Con el térm ino cesura, adoptado con dudosa justificación de la m étrica t clásica, se señalan en la versificación española dos fenómenos rítm icos situados en el interior de los versos largos, y que, si bien p o r su procedencia son idénticos, sin em bargo, por su efecto y tratam iento, resultan ser muy dis tintos.
1) El que prim ero apareció se encuentra en los versos es
pañoles que claram ente se consideraron compuestos por dos partes, como el alejandrino. En casos así, esta cesura va acom pañada, en la m ayor parte de las veces, de un corte en el sintagma, de tal m anera que el final del p rim er hem istiquio en el interior del verso se com porta en relación al ritm o como si fuese final. E rnst Stengel denominó p o r eso esta cesura Reihen- schluss (que traducim os p o r'cesu ra in te n sa )21. En algunos ver sos alejandrinos (7 + 7) encontrarem os condiciones idénticas en tre el final del verso y esta cesura intensa en relación con el acento final, el corte del sintagma y el equilibrio de la pausa menor:
20 Véase Antonio Quilis, Estructura del encabalgamiento en la métrica
española, Anejo LXXVII de RFE, Madrid, 1964 [Análisis fonético-experi-
m en ta l]; El encabalgamiento desde los orígenes de la poesía española
hasta el siglo X V I, «Actes du X' Congrés intem ational de Linguistique et
Philologie romanes», II, París, 1965, págs. 791-813. Aunque el encabalga m iento puede docum entarse desde el principio de la literatura española, sólo en el siglo xvi y en el uso de los poetas horacianos se convierte en un recurso estilístico empleado de m anera consciente.
21 Stengel omitió el térm ino «hemistiquio» acaso porque la cesura no siem pre divide el verso en dos partes iguales, sino también en series rítm icas desiguales; así en el decasílabo francés de la disposición 4 + 6, Comp. Stengel, Verslehre, págs. 48 y sigs.
Elem entos del verso español 33 Quiero con tu consejo prender form a de vida
(Berceo)
En consejar la pas, faga a su poder
(López de Ayala)
Si el huérfano guardáredes e viuda defendéredes (López de Ayala)
2) La m arcada detención de esta clase de cesura intensa
pudo debilitarse y aun desaparecer, al tiem po que se daba otra especie de cesura con el fin de m arcar un señalado acento en el interior de un verso largo, que en este caso no podía conside rarse como compuesto. Desde el punto de vista gram atical (véanse los ejemplos a continuación), esta cesura aparece en el lím ite de una palabra aguda, inm ediatam ente después de la tónica; o si es llana, después de la átona siguiente; o si es esdrújula, después de las dos átonas siguientes. E sta cesura, a diferencia de la intensa, establece el equilibrio de las sílabas sumando, las dos partes del verso, y tam bién, cuando el casó se p resenta, verifica el enlace correspondiente de las vocales (véase sinalefa), como lo dem uestran estos versos:
1) Ves el fu ro r / de¡ animoso viento J
f endecasílabos 2) embravecido / en ¡a fragosa sierra j
3) Aquél es el Dávalos / m al fortunado dodecasílabo
Cuando se tra te de los distintos versos largos, se indicará el empleo de am bas clases de cesura, la intensa, y esta otra, jnás general. Conviene indicar algunas particularidades:
1. La cesura épica. •— El térm ino procede de Federico Diez; se refiere a versos franceses y provenzales, y con_ él señala esta cesu ra intensa producida por la term inación paroxítona (o femenina) en el decasílabo y dodecasílabo (que es el alejandri no de dichas m étricas) cuando se presenta sobre todo en ía épica antigua francesa; esta term inación se halla en com peten cia con la oxítona, más g eneral22.
VERSIFICACIÓN esp, — 3
m " ' *--- . ... 1 2 3 4 (—). 5 6 7 8 9 lü puis ad escolé Ii bons pedre le m ist
(Vie de Saint Alexis, v. 33)
Como el español, conform e al carácter paroxítono de la m ayoría de su léxico, aplica la term inación llana como form a norm al de final de verso y de final del m arcado hem istiquio de esta ce su ra intensa, sólo se puede hablar-en la versificación española de cesura épica cuando en cerrada im itación del decasílabo fran cés o provenzal-catalán, se m antiene sistem áticam ente el juego de las term inaciones oxí tonas y paroxítonas, m ientras que las form as habituales del endecasílabo que continúa el decasílabo lírico, tienen solam ente la o tra cesura, y ya no la intensa. La cesura épica se da, por tanto, como una posible form ación del llam ado endecasílabo a la francesa:
Lo po r venir — siempre me fue peor,
y sé muy cierto — que he de dar en sus manos **
Sin embargo, si en estos versos se establece la cesura épica sin 'excepción, el resultado no se considera ya como endecasílabo, ;sino como dodecasílabo, con la disposición 5 + 7.
Como los diferentes tipos del alejandrino español m antienen la partición habitual en dos hem istiquios, resulta que pueden aplicarse a este verso los principios de la cesura intensa con las diversas posibilidades en el juego de sus terminaciones. Sola m ente el alejandrino a la francesa requiere, por principio, la term inación aguda del prim er hem istiquio, y p o r tanto la sílaba átona final del mismo form a sinalefa coi) la prim era del se gundo hemistiquio, cuando la palabra final es llana y esto es posible:
En cierta catedral una cam pana había Que sólo se tocaba.,.algún solemne día
(Itíarte, Fáb, VII)
M B altasar de Rom aní, en la traducción de las obras de Ausias M arch; citado según Riquer, Resumen, pág. SI.
Elem entos del verso español 35 Con esto se excluye la cesura épica, en tanto no aparece per ceptible m ediante una sílaba postónica enteram ente articulada.
