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12/31/2014 12/31/2013 Defined duration Indefinite

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Part B – Information on the Consolidated Balance Sheet

12/31/2014 12/31/2013 Defined duration Indefinite

Como hemos escuchado, Jesucristo está en el Templo de Jerusalén, y es requerido por personas que no pertenecen al pueblo judío. El texto dice que eran griegos. La respuesta de Jesús, ante el requerimiento presentado, es un tanto sorprendente. Al deseo de los griegos de querer verlo, Él responde Ha llegado la hora en que el Hijo del hombre va a ser

glorificado. Y más adelante: para eso he llegado a esta hora. ¿A qué se refiere Jesús?

1 – La primera lectura de Cuaresma ciclo B

Hagamos un rápido repaso de lo que hemos leído en este tiempo de Cuaresma. En los cuatro domingos anteriores (este es el 5º domingo de Cuaresma) la primera lectura nos ha referido los pasos dados por Dios en orden a restablecer la unión de los hombres con Él y de la humanidad entre sí, o sea lo que nosotros llamamos Alianza:

- 1° Domingo: La Alianza con Noé: Yo establezco mi alianza con vosotros etc. (Gn 9): “la Alianza con Noé después del diluvio expresa el principio de la Economía divina con las naciones, es decir, con los hombres agrupados según sus países, cada uno según su lengua, y según

sus clanes... orden a la vez cósmico, social y religioso de la pluralidad de las naciones... La

alianza con Noé permanece en vigor mientras dura el tiempo de las naciones, hasta la proclamación universal del Evangelio... en la espera de que Cristo reúna en uno a todos los

hijos de Dios dispersos” (56-58)

- 2° Domingo: el episodio del sacrificio de Isaac, en el cual Dios, además de prometerle una numerosa descendencia y la tierra, le dice que en él serán bendecidas todas las naciones. Yo juro por mí mismo etc. (Gn 22,15ss): “para reunir a la humanidad dispersa, Dios elige a Abram... El pueblo nacido de Abraham será el depositario de la promesa... será la raíz en la que serán injertados los paganos hechos creyentes” (59-60)

- 3° Domingo: la lectura del Decálogo, los Diez Mandamientos, la Ley de Dios: Dios

habló... dijo Yo soy el Señor tu Dios etc. (Ex 20): “Después de la etapa de los patriarcas, Dios

constituyó a Israel como su pueblo salvándolo de la esclavitud de Egipto. Estableció con él la alianza del Sinaí y le dio por medio de Moisés su Ley, para que lo reconociese y le sirviera como al único Dios vivo y verdadero... y para que esperase al Salvador prometido” (62).

- 4° Domingo: veíamos el domingo pasado, la situación del pueblo que había quebrantado la Alianza, no había permanecido fiel a ella adorando otros dioses: todos los

jefes de los sacerdotes y el pueblo multiplicaron sus infidelidades, según las costumbres abominables de las gentes, y mancharon la Casa de Yahvéh, que Él se había consagrado en Jerusalén. Yahvé, el Dios de sus

padres, les envió desde el principio avisos por medio de sus mensajeros, porque tenía compasión de su pueblo y de su Morada. Pero ellos se burlaron de los mensajeros de Dios, despreciaron sus palabras y se mofaron de sus profetas, hasta que subió la ira de Yahvéh contra su pueblo a tal punto que ya no hubo remedio

(2Cro 36,14-16); por eso dice la primera lectura de hoy: la Alianza que establecí con sus padres el

día en que los tomé de la mano para hacerlos salir del país de Egipto, mi Alianza que ellos rompieron, aunque Yo era su dueño (Je 31). Esta es ahora la situación: un pueblo diezmado y dispersado,

que había perdido su tierra y su templo junto con el Arca de la Alianza. La desaparición del Arca de la Alianza (de la cual no sabemos nada hasta el presente) indica que la Alianza había quedado definitivamente rota

2 – La Nueva Alianza

La primera lectura de hoy, sin embargo, indica que Dios ya había determinado establecer una nueva relación con los hombres. Hemos escuchado que Jeremías profetizó: Llegarán los

días en que estableceré una nueva Alianza... Jeremías fue el profeta que estuvo en Jerusalén

cuando esta ciudad junto con su Templo fue destruida y el Arca desapareció definitivamente. Ante un mal que parecía irremediable, luego de tanto tiempo de ofensa de Dios y desprecio de la Alianza, Jeremías anuncia una restauración, otra disposición divina. Y aclara explícitamente que no será la misma de antes: estableceré una nueva Alianza... no será

como la Alianza que establecí con sus padres... la cual estaba ya rota.

