Pero para Deleuze, hay un precedente más antiguo que condujo a la subordinación de la diferencia a las exigencias de la representación: la empresa del platonismo265. El platonismo no se debe definir por la distinción que opera entre la esencia y la apariencia sino por el establecimiento de dos distinciones: la que afecta al modelo y la copia (donde la copia no es tan sólo una simple apariencia sino que guarda una relación noológica y ontológica con la Idea como modelo) y la que se refiere a la copia y el simulacro266. Tal distinción entre copia y simulacro se establece en virtud de una motivación moral: la voluntad de eliminar los simulacros.
«Il est clair que Platon ne distingue, et même n’oppose le modèle et la copie que pour obtenir un critère sélectif entre les copies et les simulacres, les unes étant fondées sur leur rapport avec le modèle, les autres, disqualifiées parce qu’elles ne supportent ni l’épreuve de la copie ni l’exigence du modèle. Si donc apparence il y a, il s’agit de distinguer les splendides apparences apolliniennes bien fondées, et d’autres apparences, malignes et maléfiques, insinuantes, qui ne respectent pas plus le fondement que le fondé. C’est cette volonté platonicienne d’exorciser le simulacre qui entraîne la soumission de la différence.» (DR, 340)
Lo que el platonismo condena en el simulacro es, en terminología deleuziana, el estado de diferencias libres, oceánicas, de distribuciones nómadas, de anarquías coronadas, toda esa “malignidad” que pone en duda tanto la noción de modelo como la de copia. Más tarde, el mundo de la representación sólo tendrá que olvidar su origen moral.
Nosotros diríamos que es un olvido culpable, o voluntad de disimulo enfermiza, ya que tales presupuestos morales continuarán actuando en la distinción que el pensamiento metafísico267 establecerá entre lo originario y lo derivado, lo original y su cortejo, el fundamento y lo fundado, dando con ello por puesta la distinción que anima las jerarquías de una teología representativa y prolongando la complementariedad del modelo y la copia. Este horismós en el ser, establecido por la metafísica, podrá siempre suturarse, salvarse, sortearse merced a la vía del método. Desde el origen parece que toda ruptura es únicamente pensable desde la previa posibilidad de su soldadura y no desde sí misma en tanto que pura ruptura.
265 En el Apéndice I de LDS aparece un artículo publicado en 1967 (“Renverser el platonisme”) ligeramente modificado y con el título de “Platon et le simulacre” (LDS, 292-307). Este artículo incide en esta misma dirección y otorga un significado más profundo a la etiqueta filosófica de “platonismo” como operación filosófica de conjura del simulacro portador de devenires-locos, no domesticables y subversivos, y al proyecto de “inversión del platonismo” como reinstauración del mundo de las distribuciones nómadas y las anarquías coronadas.
El platonismo representa la subordinación de la diferencia a los poderes de lo Uno, la Análogo, lo Semejante e incluso lo Negativo. En un pasaje de evidente inspiración nietzscheana, Deleuze afirma que el animal heraclíteo ruge bajo las espuelas de la doma del platonismo.
«Il est vrai que le platonisme représente déjà la subordination de la différence aux puissances de l’Un, de l’Analogue, du Semblable et même du Négatif. C’est comme l’animal en train d’être dompté, dont les mouvements, dans une dernière crise, témoignent mieux qu’à l’état de liberté d’une nature bientôt perdue : le monde héraclitéen gronde dans le platonisme.» (DR, 82- 83)
Pero con Platón el desenlace de la doma es todavía incierto. La mediación no ha encontrado su sitio y la Idea no es aún el concepto de un objeto que somete el mundo a las reglas de la representación sino, más bien, una presencia bruta que no puede ser evocada en el mundo más que en función de lo que no es “representable”. La Idea no relaciona, de momento, la diferencia con la identidad del concepto en general y no ha renunciado a encontrar un concepto puro de la diferencia en tanto tal268.
Según Deleuze, Aristóteles vio en la división el método propio del platonismo: operación sin mediación que actúa en lo inmediato y es deudora del estro aguijoneante de la Idea más que de las virtudes dormitivas del concepto representativo269. Es cierto que la división, por relación a la identidad supuesta de un concepto, es un procedimiento caprichoso que salta de una singularidad a otra. Pero Deleuze se pregunta si no será esa su fuerza desde el punto de vista de la Idea270. Y lejos de ser un procedimiento dialéctico entre otros, que debería ser completado o relevado por otros, Deleuze insiste en preguntarse si no es la división, desde el momento en que aparece, la que reemplaza a los otros procedimientos, la que reúne toda la potencia dialéctica en beneficio de una verdadera filosofía de la diferencia y que es medida a la vez del platonismo y de la posibilidad de invertir el platonismo271. De aquí el interés deleuziano por releer el texto platónico en vistas a su inversión
desde el interior.
