Desiré tiene 36 años cuando inicia la terapia. Es una mujer divorciada a los 29 años, tras 10 de matrimonio, con dos hijas de 14 y 10 años que viven con ella. Trabaja como camarera y, a los 6 meses de iniciar el proceso terapéutico se independiza del domicilio materno (donde vivía con sus hijas y su madre desde su divorcio), alquilando un piso.
Es la hija menor de tres hermanos: el hermano mayor de 44 años, la hermana de 37. Sus padres se separaron cuando ella tenía 8 meses. Al tiempo, cada uno de ellos establecieron otras relaciones sentimentales: el padre se fue a Zaragoza con su pareja y la madre tuvo una relación con un hombre casado (desde los 7 hasta los 22 años de Desiré). Era un hombre con problemáticas de alcohol y ludopatía. Su madre también le seguía en esta dinámica y con frecuencia discutían mucho.
92 Los datos biográficos de Desiré son una reconstrucción realizada por mí a lo largo del proceso. El asunto de elaborar una biografía emocional ha resultado ser un tema significativo en la terapia con el que ella ha actuado su seducción, llamando la atención desde lo misterioso y jugando al escondite, vehiculizando su resistencia y mecanismos de defensa, sobre todo el de la proyección: siente vergüenza de enseñarme por temor a que yo la rechace al comprobar “lo loca” que está. Unas veces aduce tener dificultades para recordar, otras que recordar su infancia le produce dolor, otras que cree que todo lo que recuerda son invenciones suyas.
“Recordar mi infancia me duele mucho, pero también tengo la sensación de mentira, confusión de que sean verdad mis sentimientos, como si lo que yo sintiera fuera mentira.”
Lo que podemos saber, por tanto, a través de los recuerdos que va compartiendo de manera puntual es:
Ella sabe, porque lo ha escuchado, que sus padres se separaron cuando “ella aún no andaba”. Tenía unos 8 meses. Desde entonces, convivían en el domicilio familiar la madre, la abuela materna, el hermano, la hermana y ella.
El padre
La relación con su padre está marcada por la distancia. Al principio, él venía a visitarles, incluso hacían excursiones familiares (incluida la madre y la abuela) a la playa. Los encuentros entre los padres no estaban exentos de discusiones y la madre mantuvo en alguna ocasión acciones manipuladoras, no permitiendo visitas de los hijos en las fechas acordadas, una vez que él había venido desde Zaragoza. El hermano mayor, coincidiendo con la adolescencia de Desiré, convivió con el padre unos años.
Desiré relata que su padre ha estado diagnosticado de trastorno bipolar y obsesivo compulsivo. Lo ha sentido exigente y con más atención hacia su hermana y hermano que hacia ella. Ha mantenido hacia él una postura de reserva y desconfianza:
93 “Yo he sentido mucha desconfianza hacia él. La desconfianza, cuando era niña, era que él pudiera hacernos daño, sobrepasarse con nosotras. Recuerdo una vez en la playa, yo estaba en la ducha y me vino la idea de que me iba a venir a mirar por una ventana.”
No tiene ningún recuerdo de que sucediera algún acontecimiento de este tipo y reconoce que la percepción que ha tenido sobre su padre está muy influida por los comentarios de la madre y abuela maternas:
“Mi madre y mi abuela hablaban muy mal de mi padre. En una ocasión, mi abuela dijo de mi padre que era un degenerado, una vez que mi padre nos dijo que nos fuéramos con él…Yo estuve sin hablar con él durante mucho tiempo… Oía muchos mensajes negativos acerca de él, de mi madre y de mi abuela. Sobre todo que no me quedase a dormir con él, por lo que pudiera pasar. Tampoco con mi padre me sentía muy atendida”
Al mismo tiempo, ha anhelado una presencia más consistente. Una escena significativa para ella, que marca la instauración de una actitud de silencio y retirada afectiva hacia él, sucede cuando ella tiene 13 años y su hermana 14:
“Tampoco con mi padre me sentía muy atendida. Nos lleva a hacer esquí acuático. A mi hermana le dice que lo intente, a mí me ignora. Yo me quedo callada, quería que él me dijera lo mismo y no me dice nada, me quedo con rabia y me siento estúpida. Hice como que no me importaba.”
“…yo siento que mi padre está pero no está. Mucha seguridad no me ha dado nunca. Ante él, con muchas dudas, no me termino de fiar. No deja de ser una persona extraña. Cuando ha estado, un par de días, ha traído regalos y eso. Con desconfianza…pero es mi padre.”
En el transcurso del proceso, el tono emocional con el que se refiere a su padre, contiene, de un lado, elementos comprensivos, como cuando hace referencia a los juegos manipulativos de la madre respecto de las visitas acordadas. Aunque él quiso mantener el vínculo, la madre se lo ponía difícil y, al final, se cansó y dejo de venir.
