirse en la idea predominante. El progreso se empieza a ver como un condicionante de la acción humana, una ley general que guía y explica todos los aspectos de las actividades del hombre. Esta idea (la del progreso) se encuentra presente en el método comparativo de Auguste Comte, la cual usó en el estudio de manifestaciones culturales y la formación de instituciones sociales, y definió así: “Ningún orden verdadero puede establecerse, y menos aún perdurar, si no es plenamente compatible con el progreso, y ningún progreso valedero puede realizarse si no tiende a la consolidación del orden”. Spencer (en Nisbet, 1983), en sus reflexiones sobre la progresión del conocimiento frente al beneficio social, establecía, en su libro Estática social (1850), que “El progreso no es, por lo tanto, un accidente, sino una necesidad. La civilización no es artificial: es una parte de la naturaleza, como lo es la formación del embrión, o el desarrollo de una flor” (p. 35).

Por su parte, Durkheim -cuando habla sobre el aumento de la división del trabajo y el rápido nacimiento de industrias y actividades especializadas- la señala como el signo de la formación de sociedades más complejas, con mayores niveles de progreso. Los pensadores

85 decimonónicos -a pesar de presentar en sus ideas algunas variantes sobre cómo enfrentar la inevitabilidad del progreso y la necesidad, o no, de interferir en su desarrollo- convergen en una idea esencial que recoge Kenneth Bock (1978 en Nisbet, 1988, p. 89):

(…) se acepta el cambio como algo natural, previsible, [es] una característica de lo social o cultural como tal. Se lo concibe lento, gradual y continuo (...) se insiste en que el proceso se asemeja a un crecimiento [es decir, la esencia del cambio está en el tiempo]. Su tempo (sic) puede variar, pero la sucesión es fija (...) [Siempre] tiende hacia un fin (...) Hay cosas como la sociedad, la cultura (...) a las que se atribuye una historia que debe comprenderse en función de este proceso de desarrollo (...) [y finalmente] se declara que el progreso, desarrollo o evolución (...) lleva consigo un perfeccionamiento de la condición humana.

El progreso se presenta, entonces, como un proceso lineal, ilimitado, siempre en permanente avance. En otras palabras, se convierte en un principio que permitía justificar todas las corrientes; al fin y al cabo, la sociedad más avanzada materialmente también lo sería desde el punto de vista ético y moral. Pronto, la confianza, en el progreso de la humanidad, se transformó en el avance de la supremacía de las sociedades occidentales; de esta manera, se interpretó -desde esta perspectiva- las diferencias encontradas en el resto de las culturas del mundo. Cabe anotar que, hasta este momento, no es visible la aparición de textos emblemáticos de la Estandarización, aunque sí es evidente el aporte de la Idea de Progreso al concepto de estandarización y sus enfoques.

4.2. MOMENTO II: LA ESTANDARIZACIÓN POSICIONADA EN LOS