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Wesley le llevó cinco minutos exactos encontrar a Lloyd y arrastrarle por el tupé hasta su habitación.

Cerró la puerta de una patada y miró un instante al Elvis de la pared. El de carne y hueso, sin embargo, le miraba a él con ojos velados.

—Necesito… Quiero… Haberte tenido tan cerca…

Wesley se acercó a Lloyd, que estaba a los pies de la cama y, deslizando la mano por debajo de la peluca se la quitó.

—Te prefiero así —le dijo, dejando la peluca sobre la cómoda.

Lloyd se acercó más a él y Wesley retrocedió hasta que se dio contra la puerta.

—Te gustan tus normas —dijo Wesley—. Sé que te sientes cómodo y bien cumpliéndolas. —¿Qué tratas de decirme?

—Pues que sé que te gusta tu trabajo. Que no quieres correr el riesgo de que te despidan. Y lo respeto. Respeto tu decisión y voy a esperar por ti.

La profundidad en los ojos de Lloyd pareció acrecentarse mientras absorbía las palabras de Wesley.

—Así que, ¿no vas a seguir volviéndome loco y tentándome hasta la extenuación? Wesley entrelazó sus dedos con los de Lloyd y le besó los nudillos. Sabían a ponche.

—Eres un capricornio que sigue las reglas y te acepto tal y como eres. Este géminis se queda con su capricornio.

La voz de Lloyd salió tensa y pesada:

—Ya, Wes, pero es que ya no puedo más. He llegado a mi límite. Wesley no lo entendió.

—¿A qué límite? —Al de mi paciencia.

Lloyd tiró de él, lo pegó contra su cuerpo y enredó los dedos en su pelo. Wesley creyó morir de lujuria cuando su aliento caliente le rozó la base del cuello.

—¿Que hayas dejado de intentar vencerme en esto? Es lo que finalmente ha podido conmigo. Me rindo.

Tras decirlo, lo besó en el cuello, arrastrando la nariz hasta su oreja y dejándolo sin respiración. Wesley jadeó y Lloyd se frotó contra él.

Y, entonces, le bajó la cremallera de su chaqueta blanca y roja. Lo que arrancó otro gemido de Wesley mientras un escalofrío de excitación le recorría de arriba abajo.

—Lo sé.

—¿Estás seguro de que quieres…?

Unas manos firmes le agarraron el culo y levantaron a Wesley del suelo. Lloyd caminó un par de pasos hacia la cama con él en brazos y lo lanzó sobre el colchón, tumbándose encima de él al segundo.

—Los últimos cuatro días, desde el beso, han sido una agonía —susurró Lloyd en su oído—. Quiero estar dentro de ti. Lo necesito más que nada en el mundo.

Wesley casi se corre con solo oírle decir eso.

—En ese caso —dijo, desviando la vista hacia el cajón de su mesilla de noche—. El alijo de condones y cualquier otra cosa que necesites están ahí. Coge lo que quieras, no te cortes.

—Anda que lo de venir a mi cuarto a por condones cada semana… mira que te gustaba provocarme…

—A veces incluso más de una vez por semana, no sé si te dabas cuenta. —Wesley le agarró por los hombros y tiró de él hacia abajo. Los labios de Lloyd vagaban sobre los suyos, sin llegar a besarse, haciendo que la anticipación cobrara vida entre ellos y olas de electricidad le recorrieran el cuerpo. Tenía la polla durísima, pero se contuvo, evitó frotarse contra Lloyd, dejando que el dolor y el deseo aumentaran, que fuera su novio quien actuara y le mostrara eso que le había dicho de que no era nada tímido—. Pero creo que, en el fondo, sabía que terminaría usándolos todos contigo.

Lloyd se abrió paso entre sus labios, introduciéndole la lengua con un gemido descontrolado, y empezó a frotarse contra Wesley de forma salvaje. Con las manos, le agarró el culo, elevándolo, para aumentar aún más la fricción. Era una delicia.

Lloyd siguió besándole y Wesley perdió el sentido, el beso arrasó con todo. Y, como si pudiera leerle el pensamiento, metió sus enormes y cálidas manos entre sus cuerpos y le quitó la camiseta.