94 Esta actitud comprensiva se extiende también a la enfermedad del padre. Por otra parte, a lo largo del proceso se produce una recuperación del contacto, donde la enfermedad de Desiré hace que despierte el interés del padre hacia ella y las dificultades matrimoniales por las que él atraviesa le hacen requerirla como interlocutora. Desiré, en estos momentos, le siente más afectivo y cercano, recibiendo de él reconocimiento y apoyo. Aunque comenta estar contenta con esta nueva experiencia con su padre, Desiré vive los requerimientos paternos con desconfianza y con tensión y su experiencia actual convierte en figura asuntos que permanecían en el fondo en la terapia.
“yo siempre bromeo con él de que estoy enamorada de él. El me dijo ayer que la gente iba a pensar que estábamos cometiendo incesto (por nuestros abrazos y muestras de cariño)…yo me pongo tensa cuando abrazo a mi padre y me pierdo un poco con todo esto porque también me viene un juicio negativo sobre él que no se de donde me viene.”
En una de las pocas cosas escritas que ha entregado hasta ahora, Desiré describirá a su padre como: un bumerang, un montón de gusanos, un maniquí de escaparate, un país en el extranjero, un regalo vacío, un folio en blanco, el nº 0, un juez, un examen difícil.
La madre
La relación con su madre la describe como caótica y se siente manipulada por ella y por la abuela materna, aunque en la primera infancia parece estar muy apegada a ella:
“…dice mi madre que de pequeña siempre estaba pegada a ella, como una lapa… en una ocasión mi madre me manda a la playa con unos vecinos, yo no quería ir… me obliga; cuando estoy en la playa me siento angustiada y les digo a mis vecinos que quiero volverme a casa; los vecinos me llevan y mi madre, al verme, dice: lo sabía…. Con mi madre, hablando de mis hijas, me decía que una de mis hijas estaba muy apegada a mí, igual que yo a ella.”
Relata de su madre que, en ocasiones, se hacía pasar por muda y luego les decía que era mentira y que le prometía cosas que luego no cumplía:
95 “Mi madre viajaba, una vez me dijo que me iba con ella, pero me manipuló y me dejó en casa de unos vecinos”
Otro asunto con el que Desiré dice haberse sentido manipulada por su madre se refiere a una experiencia de abuso sexual de la madre por parte del abuelo materno. Desiré recuerda que este hecho era un asunto anunciado por su madre desde que ellas eran pequeñas, pero desvelado hace poco tiempo.
“Recuerdo que de pequeña, varias veces la escuché decir: “ya os contaré cuando seáis más grandes”. No se porque tengo la sensación de que esto que cuenta mi madre no es verdad. Recuerdo en mi infancia la sensación de no pisar tierra firme.”
El inicio de la ruptura de este excesivo apego parece coincidir con la etapa pre- adolescente de Desiré. La madre, preguntada por Desiré ahora, con poca claridad en el recuerdo le comenta que fue sobre los 12 años, cuando inició un romance con un chico que era mecánico. A esta edad, Desiré también recuerda haber realizado una visita (que describe como bastante desagradable) al ginecólogo con una amiga, sin que su madre lo supiera.
La madre, a partir de la relación sentimental que inició con su nueva pareja, también tuvo problemas con el alcohol y desarrolló conductas agresivas con las hijas y la abuela:
“Cuando yo era adolescente, mi madre bebía mucho y se ponía muy agresiva, sobre todo con mi abuela (verbalmente)... También la etapa en que mi madre bebía y estaba muy agresiva con mi abuela. Yo tenía 14 años. Sentía mucha rabia y preocupación hacia mi madre. Muchos gritos, yo aterrorizada. En la adolescencia, mucho caos. Buscaba afecto: salir, divertirme. Carencia de padres y que mi madre se iba. Yo me quedaba con abuela y no me gustaba. Me buscaba la vida. Bueno, sobreviví. La sensación que tengo durante toda mi vida es de caos.”
Ante esta vivencia, Desiré comenta haber reaccionado elaborando un mundo de fantasía en el que se vivía en un mundo inventado por ella y con pocas ganas de estar en casa.
96 La relación con la madre, en estos momentos, es de dificultad y desapego afectivo. Habla de haberse sentido utilizada y manipulada por ella, y se siente culpable de sentir rabia. Se siente juzgada, descalificada y vigilada, al tiempo que le llegan mensajes de demandas contradictorias. Desde que se independizó y vive con sus hijas en su propia casa, vive con tensión visitar a su madre.
La descripción que escribe sobre su madre es: el lobo de caperucita, una sirena, el gusano de una manzana roja y apetitosa, una moneda, un baile de máscaras, un signo de interrogación, una camisa de fuerza, la manzana de blanca nieves.