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Database Management and Advanced Tools

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4. Management and Administration Tools

4.3 Database Management and Advanced Tools

para que los niños discapacitados convivieran con los niños normales, pues de esta manera se mejorarían las deficiencias de los infantes discapacitados y los niños normales se volverían más tolerantes. A pesar de las bondades de la integración, este proceso no era suficiente para combatir la indolencia y la intolerancia. Por ello, se empezaron a publicar noticias sobre centros especializados en hacer más tolerante a la comunidad. Tales centros eran instituciones como Anthiros.

En el siguiente apartado se mostrará cómo Anthiros fue descrita como una institución que mejoraba las habilidades sociales y pedagógicas del niño autista y, al mismo tiempo, volvía más tolerante a la comunidad. Regular la supuesta intolerancia de la comunidad ha sido uno de los objetivos de quienes han buscado crear conciencia sobre el autismo actualmente, pues de esta manera los niños con este trastorno son aceptados en los colegios, en los vecindarios, en los centros comerciales y en otros ámbitos. Por ello, todo lo descrito hasta ahora es una antesala que le abre paso a la concientización.

1.2 Anthiros y la emergencia de la psicoeducación .

La primera noticia sobre el autismo publicada por la revista Semana describió las características del niño autista de la siguiente manera: “el niño autista puede sentarse en los rincones por horas enteras, batiendo los brazos, meciéndose atrás y adelante, o dando vueltas sobre sí mismo. Algunas veces, incluso, se golpean contra las paredes” (Semana, 5 de abril de 1987). Los testimonios de los padres evidenciaron la sorpresa que les causaba el diagnóstico de sus hijos: “ni mi marido ni yo podíamos creer que Emilio pudiera ser un niño enfermo. A los tres años, repentinamente dejó de hablar, pero yo lo atribuí a que nuestros conflictos matrimoniales y económicos tenían a la familia pasando un mal rato” (Semana, 5 de abril de1987).

Según Semana, el autismo representaba una desesperanza para las familias, pues los resultados del tratamiento tan sólo se observaban en meses o años: “El grado de compenetración de la familia debe ser total, con largas y extenuantes sesiones de sobre-

80 estimulación que, por otra parte, solamente presentan algún resultado imperceptible a través de largos meses, y aún años” (Semana, 5 de abril de 1987). La frase citada terminó de la siguiente forma: “con un niño autista es fácil perder las esperanzas” (Semana, 1987). De esta manera, el tratamiento del autismo fue descrito como algo que no tenía mayor efecto, debido a que el niño autista era visto como un sujeto incorregible.

Ahora bien, en 1994 las noticias sobre el autismo sufrieron un giro importante, pues a partir de esta fecha El Tiempo empezó a producir artículos sobre Anthiros. Esta institución mostraba a las personas con autismo como sujetos que debían estar en sus hogares: “¿Dónde puede estar mejor una persona que sufre de autismo, (sic) sino es en su propio hogar? Esta es la filosofía que ha impulsado durante los últimos cinco años a un grupo de especialistas para crear y mantener la fundación Anthiros”. (El Tiempo, 6 de junio de 1994). Al mostrar el hogar como un ambiente deseable el autismo dejaba de ser un trastorno tormentoso para la familia y el sujeto autista empezaba a ser visto como una persona que debía ser comprendida por sus padres.

El objeto de intervención de Anthiros no fue únicamente el niño autista; esta institución aspiraba a trabajar con las familias y la comunidad: “la tarea no es sólo para los niños. También trabajan con las familias y la comunidad” (El Tiempo, 6 de junio 1994). La comunidad era intolerante frente a las características de los niños autista, lo cual representaba un reto para los especialistas: “los niños autistas son rechazados socialmente y el mayor reto para los especialistas, se encuentra en que la familia y la comunidad los acepte” (El Tiempo, 6 de junio 1994). En las noticias sobre Anthiros también se mostraron testimonios por medio de los cuales los padres relataban el rechazo de la comunidad: “mi suegra invitó a su cumpleaños 70, pero nos pidió que no lleváramos al nieto autista. Preferimos quedarnos en casa” (El Tiempo, 14 de diciembre 1994). De esta manera, El Tiempo mostró una vez más a una comunidad intolerante, la cual debía ser educada por una institución experta; esta institución era Anthiros.

El Tiempo también mencionaba los avances obtenidos por los niños autistas en Anthiros, como se muestra en la siguiente cita: “Cerca de setenta niños autistas del Centro de

81 Desarrollo Infantil Anthiros, disfrazados de los más diversos personajes del reino animal, les mostraron a sus padres los avances logrados en los últimos meses” (El Tiempo, 14 de diciembre de 1994). Se utilizaba la palabra avance porque algunos niños aprendieron a hablar, otros se convirtieron en sujetos más disciplinados y un grupo progresó en la lectura: “Diego Alejandro González y Joaquín Pinilla, (14 y 13 años, respectivamente), se dirigieron al público para contar, con algunas dificultades de pronunciación, que unos aprendieron a portarse bien, otros a hablar, otros progresamos en lectura” (El Tiempo, 14 de diciembre 1994).

Tanto el trabajo con la comunidad como los avances de los niños autistas en Anthiros mostraron los dos ejes sobre los cuales trabajó esta institución. El primer eje fue disciplinar a aquel incorregible de tiempos pasados (el sujeto autista) y el segundo fue hacer más tolerante a la comunidad. Estos ejes permitieron que Anthiros cumpliera, en algunas ocasiones, con uno de sus objetivos: la integración escolar, como se muestra a continuación: “la fundación Anthiros ha logrado integrar a la escuela regular a doce de los 350 niños, que han sido atendidos durante este periodo” (El Tiempo, 6 de junio 1994). La integración fue entendida como el resultado del proceso disciplinario y como el producto del trabajo con la comunidad, pues un niño autista que asistiera a una escuela regular lo hacía por los avances que tuvo en Anthiros y por la aceptación de la comunidad. Dado esto, Anthiros fue descrito como un centro que beneficiaba a decenas de miles de personas:

La institución estima que mediante sus programas se benefician aproximadamente 25.000 personas por año, si se cuentan entre ellas a la comunidad que rodea al niño. La cifra se basa en que cada niño es multiplicador de personas que aprenden a convivir con él. Su familia, los amigos, los vecinos y, eventualmente, los propios compañeros de estudio (El Tiempo, 6 de junio de 1994)

Las noticias sobre Anthiros produjeron un cambio en la descripción del autismo por parte de la prensa. Este trastorno dejó de ser una patología incorregible para convertirse en un síndrome que podía ser tratado por instituciones especializadas. Dicho cambio le permitió a Anthiros obtener un permio Portafolio otorgado por el periódico El Tiempo por su aporte a la comunidad (El Tiempo, 14 de junio de 1994). A su vez, las noticias sobre

82 Anthiros fueron necesarias para empezar a crear conciencia sobre el autismo. Las noticias sobre la concientización no habrían sido posibles si no existiesen instituciones especializadas en el tratamiento del autismo y en el trabajo con la comunidad.

En este apartado se ha evidenciado cómo la prensa ha logrado articularse con las instituciones psicoeducativas. La prensa ha sido el medio a través del cual estos mecanismos han sido vistos como elementos necesarios para tratar a los niños con autismo y para volver más tolerante a la comunidad. En esta medida, la prensa ha visibilizado a instituciones como Anthiros. Esta visibilización ha sido fundamental para promover la concientización, pues las instituciones psicoeducativas han pretendido que el autismo sea conocido en toda Colombia desde los noventa.

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