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se enteró de la derrota y de que nuestro rey estaba ya en aquel castillo con todo su ejército de guerreros; retrocedió en fuga antes de amanecer. Más tarde, gobernando [como visir] Abuhalit, se hi­ zo una paz por tres años entre los dos reyes.

Después [de los tres años] volvió a guerrear nuestro rey contra los sarracenos, y movilizando su ejército penetró en España [zona árabe] el año 918 de la Era [hispánica] [880 de la cristiana]. Corrió la provincia lusitana, devastándola, hasta el castillo de Nepza. Pa­ só el Tajo, alcanzó a Mérida, a diez millas de la cual vadeó el río Ana [Guadiana] y llegó al monte Oxifer [Ojíferos], hasta donde nunca habían llegado nuestros príncipes. Tuvo allí un glorioso triunfo sobre el enemigo en el que perecieron quince capitanes y se sabe que cayeron otros. Tras haber alcanzado esa victoria, nuestro príncipe regresó a la sede regia [Oviedo] (25).

Este príncipe [Alfonso] restauró muchísimos templos del Señor. En la ciudad de Oviedo levantó regios edificios. Descolló por su clara [reconocida, notoria] ciencia, y [también por] su rostro y pre­ sencia gentil. Que el Señor le conceda ánimos y piedad para regir al pueblo y, tras un largo reinado, haga el tránsito del reino de la tierra al reino de los cielos. Que así sea.

Igualmente va noticia de los obispos con sus sedes:

16 — Hermenegildo, en la ciudad regia [Oviedo], residente. — Flaviano de Braga, obispo en la de Lugo, ausente. — Rudesindo de Dumio, que habita en Mondoñedo. —- Sisnando de Iria, poderoso en Santiago [de Composte-

la],

— Naustico, residente en la sede de Coimbra. — Branderico, también en el lugar de Lamego. — Sebastián, el que está en la sede de Orense. — Justo, igual en la de Oporto.

— Alvaro Velagio Felemiro, en Osma.

— Mauro, en León, y también Ranulfo, en Astorga. Estos [obispos] de que hablamos sobresalen brillantemente en-

(25) Nepza o Nepta: lugar cercano al Guadiana extremeño donde estuvo establecida la tribu

musulmana de ese nombre. Oxiferos (Ojíferos): lugar boscoso al sur de Mérida. La cifra de quince

capitanes

(quindecim capitd)

que aparece en el códice más antiguo fue ampliada por los escribas de

otras copias a

quinqué milia

(cinco mil) y por otros a

quindecim milia

(quince mil), lo que dio lugar a un

donoso comentario del ilustre Gómez Moreno (Las primeras crónicas de la Reconquista, Bol. de

la R. Academia de la Historia, n.° 100, págs. 571-572).

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J. E. CASARIEGO

en Oviedo por los «fideles» [escolta personal] de nuestro príncipe [Alfonso]. Y así el glorioso joven retorna de Castilla y es restituido al trono de su padre, reinando felizmente. Desde entonces superó siempre a sus enemigos y fue favorecido por la victoria. Y por dos veces, al frente de su ejército, venció y humilló a los feroces vas- cones. Por aquel tiempo, después, fue sobre León una hueste de islamitas, llevando por caudillo a Almundar [Al Mundir], hijo del rey Abderhaman [II] y hermano de Mahomat rey [emir] de Córdo­ ba. Pero cuando llegó [a tierras leonesas el cordobés] le impidió [Alfonso el avance], causándole miles [de bajas] y poniendo al ejército [árabe] fugitivo. Por esos mismos días, otro ejército [de moros], que había invadido el Verdigum [Bierzo], fue destruido y se recobran afortunadamente muchos lugares [que tenía el enemi­ go]. Tomó el castillo de Deza y se apoderó sin lucha de Anteza (¿Atienza?) y yermó [arrasó] a Coimbra que estaba en poder del enemigo y enseguida la repobló con gallegos. Sometió también otros numerosos castillos. En ese tiempo creció la Iglesia y se am­ plió el Reino. Fueron pobladas por los cristianos las ciudades de Braga, Oporto, Orense, Eminia (24), Viseo y Lamego. En esa victo­ riosa [campaña] alcanzó Coria, Egida y otras de los límites de Lusi- tania, asoladas por la espada y el hambre. Desde Emérita (Mérida) hasta un golfo [o estrecho] marítimo, todo fue destruido, yermado. Poco después, en el año 915 de la Era (877), fue capturado en acción de guerra en los límites de Galicia uno de los jefes de Espa­ ña [zona árabe] llamado Abuhalit (Hasim ibn Abd al Aziz) que era valido del rey Mohamed al que [al valido]hizo prisionero y fue con nuestro rey conducido a Oviedo. El cual [Abuhalit] se obligó a rescatarse por cien mil sueldos de oro, dejando entre tanto en rehenes a dos hermanos suyos, un hijo y un sobrino.

15 En los mismos días del año 916 de la Era [hispánica] [778 de la cristiana], Almundar [Al Mundiz], el hijo del rey Mohamed, y el general Inbenganim salieron de Córdoba con un poderoso ejército hacia León y Astorga. Otro cuerpo de ejército se les iba a unir procedente de Toledo, Talamanca, Vatelhagara (Guadalajara) y otras plazas. Fueron atacados y destruidos, con unos trece mil, muertos por nuestro príncipe [Alfonso] en el lugar de Polvoraria, cerca del río Órbigo. El mismo Almundar, que avanzaba apresura-

(24) Eminia-Aeminio: ciudad próxima a Coimbra. Egida; posiblemente en la Extremadura del

Reino de León.

