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El concepto de escuela rural y escuela en lo rural puede ser ampliado dependiendo de los razonamientos que se utilicen, ya que no es algo unívoco y concluso. Por tanto, varias son las cuestiones que suscitan para acotar escuela rural y escuela en lo rural, o incluso si se va más allá, escuela en el medio rural o escuela en contexto rural. Aunque estas últimas serían analogías semánticas de la escuela en lo rural. La dificultad de conceptualizar lo rural ya lo argumentaba Díez (1989), utilizando para la definición diferentes criterios; demográficos, económicos, ocupacionales, geográficos y socioculturales. Parece por tanto, que buscar definiciones universales y permanentes no es lo procedente, ya que como indica Bustos (2006) “muchos de los preceptos y

5El Gobierno gallego asegura que los recortes en los colegios rurales no han mermado la calidad de la enseñanza que reciben los críos que viven en estas zonas y que “en recursos se aplica una discriminación positiva”. Las asociaciones de mujeres rurales, en cambio, replican que, “pensando solo en el ahorro económico”, se han suprimido plazas de profesores de apoyo y de especialidades, se mantienen los colegios sin servicios necesarios para la conciliación laboral de las familias y la fusión de rutas de transporte escolar condena a los niños a soportar agotadoras travesías de hasta 50 minutos en autobús —curva va, curva viene— antes y después de clase. Los hay que tienen que esperar media hora a que salgan los alumnos de la ESO para emprender rumbo a casa (Visozo, 2014).

“Las clases con niños de distintas edades y un solo profesor se multiplican”. “Los recortes en transporte condenan a los críos a viajes de hasta 50 minutos”.

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justificaciones que han ido parejas a la Escuela Rural pueden quedar obsoletos”.

En palabras de Ortega (1995: 45) “si en lugar de hablar de escuela rural lo hiciésemos de la escuela en lo rural, estaríamos más cerca de caracterizar correctamente lo que se pretende señalar como problema. No es que existe una categoría específica de escuela; existe un determinado emplazamiento –donde lo geográfico tampoco es significativo de la escuela”. En la presente investigación se ha delimitado teniendo en cuenta criterios de la Administración y criterios geográficos, ya que el medio condiciona la escuela.

Barrio Aliste (cit. por Corchón, 2005: 72) defiende la escuela en el medio rural, porque, “la escuela rural, sencillamente, no existe”. Esta es la misma línea por la que se decanta Jiménez y otros o García Martínez (cit. por Corchón, 2000: 56) cuando dice que “(…) en nuestro país hace años que, aún existiendo un medio rural, dejó de existir una escuela rural” (1985:11). Corchón (2005) argumenta que no hay que hablar ni de escuela rural ni escuela en el medio rural, ya que para referirse a la escuela situada en el medio urbano, no decimos escuela urbana o escuela en lo urbano. Si es más preciso hablar de una u otra, no es recurrente en el presente estudio, ya que no se pretende dilucidar o contraponer las diferentes realidades geográficas. El mismo autor indica que es más acertado y adecuado utilizar el término “escuela en lo rural o escuela en el medio rural o escuela situada en el medio rural”.

Por tanto los dos conceptos tienen cabida, como existentes en el marco educativo. Pero si se defiende que la escuela en lo rural es más situacional, geográfica, lo rural es mas físico y parte de un escenario socio-pedagógico, es decir, la escuela rural. La escuela en lo rural no es solo una atribución de un edificio en un contexto sino supone un enriquecimiento mutuo comunidad-escuela. Además, es funcionarial y burocratizada, correspondería con aquellos Centros de Educación Infantil y Primaria situados en pequeñas poblaciones. Si se delimitara por densidad poblacional, en pocas ocasiones supera los dos mil habitantes. A este tipo de escuelas en procesos de hibridación se les acuñaría el término de Escuelas en el medio rural (CEIP en el medio rural o en lo rural). El criterio de espacios rurales serían diversos y barajando todas las posibilidades por lo que puedes encontrar una escuela rural (unitaria y CPR) en un espacio rural tradicional, en transición o moderno. Del mismo modo ocurriría con los CEIP, ubicándose en localidades que presentan indistintamente los espacios comentados anteriormente,

Según Díez Prieto (1989), “la definición de lo rural no puede ser de carácter estático, sino capaz de adecuarse a lo rural en el tiempo histórico y en el espacio

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geográfico y cultural concretos. Lo rural no es sólo un hecho, es un suceso”.

