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Orientaciones para ayudar y servir a los demás Reglas para compartir [cfr. EE 337-344]

Esta es una versión moderna de las “Reglas para distribuir limosnas”. Ayuda para quienes están haciendo un discernimiento sobre cómo reformar su propia vida y estado.

Si creo que debo ayudar a gente necesitada, pensaré antes en estas cuatro consideraciones [338]: 1. Veo si mi intención en ayudar y servir es la misma de Jesús y de Papá Dios, y si me inclino a

darme a esa gente por lo mismo que ellos lo hacen y como ellos lo hacen.

2. Miro cómo me parecería bien que hiciera un desconocido que se hallara en mi mismo caso; y veré cómo actuar yo de esa misma forma [339].

3. Me imagino lo que querría haber hecho en el momento de mi muerte, y veré de hacerlo así ahora [340].

4. Pienso en la más completa verdad y en el criterio más definitivo, y a la luz de eso decidiré con la mayor honestidad lo que he de proponerme hacer [341].

5. Cuando se da especial cariño o simpatía por alguien y eso me mueve a querer darle algo o servirlo, debo repasar las orientaciones anteriores, hasta que antes de ayudar me dé cuenta de que soy verdaderamente libre [342].

6. Es evidente que uno también tiene que tener en cuenta su futuro y el de su familia. Es importante haber aclarado ya el estilo de vida y la ocupación a la que le llama Dios. Pero siempre sin que ello le aparte de Jesús y su causa, ni pierda el dominio de sí, la libertad y el camino emprendido [343].

7. Siempre es mejor y más seguro que uno comparta lo más posible y retenga para sí lo menos, según su estado y condición, a ejemplo de Jesús. Ha de ser mayor el desprendimiento cuanto más se sienta uno llamado a ser testigo de Jesús y colaborador de su causa. Las responsabilidades de la vida matrimonial o familiar de por sí no deben frenar el seguimiento de Jesús. Depende siempre de lo que uno ha visto que Dios le pide [344].

Situar al hombre en el centro de la vida económico-social

Entre los baluartes de la doctrina social de la Iglesia está el principio de la destinación universal de los bienes. Los bienes de la tierra se ofrecen, en el designio divino, a todos los hombres y a cada hombre como medio para el desarrollo de una vida auténticamente humana. Al servicio de esta destinación se encuentra la propiedad privada, que —precisamente por esto— posee una intrínseca función social. Concretamente el trabajo del hombre y de la mujer representa el instrumento más común e inmediato para el desarrollo de la vida económica, instrumento, que, al mismo tiempo, constituye un derecho y un deber de cada hombre (Juan Pablo II, Christifideles

30 De aquí en adelante no se vuelve a indicar el número de repeticiones

diarias que se hacen cada día. Se proponen dos misterios de la vida de Cristo, y sobre ellos se hacen dos repeticiones trayendo los sentidos.

Laici, 43).

LA CONFIRMACIÓN.

El proceso de la elección no concluye con mi trabajo. Falta un paso: que Dios quiera confirmar lo que yo he decidido. Ya no es tarea mía. Por ello he de saber estar en una activa pasividad:

Por una parte estoy activo porque supone en mí aumentar mi capacidad de oración y escucha. Por eso activo mis deseos en el Coloquio de Banderas y Binarios. O también me alargo en oración o penitencia, a la espera.

Por otra parte estoy pasivo porque es a Dios a quien corresponde darme la confirmación. “No me eligieron ustedes a mí, ¡Yo los elegí a ustedes!”. Por eso no sirven propósitos que yo me pueda dar desde mí mismo. No me dejarán la paz honda de la que hablan las reglas de la 2ª Semana.

¿Cómo descubriré la confirmación? San Ignacio habla de tres tiempos de elección (EE 175). El término tiempo significaría aquí etapas por las que he de pasar según dice el Nº 178. Pero no necesito pasar por las tres. Lo normal es que encuentre lo que busco en la primera o la segunda.

Puede ser a través de una fuerte moción, con tal fuerza de atracción que el ejercitante quedará sin dudar ni poder dudar (EE 175), con una luz que ilumina todo el camino recorrido a lo largo de los Ejercicios y el que le queda por recorrer en el futuro. Será algo evidente, como una irrupción de Dios que trataré de no mezclar con elementos míos, que no pertenecen a lo que se me dice.

Puede ser que me venga a través de una constatación que voy haciendo mirando cómo he sido conducido en las consolaciones y desolaciones. De ese análisis voy tomando conocimiento y bastante claridad (EE 176). Las mociones coincidentes de las consolaciones y las tristezas experimentadas en mis desolaciones mostrarían un hilo conductor. Para usar ese tiempo deberé tener muy presentes las Reglas del discernimiento de la 2ª Semana.

Puede ser un proceso donde yo estoy más activo, “usa de sus potencias naturales” dice el Nº 177, y esto es lo que hice ayer en mi pre-elección: opté por uno de los dos proyectos y ahora espero que Dios hable aprobándolo o modificándolo.

En todo caso siempre he de esperar el primer o segundo tiempo, según sea la importancia del discernimiento que estoy haciendo. En definitiva debo esperar una evidente presencia de Dios que me ilumine y sobre la que no exista ya duda. Si esta no viene en un tiempo prudencial -y esto hay que cotejarlo con el acompañante- se me estará invitando a cambiar mi elección.

Según narra el Diario Espiritual (No 48) mientras Ignacio esperaba su confirmación le pedía al Señor:

..."Padre Eterno, confírmame. Hijo eterno, confírmame.

Espíritu Santo Eterno, confírmame. Santa Trinidad, confírmame. Un solo Dios mío, confírmame!"

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