Wesley también empezó a quitarle la camisa a Lloyd y gimió de frustración cuando no pudo ni desabrocharle los puños.

Lloyd se sentó entonces a horcajadas sobre él, apretándole con los muslos; empezó a desabrocharse él mismo los botones y se deshizo de la camisa, frotándose contra la polla de Wesley e incorporándose un poco para poder desabrocharle los pantalones.

—Siempre tan controlado… —¿Wesley?

Wesley alzó una ceja a modo de respuesta.

—Acabo de perder el poco control que me quedaba.

Y, nada más decirlo, tiró de los vaqueros de Wesley hacia abajo y le comió los huevos por encima del bóxer.

Wesley hizo un ruido incoherente, su cuerpo gritando y pidiendo más. —Necesito sentir tu piel contra la mía —le dijo como pudo.

Lloyd se puso manos a la obra, quitándoles a ambos la ropa que aún tenían puesta. En un rápido movimiento, sacó los condones y el lubricante de la mesilla y, una vez los tuvo sobre la cama, se tumbó al lado de Wesley y le agarró la polla con la mano. Su mirada se paseaba por cada milímetro de su cuerpo mientras le acariciaba.

—Una vez dijiste que eras guapo y yo te dije que no… Y es que «guapo» no es adjetivo suficiente para describirte.

Wesley se mordió el labio, como si así pudiera impedir que las mariposas de su interior le salieran disparadas por la boca.

Wesley se quedó sin aliento.

—¿Puede saberse por qué aún no estás dentro de mí? —Eres muy impaciente.

—Soy muy géminis. Lloyd sonrió.

—Y puede que hayas acertado con algunos de los rasgos que tenemos los capricornio. —Lloyd se cernía ahora sobre él, tocándole solo con los labios, un mero roce; esa era la única parte de sus cuerpos en contacto en esos momentos—. Nos gusta que dure. —Se incorporó un poco, y siguió acariciándose mientras paseaba la mirada por el cuerpo de Wesley. Despacio—. Tócate como te tocaste aquel día en el dormitorio de mi casa. Quiero ver lo que hiciste.

Wesley se lo mostró y a Lloyd se le oscurecieron los ojos de puro deseo. Y siguió sin quitarle la vista de encima mientras Wesley se echaba lubricante en un dedo y se lo metía en el culo.

Lloyd parecía tener problemas para respirar. Cogió las manos de Wesley y se las puso sobre la cabeza, impidiéndole así que siguiera tocándose. Cuando le tuvo bien sujeto, volvió a sentarse a horcajadas sobre él, a la altura del pecho, haciendo que la punta de su polla le acariciara la barbilla.

—¿Sabes lo que imaginé yo ese día mientras me masturbaba?

Wesley se retorció bajo su agarre y le rodeó la cabeza de la polla con los labios. Lloyd gimió y se alzó sobre las rodillas, apoyando un brazo en la pared y metiéndosela hasta la garganta.

Joder, qué bien sabía: caliente y salado. Y esas venas hinchadas contra su lengua… Una delicia. Sus miradas se encontraron; Lloyd observaba cada movimiento y reacción de Wesley, justo como él había imaginado que haría.

Justo como quería que fuera.

Lloyd empezó a moverse despacio. Entrando y saliendo de su boca entre profundos gemidos que estaban llevando a Wesley a la locura. Embistió contra su garganta una última vez y le sacó la polla de la boca, deslizándose hacia abajo, por su torso y acariciándole con la punta, dejando un rastro húmedo a su paso.

Cuando sus pollas se encontraron, Wesley se arqueó hacia él, pegando sus cuerpos y Lloyd aprovechó para unir también sus labios en un beso devastador e indecente.

—Quiero hacerte tantas cosas… —le susurró Lloyd al oído cuando logró separar sus bocas. —Eso espero, dado que llevas años imaginándonos juntos.

Lloyd sonrió y eso, ese simple gesto, puso el corazón de Wesley a mil por hora. —Déjame que te muestre todo lo que me he imaginado.

