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CHAPTER 3 RESEARCH METHODOLOGY, DESIGN AND PROCESS

3.10. DATA VERIFICATION

La Corteza Cerebral, Córtex o Palio es un término que deriva del griego y significa manto, ya que morfológicamente recubre a la superficie externa de los hemisferios cerebrales, tanto al derecho como al izquierdo. Ambos hemisferios comparten una morfología similar pero presen- tan diferencias funcionales.

Este manto cortical está formado por sustancia gris, que reproduce morfológicamente la morfología externa del cerebro siguiendo su mismo plegamiento, y que se caracteriza por su rica vascularización ya que las células corticales presentan una alta tasa metabólica que nece- sita del aporte sanguíneo continuo.

Para poder comprender los aspectos neuroanatómicos externos básicos de la corteza cere- bral, comenzaremos por analizar los siguientes términos: cisura cerebral, lóbulo cerebral, sur- cos y circunvoluciones cerebrales. Una cisura es una hendidura cerebral que permite demarcar lóbulos cerebrales; como ejemplo, la cisura de Silvio que separa el lóbulo parietal del temporal, y la cisura de Rolando, el frontal del parietal. Los lóbulos cerebrales son regiones morfológicas del cerebro que pueden observarse sobre su superficie, aunque no todas desde un mismo lu- gar. El cerebro tiene seis lóbulos (frontal, parietal, temporal, occipital, límbico e ínsula), y si lo observamos desde el lado externo sólo podremos ver los cuatro primero. Si bien la ínsula tam- bién se encuentra en la superficie lateral del cerebro, no puede observarse a simple vista por- que se ubica profundamente; y para algunos autores forma parte del lóbulo límbico, por lo que consideran que el cerebro tendría cinco lóbulos (Redolar, D.2019). En tanto, el lóbulo límbico se debe observar desde el lado interno del cerebro. Los surcos son hendiduras cerebrales, similares a las cisuras pero de menor profundidad, permitiendo una delimitación de regiones cerebrales denominadas circunvoluciones o giros. Gran parte de la superficie de la corteza cerebral queda oculta en las paredes de los surcos y cisuras.

A modo de resumen, diremos:

que cada hemisferio cerebral presenta profundas hendiduras llamadas cisuras, que dichas cisuras delimitan porciones de cerebro denominadas lóbulos, que existen seis lóbulos cerebrales,

que cada lóbulo tiene hendiduras de poca profundidad o surcos, y

que dichos surcos dividen al lóbulo cerebral en pequeñas porciones cerebrales que se llaman circunvoluciones o giros.

Las circunvoluciones se corresponden con áreas cerebrales que participan en diferentes funciones. Para el estudio de la psiconeurobiología es necesario individualizar alguna de ellas, tal como la quinta circunvolución temporal porque contiene a la formación hipocampal, indis- pensable en la construcción de las memorias, la circunvolución frontal ascendente porque se corresponde con el área motora primaria, la circunvolución parietal ascendente con el área sensitiva primaria, la circunvolución del cíngulo con funciones emocionales y atencionales, y la circunvolución temporal superior con funciones auditivas.

La corteza cerebral no es uniforme, ya que existen diferentes tipos de corteza cerebral se- gún un criterio evolutivo. Existen regiones que poseen corteza primitiva, otras con corteza in- termedia, pero la mayor parte del cerebro presenta una corteza cerebral muy desarrollada lla- mada neocorteza.

La corteza primitiva o arquicorteza es aquella que se encuentra principalmente en el hipo- campo y en la región septal.

La corteza más desarrollada y abundante en el cerebro humano es la neocorteza. Según la distribución de las seis capas que la forman podemos considerar dos tipos: a) la isocorteza o corteza homotípica, que presenta las capas celulares distribuidas en forma homogénea y b) la corteza idiotípica o corteza heterotípica, que dispone a sus capas celulares en una distribución heterogénea. Las áreas primarias del cerebro se encuentran constituídas por corteza heterotí- pica; las secundarias y de asociación por corteza homotípica.

Entre la arquicorteza y la neocorteza, evolutivamente el cerebro presenta un manto de cor- teza intermedia. Si bien ésta ha adoptado varias denominaciones y se la ha subdivido en subti- pos, para nuestros fines psiconeurobiológicos la llamaremos paleocorteza. Esta corteza permi- te la comunicación funcional entre la antigua y la nueva corteza, y se halla representada princi- palmente por el parahipocampo, el cíngulo y la corteza insular.

En relación a la celularidad de la corteza cerebral, sabemos que contiene diferentes tipos de células, entre las que se destacan las piramidales y las estrelladas; también cuenta, entre otras, con células fusiformes, células de Martinotti y células horizontales de Cajal.