CRONICA DE LOS REINOS DE ASTURIAS Y LEON

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do sobre el castillo de Sublancia [cerca de Mansilla de las Muías], se enteró de la derrota y de que nuestro rey estaba ya en aquel castillo con todo su ejército de guerreros; retrocedió en fuga antes de amanecer. Más tarde, gobernando [como visir] Abuhalit, se hi­ zo una paz por tres años entre los dos reyes.

Después [de los tres años] volvió a guerrear nuestro rey contra los sarracenos, y movilizando su ejército penetró en España [zona árabe] el año 918 de la Era [hispánica] [880 de la cristiana]. Corrió la provincia lusitana, devastándola, hasta el castillo de Nepza. Pa­ só el Tajo, alcanzó a Mérida, a diez millas de la cual vadeó el río Ana [Guadiana] y llegó al monte Oxifer [Ojíferos], hasta donde nunca habían llegado nuestros príncipes. Tuvo allí un glorioso triunfo sobre el enemigo en el que perecieron quince capitanes y se sabe que cayeron otros. Tras haber alcanzado esa victoria, nuestro príncipe regresó a la sede regia [Oviedo] (25).

Este príncipe [Alfonso] restauró muchísimos templos del Señor. En la ciudad de Oviedo levantó regios edificios. Descolló por su clara [reconocida, notoria] ciencia, y [también por] su rostro y pre­ sencia gentil. Que el Señor le conceda ánimos y piedad para regir al pueblo y, tras un largo reinado, haga el tránsito del reino de la tierra al reino de los cielos. Que así sea.

Igualmente va noticia de los obispos con sus sedes:

16 — Hermenegildo, en la ciudad regia [Oviedo], residente. — Flaviano de Braga, obispo en la de Lugo, ausente. — Rudesindo de Dumio, que habita en Mondoñedo. — Sisnando de Iria, poderoso en Santiago [de Composte-

la],

— Naustico, residente en la sede de Coimbra. — Branderico, también en el lugar de Lamego. — Sebastián, el que está en la sede de Orense. — Justo, igual en la de Oporto.

— Alvaro Velagio Felemiro, en Osma.

— Mauro, en León, y también Ranulfo, en Astorga. Estos [obispos] de que hablamos sobresalen brillantemente en-

(25)

Nepza o Nepta: lugar cercano al Guadiana extremeño donde estuvo establecida la tribu

musulmana de ese nombre. Oxiferos (Ojíferos): lugar boscoso al sur de Mérida. La cifra de quince

capitanes

(quindecim capita)

que aparece en el códice más antiguo fue ampliada por los escribas de

otras copias a

quinqué milia

(cinco mil) y por otros a

quindecim milia

(quince mil), lo que dio lugar a un

donoso comentario del ilustre Gómez Moreno (Las primeras crónicas de la Reconquista, Bol. de

la R. Academia de la Historia, n.° 100, págs. 571-572).

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J. E. CASARIEGO

tre el pueblo de la Iglesia por la reconocida prudencia que emana del rey [que los designó].

Tú también, claro rey, antes nombrado, Llamado Alfonso, perfecto, erguido, Del Reino alto don por tus virtudes Guerreras. Insigne para los astures, Fuerte para los vascos y duro vengador Para los árabes. Defensor de tus súbditos. Sea dado a tal príncipe la sagrada victoria. Y sea siempre Cristo su luminoso guía.

El triunfo se le entrega y se le adorna el Reino. Amén.

17 En tanto que el ya dicho príncipe reinaba en el año 920 de

la Era [hispánica, 882 de la cristiana], el mencionado Almundar [Al Mundir] Mahomat, hijo del rey [moro], enviado por su padre llevando como general al valido Abuhalit Hasim ibn Abd el Aziz con un ejército de 80 000 [hombres] de España [zona árabe] pro­ cedente de Córdoba, avanzó hacia Zaragoza, donde a estos cordo­ beses les estaba ya esperando su enemigo Zmael (Ismail) iben Mu­ za. Los cordobeses rodearon a Zaragoza y allí se combatió durante veinticinco días, pero sin alcanzar victoria. Se retiraron. Y se com­ batió junto a la fortaleza de Tudela que poseía Fortún iben Muza, pero tampoco consiguieron el triunfo. Entonces Ababdela, lo mis­ mo que Mahomat iben Lupo, que siempre fuera nuestro amigo, tanto que el rey había enviado allí [a la Zaragoza de los Qasi] a su hijo Ordoño para educarle (26), lo que motivó envidias de sus parientes [por lo cual] y por sus triunfos, hizo la paz con los cordo­ beses y mandó a sus tropas contra los que les combatían. Así pene­ traron los caldeos en nuestros reinos. Primero atacaron el castillo Cellóriga sin conseguir nada y perdiendo mucha gente. Vigila Ji­ ménez era entonces conde de Alava y vino con su ejército a las fronteras de Castilla, junto a la fortaleza llamada Pontecorvo [Pan- corbo] donde se peleó durante tres días, sin que [los moros] alcan­ zasen ninguna victoria. Diego, hijo de Rodrigo, era el conde de Castilla. El castillo de Sigeriz (Castrojeriz) fue abandonado por Mu- nio Núñez porque no estaba abastecido y suficientemente fortifi­ cado.

(26)

Noticia curiosa por lo que supone de tolerancia y convivencia entre cristianos y musulma

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