Y, entonces, volvió a besarle, a arrasarle; el roce de sus cuerpos haciendo que a Wesley se le pusiera la carne de gallina allí donde se tocaban mientras sus erecciones batallaban juntas en una exquisita fricción.

La boca de Lloyd se deslizó por su cuello, su clavícula, sus pectorales…

—Un momento —le interrumpió Wesley—. Que yo tengo unas expectativas altísimas y me acabo de dar cuenta de que tú lo de la creatividad lo llevas regular… ¿Voy a tener que renunciar a esas fantasías de alto nivel?

—Cállate. Wesley sonrió. —Oblígame a…

La frase se quedó a medias porque justo en esos momentos Lloyd le pasó la uña por un pezón y lo acompañó con una embestida de su polla, cortándole la respiración.

que hizo que este alzara una ceja. Luego extendió una buena cantidad de lubricante sobre el preservativo y, tras acariciarle un par de veces, le dijo:

—Se acabó la provocación.

Casi ni había acabado de decirlo y ya tenía las piernas alrededor de la cintura de Lloyd y se estaba lanzando a comerle la boca. El beso fue exigente y abrasador; sus lenguas enganchándose a un ritmo vertiginoso. Lloyd gimió en el beso y apartó sus labios para arrastrarlos por el cuello de Wesley, su barba de dos días quemándole la piel.

Wesley estaba tan cachondo que creía estar viendo las estrellas. Jamás en su vida había tenido esta necesidad tan apabullante de ser follado. Todo —absolutamente todo— con Lloyd parecía perfecto. Él era perfecto. Centrado, firme y, efectivamente, nada tímido. Y Wesley respondía ansioso a cada arremetida y roce de su cuerpo.

Justo cuando Wesley cambiaba de posición, haciendo que la polla de Lloyd le acariciara los huevos y se instalara en la entrada de su culo, se oyó un portazo en el pasillo. Y voces, voces de gente enfadada.

Wesley dejó de respirar cuando Lloyd paró de moverse y maldijo en voz baja contra sus labios. Era el supervisor de guardia esa noche.

Dos voces más se sumaron al escándalo de fuera, entre ellas, la de Gavin. Wesley dejó caer la cabeza contra la almohada, frustrado. Ahora Lloyd se tendría que ir, no era justo.

Dejó salir su decepción en forma de gruñido, pero en esos momentos Lloyd le agarró el muslo, le abrió más las piernas y rozó su entrada con la punta de la polla, haciendo saltar a la vida cada nervio que se encontró a su paso.

Wesley empezó a respirar con dificultad y enlazó su mirada con la de Lloyd, que retrocedió y volvió a frotarse contra él, deslizándose de forma fácil debido al lubricante y el líquido preseminal de ambos. Cuando habló, su voz sonó suave pero clara:

—¿Vas a poder estar callado?

Wesley asintió y se mordió el labio en cuanto sintió a Lloyd introduciéndose en él. A ambos parecía estar costándoles no gemir en voz alta.

Lloyd se inclinó sobre él y le besó, bebiéndose sus suspiros, cada aliento. —Joder, qué bien —susurró Wesley contra su boca hinchada por los besos.

Lloyd dejó de moverse durante unos segundos y se quedó quieto bien profundo en su interior, pero luego hizo rodar las caderas y, agarrando la polla de Wesley, empezó a masturbarle. Wesley contrajo entonces los músculos del culo y Lloyd dejó hasta de respirar.

De fondo se oyó de nuevo la voz de Gavin echándole la bronca a alguien y llamando a Lloyd con tono desesperado.

Al oírle, Lloyd salió de él y… Oh, sí, arremetió de nuevo en su interior, tan fuerte que la cama hasta se movió. Wesley estiró los brazos por encima de la cabeza y los apoyó contra la pared, recreándose aún más en el incesante bamboleo de la cama y de las embestidas de Lloyd, que le estaban llevando a un orgasmo de proporciones épicas.