Las células piramidales pueden ser pequeñas, medianas y grandes según se ubiquen las capas II, III o V respectivamente; estas últimas son las más grandes (llamadas células gigantes de Betz) y abundan especialmente en la corteza motora primaria (heterotípica).

Son células excitadoras y utilizan el glutamato como neurotransmisor.

Las dendritas, tanto la única apical como las basales, se distribuyen ampliamente de modo que la primera llega hasta la lámina I y las segundas a las láminas subyacentes co- rrespondientes.

Los axones de todas las células piramidales tienen ramos recurrentes que pueden excitar a las células piramidales circundantes.

Las células estrelladas pueden ser espinosas o lisas; las primeras o excitadores, reciben las aferencias del tálamo y de otras regiones corticales, y las segundas o inhibidoras reciben las aferencias recurrentes de las células piramidales y proyectan inhibición sobre otras células piramidales. Las células estrelladas lisas constituyen el 25% de las neuronas de la corteza cerebral; tienen el rol de inhibir o silenciar las columnas débilmente activas, para que la corteza concentre su actividad en las zonas más activas.

Respecto a la estructuración de la corteza cerebral, interesa destacar que si bien se trata de una lámina muy delgada, puede ser apreciada a simple vista; su grosor oscila entre 2 y 5 mm, siendo más delgada en regiones sensitivas y más gruesa en las motoras y en las regiones de asociación.

La estructura de la corteza puede analizarse en superficie (áreas corticales) o al corte (lámi- nas y columnas).

Las áreas corticales, también llamadas mapas cerebrales (porque su representación re- cuerda a los mapas utilizados en cartografía), determinan localizaciones funcionales (cada área se relaciona con determinada función). Estas áreas fueron ampliamente estudiadas y clasifica- das por Brodman en 1909, por lo se las conoce como “las áreas de Brodman”, estableciéndose así un mapa de áreas corticales.

Las áreas asociativas, las más extensas en el cerebro humano, intervienen en el nivel jerár- quico más alto de la organización sensoriomotriz, y también como principal componente de la corteza emocional y de la corteza social.

Pueden describirse tres áreas asociativas: el área prefrontal, el área temporoparietooccipital y las áreas límbicas o internas. En conjunto son áreas cognitivas, si consideramos que intervie- nen en la cognición. No obstante, si bien cada una tiene una alta especialización y asume im- portantes funciones psíquicas, dichas funciones no quedan reducidas solamente a dicha locali- zación. Las cortezas asociativas representan cerca del 85 % de la corteza cerebral, relegando a las áreas primarias y secundarias a un lugar más limitado. Existen además áreas específicas como las que controlan el lenguaje, el área expresiva o área de Brocca y el área comprensiva o de Wernicke; ambas predominan en el hemisferio izquierdo, la primera de localización frontal y la segunda temporoparietal.

Las áreas sensoriomotrices pueden dividirse en primarias y secundarias. En el caso de las sensoriales, las áreas primarias reciben al estímulo y las áreas secundarias permiten su reco- nocimiento. Para el caso de las motrices, las áreas primarias ejecutan el movimiento que ha sido programado y propuesto por las áreas secundarias. Desde una visión neuropsicológica, las áreas secundarias sensoriales se corresponden con áreas gnósicas y las áreas secundarias motoras con áreas práxicas.

Las áreas motoras se encuentran en el lóbulo frontal, las sensitivas en el lóbulo parietal, las visuales en el occipital y las auditivas en el temporal; en todos estos casos, tanto las primarias como las secundarias. Las áreas sensoriales y motoras, sean primarias o secundarias, no se relacionan en forma directa entre sí, se vinculan a través de las áreas de asociación.

Las láminas son las capas de células que se disponen en la corteza de manera horizontal. La neocorteza se caracteriza por la presencia de 6 capas o láminas de neuronas (molecular, granular externa, piramidal externa, granular interna, piramidal interna y fusiforme), la aquicor- teza sólo tienen 3, y en forma rudimentaria; en tanto, la paleocorteza se ubica en situación in- termedia entre ambas.

Las columnas corresponden a la disposición vertical de la corteza; de modo que existe una comunicación entre las neuronas que integran dicha disposición, determinando una modalidad de funcionamiento. En el caso de la corteza somatosensitiva, dónde fueron más ampliamente estudiadas, puede apreciarse por ejemplo que algunas columnas responderán a los estímulos ejercidos en una articulación pero no en la piel, y otras a los estímulos recibidos en la piel.