Indistintamente se podría utilizar escuela rural, escuela de pueblo, escuela en el medio rural, educación rural, escuela en contextos rurales,…para referirse a una misma realidad. Si bien cabe señalar, que escuela en lo rural tiene un mayor grado situacional, ambiental, contextual, entre otros, pero siempre relacionada con la labor socio- pedagógica. Por ello, un concepto del otro va de la mano, divergiendo simplemente en el trasfondo de la cuestión. Tampoco al referirse a escuela en lo rural es solo como un criterio espacial que lo definiría por el carácter agrario y determinadas características culturales. Supone, la realidad de un espacio de socialización.

Si se considera la escuela en lo rural y la relación con la escuela rural, el sistema educativo debe dar respuesta en función de su contexto a todo el alumnado, aunque siguiendo a Corchón (2005) “cierta y tristemente la escuela por antonomasia es la urbana, la que ha sido y es objeto de mayor atención, a la que se le dedican los mayores esfuerzos no solo político-económicos, sino también los del mundo universitario”. Son los propios centros educativos que forman el sistema escolar, quienes en función de sus contextos, tienen que dar respuesta a su población estudiantil.

Es verdad que “la urbanización…se está extendiendo a gran velocidad en el medio rural y, unido a otros factores como globalización, inmigración, Sociedad de la Información…, se están produciendo variaciones en los planteamientos ancestrales que le han caracterizado” destaca Bustos (2006). Pero ello no quiere decir que no exista la escuela rural.

En la actualidad, una escuela rural con un perfil uniforme, homogéneo, lineal, como el que tradicionalmente ha sido caracterizado, es difícil encontrar. Influye para su definición actual el contexto en el que se inserta, dependiendo directamente del medio rural para poder ser descrita con fidelidad. La sobrevaloración del modo de vida urbano, que es transmitido en las escuelas rurales, hace incrementar las pretensiones de cambios. Como ya se discutirá en capítulos posteriores, el cambio de axioma debido a las características que hoy en día se presenta.

El término escuela rural se utilizará para referirse en esta investigación a aquella que guarda la idiosincrasia, que además es una terminología administrativa (Escuelas Unitarias y CPRs) y hablar de escuela en lo rural, a cualquier centro que esté enclavado

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en un espacio o contexto rural. Englobarlas todas porque tienen una parte de ruralidad6 independientemente de sus peculiaridades.

Hoy en día, perviven y funcionan correctamente modelos de escuela rural y de escuelas en lo rural, tratando de revalorizarla pedagógicamente. Y la diversidad de esos modelos, es también pluralidad y riqueza cultural. Hablar de escuela rural, sin desechar que cuando hoy se habla de la misma, no se puede olvidar que existe una notable diferencia no sólo con la denominada escuela urbana, sino ante todo con la antigua o tradicional escuela rural. “La transformación que ha experimentado la escuela rural se debe, no sólo a determinadas condiciones políticas y legislativas, sino ante todo al esfuerzo conjunto de la comunidad educativa (padres, profesores,…) que ha creído en las potencialidades de la misma y en su consideración como eje de un desarrollo rural sostenible” (Abós, 2007).

Cantón Mayo (2004) hace referencia a la Escuela Rural entendiendo que reúne un conjunto de formas de escolarización que son específicas de esas áreas geográficas denominadas zonas rurales y tienen, entre otras cosas, las siguientes características: hay baja o muy baja ratio alumno/profesor, la forma de agrupamiento no suele ser por grados7, en algunos casos es el último servicio público que queda en la localidad y tiene ciertas dificultades para acceder a los bienes culturales, provocando cierto aislamiento en su alumnado.