Esta nueva Alianza goza de propiedades especiales, según lo indica el mismo profeta:

- pondré mi Ley dentro de ellos y la inscribiré en sus corazones... Es, por tanto, interior: a

diferencia de la Ley Antigua que estaba escrita sobre tablas de piedra, esta estará in-scripta, escrita dentro

- Esto nos lleva a la segunda característica: esta Alianza implica un trato de intimidad con Dios. Una característica de la religiosidad judía era el hecho de que acentuaban fuertemente la trascendencia de Dios, su distancia de los hombres, cayendo la religión en un fuerte ritualismo lleno de fórmulas y actos externos. En esta Alianza, en cambio, el trato es personal: Yo seré su Dios y ellos serán mi pueblo y ya no tendrán que enseñarse mutuamente,

diciéndose el uno al otro: “conozcan al Señor”, porque todos me conocerán, del más pequeño al más grande.

- una alianza inquebrantable y, por ello mismo, eterna, en razón de que se habrá alcanzado la purificación completa y perfecta de los pecados, eliminando la raíz misma y no solamente sus efectos externos: porque Yo habré perdonado su iniquidad y no me acordaré más

de su pecado. De allí que escriba en Hebreos: si la sangre de machos cabríos y de toros y la ceniza de vaca santifica con su aspersión a los contaminados, en orden a la purificación de la carne, ¡cuánto más la sangre de Cristo, que por el Espíritu Eterno se ofreció a sí mismo sin tacha a Dios, purificará de las obras muertas nuestra conciencia para rendir culto a Dios vivo!

Por ello dice el Catecismo: “por los profetas, Dios forma a su pueblo en la esperanza de la salvación, en la espera de una Alianza nueva y eterna destinada a todos los hombres y que será grabada en los corazones. Los profetas anuncian una redención radical del

pueblo de Dios, la purificación de todas sus infidelidades, una salvación que incluirá a todas las naciones” (64). Y por ello reza el salmista: purifícame de mi pecado, crea en mí un

corazón puro...

3 – Ha llegado la Hora

Esa Nueva Alianza es la que se ha realizado en Cristo: Este cáliz es la nueva alianza en mi

sangre que es derramada por vosotros (Lc 22,20). O como se dice en la consagración del cáliz: sangre de la Alianza nueva y eterna, que será derramada por vosotros... Por el derramamiento de su

sangre, él obtiene para todos nosotros el don de Dios: aprendió por medio de sus propios

sufrimientos qué significa obedecer. De este modo, Él alcanzó la perfección y llegó a ser causa de salvación eterna para todos los que le obedecen (2° lect).

El momento establecido para sellar esa Alianza es el momento de la gloria de Cristo y es el momento presente. Cuando se le anuncia a Jesucristo que hay griegos, es decir, personas que no pertenecen racialmente al pueblo judío, que lo están buscando, se descubre el momento de re-unir a los hombres dispersos. Y Él responde entonces que ha

llegado la hora en que el Hijo del hombre va a ser glorificado...

¿En qué consiste la glorificación de Cristo? Cuando Yo sea levantado en alto sobre la tierra,

atraeré a todos hacia mí. El domingo pasado leímos: así como Moisés levantó la serpiente, de la misma manera será levantado el Hijo del hombre. Este ser levantado ¿qué es? ¿la cruz o la gloria?

Una y otra. La pasión, la muerte, la resurrección y la ascensión al cielo de Cristo se resuelven en un único misterio de glorificación. La cruz es la glorificación. Y con este sacrificio se sella la Alianza Nueva y Eterna, porque el sacrificio de Cristo es per-fecto. ¿Por qué es perfecto? “Desde el primer instante de su Encarnación el Hijo acepta el designio divino de salvación en su misión redentora... este deseo de aceptar el designio de amor redentor de su Padre anima toda la vida de Jesús...¡he llegado a esta hora para esto!... aceptó libremente su pasión y su muerte...” (606-609). En virtud de esta voluntad somos

santificados... (Hb 10, 10)

4 – Conclusión

Al mismo tiempo que Cristo sella la Alianza Nueva y Eterna, al mismo tiempo nos enseña el camino que hemos de transitar para entrar en el Santuario Celestial: el que quiera

servirme que me siga. ¿Y qué hay que hacer? Si el grano de trigo que cae en tierra no muere, queda solo; pero si muere, da mucho fruto. Cristo nos permite participar, tomar parte en su misterio de

exaltación, nos invita a com-partir su suerte: Tomad y bebed todos de él, este es el cáliz de mi

sangre, de mi vida. “Novus homo, novum testamentum, novum canticum... Cantet canticum

novum, non lingua, sed vita” (“El nuevo hombre, el nuevo Testamento, el nuevo Cántico… Cante un cántico nuevo, no la lengua, sino la vida”, S. Agustín, Sal 32)

A pocos días de revivir más intensamente el misterio de la exaltación, de la elevación de Cristo, reafirmemos nuestro propósito de seguir a Jesús por el camino de la renuncia a nuestro querer defectuoso y frágil, es decir, el camino de la obediencia generosa a la voluntad del Padre. Digamos, entonces, con Cristo: Padre, glorifica tu nombre. Y, para hacerlo

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