Lloyd le miraba con los labios entreabiertos y los párpados pesados por el deseo mientras le follaba con intensidad. Primero lento, luego rápido y fuerte, rozándole de forma deliciosa justo donde debía. Y cuando el caos del pasillo se disipó, sus movimientos se volvieron desordenados y salvajes, llenos de necesidad. Lo único que se oía ahora eran los sonidos de los cuerpos de ambos chocando y las plegarias de Lloyd contra los labios de Wesley, que ya no podía más.

—Lo retiro, lo retiro todo —dijo Wesley entre gemidos.

Y es que su química sexual era asombrosa y estaba a punto de hacerle saltar por los aires. Lloyd aceleró sus envites, entrando en él con fiereza y separándole las rodillas al máximo para

tener un mejor acceso. Wesley iba a explotar de placer, estaba a punto de correrse.

—Me encanta romper las reglas contigo —dijo justo antes de que Lloyd le cogiera la polla y empezara a bombear.

Wesley se corrió con un largo gemido, su semen salpicando el duro abdomen de Lloyd mientras embestía una última vez y se corría gimiendo su nombre.

Olas de placer mecieron sus cuerpos durante unos minutos más; minutos que Lloyd aprovechó para besar a Wesley como si le fuera la vida en ello.

Wesley, a su vez, le masajeaba la espalda mientras trataba de recobrar el aliento. No quería que Lloyd se retirara, quería seguir pegado a él, con los labios contra su cuello. Pero cuando la polla de Lloyd se deslizó fuera, Wesley cedió con desgana y le dejó marchar. Y, por primera vez, Wesley se alegró de que el baño estuviera justo al lado de su habitación, porque Lloyd salió al pasillo sin que nadie le viera y estuvo de vuelta enseguida con una toalla húmeda con la que le limpió los restos de semen del cuerpo.

Wesley se cubrió la cara con un brazo y murmuró:

—Ya sé que hace un rato te he dicho que iba a tener principios y esperar. —Lloyd interrumpió su frase, levantándole el brazo y besándole en la boca—. Pero ahora que sé cómo es… —continuó Wesley entre besos—, necesito que me folles por siempre jamás.

Se oyeron entonces unos golpes en la puerta seguidos por la voz de su hermano: —Wes, sé que estás ahí, te oigo. Déjame entrar.

Wesley se quejó.

—No. Vete a casa, por favor.

—Ya no hay autobuses y no quiero que tengas que llevarme.

Cuando Caleb empezó a forcejear con el pomo, Wesley se levantó de la cama, se puso un bóxer y entreabrió la puerta.

—Estoy ocupado.

—Mis cosas están ahí dentro —dijo su hermano metiendo su bota de cowboy por la pequeña rendija y abrió la puerta.

—Te he dicho que estaba ocupado —repitió Wesley, cubriéndose los ojos de la luz que entraba del pasillo.

Caleb se quedó helado ante la visión de Lloyd cubriéndose con una sábana y se cubrió los ojos con las manos.

—Has dicho «ocupado», solo eso; podrías haber sido un poco más explícito. —Y entonces, gritó hacia el pasillo—: ¿MacD?

Se oyó el sonido de pasos acercándose por el pasillo.

—¿Qué pasa ahora, Bombón? —MacDonald miró por encima del hombro de Caleb y dijo, alegre—: ¡Por fin! Aleluya y alabado sea el Señor.

Caleb se quitó las manos de los ojos y la miró.

—Si llego a saber que te emociona tanto la idea, hubiera intentado algo hace tiempo.

Wesley puso los ojos en blanco ante el comentario de su hermano y el gesto fue solo un reflejo leve de la mirada que le dedicó MacDonald.

—No digáis nada, ¿vale? —dijo Wesley prácticamente cerrándoles la puerta en la cara—. O si no, haré que mi novio se ponga en plan capricornio con vosotros.

Caleb soltó una risa.

—Es complicado temer a tu supervisor cuando está ahí desnudo en tu cama. Ah, oye, mira qué buena idea: debería estar desnudo siempre para dejar de parecer tan amenazante.

MacDonald le agarró por el cuello y se lo llevó con ella. Wesley le guiñó un ojo a su hermano y le dijo:

A