2. La cesura lírica. ■— También la denominación procede
de Diez, en su estudio de la poesía lírica; consiste en que el ritm o m étrico como m anifestación m usical se sobrepone al acento_de la entonación norm al, y realza la sílaba destacada po r la cesura, aunque ella n o tenga, por su naturaleza, fuerza tónica. Así en el endecasílabo con la disposición 4 4- 7, a pesar de que esta sílaba es prosódicam ente átona postónica, como lo dem uestra la contraposición siguiente de dos versos (endecasí labos h ip o tético s)24 de la cantiga del Arcipreste de Hita; Forma n o rm a l:
Quiero seguir / a ti, ñ o r de las flores. (est. 1678)
Con cesura lírica:
Gran fianza / he yo en ti, Sennora, [...] sin tardanzá, / vénrne librar agora
(est. 1679)«
Más que una form a especial de la cesura o ñnal de hemisti- quio esta cesura lírica es una m odalidad de la acentuación. Como queda indicado, tiene su origen en la superposición del carácter musical sobre el m étrico, y tam bién sobre el prosódico. Ya hay noticias de ella en la poesía medieval latina y en la literatura en lengua vulgar se encuentra por prim era vez en provenzal, donde se registra en el siglo x iu . Desde allí penetró, a través de la poesía gallego-portuguesa, en Castilla, donde influye oca sionalmente en la lírica de la Edad Media.
3. La ley de Mussafia. — Recibe él nom bre de su descubridor, el rom anista vienés Adolf Mussafia (1835-1905), y con ella se
No los adm ite como tales J. Coraminas en su ed. del Libro de Buert
Amor, M adrid, 1967, pág. 620, que prefiere restituir, en este caso «Grande
llanca...* y «sin detardan?a*.
a Comp. 'arbolé, arbolé, seco y verdé' en las Andaluzas de F. G arcía l-orca (Obras completas, Ed. Aguilar, pág. .309).
quiere m ostrar, como él dedujo, que en la poesía gallego-portu guesa y en la castellana de la E dad Media influida por ella, se corresponden los versos según el núm ero de sílabas, sin considerar el carácter acentual de'sus terminaciones. Así se equi para el octosílabo con final agudo (con siete sílabas en cuanto al núm ero) con un heptasílabo llano (tam bién de siete síla b a s)27. El hecho registrado en la ley de Mussafia es, como la cesura lírica, una m odalidad de la acentuación con la diferencia, sin embargo, de que el cambio de acento, debido tam bién a la m usicalidad del ritm o, no tiene lugar en medio del verso, en la cesura, sino al final del mismo. Si se entienden, tal vez con m ás razón, los endecasílabos del Arcipreste antes citados, como una combinación de pentasílabos y de heptasílabos, las p articulari dades acentuales al final del verso se explican p o r la ley de Mus safia:
F orm a norm al:
Quiero seguir
Ley de Mussafia:
Gran fianzá sin tardanzá
En la seguidilla este caso perduró m ás allá de la Edad Media. Sin embargo, a fines del siglo x v ill ya no se entendía, como lo deja ver el Arte poética fácil de Juan Francisco de M asdeu 28.
27 Adolf Mussafia, Suíl'antica métrica portoghese, «Sitzungsberichte d er Kaiserlichen Akademie der W issenschaften Wien», CXXXIII, 1895, Abhandlung X. Véase, además, H. Ureña, Versificación, págs. 27 y sigs. y 47 y sigs. (con ejem plos); H. Ureña, Estudios, págs. 31 y 45 y sigs. Le Gentil, Formes, pág. 339, nota 33. M. Rodrigues Lapa, Das origens da
poesía lírica em Portugal na Idade Media, Lisboa, 1929, págs. 317 y sigs.
Fr, Gennrich, Grundriss einer Formenlehre des mittelalteriichen Liedes, Halle, 1932, págs. 138 y sigs. (con ejemplos de melodías).
28 Corominas señala que en la misma cantiga existen claros pentasí labos: «nunca perece» (1682), y que estos versos pueden tam bién serlo; pero aplica esta ley p o r ejemplo en las est. 1046-1058 (véase no ta págs. 405- 406). La mención decisiva de Masdeu, en Clarke, Sketch, págs. 345-346.
E lem entos del verso español 37
EL ISOSILABISM O
Los versos, definidos por los elementos rítm icos que se han citado, adoptan una form a estrictam ente regular cuando están compuestos de un núm ero fijo de sílabas. El isosilabismo, sin embargo, no es condición previa ni necesaria p ara que exista un verso completo desde el punto de vista rítmico.
M ientras Francia e Italia adoptan muy pronto desde el co mienzo de su época literaria el sistem a isosilábico, los versos de las lenguas vulgares de España pueden dividirse en dos grandes grupos o sistemas. Uno abarca, como en Francia e Italia, los versos m étricos (regulares, isosilábicos), m ientras que el otro com prende los versos am étricos (irregulares, anisosilábicos, asi- lábicos, acentuales, fluctuantes). Observando el conjunto de la m étrica española resulta que una considerable parte de la poe sía (sobre todo en sus m anifestaciones más im portantes desde un punto de vista artístico) sigue el principio de los versos con m edida silábica. Sin embargo, el anisosilabism o fue muy frecuen te en la Edad Media, y su eliminación de la poesía artística acon teció sólo durante los siglos xv y xvi. Y además, perd u ra hasta hoy en la poesía popular, y en la poesía artística que se inspira en las form as y tem as de ella.
Expondremos con brevedad en el lugar conveniente las más im portantes clases de versos de la versificación irregular (véa se más abajo, págs. 177-197).
MEDICIÓN DE LAS SÍLABAS