• No results found

Declarative Object Identity Using Relation Types

2.2 Implementing Relationships

2.4.3 Declarative Object Identity Using Relation Types

A menudo el anima/animus aparece en sueños como un dios o una diosa. En nuestros días, la cosa más cercana que tenemos a un dios o una diosa son las celebridades, así que la gente famosa que encontramos en nuestros sueños debería ser considerada como dioses y diosas de la época moderna. Por ello es importante considerar qué representa un dios o una diosa.

¿Recuerdan el esfuerzo que hizo Jung para comprender las dife- rencias temperamentales entre Freud y Adler, y entre ellos dos y él mismo? Eso le llevó a darse cuenta de que los seres humanos se pueden clasificar con un número finito de diferentes tipos de personalidad. Después desarrolló un sistema de tipos psicológicos para explicar esas diferencias. En el fondo, lo que hizo fue dividir a las personas en pares de opuestos, basados en varias características que Jung descubrió que eran primordiales para todos los seres humanos: introversión y extraversión, pensamiento y sentimiento, sensación e intuición. Era algo similar a la manera como los antiguos griegos identificaban cuatro tipos básicos de personalidad, que ellos llamaban humores, basados en las polaridades de caliente y frío, seco y húmedo.

No obstante, existe una manera alternativa, igualmente antigua, de clasificar las diferencias de personalidad. En lugar de buscar las polaridades subyacentes, se identifican tipos concretos de personas basándose en alguna característica predominante de la personalidad que sobresale del resto, por ejemplo: «el avaro» o «la seductora.» La ventaja de crear categorías es que siempre se pueden añadir las nuevas cada vez que se identifica un nuevo tipo. La desventaja es que no existe un método sistemático que enlace todos los tipos de personalidad; tranquilamente pueden existir cien tipos de personalidad, o incluso mil. Pero, en la práctica, tales categorías normalmente se limitan a un número relativamente pequeño de personalidades. En una amplia variedad de culturas antiguas, cada rasgo de personalidad distintivo

valorado por esa cultura era personificado por un dios o una diosa. Por ejemplo, la fuerza del guerrero quedaba personificada por el dios romano Marte, el griego Ares, el escandinavo Thor, etc. En los años noventa, esa fuerza queda mejor representada por astros del cine, como Sylvester Stallone o Arnold Schwarzenegger. En épocas antiguas, la inteligente y picara argucia quedaba representada por el dios romano Mercurio, el griego Hermes, el escandinavo Loki. En nuestra época actual, ¿quizá se nos ocurriría más pensar en Billie Crystal o Eddie Murphy? Para los romanos, Venus era la encarnación del amor y de la belleza; para los griegos era Afrodita. Más que cualquier otra celebridad moderna, Marilyn Monroe representó ese arquetipo, pero figuras contemporáneas de tan diferente carácter como Julia Roberts y Madonna compiten para representar aspectos opuestos de Venus/Afrodita.

Cualquier rasgo que admiremos, deseemos o temamos es probable que sea proyectado en un dios o una diosa. Cuando todavía creíamos en un abanico de dioses y diosas, levantábamos altares para honrarles y ofrecíamos sacrificios para obtener sus favores. Los dioses y las diosas que estaban más de moda se podían reconocer fácilmente por el número de personas que asistía a sus santuarios y por la riqueza de las ofrendas de sus altares. Si un santuario era poco visitado y estaba cubierto de malas hierbas, podíamos estar seguros de que las características de ese dios o diosa ya no se valoraban tanto ni eran temidas por esa sociedad. Actualmente podemos dirigirnos a la taquilla cinematográfica para hacer una evaluación instantánea de qué dios o diosa goza del favor de los simples mortales o bien está pasando al olvido.

Todo dios o diosa que haya vivido alguna vez sigue existiendo en la memoria ancestral que poseemos todos los seres humanos. La humanidad no ha cambiado tanto en el millón o dos de años (según distintas teorías) de nuestra historia. Tenemos más cosas en común con nuestros parientes de las cavernas o de la sabana africana que diferencias. A principios de la historia de la humanidad surgió un pequeño número de rasgos de carácter que han permanecido prácticamente inalterados a través de los años. La historia de los dioses y las diosas es la de las variaciones sobre aquellos tipos humanos eternos (o si no estrictamente eternos, de evolución tan lenta que parecen serlo).

Aunque podemos soñar despiertos con conocer a una estrella de cine o del rock (recuerden que son los dioses y diosas del mundo moderno), sin duda nos quedaríamos petrificados si llegara a producirse ese encuentro. Los dotamos de una perfección tan poco humana que sería imposible una relación real. Pero nuestros sueños no se detienen en ese punto: igual que los antiguos mitos estaban encantados de ofrecernos historias de dioses y diosas que andaban por la tierra, y sus encuentros con mortales, nuestros sueños nos reúnen con nuestros dioses actuales.

Cuando necesitamos relacionarnos con el mundo de una manera nueva y diferente, nuestros sueños producen a un dios o una diosa que posee las capacidades que necesitamos. Nos oponemos a la sombra porque no queremos cambiar. Nos enamoramos de un dios o de una diosa porque es todo lo que siempre quisimos poseer.

Para los romanos, Marte representaba la fuerza masculina. Actualmente Marte asume la forma de Arnold Schwarzenegger o Sylvester Stallone. (Mars. Reimpresión de Pictorial

Archive of Decorative Renaissance Woodcuts.)

En el caso de la sombra tenemos que identificar los rasgos que ésta representa y que nosotros necesitamos. En el del anima/animus tenemos que darnos cuenta de que no debemos mirar siempre hacia otra persona para que le dé sentido a nuestra vida. La sombra evoluciona hacia figuras más familiares hasta que ella y nosotros somos uno. La figura de

anima/animus cuando evoluciona se convierte en alguien con quien podernos sentirnos cómodos de una manera humana.

Related documents