Como comenta Bustos (2006) si hay dos factores que distinguen la escuela rural y lo rural, la escasez de niños y el aislamiento, otros dos pueden ahora contribuir a paliarlos: los inmigrantes y las nuevas tecnologías. En algunas aldeas pequeñas, donde apenas quedan niños para mantener abierta una escuela, los inmigrantes se reciben como un soplo de aire fresco. Las familias de extranjeros están contribuyendo a mantener vivos algunos pueblos, porque, cuando no hay colegio, los padres acaban trasladando su residencia y las aldeas se van despoblando. Por otro lado, las nuevas tecnologías tratan de acabar con la situación de aislamiento en la que viven los maestros y los alumnos de las escuelas rurales. Gracias a Internet se conectan con el mundo, y trabajando en la Red, las escuelas comparten proyectos y experiencias como si fueran una sola. Esto no

6A colación de estos conceptos que se está proponiendo a discusión podríamos ampliar la controversia introduciendo otros como el de mundo rural, mundo ruralocéntrico y/o urbanocéntrico, que los autores citado (Boix y Feu) se encargan de desgranar en un reciente estudio, pero dadas las limitaciones, es merecido comentar estos conceptos en un estudio más amplio. Si confirmamos la existencia de una nueva ruralidad desde la década de los 80.

7De lo que no estamos de acuerdo, ya que hay escuelas graduadas que comparten todas las características de la ruralidad.

F. J. García Prieto

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significa, sin embargo, que todas gocen de esta ventaja.

Que la escuela rural en España represente una mínima parte del conjunto de centros, no quiere decir que no deba merecer la adecuada atención por parte de técnicos, administración, sociedad, agentes educativos y en concreto los pedagogos. No se puede acuñar o defender “que la escuela española es, en su mayor parte, escuela rural” como dijera Herminio Almendros (1934) en la Segunda República, lo que no significa que la variedad y la diversidad que emerge en estos centros sea inaceptable por ser minoritaria. Del mismo modo, no se tiene que estar permanentemente arcaizando en caminos numantinos, conceptos de escuela rural de décadas atrás, sino acorde con los tiempos y el contexto rural que presenta la sociedad actualmente. La escuela rural como tal, es social, cultural, y pedagógicamente un espacio heterogéneo y plural.

¿Por qué seguir hablando de la “Escuela Rural”? La escuela rural en el sistema educativo presenta una situación muy heterogénea en los diferentes territorios del Estado, teniendo en consideración la diversidad geográfica existente y la distinta concentración de población en los núcleos rurales y urbanos dentro de cada Comunidad Autónoma. Hoy en día, aunque España no sea una estructura social rural en su tejido, ni predomina el sector primario, ni el mundo rural significa lo mismo que hace medio siglo, y mucho menos un siglo y medio, o que la escuela rural no sea la mayoritaria, no se puede eludir lo que ha significado y significa, así como la dignidad con la que merece ser tratada, tanto la escuela rural como la escuela en lo rural, eso sí, para denominar una misma realidad, con escasas variaciones (a nivel de tipología de centro) y precisiones conceptuales.

En general cuando se habla de escuela rural se está aludiendo a la escuela que se encuentra ubicada en núcleos de población pequeños y que está desprovista de muchas de las significaciones que habitualmente se suelen atribuir al concepto escuela, y fundamentalmente la adjudicación de un solo docente por nivel/aula con su correlato de organización pedagógico (Ortega, 1995). Según Corchón (2000) la escuela rural es única en la localidad, tiene multigraduación en las aulas, es una escuela unitaria o graduada incompleta, estando situada en núcleos de población con pocos habitantes (Santos Guerra, 2002). Sauras Jaime (2000) propone una revisión del concepto de escuela rural y aporta trascendencia al perfil de calidad que se debe exigir, ya que “debe ofrecer una educación enraizada en la realidad rural, con una escuela abierta al medio natural, social y cultural, que parta de las necesidades y valores de la comunidad rural y que promueva en la medida de sus posibilidades, al menos, indirectamente, el desarrollo social y

