4.3 Decoding spiking activity of in-vivo recordings from the rat mPFC
4.3.2 Decoding performance compared to non-optimized KDEs
Como ya se mencionó, las contribuciones de los estudios literarios y retó- ricos fueron centrales para los diálogos postmodernos de forma más general, y especialmente para el pensamiento del construccionismo social. Uno de los
resultados de estas exploraciones fue una concientización aguda sobre el sig- nifi cado del lenguaje en la construcción de lo real y de lo racional. Para la mayoría de los académicos construccionistas, el discurso público ha servido como el principal sitio de construcción. A medida que el discurso ha tomado el escenario central, del mismo modo los intereses de investigación se han enfocado más rápidamente en esta dirección. Con seguridad, el estudio lin- güístico en la psicología contaba ya con tradición sustancial. Por ejemplo, el estudio de la relación entre la mente (o cognición) y el lenguaje, junto con la investigación realizada en lo referente a la gramática y la sintaxis, generó una enorme cantidad de literatura. Sin embargo, dentro de un marco de ideas construccionistas, esos problemas ya no resultaban atractivos. Primero, el es- tudio de la mente en relación al lenguaje propuso una dualidad entre la mente y el habla que muchos construccionistas encontraron aceptable. Más aún, en su búsqueda por «la verdad sobre el lenguaje», la indagación tradicional está desprovista de intereses sobre el contexto político o ideológico, y por lo tanto tiene poca relevancia para muchos construccionistas.
La indagación sobre prácticas discursivas ha sido amplia y apunta en mu- chas direcciones. Con seguridad, mucha de la indagación construccionista en la psicología ha sido desarrollada para deconstruir puntos de vista esencialis- tas de la vida mental. Los objetivos en este caso son los supuestos dados por hecho sobre «lo que hay en la mente», que son supuestos centrales para la ciencia psicológica y juegan un papel muy importante en la vida cultural. Por esta razón, dicha indagación da luz al carácter construido de las emociones (Averill, 1982; K. Gergen, 1995; Harre, 1986), la memoria (Shotter, 1990), el sentido del olfato (Corbin, 1986), la experiencia erótica (Halperin, Winkler y Zeitlin, 1990), el aburrimiento (Spacks, 1995), discapacidades intelectuales (Rapley, 2004) y el deseo en los adolescentes (Jackson, 2005). Esta investiga- ción no sólo elimina los fundamentos de la psicología como ciencia empírica, sino que además genera grandes preguntas concernientes a la utilidad de la investigación empírica en lo que respecta a objetos de conversación. Estas cuestiones han sido exploradas activamente en los círculos teóricos.
Muchos académicos han utilizado el análisis de discurso para resolver pro- blemas de amplia inquietud cultural. Los primeros trabajos de Wetherell y Potter (1992), por ejemplo, exploraron los sutiles prejuicios construidos alre- dedor de las palabras inconsecuentes de la vida diaria. El trabajo de Nicola Gavey (1989; 2005) ilustra una indagación mucho más reciente, relacionada con la infl uencia del discurso sobre las relaciones sexuales y su infl uencia en la violación. Walkerdine y Lucey (1989) han explorado las formas en que las madres y las hijas son domesticadas por las conversaciones «de cocina» de la vida diaria; Harre, Brockmeier y Muhlhousler (1998) han explorado los meca- nismos discursivos subyacentes de los partidos políticos verdes.
Puede ser que la línea más activa de indagación discursiva haya propiciado una mayor crítica sobre el paradigma cognitivo de la psicología al proponer que un análisis de procesos discursivos sea sufi ciente para tomar en consideración la mayoría de lo que consideramos procesos cognitivos. En una de las primeras
provocaciones de este tipo, Potter y Wetherell (1987) demostraron los proble- mas inherentes al supuesto de que las aptitudes dentro de la cabeza ocasionan reacciones públicas abiertas. Como ellos propusieron, una actitud se entiende de modo más fructífero como acción pública en sí misma, o esencialmente como una posición tomada en una conversación. En la idea de Billig (1987), la mayor parte de lo que consideramos pensamiento racional puede apreciarse de forma más adecuada como un proceso social de argumentación. No discutimos por tener pensamientos privados, sino que los pensamientos privados son generados a través de la práctica social de argumentación. Esta línea de razonamiento ha resultado un estímulo importante para una de las líneas más importantes de in- dagación construccionista, específi camente la memoria compartida. El primer volumen de Middleton y Edwards (1990) estableció las bases para considerar la memoria no como un proceso personal mental, sino como un proceso social (consultar a Middleton y Brown, 2005, para una revisión de este ensayo a la fe- cha). Como lo proponen Edwards y Potter (2000), una psicología totalmente discursiva debería reemplazar adecuadamente a la psicología cognitiva.
Resulta adecuado añadir tanto indagación narrativa como análisis de conver- sación a estas búsquedas discursivas. Lo anterior constituye una subdisciplina por sí misma, y se explicará con mayor detalle a continuación. Esto último ha cambiado decididamente el enfoque del contenido y la forma de segmentos dis- cursivos diversos hacia la interdependencia racional a medida que la conversa- ción se desarrolla con el paso del tiempo (consultar, por ejemplo, a Antaki, 1981; Parker 1998). Estas investigaciones han resultado útiles, por ejemplo, para de- mostrar los microprocesos del establecimiento de las relaciones de poder (con- sultar, por ejemplo, a Davies, 1982; Mishler, 1986). Aunque no se restringe al análisis de la conversación, el concepto de posicionamiento (Davies y Harre, 1990; Van Langenhove y Harre, 1998) ha abierto una línea fructífera de indaga- ción en sí misma. La inquietud en este caso es cómo los individuos se posicionan o defi nen unos a otros a través de sus acciones discursivas principalmente.
Para obtener una visión más incluyente de análisis de discurso en psicolo- gía, consultar a Burman y Parker (1993); Willig, (1999); Whetherell, Taylor y Yates (2001); Potter (1996) y Edwards (1997). Consultar además la publica- ción Discurso y sociedad.