268 Cf. DR, 82-83.
269 Cf. también las consideraciones sobre la división en “Platon et le simulacre” en LDS, 292-294. 270 Cf. DR, 83 y ss.
271 En ID, 57 ya había sentenciado: «La grande ressemblance entre Platon et Bergson est qu’ils ont tous deux fait une philosophie de la différence où celle-ci est pensée comme telle et ne se réduit pas à la contradiction, ne va pas jusqu’à la contradiction.».
Con la vista puesta en la división como medida para evaluar el platonismo y procedimiento por el que operar su inversión Deleuze interpreta que la división no es un método de especificación sino de selección272.
«Le sens et le but de la méthode de division, c’est la sélection des rivaux, l’épreuve des prétendants […]. Pas question d’espèce en tout cela, sauf par ironie. Rien de commun avec les soucis d’Aristote : il ne s’agit pas d’identifier, mais d’authentifier.» (DR, 84-85)
No se trata de dividir un género determinado en especies definidas sino de dividir una especie confusa en linajes puros, o seleccionar un linaje puro a partir de un material que no lo es. La división platónica no opera en el dominio de la especie aristotélica (aunque sea indivisible o ínfima) sino en el dominio de las pequeñas especies o linajes. Su punto de partida es indiferentemente un género o una especie. La búsqueda del oro es el modelo de la división. La diferencia no es específica, entre dos determinaciones del género, sino que está toda de un lado, en el linaje que selecciona: ya no los contrarios de un mismo género sino lo puro y lo impuro, lo bueno y lo malo, lo auténtico y lo inauténtico en un mixto que forma una gran especie. La pura diferencia, el puro concepto de diferencia y no la diferencia mediatizada en el concepto en general, en el género y las especies, afirma Deleuze.
«Le seul problème qui traverse toute la philosophie de Platon, qui préside à sa classification des sciences ou des arts, c’est toujours de mesurer les rivaux, de sélectionner les prétendants, de distinguer la chose et ses
simulacres au sein d’un pseudo-genre ou d’une grosse espèce. Il s’agit de faire
la différence : donc opérer dans les profondeurs de l’immédiat, la dialectique de l’immédiat, l’épreuve dangereuse, sans fil et sans filet.» (DR, 85)
La motivación platónica es medir, seleccionar, distinguir273. Y para ello es preciso un Patrón, un Paradigma, una Estructura. O algo mejor, un método, el de la división, aunque esta medición aún no sea un Juicio (no hemos llegado a Kant). Pero ¿cuál es el fundamento de la división?
Deleuze afirma que el fundamento es instituido en ciertos mitos platónicos como el principio de una prueba o de una selección que fija los grados de una participación electiva. Conforme a la más vieja tradición el mito circular es el cuento-repetición
(relato-répétition) de una fundación. La división lo exige como el fundamento capaz
de establecer la diferencia e, inversamente, el fundamento exige la división como el
estado de la diferencia en eso que debe ser fundado/fundamentado274. Este papel del fundamento aparece con toda claridad en la concepción platónica de la
participación: participar quiere decir tener parte, tener después, tener
secundariamente en la medida en que el poseedor primordial es el fundamento. Sólo la Justicia es justa, dice Platón, y los justos poseen en segundo, tercer, cuarto lugar, o incluso en estado de simulacro, la cualidad de ser justo. Lo que participa, entonces, en grados más o menos diversos, es un pretendiente. Es la pretensión del pretendiente la que debe ser fundamentada o denunciada como sin fundamento. La
pretensión no es un fenómeno entre otros sino la naturaleza de todo fenómeno.
«Le fondement est une épreuve qui donne, aux prétendants, plus ou moins à participer de l’objet de la prétention ; c’est en ce sens que le fondement mesure et fait la différence.» (DR, 87)
Según Deleuze los neoplatónicos vieron lo esencial de este asunto: la finalidad de la división no era la distinción de especies a lo ancho sino el establecimiento de una dialéctica serial, de series o linajes en profundidad, que marcan las operaciones tanto de un fundamento selectivo como de una participación electiva275. Si el justo pretendiente (el primer fundado, el bien fundamentado, el auténtico) tiene rivales que son como sus parientes, auxiliares, o sirvientes, participando con títulos diversos de su pretensión, también tiene sus simulacros, sus falsificaciones, denunciadas por la prueba (como por ejemplo, según Platón, el “sofista”, que es una especie de bufón, centauro o sátiro que pretende todo y, pretendiéndolo todo, no está nunca fundado, sino que todo lo contradice y se contradice a sí mismo).
Pero ¿en qué consiste exactamente la prueba del fundamento? El mito lo expresa como una tarea por cumplir o un enigma que resolver. El oráculo pregunta, pero la respuesta misma del oráculo es en sí un problema. La dialéctica es la ironía pero la ironía es el arte de los problemas y de las preguntas276. La ironía consiste en tratar
274 Cf. DR, 86.
275 En DR, 87-88 (y también en “Platon et le simulacre” en LDS, 294-295) Deleuze escribe que se deben distinguir, por ejemplo a propósito de la Justicia (y con terminología neoplatónica en la primera columna de la derecha), las siguientes instancias: