Los datos ofrecidos en los apartados anteriores permiten hacerse una idea sobre cuáles son las condiciones reales de buena parte de los alojamientos que acogen a tempore-ros, especialmente de aquellos que acuden en familia. En ellos, se apuntan también algunas de las dificultades que es preciso salvar para corregir y mejorar la situación. De todos modos, para conocer mejor las necesidades reales de alojamiento y las dificulta-des para lograr que cuenten con las condiciones mínimas, conviene contrastar las infor-maciones recogidas mediante visitas con los datos obtenidos por otras vías como el cuestionario de esta institución a los ayuntamientos de las tres zonas (2001), la encues-ta promovida por UAGA entre los agricultores de la Rioja alavesa (2001) o las respues-tas de una muestra de 298 agricultores de la misma zona a la encuesta promovida por la Secretaría de Servicios Sociales de la Diputación Foral de Álava (2000).
Del contrataste entre las diferentes fuentes se pueden entresacar algunas
- El porcentaje de agricultores que dice necesitar trabajadores de temporada y, sin embargo, tener dificultades para disponer de un local y acondicionarlo es bastante elevado (en la encuesta de UAGA, el 42%).
- No existen criterios claros a la hora de valorar las condiciones de los alojamien-tos utilizados, ni sobre cuáles deben ser los servicios mínimos disponibles. Al no existir una normativa mínima, esta ausencia de criterios afecta a todos los agentes intervinientes: agricultores, responsables municipales, asociaciones, servicios... - Parece existir un elevado grado de consenso respecto a quién o a quiénes corresponde la responsabilidad fundamental de ofrecer alojamientos en condi-ciones: a la parte contratante.
- Las principales dificultades para que los agricultores dispongan de alojamientos en condiciones son de carácter económico y se atribuyen a la incidencia de dos factores asociados: 1) el poco tiempo que dura la cosecha (raramente más de dos o tres semanas); 2) las dificultades de invertir y rentabilizar una obra de construcción o adaptación para tal objetivo, especialmente en el caso de pe-queños agricultores.
- Las dificultades aumentan y el consenso disminuye cuando se trata de alojar no exclusivamente a los trabajadores sino a las familias completas.
- Proporcionalmente, son aún muy pocas las iniciativas comunitarias (albergue en construcción en Leza) que tratan de salvar el problema de cada uno de los agricultores. A la iniciativa citada habría que añadir los acuerdos entre diferen-tes agricultores (cesión de un local propio para alojar a temporeros que traba-jan para otro, durante algunos días) y las instalaciones habilitadas al efecto por algunas grandes bodegas.
- Las posibilidades de resolver el problema con sus propios recursos varían sen-siblemente según las zonas (zona de patata o zona de vendimia) y según el tamaño y la capacidad económica de cada explotación.
- Las estimaciones sobre necesidades de alojamiento para temporeros en zonas como la Rioja alavesa son considerables (superiores a las 8.000 plazas en todas las estimaciones), crecientes en número y crecientes también respecto al tiem-po de estancia (para trabajar en otras tareas). Por contra, la distiem-ponibilidad de plazas en condiciones es muy limitada. Ello hace necesario promover actuacio-nes que corrijan las limitacioactuacio-nes actuales y prevean el futuro inmediato. Han sido, precisamente, éstas o similares consideraciones las que han animado a la institución del Ararteko a efectuar, en defensa de la dignidad y de las condiciones de vida de las personas temporeras, las recomendaciones generales de los años 1997 y 2000 sobre la regulación de las condiciones de los alojamientos de temporeros. En la última de ellas (cfr. anexo II en este mismo informe):
1. Se efectúa un análisis de la realidad observada y de las diferentes necesidades por cubrir.
2. Se ofrece información sobre diferentes iniciativas y proyectos impulsados en otras Comunidades para situaciones más o menos similares (Andalucía, Catalunya, Rioja, Navarra, Aragón...)
3. Se aborda la cuestión de los alojamientos desde el punto de vista competencial (Gobierno Vasco, Diputación Foral de Álava, Ayuntamientos implicados) y se proponen los instrumentos jurídicos necesarios para su regulación.
ESCOLARIZACIÓN DE LOS HIJOS E
HIJAS DE FAMILIAS TEMPORERAS
Muchos de los datos hasta ahora ofrecidos muestran la presencia, en la zona, de meno-res que vienen acompañando a su familia. De hecho, buena parte de las recogidas sistemáticas de datos sobre alojamientos han tenido como objetivo conocer mejor cuál era la situación y condiciones de vida de estos menores y, en base a ello, impulsar actuaciones o programas de carácter socioeducativo.
En este capítulo abordaremos el tema de su escolarización; es decir, del ejercicio del derecho a la educación durante el período de tiempo que permanecen en la zona. Pero, previamente, conviene plantear otra cuestión difícil: la existencia o no del
traba-jo infantil en las tareas de recogida de la patata o de la uva.
Hace no muchos años era todavía relativamente frecuente encontrar a una familia completa, con todos sus miembros, independientemente de su edad, realizando las tareas de recogida. La sensibilización sobre las consecuencias negativas del trabajo infantil y la actuación de la Inspección de Trabajo han hecho que tales prácticas pueden considerarse hoy, en todo caso, excepcionales. Las denuncias o actuaciones por este motivo, en los últimos años, han sido pocas: una denuncia contra los derechos de los menores ante la Ertzaintza el año 2001 y un acta de infracción de la Inspección de Trabajo por trabajo de tres menores, en los últimos siete años.
En la recogida de patata en algunas zonas sí se pueden ver todavía menores que acuden al campo y que, según su edad o constitución, trabajan con el resto de componentes de la familia contratada. Estas familias suelen pertenecer al pueblo gitano y, con frecuen-cia, la prohibición legal del trabajo de menores choca con costumbres arraigadas en su cultura e incluso con la necesidad de sostener a una familia propia (es el caso de meno-res de 16 años que forman ya una familia de hecho).
Más frecuente resulta encontrar a chicas menores que se quedan en el alojamiento, durante el día, cuidando de sus hermanos o primos más pequeños y asumiendo tareas y responsabilidades impropias de su edad.
Estas situaciones inciden, lógicamente, en sus posibilidades reales de escolarización, que es la cuestión que vamos a analizar en este capítulo.
Respecto a la escolarización de menores de familias temporeras trataremos aquí, bási-camente, siete cuestiones:
- Dónde y cuántos de estos menores se localizan en la zona. - Cuál es su grado de escolarización durante la campaña agrícola.
- Qué características presentan respecto a factores como la edad o la proceden-cia.
- Cuál ha sido la evolución observada durante los últimos años. - Qué dificultades existen todavía para una correcta escolarización. - Cual ha sido el papel desarrollado por determinados agentes sociales.
- Qué pasos podrían darse para mejorar la respuesta del sistema educativo a sus necesidades.