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económico”. Corchón (2002) señala que al mundo rural, le corresponde una “escuela rural” o una “escuela situada en el medio rural” que tenga como soporte su medio y su cultura. Del Barrio (1996) dice que la escuela rural deja de tener significado como tal: “lo siento, la escuela rural no existe, por lo que sería más preciso hablar de la escuela en el medio rural. Desde esta óptica, la reflexión iría paralela a los retos, desafíos, y disyuntivas que tiene planteado el conjunto del sistema educativo en el nuevo contexto informacional”. Como se puede observar, son diferentes variaciones que no originan mayor confusión en el campo semántico existente. Se ha ido perfilando y modificando las estructuras rígidas, herméticas y donde era muy común observar el conformismo y la mirada aséptica del profesorado en la escuela, pero la escuela rural como tal sigue existiendo, ya que todavía quedan zonas donde los hábitos y valores de sus gentes son de características rurales, y “si existe el medio rural, existe igualmente la escuela rural” (Álvarez y Jurado, 1998).

Se entiende por escuela rural la escuela unitaria y/o cíclica que tiene como soporte el medio y la cultura rural, con una estructura pedagógico-didáctica basada en la heterogeneidad y multinivelaridad de grupos de distintas edades, capacidades, competencias curriculares y niveles de escolarización, y con una estructura organizativa y administrativa singular, adaptada a las características y necesidades inherentes al contexto donde se encuentra ubicada, tal y como afirma Boix (2006). Las funciones y necesidades de la escuela rural varían según las zonas, los recursos, la población y demografía, las decisiones político-administrativas e, incluso, la formación de los maestros. En alguna comunidades autónomas la escuela rural, la escuela pequeña, de pueblo y pública, queda como residual en el sistema educativo, obsoleta, marginal, en vías de extinción. Y no sólo por la falta de población en algunas zonas del territorio español (que bien es cierto que así ocurre), sino también por opciones políticas (con sus correspondientes ajustes y recortes presupuestarios) que consideran que la escuela urbana es la institución escolar que puede ofrecer a los niños y niñas rurales una mejor calidad educativa en detrimento del contexto rural.

Las desigualdades derivadas de factores geográficos inducen a pensar en respuestas que compensen estas diferencias, ya que en la mayoría de ocasiones, es acompañada de un aislamiento social y cultural. Una respuesta a todo tipo de educación rural son los agrupamientos escolares, en Andalucía bajo la denominación de Colegios Públicos Rurales.

Por todo lo descrito “defender las escuelas rurales y, por ende, nuestros pueblos

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es un deber, sobre todo cuando los criterios que han servido para desmantelarlas no son contundentes (Ubieto, 1983). Constatando que “en localidades de menos de 1000 habitantes los alumnos no aprenden menos que en otras localidades o ciudades mayores” (Garcés, 1983).

Variados son los principios y terminologías8 ahuecadas semánticamente, que generan conceptos opuestos y contradictorios. La escuela rural no debe fijarse como modelo la escuela urbana. La sociedad debe valorar la diversidad de la escuela rural, porque considerar la en la línea de la escuela urbana, no será la panacea que garantice la posibilidad de otra educación de altas miras con respecto a la rural.

La escuela rural, hoy en día a la vuelta de la sociedad del conocimiento, toma un sentido y rumbo diferente al que había mantenido hasta el momento y se transforma en una institución educativa con un carácter marcadamente equitativo. Deja de ser una utopía para dar paso a una necesidad sentida y manifestada por el propio territorio y abandona el carácter paradójico en cuanto que debe apostar por formar a una moderna ciudadanía, respetuosa, defensora de los derechos humanos, profundamente participativa, y altamente concienciada de la identidad cultural.

1.3.2. Escuela rural: diferentes formatos o tipologías ¿Una misma realidad?

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